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miércoles, 10 de enero de 2018

LA EDUCACIÓN, PILAR DE LA SOCIEDAD


                                                                           A L@S PROFESIONALES DE LA EDUCACIÓN

A veces, demasiadas veces, escucho comentarios desafortunados sobre los profesionales de la educación. Lo último que me llamó la atención fue una encuesta realizada en el diario CÓRDOBA hace unos días en la que participaron 2197 personas, de las cuales un 50.5% les daban una puntuación de cero a los profesores de los centros públicos andaluces. Esas más de mil personas o se han basado en una ideología que denosta el servicio público, el Estado del Bienestar, o están muy mal informadas del esfuerzo tan enorme que los profesionales de la educación realizan curso tras curso para educar y formar a nuestros niños y jóvenes, muchos de ellos procedentes de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.

España, a pesar de los terribles recortes de la crisis, es un país envidiado por los dos grandes cuerpos de funcionarios que se dedican a las dos tareas más básicas que toda sociedad debería garantizar: la salud y la educación. Menos mal que diferentes encuestas en el conjunto del Estado (entre ellas la del CIS) sitúan a los profesionales de la salud y de la educación como los más valorados: alcanzando casi un 9 sobre 10.

Bajando a mi propia experiencia, puedo afirmar que he tenido la gran suerte de haber escogido una de las profesiones más apasionantes y creativas de la vida: educar y enseñar. Después de tantos trienios puedo afirmar que mi mejor currículo han sido los más de tres mil alumnos que me han hecho profesor. He compartido esta maravillosa tarea con centenares de compañeros/as de cuatro institutos andaluces, de los que puedo decir que, salvo excepciones, son unos magníficos profesionales a pesar de las crisis económicas, a pesar de tanto cambio legislativo y normativo, a pesar de la burocratización de los últimos años, a pesar de tanta incertidumbre que provocan los vertiginosos cambios sociales… Profesionales que igual consiguen los mejores resultados académicos de sus alumnos en la Universidad, que luchan por incluir  a miles de chavales procedentes de los barrios más excluidos de Andalucía, o que han posibilitado que centenares de niños procedentes de la inmigración tengan sus títulos de la ESO, Ciclos Formativos, Bachillerato e incluso hayan alcanzado la Universidad. Y sin embargo, rara vez se les ha caído la tizas de los dedos, la sonrisa de los labios y la mirada cercana y comprensiva de los ojos.

Profesionales de un sistema educativo que hemos sido testigos de los cambios transcurridos durante los 40 años de democracia: hace cuatro décadas el nivel de analfabetismo en Andalucía era abrumador, apenas había institutos (ejemplo, la ciudad de Córdoba contaba con solo dos a principios de los años 70), los escasos centros públicos estaban infradotados. Gracias a tantos maestros y profesores que llegaron a todos los rincones de nuestra tierra hoy el nivel formativo de nuestra población, aunque tiene que seguir avanzando, no tiene nada que ver con los años más grises de nuestra historia del siglo XX.

Queridos compañeros/as, mucho ánimo, no dejaros influir ni desmotivar por tanta normativa agotadora, ni os dejéis comer la moral por comentarios absurdos,  y nunca olvidar que podéis ser los artífices de una nueva sociedad.
                                                                       


                                                                            Miguel Santiago Losada

                                                                                        Profesor

martes, 12 de diciembre de 2017

40 AÑOS DE VERDE, BLANCA Y VERDE

Hace unos días una amiga me llamaba para contarme con gran orgullo cómo su hija con poco más de 30 años había dejado con la boca abierta a los participantes en un foro celebrado en Bilbao sobre la recuperación de las ciudades. Al terminar le preguntaron, dado el éxito obtenido, que de dónde era. Irene respondió: - de Andalucía, quedando sus interlocutores con cara de sorpresa. No era la primera vez que le ocurría. Aún hay, y no son pocos, quienes consideran Andalucía como media analfabeta y subsidiaria, cuando está llena de jóvenes talentos que, por desgracia, desarrollan su saber en otros países, fuera de la tierra que les ha visto nacer y les ha educado y formado, obligados a emigrar ante la falta de oportunidades. Este hecho es la consecuencia de un plan programado hace muchos años por la UE, bajo la sumisión de los Gobiernos de España, la llamada “Europa de las dos velocidades”, en la que Andalucía estaba destinada a ser una región europea de servicios, desindustrializada e intervenida agrícolamente para producir según los cánones establecidos por Europa.
Hace 40 años, otros muchos jóvenes andaluces, acompañamos a nuestros mayores en las multitudinarias manifestaciones celebradas el 4 de diciembre de 1977 para que, entre otras reivindicaciones, los jóvenes andaluces de hoy tuvieran las mismas oportunidades que cualquier vasco, inglés, francés o alemán. Dos millones de personas de las ocho capitales y pueblos de Andalucía, Cataluña, Madrid y Euskadi salimos a la calle pacíficamente cuando apenas supimos que Cataluña, Euskadi y Galicia habían conseguido la plena autonomía, dejando postergada a Andalucía. En aquél glorioso día para Andalucía exigíamos nuestro derecho a decidir. Aquel clamor popular tuvo tal alcance que cambio el proceso constituyente, introduciendo el artículo 151 de la Constitución para convertir en nacionalidad lo que estaba proyectado como región. Tan solo dos años después, el 28 de febrero de 1980, ejercimos el derecho a decidir, reconociéndonos una nacionalidad histórica. Ambas fechas son el eje central de nuestro Patrimonio Constitucional Andaluz. Precisamente, 40 años después, este Patrimonio democrático ganado a pulso por su propio pueblo hace de Andalucía sujeto imprescindible para liderar el pacto federal que se avecina en los años venideros.
El próximo 4 de diciembre ondeará en el balcón de mi casa la bandera que mi padre me compró para tan emotivo acontecimiento histórico. Un símbolo cargado de esperanza para resolver los seculares problemas de Andalucía: el empobrecimiento, el paro, la educación, la formación, la reforma agraria. Como Carlos Cano le cantó a nuestra bandera: “-¡Ay, qué bonica/ verla en el aire/ quitando penas/ quitando hambre!/ Verde, banca y verde”. Reivindicaciones que se repetían en las distintas manifestaciones que se estaban celebrando. Aquel día histórico, cayó asesinado el joven malagueño Manuel José García Caparrós cuando la policía disparó contra los manifestantes. Su sangre viva trasmite la fuerza a esas palabras que dijo Irene todo orgullosa en Bilbao: - ¡Soy de Andalucía!
Andalucía tiene una dilatada historia autonómica, que hunde sus raíces en la Junta Suprema de Andalucía (Andújar, 2 de septiembre de 1835). Años más tarde el Sexenio Democrático (1868/1874) nos trajo el Pacto Federal andaluz, celebrado en Córdoba el 10 de junio de 1869. Antes de terminar el siglo XIX se aprobó el anteproyecto de la Constitución andaluza de Antequera de 1883, que proclamaba el Estado andaluz, abierto a integrarse en la deseada República Federal Española, y que sirvió de base al regionalismo andaluz en el Congreso de Ronda de 1918, y en la posterior Asamblea de 1919 en Córdoba, figurando Andalucía como una realidad nacional. Con la llegada de la II República se aprueba en Córdoba (1933) el anteproyecto de Estatuto Autonómico. El 5 de julio de 1936, en la Asamblea de Sevilla, Blas Infante sería elegido Presidente de Honor de la futura Junta Regional de Andalucía, que esperaba someterse a un referéndum en septiembre. El golpe militar del 18 de julio lo impidió, siendo fusilado el padre de la patria andaluza el 11 de agosto de 1936. Este proyecto no se pudo retomar hasta la muerte del dictador.
Resulta pertinente recordar las palabras que Antonio Gala pronunció en la Mezquita de Córdoba (2-04-1978) en su discurso de apertura del  Congreso de Cultura Andaluza: "Quienes quieran lo mejor para su patria, conózcanla antes a fondo: porque es el  conocimiento quien engendra el amor y el amor quien multiplica y perfila el conocimiento". ¡Feliz día grande de Andalucía!
                                                                       Córdoba, 28 de noviembre de 2017
                                                                             Miguel Santiago Losada

                                                                                        Profesor

jueves, 5 de octubre de 2017

Una nueva hoja de ruta

El Estado español padece una serie de graves problemas que obligan a la búsqueda urgente de soluciones sociales y políticas. El empobrecimiento de la población, la corrupción, la territorialidad, los privilegios de la Iglesia católica y la Jefatura del Estado empujan a una gran reforma de la Constitución de 1978.
El principal problema de este país es el que sufren millones de personas debido al empobrecimiento social que conduce, en muchos casos, a la exclusión. Esta grave realidad choca frontalmente con la primera cualidad que define a nuestro Estado: un Estado Social. Un Estado Social está obligado a que los derechos humanos sean el eje transversal y vertebrador del mismo, cuyo primer objetivo debería consistir en conseguir una distribución de la renta, entre todos los habitantes del Estado, lo más equitativa posible y deseable. Cuando el Estado no cumple con su primera cualidad, la social, es un Estado fraudulento para su ciudadanía, un Estado carente de salud democrática al no lograr una distribución de la renta justa, según marca el art. 40 de la Constitución. Esta situación condena a una de cada cinco personas a la pobreza o a la exclusión social, hace que seamos uno de los países europeos con mayor pobreza infantil, miles de ciudadanos se han visto desahuciados, no ha permitido la integración de miles de inmigrantes o refugiados, mantiene pensiones miserables (sobre todo las que perciben las mujeres), ha provocado que la pobreza energética complique aún más la vida a millones de personas. Estos datos son la consecuencia de un Estado, encabezado por el Gobierno, que en lugar de trabajar por mejorar la calidad de vida de su ciudadanía, ha invertido 60.000 millones de euros en la banca privada, ha sido cómplice de la corrupción despilfarrando millones de euros, y al mismo tiempo, ha realizado, sin ningún tipo de pudor, enormes recortes sociales. Todo ello nos conduce a una sociedad dual entre los que viven y malviven. Me temo que el Gobierno de España está haciendo todo lo posible por echar cortinas de humo para a fin de propiciar que el principal problema de este país quede difuminado con otros acontecimientos que le puedan generar más réditos en las urnas, como por ejemplo, la territorialidad.
La territorialidad es sin duda otro problema importante del Estado. El artículo 1º de la Constitución Española de 1978 dice: España se constituye en un Estado Social y Democrático de Derecho. No dice Nación, dice Estado. Un Estado Democrático es un sujeto jurídico-político basado en la soberanía del pueblo que lo constituye y no a la inversa. Una Nación se puede definir como: «una comunidad humana con nombre propio, asociada a un territorio nacional, que posee mitos comunes de antepasados, que comparte una memoria histórica, uno o más elementos de una cultura compartida y un cierto grado de solidaridad» (Anthony D. Smith, sociólogo de la London School of Economics). En vez de articular vínculos afectivos que logren una acomodación de las diferentes realidades del Estado se ha inducido a todo lo contrario: al desafecto, al agravio y a la radicalización. ¿Cuándo vamos a comprender que este Estado es diverso y plurinacional? Nuestro Estado tiene al menos cuatro nacionalidades históricas reconocidas en sus propios estatutos autonómicos: Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía. Urge, junto al desarrollo del Estado Social, la implantación del Estado Federal.
Por último, la Corona y la Religión mayoritaria tienen que dar un paso atrás. La Corona, una realidad trasnochada en la Europa del siglo XXI, abriendo la puerta a que el Jefe del Estado sea elegido por sufragio universal. La Religión, perdiendo todos sus privilegios en la nueva Constitución, lo que no significa la falta de reconocimiento a sus prácticas y tradiciones. El Art. 16.3 de la actual Constitución lo deja claro: Ninguna confesión tendrá carácter estatal.
De esta manera será posible despejar el camino hacia la convivencia entre toda la ciudadanía, profesemos o no una religión, sigamos diferentes ideologías, seamos catalanes o andaluces, hombres o mujeres, desarrollemos nuestra sexualidad atendiendo a nuestra orientación sexual, no sintiéndonos superiores a otras etnias o culturas. Y, sobre todo, con una economía doméstica que nos haga vivir a todos/as con dignidad. Los ciudadanos/as del Estado español hemos sabido salir de situaciones más complicados que las actuales. ¿Por qué no vamos a ser capaces de jubilar a la Constitución agotada de 1978 e ilusionarnos con una nueva que nos haga más Estado Social y Democrático de Derecho?
* Profesor


martes, 3 de octubre de 2017

SEÑOR JUEZ, USTED TIENE LA DECISIÓN

Un adolescente comenzó su peregrinar por el desierto hace una década. Las violaciones constantes a los derechos humanos, que viven las personas de su país africano, le empujaron a tomar la decisión más importante de su vida: abandonar su familia, sus amigos, su tierra… Lo que más se quiere en este mundo.

Después de muchas vicisitudes, algunas pusieron su vida en riesgo, consiguió entrar en Andalucía sin documentación. Ruló por diferentes lugares de España hasta que recaló en Córdoba, ingresando en un centro de protección de menores. Una prueba ósea, con escasa fiabilidad biológica, determinó que era mayor de edad, lo que le obligó a abandonar apresuradamente el centro antes de que la policía lo detuviese y expulsara.

Después de unos meses en un albergue de transeúntes, fue acogido en la casa de una Asociación que lucha por los derechos de los inmigrantes. El chico después de un tiempo y con la ayuda solidaria de los miembros de la Asociación logró sus papeles, permisos de residencia y trabajo. Antes llegó a desempeñar la tarea de responsable de la casa por sus habilidades personales y sociales y consiguió el título de la ESO y de un ciclo formativo de grado medio. Se hizo respetar por parte de los compañeros de la casa y ganarse el cariño por las personas de la Asociación, a la que considera su familia andaluza.

Llegó a independizarse, consiguió trabajo, alquiló su propia vivienda y llegó a enamorarse de una chica cordobesa. El verano pasado logró su máximo sueño, volver a su país para visitar a su familia y amigos. De vuelta nos contó el momento tan esperado de encontrarse con su madre, traducido en un abrazo fundido de amor y lágrimas de tanta emoción.

Regresó feliz y volvió a comenzar a trabajar. Cuando todo le iba bien, después de tanta esfuerzo, se topó con algo inesperado al renovar su documentación. La Subdelegación del Gobierno le denegó la renovación por no haber trabajado el tiempo suficiente, lo que suponía la orden de expulsión. Él no era consciente de que la última empresa lo contrató por dos horas a la semana cuando estuvo trabajando más de ocho horas al día durante meses.

La situación está en manos de un juez. Me pregunto: ¿quién ganará en un Estado social y democrático de derecho? ¿El chaval que ha luchado por dignificar su vida o una Administración miope que en vez de dictaminar una orden de expulsión no sanciona a la empresa que lo ha explotado laboralmente? Señor juez, usted tiene la decisión, la última palabra.

                                                                  Córdoba, 5 de julio de 2017
                                                                       Miguel Santiago Losada

                                                                                  Profesor

lunes, 18 de septiembre de 2017

LAS COFRADÍAS, ¿DEL PUEBLO O DEL OBISPO?

Mi buen amigo, el antropólogo Isidoro Moreno, nos recordaba lo que escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en la primavera de 1935: “los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado”; y añadía que “sin las hermandades no habría Semana Santa, por más que se empeñase en ello la Iglesia o los Gobiernos (…). La Semana Santa no es obra ni de los curas ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organización netamente popular y de origen gremial que ha estado siempre en pugna con los poderes establecidos”.

Durante siglos las cofradías fueron organizaciones críticas y opuestas a cualquier poder que pretendiese manipularlas, ya fuese  clerical o civil. Por este motivo, las cofradías han sido vistas muy a menudo con recelo por parte de la jerarquía católica y de muchos clérigos a lo largo de la historia. A ello responde el anhelo de muchas de las cofradías de disponer de capilla y sede social propias.

Esto viene a colación de cómo se ha venido desarrollando la imposición de la nueva Carrera Oficial de la Semana Santa de Córdoba por parte del obispo en tan solo dos años. Primero, con  la carrera oficiosa del pasado año, y posteriormente, con la oficial del presente. No ha habido consenso para nada ni para nadie, imponiéndose su voluntad; ni para abrir la llamada segunda puerta de la Mezquita, ni para los vecinos, ni para comerciantes y hoteleros, ni para muchos cofrades que no ven con buenos ojos este baculazo episcopal. Pero sobre todo para miles de penitentes que no han podido acompañar a sus titulares en todo el recorrido de la Semana Santa al prohibírsele el acceso al interior del de la Mezquita-Catedral. Mujeres y hombres de nuestros barrios no ha podido realizar con sus imágenes devocionales el recorrido por la Carrera Oficial como venía siendo costumbre, sólo pudieron hacerlo los nazarenos que pagaron su papeleta de sitio. No menos grave es el carácter privado en el que se ha visto envuelto nuestro principal Monumento y todos sus alrededores, del que solo han podido disfrutar los que han pagado palcos o sillas. Todo un disparate para un espacio público y, más aún, si éste es Patrimonio de la Humanidad.

Podríamos hablar de una verdadera apropiación de nuestra  Semana Santa, debido  a la aceptación del monopolio del poder eclesiástico sobre todo lo demás.  Tal imposición se ha hecho de tal manera que muchos cofrades han interiorizado y aceptado, sin la más mínima crítica, tal disposición que pretende controlar la Semana Santa como si fuese  algo propio de la jerarquía eclesiástica, con la colaboración subalterna de las instituciones públicas.  

Tal vez sea el momento de que las cofradías reivindiquen su idiosincrasia pluridimensional, enraizada en la cultura andaluza, a través del ámbito de la religiosidad popular, que desborda lo estrictamente eclesial. Las cofradías no pueden convertirse en el empeño de ser sólo “instrumentos pastorales” sumisos a los intereses del jerarca de turno. Es un hecho constatable cómo, a pesar del crecimiento numérico y del nivel estético de las cofradías, han visto reducida su capacidad de decisión. Como consecuencia, la Semana Santa corre el riesgo de convertirse en una fiesta unidimensional, exclusiva y mercantilista, asumida sólo por una parte de la ciudadanía. Esta situación por la que atraviesa la Semana Santa debería hacernos pensar y lo que se está convirtiendo en discordia reconducirlo en oportunidad de encuentro. Ello  implicaría ver la Semana Santa como una de las grandes conmemoraciones de la ciudad, al margen de nuestras creencias o convicciones.

                                                                   Córdoba, 16 de abril de 2017
Miguel Santiago Losada

                                               Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

martes, 3 de enero de 2017

EL ABRAZO DE MOHAMMED

El año 2016 comenzaba con el abrazo del niño Mohammed que, al igual que otros niños, nos acompañaba en el inicio del nuevo año alrededor de un apetitoso cuscús preparado por las madres de una aldea de la extensa campiña marroquí. Nos juntamos una gran familia formada por hombres y mujeres, jóvenes y muchos niños donde imperaba el lenguaje de la sonrisa, de la acogida, del abrazo y de la humanidad.
El ser de diferentes culturas y religiones no significó establecer muros de discordia, por el contrario, y como ocurre con más frecuencia de lo que nos hacen creer, la convivencia y el entendimiento entre las personas de buena voluntad siempre fluye por doquier. Las discordias, mayoritariamente son provocadas por los que se creen más creyentes que nadie, por los que se creen que su dios es el único y verdadero, por los que se toman el nombre de Dios en vano a través de doctrinas fundamentalistas, que nada tienen que ver con las verdadera esencia del ser humano, doctrinas que conducen a la inmoralidad de condenar, dividir, culpabilizar e incluso matar, a la vieja usanza inquisitorial.
En el lenguaje del abrazo descrito al inicio, no caben las palabras de algunos jerarcas católicos que nos hablan de que la fecundación in vitro es un aquelarre químico, que cuestionan el acogimiento a los refugiados, que consideran a la homosexualidad como una deficiencia sexual. Tampoco caben las actitudes  de algunos imanes que pretenden condenarnos al infierno por besarnos entre hombres y mujeres y cuyos sermones conducen al odio, a la enemistad e incluso a la muerte. Tampoco valen las palabras de algún rabino que celebra la segregación de los hermanos palestinos o que bendice la destrucción de casas de centenares de familias. Y por supuesto, tampoco ha lugar la discriminación que sobre la mujer ejercen todas estas estructuras religiosas.
La fiesta fue posible porque tanto disparate se quedó en la puerta y el pequeño Mohammed pudo abrazarnos con toda su alma al despedirnos. No estaba contaminado de esa doctrina castrante que inhumaniza y va en contra de la propia divinidad.
Muy posiblemente el alma del papa Francisco este imbuida de la misma humanidad que la del pequeño Mohammed al pedir  un diálogo entre religiones para lograr frutos de paz y de justicia ya que, como él dice, la única certeza reside en que todos somos hijos e hijas de Dios. La utopía quedó escrita hace dos mil años en las palabras de uno de los mayores profetas de la historia, Jesús de Nazaret: “tuve hambre, y me distéis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”. Dejemos que nos cale la palabra salida de las entrañas, brotada del corazón, nacida de lo mejor del ser humano. ¡Qué en 2017 lo podamos sentir y vivir!

                                                                                Córdoba, 28 de diciembre de 2016
                                                                         Miguel Santiago Losada

                                             Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

martes, 29 de noviembre de 2016

CÓRDOBA, PARADIGMA

                                 
Un Estado social, democrático, de derecho y aconfesional es lo que somos según la Constitución española, o para ser más correctos, lo que deberíamos ser.
Como Estado social, España se encuentra muy lejos de alcanzar unos niveles satisfactorios de justicia y equidad. Baste recordar que tiene uno de los gastos públicos sociales por habitante más bajos de la UE-15 (grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo económico que el nuestro). La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV)  muestra que el 20% más pobre de la población española ha sido el que más renta ha perdido desde el inicio de la crisis y que las clases medias-altas y altas apenas han sentido el devenir económico durante la recesión. Murcia y Andalucía son las que más han padecido esta dura realidad, encabezando los rankings de mayor desempleo, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).
Como Estado democrático, tampoco estamos en los mejores momentos si analizamos la situación política. Las últimas declaraciones de algunos dirigentes políticos confirman lo que era fácil de ver y adivinar: grupos financieros, económicos y mediáticos han entorpecido, con la complicidad del aparato del PSOE, una alternativa progresista al gobierno más cuestionado por la corrupción y más conservador existente en la UE-15, dando lugar a una democracia muy limitada, con escasa sensibilidad social.
Como Estado de derecho, nos encontramos con un país excesivamente normatizado que encorseta cada vez más a la ciudadanía, con una de las  leyes penales más duras de la Unión Europea para una de las sociedades menos delictivas. Una ley sumamente penalizadora con los de abajo, que masifica las cárceles de personas empobrecidas, mientras los verdaderos corruptos y delincuentes acampan a sus anchas.
Como Estado aconfesionalidad la verisimilitud es nula. La jerarquía católica, después de 40 años, sigue gozando de múltiples privilegios, impropios de un Estado aconfesional. El Estado sigue permitiendo a la Institución eclesial católica la falta de transparencia en sus cuentas, la inmatriculación de los bienes más valiosos del patrimonio nacional y el adoctrinamiento moral católico en los centros educativos públicos.
Nuestra querida Córdoba es un paradigma muy acentuado de lo descrito, me remito a dos hechos evidentes: la dura realidad social que vive nuestra provincia y el poder fáctico del que goza la jerarquía católica. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), en el último trimestre la cifra de personas desempleadas en nuestra provincia afecta 32.50%. Junto a Jaén, somos de las provincias con más paro. Esta tremenda situación perjudica de una manera determinante a los más jóvenes viéndose obligados a emigrar, como hace décadas, lo que ha motivado una disminución en la población joven cordobesa de un 18,26% (38.900 jóvenes menos) con respecto a la que había en 2005, según datos ofrecidos por la Secretaría de Juventud de CCOO en Andalucía. Por otra parte, si nos referimos a los privilegios de la jerarquía católica, Córdoba también destaca al haber poseído el Cabildo catedralicio la segunda caja de Ahorros de Andalucía (CAJASUR) y tener en sus manos el buque insignia de la economía turística de la ciudad, la Mezquita-Catedral. Alrededor de 13 millones de euros entran en sus arcas sin  declarar, ni tributar, recayendo todos sus beneficios en el Cabildo.
Nos queda un largo camino por recorrer hasta ver un país tal y como lo define la Constitución, y una Córdoba cuya política social y económica le permita alcanzar mayores niveles de equidad y bienestar social y, a la vez, liberada del corsé de la jerarquía  católica.

                                                                                                       Córdoba, 20 de noviembre de 2016
                                                                                          Miguel Santiago Losada

                                                                                                     Profesor

sábado, 20 de agosto de 2016

NUESTRO FUTURO, NUESTRA JUVENTUD


                                                                                                             A mis alumnos y alumnas
Nuestra juventud tendrá futuro cuando reconozcamos nuestra verdadera historia y nos sintamos orgullosos de ella. Tendremos futuro cuando nos avergoncemos de los 40 años de la dictadura franquista que supusieron una de las etapas más mortíferas y lúgubres de nuestros anales. Tendremos futuro cuando la memoria histórica recupere a tantos cadáveres de las cunetas a consecuencia del fascismo. Tendremos futuro cuando los dictadores de este país no estén enterrados en el Valle de los Caídos o en la basílica de la Macarena. Tendremos futuro cuando podamos honrar los restos mortales de Blas Infante y Federico García Lorca, glorias de la patria andaluza, fusilados hace 80 años por el régimen dictatorial de los generales golpistas. Tendremos futuro cuando la Iglesia católica pida perdón “por echarse en los brazos de los golpistas tras el golpe del 18 de julio” como propone Hilari Raguer, monje benedictino, doctor en Derecho Civil e investigador del papel de la Iglesia durante la República y la Guerra Civil española. Tendremos futuro cuando el Partido Popular se deshaga de la inercia franquista de sus orígenes y alcance la madurez política de los partidos conservadores europeos. Tendremos futuro cuando el resto de partidos no guarden silencio y actúen de manera coherente si tienen posibilidad de gobernar.
Tendremos futuro cuando reconozcamos a científicos de la categoría de Mariano Barbacid, destacado bioquímico y uno de nuestros más acreditados científicos en materia oncológica, que volvió a España para crear el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona. Ello supuso el caldo de cultivo para que fueran surgiendo institutos de investigación científica por todo el país, como el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba. Barbacid, hace unos días, comentaba en un periódico de ámbito nacional: “Fue un momento en el que cuando iba a Europa, la gente me decía: ¡Cómo está cambiando España, por fin sale de esa prehistoria de la investigación que desgraciadamente arrastramos desde los Reyes Católicos!”.

Después de una década, esta primavera científica se vio truncada con la llegada del gobierno de Rajoy que aprovechó la crisis para hacer recortes en la investigación y la formación de nuestra juventud, provocando la emigración de miles de jóvenes talentos. Uno de los objetivos que debe plantearse el nuevo arco parlamentario es obligar al Gobierno a que triplique el presupuesto para la investigación si queremos ser un país moderno y desarrollado. Además, es urgente una ley de educación que garantice el aprendizaje de la verdadera historia de los diferentes pueblos que conforman el Estado español. Es necesario un desarrollo curricular que, desde el análisis científico, estudie cómo los Reyes Católicos construyeron la identidad nacional española tomando como eje vertebrador la religión católica y su instrumento más poderoso, la Inquisición, que no permitió el desarrollo de la cultura científica, terminando con cualquier atisbo que pudiese recordarnos lo que fue al-Andalus en general, y Córdoba en particular, uno de los centros del saber del mundo, expulsando y matando a los judíos y a los moriscos. 

Un currículo que garantice el estudio de Averroes y Maimónides al mismo nivel que Santo Tomás de Aquino y conozcamos en literatura la obra  Ibn Hazm, el Collar de la Paloma, igual que el Cantar de mío Cid. Un currículo en el que aparezcan los destacados médicos medievales Albucasis y Al-Gafequi y en el que los grandes estadistas Abderramán III y Al-Hakam II ocupen el mismo desarrollo curricular que los reyes de los reinos castellanos. Tendremos futuro cuando nuestros hijos más ilustres citados se les honren con el nombre de las calles más importantes de sus ciudades. ¿Acaso el Cid que preside uno de los espacios más céntricos de Sevilla fue más importante para nuestra historia que el rey   Al-Mutamid, acaso el Gran Capitán que preside la céntrica plaza cordobesa de las Tendillas fue más importante que Abderramán III, acaso los Reyes Católicos que presiden el centro de Granada son más importantes que la dinastía Nazarí? ¿Quién ha hecho este relato de la historia, quién ha manipulado nuestra historia?

Tendremos futuro si somos capaces de conocer y reconocer nuestra verdadera historia. Solo de esta manera no volveremos a cometer los mismos errores que en el pasado.

                                                                       Córdoba, 8 de agosto de 2016
    Miguel Santiago Losada
                 Profesor
                                                          



lunes, 28 de marzo de 2016

OTRA MIRADA

Recuerdo las palabras de una mujer de la calle Cardenal González, ya entrada en años,   de carmín pronunciado y ojos cansados: - Prefiero ver al Cristo del Amor desde la acera de la calle antes que hacerlo desde mi balcón, no soy digna de estar a su altura. Su amor de cinco estrellas, al igual que la Magdalena de Joaquín Sabina, es el único capaz de llenar al crucificado de besos y perfumados ungüentos.

Esa misma tarde de Ramos el Rescatado subirá desde la Axerquía ¿Cuántos refugiados, inmigrantes, están representados en él? ¿Cuántos niños, mujeres, hombres pidiendo ser rescatados de las guerras, atentados, violencias, hambrunas, enfermedades…? ¿Seremos capaces de sensibilizarnos ante tanta injusticia y pasar a la acción solidaria y fraterna o solo contemplaremos el paso de la bella y majestuosa talla? Muchos de ellos morirán en los largos caminos de destierro o ahogados en las aguas de frontera, las mismas en las que nos bañamos los ciudadanos europeos, protegidos por leyes emanadas de gobiernos que desprecian a los otros, como si el ser humano valiese diferentes precios ¡Cuánta injusticia!

El Jueves Santo procesiona en Córdoba una de las imágenes cumbres del barroco andaluz, la Virgen de las Angustias, que muy bien podría encarnar las angustias de tantas madres y padres que cogen a sus hijos sin vida a las orillas de la playa, los acurrucan y los lloran, llegando sus gemidos a los confines de la tierra.

Será el Miércoles Santo cuando, acompañado por su barrio de Palmeras, la procesión del Cristo de la Piedad muestre la cotidiana estación de penitencia  de su barrio y se torne manifestación de honradez y dignidad, de superación, de gritos y denuncias ante tanta irresponsabilidad política en una tierra en la que los índices de empobrecimiento alcanzan los mayores porcentajes de Europa. Este Cristo, que bien podría llamarse de los Derechos Humanos, es la mejor expresión del clamor de los barrios más castigados de nuestra Andalucía que piden al clavado en la cruz que los libere de tanto mal, que no les queda otra que mirar hacia arriba porque, aquí abajo, ni son escuchados, ni son atendidos, ni encuentran respuestas.

¡Cuánto dolor en las mejillas, en la patada recibida, en el insulto permanente, en la cotidiana amenaza, cuánto terror psicológico ante la mirada del agresor a tantas mujeres víctimas de los malos tratos, cuántas mujeres calladas, violadas legalmente, irreconocidas, devaluadas, ninguneadas verán pasar a tantas dolorosas llorando de impotencia y suspirando ante tanto sufrimiento!
Un año más, como en todas las primaveras, ante la figura del Nazareno, nuestro pueblo hará suya las palabras del poeta, andará buscando escaleras para desenclavarse de las cruces de cada día y no querrá cantar  a ese Jesús del madero sino al que anduvo en el mar (Antonio Machado).
                                                                                  Córdoba, 19 de marzo de 2016
                                                                                     Miguel Santiago Losada

                                                                                                 Profesor

domingo, 6 de marzo de 2016

CONSTRUIR PUENTES

Vivimos en un mundo alarmantemente inhumano, injusto e insolidario, visibilizado por la ONG Oxfam en su informe anual, al afirmar que las 62 personas más ricas acumulan la misma riqueza que los 3.600 millones más pobres. De estas terribles diferencias tampoco se libra España que, según el informe de la OCDE, sigue estando a la cabeza de la UE en el crecimiento de la desigualdad desde el inicio de la crisis, tan solo por detrás de Chipre. La distancia entre ricos y pobres ha crecido, llegando en 2015 a concentrar el 1% de la población tanta riqueza como el 80% de los más desfavorecidos. Mientras tanto, la vieja y cada vez más fortificada Europa muestra su cara más hostil con los refugiados, alcanzado su máxima expresión en los 330 niños ahogados en las aguas del Mediterráneo y en los más de 10.000 niños que viajaban solos, esperando ser acogidos, desaparecidos nada más llegar a Europa, según estimaciones de la Europol (Oficina Europea de Policía), encontrándose muchos de ellos en manos de organizaciones de tráfico de personas.

Cómo puede estar pasando esto en pleno siglo XXI cuando el mismo papa Francisco afirma que la única certeza reside en que “todos somos hijos de Dios”, lo que podría traducirse para los no creyentes en: todos y todas somos iguales. Ante la falta de dirigentes políticos europeos que alcen la voz y desarrollen políticas solidarias y humanas, ha tenido que ser el papa Francisco el que denuncie tanta barbaridad y acuse a los que construyen muros. Al candidato a las primarias del Partido Republicano (EEUU) Donald Trump le ha dicho: "Una persona que solo piensa en construir muros, sea donde sea, y no en construir puentes, no es un cristiano. Esto no está en los evangelios”. Este es el mensaje que quiere dar en el año de la misericordia, el de construir  puentes y no  muros. El Evangelio es la misericordia y si la Iglesia no cumple con ese mandato está traicionando la esencia de su mensaje. La iglesia tiene que “pasar de aduana a hospital de campaña”, dice el Papa. 
Los andaluces tuvimos la suerte de tener un profeta misericordioso, que nos dejó hace 21 años, Diamantino García Acosta, al que cantaba Carlos Cano: “andaba con la verdiblanca por la causa de los pobres”. Afirmaba que él no se podía quedar encendiendo velas en la iglesia cuando había tantas personas sufriendo por las violaciones de los derechos humanos. Con su característica ironía decía que: “a Jesús no lo crucificaron por hacer procesiones sino por ponerse al lado de los explotados”. Desde su experiencia con los más empobrecidos pensaba que: “la iglesia no debiera ser un recinto de muros, ni una empresa de servicios religiosos, en la que sobran funcionarios y faltan profetas”. Estaba convencido de que: “el evangelio hay que vivirlo con la gente humilde y creer en la vida y la justicia, no es compatible con la vida cómoda en la que sólo se cree en la barriga”.
Qué lejos quedan del papa Francisco y del cura Diamantino las palabras de una jerarquía católica trasnochada que nos habla de que la violencia machista se debe a que la mujer pide la separación (arzobispo de Toledo), de cuestionar el acogimiento a los refugiados al considerarlos como el caballo de Troya de Europa al no ser trigo limpio (arzobispo de Valencia), de considerar a la homosexualidad como una deficiencia sexual (cardenal Fernando Sebastián). El obispo de Córdoba bate el récord de tanto despropósito cuando afirma que “todo hijo tiene derecho a nacer de un abrazo amoroso, que no puede sustituirse nunca por la pipeta de laboratorio, fruto de un aquelarre químico” o de afirmaciones tan fuera de lugar como que “el varón cuanto más varón sea mejor para todos en la casa, ya que aporta particularmente la cobertura, la protección y la seguridad”. Este jerarca de la iglesia, amante del boato, se cree dueño y señor de uno de los monumentos más importantes del mundo, la Mezquita-Catedral, al que por sus pretensiones ideológicas, que nada tienen que ver con el Evangelio y el Concilio Vaticano II, ha negado el nombre al monumento y ha tergiversado su verdadera historia. Mientras, la Administración responsable ha preferido mirar hacia otro lado, haciendo manifestaciones propias de un lenguaje ambiguo, ineficaz, oportunista y alejado de los intereses de lo público.
A Diamantino lo acusaron de activista, revolucionario y mal sacerdote, de conducta inapropiada, según constaba en los informes policiales. Hoy, al igual que ayer, defender los derechos humanos o defender lo público, sigue incomodando. A pesar de todo, este mundo tiene solución y aunque parezca que el esfuerzo por conseguir un mundo más justo es una causa perdida, como es tan razonable, algún día la ganaremos.

                                                                                  Córdoba, 24 de febrero de 2016
                                                                    Miguel Santiago Losada

                                               Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

jueves, 10 de julio de 2014

La necesidad de una ciudadania activa

Hace unos días hemos sido espectadores de la toma de posesión del nuevo Jefe del Estado, la misma jornada en que la "Roja" quedaba desteñida. Toda la clase política dominante rendía pleitesía al nuevo monarca en el Palacio de Oriente mientras la calle sigue clamando y añorando un Estado Social, Democrático, de Derecho y Aconfesional, menos formal y más comprometido con la realidad y las necesidades de la gente.
Nuestro pueblo sufre las terribles consecuencias de una crisis pagada por la mayoría de mujeres, hombres y niños/as que no tienen más capital que su esfuerzo diario (recordemos que somos el segundo país de la UE con más pobreza infantil, superado solo por Rumanía). La población española es una de las más afectadas por la crisis económica, pues mientras la tasa de pobreza media, entre países comunitarios, ronda el 25%, en España se eleva a más del 28% debido al recorte alarmante en las prestaciones sociales ejecutado por el Gobierno, cuyo efecto más escalofriante se traduce en 13 millones de personas que padecen esta situación, de las cuales, tres millones malviven en pobreza extrema. Por su parte, British Medical Journal nos alerta sobre los recortes en el sistema sanitario español, que a pesar de tener uno de los gastos sanitarios más bajos de la UE, ha visto disminuida su inversión, con el efecto que esto ocasiona en la salud de los/as ciudadanos/as, sobre todo enfermos crónicos. Los casos de deshaucios siguen aumentando en todo el país. En Andalucía subió un 4,8% en los tres primeros meses del año debido a la medida que tomó el Gobierno de España de suspender la ley antidesahucios.
Solo son algunos ejemplos de fronteras para dentro. De fronteras para fuera la realidad es aún más inhumana. No es raro el día que podemos ver a centenares de personas inmigrantes atrapadas en las vallas de Melilla, como si fuesen moscas en una telaraña. Con titulares alarmantes como "asaltos masivos" se nos quiere hacer ver que las fuerzas de seguridad del Estado nos tienen que proteger de una invasión altamente peligrosa. Muchos de los que logran entrar terminarán encerrados como si fuesen delincuentes en los CIE (Centros de Internamiento para Extranjeros), auténticas cárceles con deficiente asistencia sanitaria, hacinamiento, malos tratos, donde quienes cumplen condena por ser pobres y haber nacido en Africa, esperan su turno para ser expulsados.
Esta dura situación no se soluciona criminalizando la pobreza como pretende el grupo municipal del PP en el ayuntamiento de Tarragona creando un censo de mendigos para expulsarlos de la ciudad. Tampoco con políticas de mera beneficencia que no atajan los problemas de raíz. El empobrecimiento en un Estado Social y de Derecho no se soluciona con medidas paliativas, que para casos urgentes son necesarias, si no con medidas sociales, que emergen de unas políticas que favorecen la justicia y la igualdad entre la ciudadanía. Difícil arreglo tiene un Estado que desahucia a miles de personas, mientras en la reciente reforma fiscal reduce los impuestos a los más ricos (IRPF e Impuesto de Sociedades). La consecuencia será que, cuando repunte la actividad económica, la situación podría ser igual o peor para los ciudadanos más desprotegidos, lo que puede cronificar su estado de empobrecimiento y exclusión social.
El futuro de tanta violación a los derechos humanos pasa por la conciencia ciudadana, por la acción ciudadana y por las urnas. Una conciencia que nos haga ver la realidad y nos lleve a tomar opciones encaminadas a terminar con tanta desigualdad social y tanta impunidad con la corrupción que la ocasiona. Una acción encaminada a potenciar las redes sociales, los movimientos sociales, a tomar medidas críticas contra las leyes injustas, que enriquecen a unos pocos y empobrecen a muchos, y a que no decidan por nosotros/as. Y poder elegir en las urnas a las personas que consideremos más honestas a través de listas abiertas, que desarrollen los programas electorales con los que se han comprometido; personas que cobren como cualquier ciudadano y que no hagan del compromiso político una profesión. No nos cabe otra: la construcción del Estado la debemos hacer principalmente la ciudadanía.
* Profesor y presidente de la Asociación KALA


martes, 7 de enero de 2014

Vacunemonos del fascismo

En Europa existen 18 partidos de extrema derecha con un importante porcentaje de apoyo ciudadano. Entre ellos se encuentra desde el Partido de la Libertad de Austria (FPO), con un apoyo popular del 20,5%, o el Partido Suizo (SVP), con el 26,6%, hasta el Frente Nacional de Francia, cuya intención de voto a principios de octubre era del 24%. En este alarmante contexto socio-político, en nuestro país la extrema derecha no tiene una formación propia, por lo que cabe deducir que vota al Partido Popular.
Este avance del fascismo en Europa se debe, entre otras causas, a que buena parte de la izquierda europea anda vergonzosamente perdida y no planta cara, y en lugar de estar dedicada con todas sus fuerzas a combatir el paro y los servicios básicos del Estado de Bienestar, desarrolla políticas de derechas, y a veces, hasta de extrema derecha. A modo de ejemplo, tenemos el caso reciente de la niña inmigrante Leonarda, expulsada de Francia por el gobierno socialista de Hollande, quien hace bandera de la persecución y expulsión de los gitanos.
Otro caso muy evidente, que nos debería de sonrojar a todos/as, es la respuesta que ha dado Bruselas a la tragedia de Lampedusa al endurecer el Frontex, estrategia policial para controlar las fronteras, en lugar de procurar una política de Cooperación Internacional con los países más desfavorecidos. Nuestro conservador gobierno, para no ser menos, ha reforzado con cuchillas las alambradas de Ceuta y Melilla.
Gran parte de la izquierda europea, con más o menos disimulo, por acción o por omisión, comulga con la política neoliberal que, por esencia, es muy conservadora tanto en economía como en políticas migratorias. Cuando les toca gobernar, muchos políticos que se denominan de izquierdas, apuestan por la desregularización de la libre circulación de mercados y capitales a la vez que recortan las políticas sociales destinadas a personas empobrecidas. Otro sonrojante ejemplo: el líder de la oposición, Rubalcaba, cuando fue ministro de Interior, no sólo no terminó con los Centros de Internamiento para Inmigrantes, sino que aumentó el tiempo de estancia en ellos.
Todo lo anterior conduce a una estrategia perversa de señalar y desviar la mirada hacia la inmigración como la principal amenaza para nuestra economía, para nuestra seguridad..., cuando sólo representan el 3% de población no comunitaria en Europa.
Hace unos días leí un análisis, del escritor griego Petros Márkaris, sobre la situación social que vive Grecia. Ponía el dedo en la llaga cuando decía: "los barrios de Atenas parecen descuidados y abandonados (...) Quien circule por sus sombrías calles verá las hileras de tiendas y comercios cerrados (...) Barrios cada vez más empobrecidos que alquilan sus viviendas a inmigrantes, transformando estas zonas en enclaves de racismo". ¿Quién saca provecho de esta dura realidad social? La extrema derecha, en este caso Aurora Dorada, el partido neonazi griego.
El ejercicio de la ciudadanía nos debe llevar a abrir bien los ojos para ver la realidad, analizar las principales causas de la violación de los derechos humanos, que no entienden de fronteras, y actuar en consecuencia reclamando una justicia social que anteponga a la persona por encima de mercados y demás intereses.
Al mismo tiempo, los partidos de izquierdas deben ser consecuentes con su ideología y desarrollar o propiciar una política basada en la justicia social para evitar los devastadores sucesos que el fascismo causó en Europa, porque mañana puede ser demasiado tarde.
* Profesor y presidente dela Asociación KALA

miércoles, 24 de octubre de 2012

Custodios de esperanza

Me considero un ciudadano que llevo a cabo mis deberes y exijo los derechos basados en la carta magna de la declaración universal de los derechos humanos, mayoritariamente refrendados por las constituciones de los Estados que conforman el denominado Primer Mundo, tan enfermo de avaricia que, no sólo empobrece más y más a los países del hemisferio Sur, sino que está arrebatándoles los derechos sociales a los mismos países que se encuentran dentro de la Unión Europea.
Como ciudadano que ejerzo mi derecho al voto, que milito en colectivos sociales desde que apenas tenía los 18 años, que me considero enamorado de mi profesión desde hace 30 años, que quiero y protejo a mis hijos y a mis mayores, que nunca he vivido por encima de mis posibilidades, me siento muy indignado, estafado por unos gobiernos que desprecian al pueblo y lo hunden en el desempleo y la miseria.
Es por todo ello por lo que, si viviera en Madrid, me manifestaría en los alrededores del Congreso y gritaría que no nos representan. Es por lo que participo en cada una de las manifestaciones que se convocan en Córdoba para denunciar los recortes que mandan al paro a miles de personas y atentan contra el Estado del Bienestar.
Pero no son tiempos para la resignación y para quedarse anulado por la impotencia a la que nos quieren someter. Son tiempos de mirar en clave humana y llenarse de la energía positiva que la cotidianidad nos brinde, a través de sucesos que nos hagan creer en un mundo más justo y humano. Vayan a continuación algunos ejemplos.
No sé cómo se llama ni quién es su familia, ni de qué país procede. Sólo sé que es de etnia negra, que se busca la vida en un semáforo de la ciudad ofreciendo pañuelitos de papel, que tiene una entrañable sonrisa y que saluda a todos los conductores como si fueran amigos o familiares, con una voz ronca que le sale de lo más profundo de su cuerpo: - ¡Buenos días, señor! Mientras oigo las malas noticias, él me muestra su mejor cara y su resistencia para seguir viviendo a pesar de todas las adversidades.
Córdoba es una de las diez provincias que sufre la mayor tasa de desempleo de todo el territorio nacional y uno de cada tres cordobeses/as en edad de trabajar se encuentra en paro. Entre muchas otras cosas, esto está suponiendo que mucha gente no pueda pagar su hipoteca y que los bancos, rescatados con nuestros impuestos por vivir por encima de sus posibilidades, estén procediendo a dejarlos en la calle. Ante esto, y de manera valiente, la Plataforma Stop Desahucios está plantando cara, y junto a los/as afectados/as, sigue cosechando grandes victorias cotidianas.
Timoti, que anduvo kilómetros y kilómetros de desierto desde su Camerún natal, que estuvo a punto de morirse de sed, que sufrió palizas en la frontera entre Argelia y Marruecos por sus respectivas policías, que consiguió llegar sin saber nadar con un neumático al puerto de Melilla, que aguantó meses en los invernaderos de Almería, que pasó tres años sin papeles..., hoy entra radiante en su Instituto para, después de haber aprobado la ESA con una media de notable, estudiar un ciclo formativo. El es el mejor ejemplo de superación de crisis y vicisitudes.
Elena, una religiosa de más de ochenta años, llena de vida, dice que no va a las liturgias del obispo porque le aburren muchísimo. No entiende que los obispos hablen de defender la vida fetal y no alcen la voz contra los gobiernos que dejan a los "sin papales" sin asistencia sanitaria, que no denuncia las palizas brutales de la policía auspiciadas por el Ministerio del Interior, que no critica con dureza cómo al mismo tiempo que se inyecta dinero a la banca se recortan los servicios sociales. Se siente libre para denunciar a la política mediocre que nos lleva a la ruina y a la Iglesia cómplice, que lo único que quiere es mantener su cuota de poder.
El chaval del semáforo, Stop Desahucios, Timoti, Elena, son algunos ejemplos de lucha contra esta crisis que nos llena de impotencia para hundirnos en la miseria humana. No permitamos que nos arruguen, ni nos desvíen la mirada, no nos conformemos con esta estafa. Sepamos descubrir a los/as custudios/as de la esperanza cotidiana.
* Profesor y presidente de la Asociación KALA