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lunes, 24 de abril de 2017

LAS COFRADÍAS, ¿DEL PUEBLO O DEL OBISPO?

Mi buen amigo, el antropólogo Isidoro Moreno, nos recordaba lo que escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en la primavera de 1935: “los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado”; y añadía que “sin las hermandades no habría Semana Santa, por más que se empeñase en ello la Iglesia o los Gobiernos (…). La Semana Santa no es obra ni de los curas ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organización netamente popular y de origen gremial que ha estado siempre en pugna con los poderes establecidos”.

Durante siglos las cofradías fueron organizaciones críticas y opuestas a cualquier poder que pretendiese manipularlas, ya fuese  clerical o civil. Por este motivo, las cofradías han sido vistas muy a menudo con recelo por parte de la jerarquía católica y de muchos clérigos a lo largo de la historia. A ello responde el anhelo de muchas de las cofradías de disponer de capilla y sede social propias.
Esto viene a colación de cómo se ha venido desarrollando la imposición de la nueva Carrera Oficial de la Semana Santa de Córdoba por parte del obispo en tan solo dos años. Primero, con  la carrera oficiosa del pasado año, y posteriormente, con la oficial del presente. No ha habido consenso para nada ni para nadie, imponiéndose su voluntad; ni para abrir la llamada segunda puerta de la Mezquita, ni para los vecinos, ni para comerciantes y hoteleros, ni para muchos cofrades que no ven con buenos ojos este baculazo episcopal. Pero sobre todo para miles de penitentes que no han podido acompañar a sus titulares en todo el recorrido de la Semana Santa al prohibírsele el acceso al interior del de la Mezquita-Catedral. Mujeres y hombres de nuestros barrios no ha podido realizar con sus imágenes devocionales el recorrido por la Carrera Oficial como venía siendo costumbre, sólo pudieron hacerlo los nazarenos que pagaron su papeleta de sitio. No menos grave es el carácter privado en el que se ha visto envuelto nuestro principal Monumento y todos sus alrededores, del que solo han podido disfrutar los que han pagado palcos o sillas. Todo un disparate para un espacio público y, más aún, si éste es Patrimonio de la Humanidad.

Podríamos hablar de una verdadera apropiación de nuestra  Semana Santa, debido  a la aceptación del monopolio del poder eclesiástico sobre todo lo demás.  Tal imposición se ha hecho de tal manera que muchos cofrades han interiorizado y aceptado, sin la más mínima crítica, tal disposición que pretende controlar la Semana Santa como si fuese  algo propio de la jerarquía eclesiástica, con la colaboración subalterna de las instituciones públicas.  

Tal vez sea el momento de que las cofradías reivindiquen su idiosincrasia pluridimensional, enraizada en la cultura andaluza, a través del ámbito de la religiosidad popular, que desborda lo estrictamente eclesial. Las cofradías no pueden convertirse en el empeño de ser sólo “instrumentos pastorales” sumisos a los intereses del jerarca de turno. Es un hecho constatable cómo, a pesar del crecimiento numérico y del nivel estético de las cofradías, han visto reducida su capacidad de decisión. Como consecuencia, la Semana Santa corre el riesgo de convertirse en una fiesta unidimensional, exclusiva y mercantilista, asumida sólo por una parte de la ciudadanía. Esta situación por la que atraviesa la Semana Santa debería hacernos pensar y lo que se está convirtiendo en discordia reconducirlo en oportunidad de encuentro. Ello  implicaría ver la Semana Santa como una de las grandes conmemoraciones de la ciudad, al margen de nuestras creencias o convicciones.

                                                                   Córdoba, 16 de abril de 2017
Miguel Santiago Losada

                                               Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

lunes, 30 de enero de 2017

MIENTRAS UNOS HABLAN, OTROS CALLAN

Hace tres años la  plataforma ciudadana “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as” iniciamos una serie de reivindicaciones encaminadas a recuperar la memoria e identidad de nuestro principal monumento y su titularidad pública. Conseguimos a los dos años de andadura que se recuperase el nombre de Mezquita-Catedral en la cartelería del monumento aunque, a día de hoy, aún aparece sólo el nombre de Catedral en la página web de la visita nocturna y en las entradas para poder visitarlo.

La memoria e identidad del edificio sigue estando amenazada por el obispo tal y como se desprende de sus discursos e intervenciones. No cesa en el intento de negar  la verdadera historia del monumento para beneficio de sus propios intereses: continuar con el movimiento de apropiación. La última vez fue en la revista “17” editada por el Ayuntamiento de Córdoba donde en una entrevista afirma que “La Mezquita pertenece al arte cristiano bizantino y los moros sólo pusieron el dinero”.  Además de seguir en su estrategia discursiva para demostrar la titularidad católica del monumento, evidencia una falta de respeto a nuestros hermanos musulmanes.

Eduardo Manzano, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas,  en unas declaraciones efectuadas en el programa La Ventana de la Cadena SER, el pasado 19 de enero, dijo que “son un disparate estas declaraciones. Son declaraciones basadas en las afirmaciones que hizo en su día el canónigo de la catedral de Córdoba, Manuel Nieto Cumplido, en su libro “La Catedral de Córdoba” en la que afirmaba semejante cosa (…) Un señor que no es especialista ni en arte bizantino, ni en arte islámico, por consiguiente no hay ninguna base científica”.  Queda claro que escribió este libro al servicio del poder eclesiástico, bajo el obispado de Juan José Asenjo, Obispo que inmatriculó la Mezquita en el Registro de la Propiedad por 30 euros.

La Unesco la declaró patrimonio mundial de la humanidad por su arte islámico, no por ser bizantina. Antonio Vallejo, exdirector de Medina Azahara, incide en ello al afirmar (programa de radio Córdoba, 19-01-17) que “el diseño de la Mezquita es único al integrar elementos de diferentes procedencias” y, añade, “decir que la Mezquita es bizantina es una visión nefasta y sesgada, es como pensar que Medina Azahara es romana por la espléndida colección de sarcófagos que contiene”; otro científico para el que las afirmaciones del obispo son una inexactitud, ya que según sus palabras  “la Mezquita constituye una tipología específica del arte islámico que no se encuentra en otros lugares (…) No tenemos un referente para la Mezquita en el mundo bizantino”. En esta misma dirección, Susana Calvo, profesora titular del departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid analiza en su libro las “Mezquitas de al-Ándalus”, la analogía entre la Mezquita de Damasco y la Mezquita de Córdoba.

Podríamos seguir con infinidad de citas y argumentos científicos, pero solo tomo prestadas las palabras pronunciadas por Arturo Pérez Reverte con motivo de habérsele otorgado el premio Averroes de oro: “Hay que recordar su nombre frente al fanatismo, la estupidez y la sombra”.  “Averroes fue víctima del fanatismo y de la estupidez en su tiempo (se llegaron a quemar sus libros)”. Esperemos que no nos pase lo mismo con la Mezquita y, aunque no la quemen, no consigan robarle el alma, la memoria y la identidad de todo un pueblo.
La Plataforma “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as” desde el primer momento ha pedido la intervención pública para impedir todo esto. Ni el Gobierno central, ni la Junta de Andalucía han hecho nada para impedirlo. Las Administraciones Públicas en lugar de ir creando un consenso histórico-patrimonial  en torno a uno de los monumentos más emblemáticos del país, hacen dejadez de funciones, y si cabe, están siendo condescendientes con los que mantienen postulados completamente opuestos a la historia y a la titularidad pública de los bienes del Estado. En definitiva, mientras unos hablan y ejercen, otros callan y otorgan.


                                                                                  Miguel Santiago Losada
                                                    Profesor, portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral,    

                                                            miembro de Comunidades Cristianas Populares

lunes, 1 de agosto de 2016

Algo se mueve


Después de dos años de reivindicaciones planteadas por la plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as que dieron la vuelta al mundo, y entre las que se encontraba la restitución del nombre al monumento, el Cabildo informó el pasado 29 de marzo a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía de que usaría la denominación «Conjunto Monumental Mezquita-Catedral». Esta declaración se produjo después de que la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, anunciase que el Cabildo Catedral de Córdoba iba a recibir «un requerimiento» de su Consejería diciéndole que debía «reponer los folletos que informen en su conjunto de lo que es la Mezquita-Catedral», sin omitir lo esencial por lo que fue declarada Patrimonio de la Humanidad y recogiendo el nombre de Mezquita-Catedral y no solo el de Catedral de Córdoba.
Si bien es cierto que la consejera se ha preocupado en recoger una de las inquietudes de la plataforma ciudadana, seguimos esperando que esta actuación sea solo el primer paso por parte de la Junta y no un pacto de baja intensidad con el Cabildo para zanjar el problema.
El diputado del PSOE Víctor Morlán, basándose en el programa político de su partido, subrayó en el debate de la Reforma de la Ley Hipotecaria del pasado año en relación a las inmatriculaciones que «los socialistas queremos que se conozcan cuántas y cuáles son en el plazo de seis meses». Además, se pide que «las inmatriculaciones efectuadas sin la debida justificación documental pasen a formar parte del patrimonio de distintas administraciones para que se recuperen como bienes de dominio público». Ha pasado un año y hasta la presente, la propuesta del citado diputado no ha tenido eco en las responsables del gobierno andaluz, Susana Díaz y Rosa Aguilar.
Junto a la titularidad pública, la plataforma sigue esperando que en la gestión del monumento intervengan las administraciones y no esté solo en manos de la jerarquía de la Iglesia. Por sentido común, la gestión cultural y turística debería depender de las Administraciones públicas y la gestión litúrgica del Cabildo. El ordenamiento jurídico de la Comunidad Autónoma de Andalucía previó esta circunstancia al crear el órgano de cogestión mediante la Orden 2 de abril de 1986, algo que, en el caso que nos ocupa, nunca se puso en marcha.
Mientras nuestros responsables políticos deciden dar el paso, la ciudadanía y sociedad cordobesa siguen interesándose por el debate suscitado por la plataforma. En los últimos meses más de 30 colectivos cordobeses, entre sindicatos, ONGs, asociaciones..., se han adherido a las reivindicaciones de la plataforma. La UCO, a través de su aula de debate, planteó una sesión sobre la titularidad pública del monumento. Al mismo tiempo, diferentes asociaciones de vecinos se han hecho eco del tema invitándonos a participar en sus diferentes actividades sobre la Mezquita-Catedral, al igual que lo han hecho otras entidades culturales, como el Ateneo de Córdoba. También han seguido interesándose distintos medios de comunicación tanto nacionales como internacionales sobre el monumento, sin menospreciar el magnífico interés mostrado por muchos ciudadanos de Córdoba que con diversas iniciativas siguen trabajando en este tema.
Pedimos a los responsables políticos que en su día se manifestaron a favor de las reivindicaciones de nuestra Plataforma, y que hoy en día ocupan puestos de responsabilidad, que sean coherentes y que den un paso adelante en pro de lo que es patrimonio mundial y, por ende, de todos los cordobeses y cordobesas, nuestra Mezquita-Catedral. H
* Portavoz de la Plataforma ‘Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as’


martes, 9 de febrero de 2016

CÓRDOBA, CAPITAL DE AL-ANDALUS

Córdoba cumplirá 1300 años como capital de al-Andalus en este año 2016. Tenemos que viajar en el tiempo, hasta el año 716, cuando al-Hurr fija la capital de al-Andalus en Qurtuba. Al-Hurr fue el 4º gobernador tras la conquista de al-Andalus. Le precedieron Musa, gobernador árabe de Ifriqiya y del Magreb desde el año 698, Abd al-Aziz, hijo de Musa el Conquistador, y Ayyub ben Habib al-Lajmi, que ostentó un breve gobierno. La capital de al-Andalus se estableció primero en Sevilla hasta que al-Hurr, que gobernó entre 716 y 719, la trasladó a Córdoba (Calvo, 2014)[1].

Si bien es cierto que fue una gran decepción para Córdoba el haber perdido la capitalidad europea para el 2016, por motivos que poco tuvieron que ver con las bases que la UE establece para dicha distinción, tenemos que vivir el presente sacudiéndonos del victimismo, sabiendo actualizar todo nuestro legado histórico y artístico, haciéndolo compatible con una ciudad moderna del siglo XXI. Llama la atención que se estén organizando grandes eventos, sin duda de importante relevancia (4º centenario del nacimiento del pintor cordobés Antonio del Castillo o 4º centenario del fallecimiento del Inca Garcilaso de la Vega) y que aún, ninguna institución pública (Ayuntamiento, Junta de Andalucía, Universidad o Casa Árabe) haya dicho nada sobre esta importantísima fecha que para Córdoba supuso aflorar en el mapa de las ciudades históricas más importantes del mundo.

Este año también tendrá un protagonismo especial el conjunto arqueológico de Medina Azahara, una joya monumental que aún no ha tenido la repercusión internacional que merece. Un congreso, que reunirá en Córdoba, del 10 al 13 de febrero, a expertos internacionales en ciudades califales e importantes yacimientos de Jordania, Irak, Líbano y Argelia, servirá de apoyo a la candidatura de la ciudad califal a Patrimonio Mundial de la Humanidad al destacar “la excepcionalidad y universalidad de sus valores patrimoniales”, según palabras de la Consejera de Cultura. Dicha declaración podría ser el mejor regalo que recibiría nuestra ciudad por su histórico cumpleaños.

En el año 2013 se celebró por todo lo alto en Granada el milenario de la fundación de su primer reino, el Zirí, antecesor del reino Nazarí, bajo el que Granada alcanzó su máximo esplendor, y en el que participaron todas las instituciones públicas. En el año 2014 se celebró los mil años de la constitución del Reino de la Taifa de Almería por Jairán-el-Amiri, en el que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía tuvo un gran protagonismo.

¿Cómo es posible que todavía las instituciones públicas de Córdoba no se hayan hecho eco de este importantísimo aniversario de nuestra historia? ¿Acaso falta de información, desmemoria histórica, miedo a algún poder fáctico de la ciudad? Aprovechen dicha efemérides para darle a Córdoba la oportunidad que no tuvo al negarle la capitalidad cultural europea. 2016 podría ser un gran año cultural en el que, pilotando sobre dicha fecha histórica, se consiguiera: primero, la protección de la Mezquita-Catedral, basada en que nadie ponga en duda su nombre y su historia, amparándola bajo la figura jurídica de titularidad pública y promoviendo una gestión compartida. Segundo, aunar todos los esfuerzos por conseguir que la ciudad califal de Medina Azahara sea patrimonio mundial de la humanidad. Tercero, abrir definitivamente el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía. Cuarto, poner en marcha el proyecto que permita disfrutar del nuevo museo de Bellas Artes. Y quinto, desarrollar todos los acontecimientos ya marcados en la agenda cultura de nuestra ciudad.
                                             



Córdoba, 14 de enero de 2016
                                                  Miguel Santiago Losada
           Profesor y Portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as





[1] CALVO CAPILLA, Susana. 2014: Las mezquitas de al-Andalus. Almería

viernes, 28 de agosto de 2015

TIEMPO DE SOLUCIONES

Prefiero la palabra debate que persigue una solución a través de argumentos, al término conflicto o polémica que alimentan la acritud y el enfrentamiento, imposibilitando acuerdos deseables.

La Plataforma “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as” ha promovido desde el primer momento el debate, argumentando a través de la historia, arqueología, legalidad, arte, simbología, etc., que la Mezquita-Catedral es uno de los grandes monumentos mundiales, gracias a su antepasado islamo-andalusí, al que se añadieron posteriormente construcciones cristianas de diversos estilos. Un monumento que nunca ha pertenecido a ninguna institución que no fuese el estado y su pueblo (ni los imanes ni los sacerdotes son dueños de los templos). Un monumento síntesis de culturas y religiones, de ahí su carácter simbólico como referente mundial de concordia, luz para un mundo que necesita la interculturalidad y la interreligiosidad como valores transversales para alcanzar una sólida democracia.

Desde esta base argumentar, la Plataforma ciudadana quiere una solución basada en dos objetivos principales: la titularidad pública del monumento, que no implica que deje de albergar el culto católico, y una gestión compartida entre la institución católica, responsable del uso litúrgico, y la Junta de Andalucía como institución pública que ostenta las competencias patrimoniales y turísticas.

Es de sentido común que en una sociedad democrática y aconfesional la principal seña de identidad de un pueblo (en el caso de Córdoba, la Mezquita), pertenezca a sus gentes ya sean católicos, agnósticos, ateos o de otra religión. Hoy un abuelo puede ser católico y mañana su nieta podrá ser agnóstica pero la Mezquita siempre será de su pueblo: del abuelo y de la  nieta.

Llevamos un año y medio de debate ciudadano y es mucho lo que se ha avanzado: tanto la prensa internacional como la nacional se han hecho eco del debate, las administraciones públicas han empezado a tomar carta en el asunto para restituir la legalidad constitucional y asumir su responsabilidad patrimonial, y la ciudadanía ha ejercido su papel de reivindicación del monumento por encima de cualquier interés económico, político o religioso.

Es importante no olvidar quién inicio el debate sobre la Mezquita-Catedral. El actual obispo de Córdoba, con motivo de la inauguración de la visita nocturna,  escribió un artículo muy polémico titulado la “Catedral de Córdoba” en el que decía “es del todo inoportuno llamar hoy a este templo Mezquita, porque no lo es desde hace ocho siglos, y volver a llamarla Mezquita es confundir al visitante” (Diario Córdoba, 10-10-2010). A diferencia de la Plataforma ciudadana que siempre ha perseguido el debate, Demetrio Fernández generó, y genera, polémica con su actitud. Consciente de ello le llevó a  afirmar que "lo he escrito porque sabía que iba a dar la vuelta al mundo" (Diario Córdoba, 12-10-2010). En esa misma fecha y en este mismo periódico el entonces alcalde, Andrés Ocaña, señaló que el obispo de Córdoba se equivoca al plantear que el principal y más significativo monumento de la ciudad solo se llame Catedral y deje de usarse el nombre de Mezquita-Catedral. Luis Carreto, presidente de la Confederación de Empresarios (CECO) afirmó que "el nombre es inseparable y no hay que temer que incluir la palabra Mezquita induzca al rezo compartido”. Antonio Caño, representante de las Agencias de Viajes, afirmó que el monumento cuenta con las dos influencias religiosas y que se le deje de llamar Mezquita "no me parece buena idea". El director de la Real Academia de Córdoba, Joaquín Criado, afirmó que: "el edificio se construyó y fue Mezquita y luego pasó a ser una Mezquita con una Catedral dentro, lo que supone una simbiosis de cultura tremenda que explica la capa de interculturalidad que define a Córdoba y al propio templo". Antonio Vallejo, exdirector del conjunto arqueológico Medina Azahara, recalcó que "la excepcionalidad del edificio reside en la Mezquita, ya que la Catedral es un edificio más".  

Esperamos y deseamos que termine triunfando el debate sobre la polémica, a través del diálogo entre las Administraciones, el Obispado y la Plataforma ciudadana para que el Estado Social, Democrático, de Derecho y Aconfesional se haga presente. Ello  debe significar que la Mezquita, por albergar la Catedral de Córdoba, no se la siga apropiando el obispado, disponiendo a su antojo del nombre, de la historia y de los millones de euros que el monumento genera. Por consiguiente, es fundamental que las administraciones públicas asuman sus competencias y que la ciudadanía sienta la Mezquita-Catedral como su ADN histórico y simbólico.

                                            Córdoba, 20 de julio de 2015
                                               
Miguel Santiago Losada

        Profesor y Portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as


martes, 5 de mayo de 2015

España, inmatriculada

El principal problema que están sufriendo centenares de miles de familias en todo el país es el riesgo permanente de caer en la pobreza como advierte el Informe sobre el Estado Social de la Nación 2015, a pesar de que los indicadores macroeconómicos nos anuncien el final de la crisis. Esta crisis, a diferencia de las anteriores, está causando un crecimiento exponencial de la desigualdad social, además de haber dejado al descubierto la corrupción, cuyo ejemplo más rotundo es que de los 14 ministros del gobierno de Aznar, 11 están imputados, cobraron sobresueldos o están en la cárcel.

Durante estas últimas décadas los gobiernos no sólo han sido responsables de estas corruptelas y despilfarros, que han agravado aún más la crisis, sino que han puesto incluso el patrimonio público en manos de instituciones privadas. Un escandaloso ejemplo de ello lo tenemos en la modificación que el gobierno de Aznar hizo del artículo 206  de la ley Hipotecaria, que está permitiendo a la Iglesia católica registrar miles de bienes públicos como monumentos (nacionales y mundiales), iglesias, ermitas, casas, fincas, sin acreditar título de propiedad, lo que convierte a tal institución en la mayor inmobiliaria del Estado.

Como dice Alejandro Torres, catedrático de Derecho Público de la Universidad Pública de Navarra, la Iglesia católica ha sido rápida y silenciosa en este maratón de inmatriculaciones, toleradas posteriormente por el gobierno socialista, y desconocidas por la opinión pública, hasta su denuncia por organizaciones como Europa Laica, o plataformas en defensa del patrimonio navarro o de la Mezquita-Catedral de Córdoba. El escándalo llegó a su culmen cuando el exministro Gallardón inició una amnistía registral que ha culminado ahora Catalá, para blindar a la jerarquía católica frente a un recurso de inconstitucionalidad directo contra la norma que ha permitido este expolio.
Ante esta situación cabe hacerse tres preguntas: ¿Por qué se modificó la ley en 1998? ¿Cómo nos ha afectado? y ¿Qué se está haciendo para evitarlo?
La reforma hipotecaria era un compromiso por parte del primer gobierno del PP con el sector más conservador y religioso de la derecha española, y por ello sólo tardó dos años en modificar la ley que permite a la Iglesia católica inmatricular bienes públicos. Ese gobierno estaba formado por cuatro ministros pertenecientes al Opus Dei (Margarita Mariscal, ministra de justicia; Isabel Tocino, ministra de Medio Ambiente; José Manuel Romay Beccaría, ministro de sanidad y Loyola de Palacio, ministra de agricultura) y dos considerados muy próximos a la Obra (Mariano Rajoy, ministro de administraciones públicas, y Jaime Mayor Oreja, ministro de interior). El Congreso de los Diputados era presidido por Federico Trillo, miembro del Opus Dei, y Ángel Acebes, coordinador general del PP, militaba en las filas de los Legionarios de Cristo. El mismo José María Aznar figuraba como afecto al Opus y la entonces ministra de educación, Esperanza Aguirre, se encontraba entre las defensoras a ultranza de la enseñanza católica.

La respuesta a la primera pregunta clarifica: nos encontramos ante un Gobierno que acataba formalmente la Constitución democrática y aconfesional pero con un alma, un fondo y hasta una forma nacionalcatolicista. La jerarquía católica, en consonancia con los movimientos católicos más ultraconservadores, encontró en plena democracia su mejor momento para hacerse con el patrimonio público. Contaba con el respaldo del Opus Dei que controlaba más de 1500 empresas, sociedades y bancos como el Popular; algunos de sus miembros ocupaban puestos de responsabilidad en diferentes entidades bancarias (Sancho Dronda, expresidente de la Confederación de las Cajas de Ahorro o Rafael Termes, expresidente de la Asociación española de la banca).

Esta modificación de la ley hipotecaria ha supuesto miles de inmatriculaciones en todo el Estado, desde plazas públicas, caminos, locales comerciales, viviendas, cocheras, ermitas e iglesias que curiosamente se registraban tan pronto eran restauradas por las administraciones públicas con millones de euros, hasta las osadas inmatriculaciones de la Mezquita-Catedral de Córdoba o la Giralda de Sevilla.

Ante el atropello que todo esto supone para un Estado democrático y aconfesional, qué opinan y qué harán los/as candidatos/as a las alcaldías y comunidades autónomas. Como ciudadanos y ciudadanas corresponsables deberemos de estar muy atentos a sus respuestas, y desde la reflexión, actuar en consecuencia.


Miguel Santiago profesor y portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de tod@s

martes, 17 de febrero de 2015

LA MEZQUITA, UN AÑO DE DEBATE CIUDADANO

El presidente de la Asociación de la Prensa de Córdoba, Manuel Fernández, escribía el pasado noviembre en el diario Córdoba que “suponemos que no habrá sido un miedo subliminal a nombrar las cosas por su nombre el que haya hecho que nuestro Ayuntamiento celebre los 20 años de Córdoba como patrimonio mundial y se haya olvidado de los 30 años de la Mezquita que, "sin embargo, se mueve", como defendió Galileo, a pesar de la intolerancia científica de la Iglesia”.
La Mezquita-Catedral de Córdoba ha vuelto a resonar en todos los rincones del mundo gracias al movimiento ciudadano que bajo las siglas “Mezquita-Catedral de Córdoba, patrimonio de todos/as”  está denunciando los intereses de un obispado y un cabildo que llevan 20 años poniendo en entredicho la historia y el patrimonio de Córdoba: por negarle el nombre de mezquita a nuestro principal monumento, por el que han visitado nuestra ciudad cerca de un millón de personas el pasado año, por intentar apropiarse de un monumento de dominio público, que fue declarado patrimonio nacional en 1882 y patrimonio mundial de la humanidad en 1984, inmatriculándolo en el registro de la propiedad por 30 euros y gestionándolo al margen de las administraciones públicas, principales responsables del patrimonio del país.
Este debate ciudadano está respaldado por 400.000 personas (firmas recogidas en Change.org), entre las que se encuentran destacadas personalidades de todo el mundo, movimientos cristianos de base de Europa y profesionales relevantes de nuestra ciudad, que a través de sus artículos se han ido posicionando a favor de nuestros postulados. Este debate, en palabras de D. Carmelo Casaño Salido, diputado en las primeras elecciones democráticas, “está produciendo un gran bien: el fortalecimiento de las virtudes ciudadanas en una sociedad abierta” (Córdoba, 22-01-2015). Por su parte, el escritor cordobés Joaquín Pérez Azaústre ha criticado la postura de José Antonio Nieto quien considera que “el debate sobre la Mezquita-Catedral puede traer males a Córdoba” y por no querer contar con la plataforma a la hora de buscar soluciones. El escritor llegó a escribir que “el olor del miedo no es el mejor guion del gobernante. Pero aquí seguimos sin debate y sin guion, mientras se excluye a la ciudadanía” (Córdoba, 18-01-2015).
La plataforma dejó muy claro desde principios del año pasado, a través de un manifiesto, sus objetivos: denominar al monumento Mezquita-Catedral, nombre que no excluye a nada ni a nadie, declarar inconstitucional la inmatriculación, pedir la titularidad pública y que en su gestión entre a formar parte la Administración pública, no cuestionando en ningún momento el uso católico.
Decir Córdoba es decir la ciudad de la Mezquita. María Luisa Calero, catedrática de lingüística de la UCO, escribió: “pretender robar, prohibir o censurar una palabra (como la palabra mezquita para quienes habitamos en Córdoba) sería pretender borrar parte de la historia y de la identidad de un grupo humano” (Córdoba, 25-04-2014). Juan Goytisolo nos recordaba que “el palimpsesto de estratos históricos, común a todo el área del Mediterráneo, halla su más cabal expresión en la mezquita-catedral de Córdoba (…) La denuncia por parte del colectivo de ciudadanos Plataforma Mezquita-Catedral Patrimonio de Todos, del atropello histórico consistente en encubrir la huella islámica y andalusí de la mezquita mediante manipulaciones y trampantojos, se apoya en hechos indiscutibles y argumentos sólidos” (El País, 14-12-2014).
Un estado social y democrático de derecho y aconfesional “no puede mantener un sistema de inscripción registral que equipara a la Iglesia con el Estado (…) estamos ante una cuestión de legitimidad constitucional y que por tanto demanda resolverse de acuerdo con los principios que presiden nuestro ordenamiento jurídico” manifestó Octavio Salazar, profesor de derecho constitucional de la Universidad de Córdoba (Córdoba, 03-03-2014). En este mismo sentido, Fernando Martínez Pérez, profesor titular de historia del derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, y once profesores más, criticaron a la Dirección General del Patrimonio, dependiente del Ministerio de Hacienda, por no admitir la denuncia de un particular contra la usurpación que “supone una renuncia del Estado a disputar la titularidad de este monumento nacional a la Iglesia católica” (El Público, 18-07-2014).
A lo largo del pasado año el escritor y abogado cordobés don Rafael Mir Jordano ha reiterado en varias ocasiones que la Mezquita-Catedral es un bien de dominio público, analizando la inexactitud de atribuir que en 1236 Fernando III dio a la Iglesia la propiedad, cuando lo que concedió fue la posesión con fines sagrados. Una cosa es la posesión continuada y otra distinta el derecho de propiedad que no puede adquirirse por el transcurrir del tiempo cuando concierne a bienes de dominio público.
Para finalizar recupero la recomendación que nos da el arquitecto Juan Serrano, miembro del prestigioso Equipo 57: “El hecho de que la Mezquita y Medina Azahara (que corresponden a la época que según el historiador Chueca Goitia fue la más importante de la Historia de España y transcendental para la Historia de la Arquitectura) se encuentren en nuestra ciudad, creo que nos implica como ciudadanos cordobeses tanto en el debate político como en el plano de la cultura” (Córdoba, 16-07-2014). Precisamente por su excelencia cultural la Mezquita–Catedral debería estar gestionada “por un patronato formado por diferentes actores, como en la Alhambra o Altamira”, como hace unos días afirmaba el arqueólogo Antonio Vallejo, exresponsable del yacimiento Omeya de Medina Azahara (El País, 25-01-2015). En definitiva, ni faltan motivos para la denuncia, ni razones para reivindicar lo que es de todos y todas.
                                          Córdoba, 20 de febrero de 2015
                                               Miguel Santiago Losada

          Profesor y portavoz de la plataforma “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as”

sábado, 1 de noviembre de 2014

LA MEZQUITA, 30 AÑOS DE LUZ

El evangelista Lucas nos dice que "nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche; se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano, se pregonará desde la azotea" (Lc 12, 2-3).
Según cuenta un texto en árabe, cuando el lugar donde se ubica la Mezquita era una gran hondonada, Salomón, el hijo de David, pasó por Córdoba e hizo alto frente a ella. Al verla, dijo a los genios: "Rellenad y nivelad este lugar pues aquí se alzará un templo en el que se rendirá culto al Altísimo". Con el tiempo se cumplió la profecía, construyéndose uno de los mayores templos de la humanidad, cuya luz resplandeciente llega a todos los rincones de la Tierra.
La Unesco, hace mañana domingo justamente 30 años --2 de noviembre de 1984--, le concedió este merecido reconocimiento universal. La Mezquita de Córdoba encabezaría la lista de los primeros cinco monumentos del Estado español declarados patrimonio mundial de la humanidad. Diez años más tarde extendió esta denominación a gran parte del casco histórico por su gran riqueza monumental, conservando grandes vestigios de las épocas bético-romana, hispano-bizantina, visigoda, andalusí, sefardí y castellana.
A lo largo de los siglos, reyes, eclesiásticos, artistas y, sobre todo, el pueblo de Córdoba han sabido conservar y transmitir esta luz, que es fuente de interculturalidad e interreligiosidad. Un momento histórico de especial trascendencia aconteció cuando el pueblo de Córdoba encabezado por su corregidor, Luis de la Cerda, defendió a su más glorioso monumento de la demolición, como pasó con la Mezquita aljama de Sevilla, y que como piedra Rosetta guarda celosamente el devenir de toda nuestra memoria histórica, nuestro código genético. Tanto es así que ningún obispo, hasta la presente, se ha atrevido a sentirse propietario de la Mezquita-Catedral. Un ejemplo evidente lo tenemos en 1985 cuando el entonces obispo de Córdoba José Antonio Infantes Florido le envía una carta a Julio Anguita, alcalde de Córdoba, en la que reconocía que solo se sentía "custodio" del monumento y no propietario como en estos últimos años vienen defendiendo los últimos prelados.
Desde hace 15 años los obispos cordobeses, con sus interesados actos, pretenden apagar esa luz. Quieren que regresemos a la caverna oscura del fundamentalismo religioso impidiendo sonar las finas cuerdas del violinista Yehudi Menuhin bajo los arcos de la Mezquita por ser judío, prohibiendo rodar las escenas de la película El reino de los cielos por ser pagana, censurando a bailaoras en la noche blanca del flamenco por ser sensuales, o talleres que muestran estudios científicos sobre la ética por no emanar de la moral católica... Más aún, mientras niegan la verdadera historia del universal monumento, imponen textos catequéticos para la visita nocturna, eliminan el nombre oficial del monumento llamándolo solo catedral, no hay la más mínima transparencia económica en la gestión del monumento, se permiten hacer todo tipo de actos al margen de la Administración pública competente, como si aún viviésemos en el más rancio nacionalcatolicismo; y para colmo, pretenden hacerse dueños del mismo.
Mientras tanto, cabe preguntarse cuál es la postura de los que deben velar por el bien público. El Gobierno del país está haciendo lo indecible para que la Iglesia católica se adueñe del patrimonio histórico-artístico. La máxima responsable de la Junta de Andalucía sigue permitiendo que la caverna siga proyectando su larga sombra sobre el simpar edificio. El gobierno municipal está alineado con los intereses privados de la jerarquía católica, muy alejado de aquél cabildo municipal que en el siglo XVI se puso al lado de su pueblo para defender la Mezquita. La Universidad calla, otorga y rinde pleitesía. Prueba de todo ello es que ninguna institución pública ha organizado acto alguno que conmemore la celebración del 30 aniversario de la declaración de la Mezquita como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Seremos los/as ciudadanos/as quienes pongamos en valor tal celebración.
* Profesor y portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as


martes, 23 de septiembre de 2014

Signo de poder o de convivencia

La Mezquita-Catedral de Córdoba fue declarada patrimonio mundial de la humanidad por ser símbolo de convivencia en un mundo en que las violaciones a los derechos humanos son incesantes. No hay mejor lugar en Europa para generar dinámicas inclusivas, de confianza y diálogo, que ayuden al encuentro entre las personas que profesan diferentes religiones o pertenecen a distintas culturas. La humanidad está necesitada de espacios simbólicos de paz y fraternidad. El corazón de nuestra ciudad, la Mezquita, convertiría a Córdoba en la capital de la convivencia.
Este anhelo choca frontalmente con los tres últimos obispos de Córdoba que, muy lejos del espíritu del Papa Francisco, han puesto toda su voluntad en hacer ver que hasta el solar que ocupa la Mezquita les pertenece. El deseo de apropiarse del monumento comienza en 1998 cuando el Obispado edita un folleto de mano en el que la denominación de Mezquita-Catedral ha sido eliminada.
A ello le han sucedido una serie de hechos que el Obispado ha aprovechado para seguir con su política privatizadora y exclusiva del monumento. El atentado terrorista contra las Torres Gemelas cambia el concepto de amenaza: se pasa de la que representaba los dos grandes bloques a la actual situación de tensión mundial, entre religiones y culturas, que invita a la guerra preventiva contra el eje del mal (integrismo islámico) para proteger la identidad y seguridad de Occidente. Este abominable acontecimiento junto a la petición formal que la Junta Islámica elevó al Papa en 2004 para que les permitiera orar en la Mezquita, hizo reaccionar al Obispado de Córdoba, reivindicando que, antes que mezquita, fue basílica cristiana. Al respecto, la doctora Ruggles, de la Universidad de Illinois, en un artículo en la Revista Antípoda (nº12, 2011), hace la siguiente exposición: "en enero de 2005 una selección de materiales visigodos y romanos, hallados en el lugar, fueron sacados del depósito y puestos en exhibición (...). Si se les preguntara, con seguridad insistirían en que su objetivo es el estudio y la exhibición de todos los aspectos de la compleja historia de la construcción. Pero a pesar de sus tolerantes intenciones, la recepción de su trabajo ha sido de miras estrechas, enfocándose más en la cuestión de la identidad".


El obispo Asenjo, copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales en el mismo periodo en que Aznar modifica la ley hipotecaria para que los obispos se adueñen del patrimonio religioso de España, da un paso determinante el 2 de marzo de 2006 inmatriculando la Mezquita de Córdoba (es decir, inscribiendo por primera vez la Mezquita en el Registro de la Propiedad como "Santa Iglesia Catedral de Córdoba"). La inmatriculación coincidió con otros dos acontecimientos: la subasta de cinco vigas de la Mezquita en la casa Christie's de Londres, adjudicadas por algo más de 1,5 millones de euros, y la oración que hizo Mansur Escudero en el exterior de la Mezquita-Catedral, al negarle el obispo la posibilidad de rezar ante el mihrab.
El siguiente capítulo tuvo lugar cuando en el suelo de la Mezquita, perteneciente a la época de Abderramán I, se dejó al descubierto una excavación, que se cree perteneció a un edificio del complejo episcopal visigodo. El Obispado asegura que son los restos de la basílica de San Vicente. Según el arqueólogo Pedro Marfil, buen conocedor de la Mezquita-Catedral, en la conferencia que impartió en Casa Árabe el 9 de mayo 2013 titulada Una aproximación arqueológica: la Mezquita Aljama cordobesa , dice al respecto que: "En el subsuelo de la Mezquita de Abderramán I se encuentran restos con diferentes orientaciones y diferentes fábricas que pertenecen a cosas anteriores a la Mezquita. No podemos decir mucho más. No tenemos demasiados datos para poder afinar y decir exactamente qué es lo que tenemos ahí" (https://www.youtube.com/watch?v=LAN/2Wfdh0OI) .
Coincidiendo con la llegada del actual obispo, Demetrio, un grupo de musulmanes organizaron un rezo en la Mezquita. La policía los puso a disposición judicial por haber infringido la prohibición del rezo musulmán en el templo. Finalmente una sentencia judicial los absolvió. El nuevo obispo ya había subrayado el mismo planteamiento de sus antecesores: "No es posible el uso compartido de la Catedral, porque no lo consiente la religión musulmana ni cabe en la verdad de la religión cristiana". Este hecho ayudó a eliminar definitivamente el nombre de Mezquita. En su lugar, en toda la cartelería y trípticos del monumento, sólo se le denomina Catedral de Córdoba.
Estos datos muestran la minusvaloración histórica y monumental de la Mezquita-Catedral durante los últimos 16 años por parte del Obispado de Córdoba. Desde la Plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as, hemos hecho pública esta denuncia ante las Administraciones y la sociedad en general. Nuestras peticiones, refrendadas por cerca de 400.000 firmas, se resumen en: una Mezquita-Catedral de titularidad pública, o lo que es lo mismo del pueblo de Córdoba, un uso del monumento que, manteniendo la liturgia católica, no dañe su valor histórico y simbólico, y una total transparencia económica de los ingresos que genera el turismo, que deben beneficiar a la propia ciudad.
* Asesor de la Cátedra Intercultural de la UCO, portavoz de la Plataforma "Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as" y miembro de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía


martes, 22 de julio de 2014

Un viaje de ida y vuelta

Desde que llegaron las tropas cristianas a Córdoba, encabezadas por el rey Fernando III, la Mezquita Aljama de la ciudad, la gran Mezquita de Córdoba como la ha denominado recientemente la Unesco, se libró de la destrucción, desde un primer momento, por diferentes causas. Una de ellas fue la admiración que suscitó su enorme belleza. Otra, el pueblo de Córdoba, que procedente de un mestizaje tanto genético como cultural siempre la sintió suya y siempre se mostró celoso ante cualquier intento de eliminarla, como desgraciadamente ocurrió con las demás mezquitas-aljamas de las ciudades más importantes de al-Andalus. Por otra parte, los reyes cristianos, entre ellos Alfonso X el Sabio , contribuyeron a su protección y conservación como así muestran al respecto dos disposiciones dadas por él: la primera refiere que la totalidad de las iglesias del obispado de Córdoba contribuyan a reparar las techumbres de la mezquita (año 1261) y la segunda exhorta a que todos los albañiles y carpinteros "moros" cordobeses se empleen de grado o por fuerza dos días al año en obras de conservación de la misma, devengando únicamente la comida (año 1263). De esta manera, hasta mediados del último tercio del siglo XV el monumento apenas cambió de fisonomía, debido a que, en las contadas reformas o aditamentos de que fue objeto, prevaleció el criterio de dañarlo lo menos posible.
A partir del siglo XV los papas, en su afán de conseguir dinero para llevar a cabo sus grandes construcciones, desarrollaron una política de indulgencias que les permitía financiar basílicas como, por ejemplo, la de San Pedro. Esta fiebre constructiva se irá transmitiendo por toda Europa. Un caso muy cercano lo tenemos con la Catedral de Sevilla, levantada en el solar de la mezquita-aljama, de la que quedó su majestuoso minarete. A Córdoba también llegó este fervor constructivo. La primera gran intervención vendrá de la mano del obispo Iñigo Manrique, quien, en 1489, decide acometer la transformación de la Mezquita en una auténtica iglesia cristiana. La reina Isabel la Católica solo le permite desmontar las columnas del templo musulmán que se correspondían con las cinco naves de la actual Capilla de Villaviciosa. Este espacio se convertiría en la primera Catedral de Córdoba. Posteriormente, entre 1523 y 1607, el monumento sufrió su mayor mutilación, al hacerse las obras de la actual Catedral, lo que supuso el derribo de unos 1.500 metros cuadrados de la Mezquita. Esta nueva construcción provocó las iras del pueblo de Córdoba y de su cabildo municipal, encabezado por el corregidor Luis de la Cerda, contra el obispo Alonso Manrique, promotor de la nueva Catedral.
Con la llegada de la Ilustración en el siglo XVIII comenzó a estimarse de nuevo la arquitectura antigua del monumento. El obispo Martín Barcia Carrascal mandó restaurar la cúpula del mihrab entre los años 1771 y 1772. Entre 1815 y 1818, bajo el episcopado de Pedro Antonio Trevilla Bollaín, se desmontó el retablo que venía cubriendo desde 1368 el nicho del mihrab, y se rehizo parte del mosaico que lo decora. Más tarde, se puso al descubierto el dovelaje de las arquerías de las naves, antes blanqueadas, se desmanteló la Capilla de Villaviciosa y se comenzó a restaurar la qubba sobre la que se erigió.
En 1882, en este "viaje de vuelta", la Mezquita fue declarada monumento nacional y el Estado puso al frente de la misma al arquitecto don Ricardo Velázquez Bosco con la misión de conservarla y restaurarla. A partir de 1923 Félix Hernández Giménez continuaría tales trabajos. Desde entonces se han venido desarrollando importantísimos trabajos en el monumento que permiten a quien lo visita formarse una idea bastante clara y exacta de lo que era la gran aljama de Occidente en su estado originario, y de lo que se le fue adicionando en el transcurso de los siglos.
Nunca nos hubiésemos imaginado que este "viaje de vuelta" se pretenda frustrar en pleno siglo XXI y en un Estado democrático y aconfesional. Los diferentes trípticos del obispado publicados a partir del año 1998, la inmatriculación del monumento en el 2006 y el cambio de nombre en toda la cartelería del monumento en el 2010 son la mejor síntesis de un nuevo viaje de ida, que si bien no puede destruir materialmente la Mezquita-Catedral, sí pretende aniquilar su esencia, su historia y su simbología, como síntesis de arquitecturas, culturas y religiones.
* Asesor de la Cátedra Intercultural de la UCO, portavoz de la Plataforma 'Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as' y miembro de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía


viernes, 16 de mayo de 2014

Símbolo de conciliación

El Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII, conocido popularmente como el "Papa bueno", sin lugar a dudas facilitó no sólo el acercamiento de la Iglesia Católica al mundo, sino también al resto de las religiones. La constitución Gadium et spes , que trata sobre la Iglesia en el mundo actual, enseña a los cristianos que "todos estamos llamados a ser hermanos, y por esto todos debemos colaborar en la construcción del mundo en paz".
Uno de los tantos frutos que dio el citado Concilio fue el I Congreso Islamo-Cristiano que en 1974 tuvo lugar en Córdoba y que tenía como piedra angular el decreto conciliar sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas: "La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes, cuya creencia tiene puntos de contacto con la tradición hebreo-cristiana, y exhorta a todos a olvidar las enemistades pasadas y a promover la justicia y la paz".
El catedrático Mikel de Espalza (1974) escribió un artículo sobre dicho Congreso en la revista católica Concilium , nº 116, que decía: "Un congreso puede ser también un lugar teológico en que se manifiesta el Espíritu (-) nuevas situaciones humanas conducen a los musulmanes y a los cristianos a redescubrirse mutuamente en un mundo en que la luz de la fe permite ver un cuadro de sombras y de luces, muy diferente de las situaciones del pasado". La prensa internacional subrayó sobre todo el hecho de que, por primera vez, desde 1236, la antigua mezquita convertida en catedral se abrió públicamente al culto musulmán, el viernes 14 de septiembre de 1974, mientras que al día siguiente les tocaba a los musulmanes asistir en la catedral a la misa solemne celebrada por el cardenal Duval, arzobispo de Argel, y concelebrada por el obispo de Córdoba, José María Cirarda Lachiondo. Pocos sitios en el mundo podían simbolizar de manera tan concreta los cambios de una historia islamo-cristiana. El Congreso propició un conocimiento mutuo más profundo y una estima más motivada. Para ello se aconsejaba suprimir las imágenes que inducen a la agresividad mutua, al mismo tiempo que invitaba a los cristianos a tener el mismo respeto a Mahoma que los musulmanes tienen a Jesús.
El diario Abc , en su edición del miércoles 11 de septiembre de 1974, pág. 37, se hizo eco de aquel Congreso a nivel nacional, destacando la celebración de la oración del viernes (salat) en la mezquita de Córdoba, con la autorización del obispo de la diócesis, monseñor Cirarda. También mencionaba la bienvenida que el alcalde Antonio Alarcón dispensó a los congresistas que, según el periódico, resumió con palabras emocionadas la historia de la civilización islamo-cristiana "que hizo convivir sustancial y creadoramente en Córdoba a gentes de tres religiones y a personalidades de talla universal". En esa misma notica se recogían también las palabras del presidente de la Asociación Islamo-Cristiana, Salvador Gómez Nogales: "Si hubiese que imponer una consigna para el Congreso, yo escogería como lema integración en la diferenciación o unidad en la pluralidad. Es una dialéctica difícil de conseguir, pero no imposible".
En aquellos mismos días, Rafael Gambra, de ideología carlista tradicionalista y valedor de monseñor Lefebvre, escribió un artículo en la revista Fuerza Nueva , titulado: De Cuenca a Córdoba, dos congresos antagónicos . Decía "que el ya inminente mes de septiembre (1974) nos va a traer dos congresos de signo y espíritu tan opuestos que bien podrían simbolizar la lucha de la luz y las tinieblas (-) Me refiero a la Reunión Sacerdotal de Cuenca (protagonizada por la hermandad de sacerdotes que permanecen fieles a cuanto representó su ordenación) y el Congreso Islamo-Cristiano de Córdoba".
El primero se celebró con la bendición de monseñor Guerra Campos, obispo de Cuenca, procurador en las cortes franquistas y colaborador de la revista Fuerza Nueva , y el segundo, con la de monseñor Cirarda Lachiondo, obispo de Córdoba y único obispo español que participó en las tres sesiones plenarias del Concilio Vaticano II. Gambra tachaba de "farsas ecumenistas debido a que en la Iglesia posconciliar ha prevalecido la herejía (-) Su nombre actual es progresismo". Comparaba al obispo Cirarda con el arzobispo de Sevilla don Oppas, "que abrió las puertas de España a los moros".
Un año antes del Congreso Islamo-Cristiano, en abril de 1973, el Icomos (Comité de Monumentos y Sitios de la Unesco) celebró en nuestra ciudad un encuentro internacional en el que se trató la conservación de los monumentos pertenecientes a diferentes culturas, al que se denominó la Resolución de Córdoba. Don Manuel Nieto Cumplido, canónigo archivero de la catedral de Córdoba, recoge en su libro titulado La Mezquita-Catedral de Córdoba y el ICOMOS , publicado por el Ayuntamiento de Córdoba en 1976, de una manera magistral la síntesis del mismo: "Gracias a un admirable logro formal, que hace de ella una obra maestra universalmente admirada la Mezquita-Catedral de Córdoba, en la que se contiene de forma excepcional la expresión del encuentro y superposición de la Cristiandad y del Islam, responde tan perfectamente a las características del monumento perteneciente a distintas culturas, que la misma debe ser considerada como uno de los ejemplos internacionales más significativos y como parte integrante del patrimonio cultural de la Humanidad. Su más escrupuloso estudio, su buena conservación, su revalorización cobran, pues, una importancia a escala universal". Sería precisamente este magnífico argumento uno en los que se basó la Unesco en 1984 para declarar a la Mezquita de Córdoba patrimonio mundial de la humanidad. La Mezquita-Catedral de Córdoba es a nivel mundial un símbolo de conciliación entre las diferentes culturas y religiones. La misma Conferencia Episcopal Española elegiría al entonces obispo de Córdoba, Infantes Florido, presidente de la Comisión de Relaciones Interconfesionales, por su apuesta por el ecumenismo y por ser el obispo de la ciudad de la Mezquita.
A partir de finales de los años 90 del pasado siglo ha habido un antes y un después en el proceder de la jerarquía católica. Los últimos obispos han realizado un esfuerzo extraordinario en apropiarse del monumento (durante siete siglos han sido usuarios del monumento sin pretender ser propietarios), en distorsionar la historia del monumento, minusvalorando su pasado andalusí; e incluso eliminar su nombre, desapareciendo el nombre de Mezquita. El hecho más grave es intentar hacer ver que todo se debe a una confrontación entre religiones. La pregunta que nos hacemos miles de personas es por qué este abuso del Obispado con respecto al monumento, por qué hacerse con la propiedad del monumento con argumentos que nada tienen que ver con el Evangelio y con el Concilio Vaticano II. La Constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II dice "que el paso de bienes a la propiedad pública (en caso de serlo) sólo puede ser hecho por la autoridad competente de acuerdo con las exigencias del bien común. A la autoridad pública toca, además, impedir que se abuse de la propiedad privada en contra del bien común".
Urge que la Administración competente se implique en la solución de este problema, que pone en riesgo la declaración del monumento como patrimonio mundial de la humanidad. La Mezquita-Catedral por su monumentalidad, por su historia, por su simbología lo merece.

* Asesor de la Cátedra Intercultural de la UCO, portavoz de la Plataforma "Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as" y miembro de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía

domingo, 23 de febrero de 2014

Negar la historia de Córdoba

Desde que tengo uso de razón he escuchado y utilizado indistintamente los términos Mezquita, Catedral y Mezquita-Catedral. Cuántas veces he oído decir a mi padre "vamos a la Mezquita", o a mi madre "vamos a la Catedral para ver salir el Corpus". Con el tiempo nuestras calles se fueron llenando de rótulos de Mezquita-Catedral para indicar la dirección del monumento. Desde los inicios del actual siglo y con la llegada de nuevos prelados, la Mezquita-Catedral de Córdoba ha ido sufriendo un encorsetamiento cada vez mayor: control de los guías turísticos, llamadas de atención a cualquier ciudadano por el hecho de enseñar el monumento a familiares o amigos, falta de transparencia en la gestión económica, etc. Este proceso tuvo su máxima expresión en el año 2010 cuando apareció sólo el nombre de Catedral de Córdoba en toda la cartelería del monumento.
De esta manera, se le niega al monumento su universal nombre de Mezquita, que fue como la Unesco lo inscribió en su catálogo de monumentos mundiales ("The Mosque of Córdoba / La Mezquita de Córdoba", Buenos Aires, 2 de noviembre de 1984), así como su nombre oficial, el de Mezquita-Catedral, acordado unánimemente en 1994 por el pleno municipal. Esto es sólo la punta del iceberg de las decisiones que el Obispado ha ido tomando de cara a darle a la Iglesia un protagonismo tan exclusivo y a la vez tan excluyente del monumento. Tales actuaciones van encaminadas a cambiar la esencia misma del edificio, su código genético, su carácter simbólico de interculturalidad y de interreligiosidad. Córdoba no se puede entender sin su Mezquita y la Mezquita no se puede entender sin Córdoba. Es más, negándole el nombre al monumento se le está negando la historia a Córdoba.
Lejos queda aquel 2 de abril de 1978 cuando Antonio Gala dio el discurso de apertura del Congreso de Cultura Andaluza en la Mezquita-Catedral de Córdoba finalizado con un sonoro: ¡Viva Andalucía viva! Tras este evento comenzaría todo un largo rosario de vetos. Noticia internacional fue la negación que se le hizo a Yehudi Menuhin, el mejor violista del mundo, o la prohibición de rodar la película "El reino de los cielos". Reiteradamente se ha ido censurando cualquier acto cultural que no tuviese contenidos religiosos o morales acordes con la Iglesia católica. En el año 2010 se inaugura el "Alma de Córdoba, visita nocturna a la catedral". El Obispado le gana la partida al Ayuntamiento al imponer unos contenidos marcadamente catequéticos en el texto del audiovisual.
El 2 de marzo del 2006 fue una fecha decisiva: el Obispado inmatriculó la Mezquita-Catedral en el Registro de la Propiedad como "Santa Iglesia Catedral de Córdoba". El Obispado alegó, como título justificativo para hacerla suya al 100%, la "toma de posesión" (que no de propiedad) dispuesta por el monarca Fernando III en 1236. El pueblo de Córdoba ha defendido a lo largo de los siglos su Mezquita. Fue el principal valedor para que el obispo no la derribase en el siglo XVI y construyera en su lugar una catedral, como ocurrió en Sevilla. Ahora el pueblo de Córdoba se enfrenta a otro reto de vital importancia para que la Mezquita-Catedral no solo la sienta suya, sino que la haga suya. La Plataforma "Mezquita-Catedral de Córdoba, patrimonio de todos/as" está poniendo toda el empeño para que esto sea posible. A través de Change.org, más de 80.000 personas ya han mostrado su apoyo a las peticiones que plantea la plataforma: que deje de emplearse institucionalmente el término Catedral para referirse a todo el monumento, el reconocimiento jurídico de su titularidad pública, la gestión pública y transparente de la Mezquita-Catedral y la redacción de un Código de Buenas Prácticas.
De la implicación de la Junta de Andalucía y la Unesco dependerá que Córdoba no pierda la posibilidad de que la Mezquita-Catedral sea de la ciudadanía y no propiedad del Obispado.

* Portavoz de la Plataforma ciudadana "Mezquita -Catedral, Patrimonio de todos/as"