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sábado, 28 de mayo de 2016

NIÑOS DE HOY, CIUDADANOS DEL MAÑANA

              
Hace unas semanas surgió en una de mis clases de Biología de primero de la ESO una serie de preguntas sobre los sucesos tan terribles que están pasando en este mundo. Hablando de los microorganismos que causan enfermedades, como la malaria, derivó la clase en las diferencias que tenemos dependiendo de donde hayamos nacido. Algunos se quedaban perplejos de que hubiese tantos mundos en un solo planeta: primero, segundo, tercero, cuarto. A partir de aquí, los microorganismos dieron paso  a una batería de preguntas y respuestas entre ellos mismos que, de manera espontánea, fueron brotando: 

- ¿Qué es el tercer mundo? Un lugar en el que si estuviésemos allí en vez de seguir viviendo los 25 alumnos/as de la clase posiblemente sólo quedaríamos la mitad. Un mundo en el que el Norte tira la comida a la basura y el Sur no come es un mundo enfermo.

- ¿Por qué valen las muertes por atentados más en Europa que en Siria o Irak? No lo entendemos, si todos somos personas y tenemos los mismos genes nos debería dar la misma pena la persona que muere en un atentado terrorista  a 100, 500, 1000 0 3000 kilómetros. Todos tenemos que ser españoles, ingleses, franceses, belgas, sirios, iraquíes…, cuando asesinan a un inocente.

- ¿Por qué un niño o un adolescente pueden provocar un atentado? Me acuerdo de un niño saharaui, acogido los veranos en casa de mis vecinos,  que el año pasado cuando regresó a su tierra se encontró que unos soldados habían destrozado media aldea ¿Cómo se sentirá ese niño? ¿Seguirá creyendo en las personas? ¿Es lo que puede ocurrir con los miles de niños que con sus familias pedían refugio y han quedado abandonados por Europa? Si son secuestrados por las mafias y abusan de ellos y los utilizan ¿qué podemos esperar? Los niños hacen lo que ven, si ven terrorismo habrá futuros terroristas, si viven como nosotros no tendrían esos sentimientos de odio. Hay que erradicar lo que provoca la guerra. La guerra no termina con más guerra, sino que genera más muertes y más dolor. Si con un poquito de fiebre que siento en el Instituto llamo corriendo a mis padres para que me cuiden, no quiero ni pensar en lo que deben sentir esos niño abandonados, despreciados, no puedo, no puedo…

- ¿Por qué en la tele hay tantos programas basura que nos entretienen como si fuésemos tontos mientras pasan todas estas cosas? Para entretenernos y que no pensemos en todo el dolor que pasan. A lo mejor si tomamos consciencia, la gente mayor no permitiría todo lo que está pasando.

- ¿Nos acordamos de los niños que mueren en las aguas del Mediterráneo huyendo de las guerras? Profe, no puedo entender que mientras unos niños se bañan en esta orilla otros se ahogan en la otra. Profe, ¿Podríamos hacer una manifestación en la playa para que los dejen venir? ¿Podríamos organizar unas pateras solidarias para ir a por ellos y traerlos? Profe, al menos podríamos escribir una carta a los mayores para recordarles que los derechos humanos se basan en la igualdad y no en religiones, economías, etnias, culturas, tradiciones…, porque por encima de todo ello somos personas.
La carta ha quedado escrita. Gracias mis queridos/as alumnos/as, con vosotros/as es más fácil creer en el ser humano.
Córdoba, 4 de mayo de 2016
  Miguel Santiago Losada
Profesor 

viernes, 8 de enero de 2016

ME SIGUEN HUMANIZANDO

                                         
En los previos a las vacaciones de Navidad, uno de mis grupos de primero de la ESO me siguió humanizando al observar, a través de la transparencia de sus ojos, la frescura de sus vidas y la naturalidad con la que expresan las dificultades económicas, sociales y personales en las que se desenvuelven día a día. Me encuentro con el esfuerzo de algunos niños/as que, a pesar de sus condiciones de vida, son capaces de aprobar sus asignaturas. Descubro cómo tengo alumnos/as que, ante el dolor que sienten por los problemas de sus familias,  no rinden en sus estudios y muestran su rebeldía mediante actitudes inadecuadas con sus compañeros y profesores. No me olvido del alumno que, a pesar de su diversidad, y no discapacidad, psicológica, es capaz de obtener uno de los mejores resultados de clase, lo que no le exime de desarrollar un esfuerzo considerable para aprender a convivir en el grupo. No me faltan los preadolescentes sobreprotegidos y contagiados por la tele basura que, queriendo jugar el rol de “hermano mayor”, dificultan su educación y la de sus compañeros, generando un verdadero sufrimiento a sus padres. Y por supuesto, en este crisol no falta el chiquito de familia inmigrante que, a veces, ya siente el desprecio por sus carencias materiales y por el color de su piel. En este grupo donde prima la diversidad tampoco faltan las chicas que se sienten indignadas por el comportamiento machista de alguno de sus compañeros.

Son baños de realidad de nuestros niños/as que, con apenas 13 años, tienen que encajar los avatares más duros de la vida, situaciones que a más de una persona adulta le acarrearía ansiedad o depresión.
Acaban de salir de las urnas los nuevos responsables políticos para los próximos cuatro años. Entre sus prioridades, al menos una de las primeras, debería estar el conocimiento de esta realidad transversal que recorre todo el país. Sin dilación, deben ponerse manos a la obra para alumbrar una ley educativa que responda a las necesidades de todos estos niños y niñas, futuro del país. Hace falta una ley que apueste claramente por la inclusión educativa, posibilitando una formación compensatoria que cubra las lagunas de los más necesitados. Una ley educativa que garantice un sistema de becas para que ningún joven deje de estudiar por necesidades económicas. Una ley educativa que seleccione a los profesionales más vocacionados y preparados para la enorme tarea de educar y formar a lo más sensible de nuestra sociedad que, junto a nuestros mayores,  son nuestros niños y niñas. Una ley que apueste por la educación de género, la educación en los derechos humanos y los valores éticos y que no permita que el alumnado tenga que elegir entre estos valores universales o religión, algo anacrónico y fuera de lugar en un Estado democrático, social de derecho y aconfesional. Es flagrante, escandaloso y atenta contra lo más sagrado en una sociedad moderna que un alumno se vea obligado a elegir entre Religión, Cultura Científica y Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Como profesional de la educación me sonrojo ante tamaño disparate del actual sistema educativo.

Y junto a una nueva ley educativa es necesario una política económica al servicio de la ciudadanía, que posibilite a nuestros jóvenes acceder a un mercado laboral acorde con sus conocimientos y talentos, no viéndose abocados a emigrar como viene ocurriendo en los últimos años. Sólo así, y no de otra manera, podremos sentirnos orgullosos de un país que puede responder a la pregunta de este antiguo poema japonés:

                               “¿Me preguntáis cuál es la suprema felicidad aquí abajo?
                        Escuchad la canción de una niña que se aleja después de haberos
                        preguntado el camino”.


                                                                                  Córdoba, 27 de diciembre de 2015
                                                                                         Miguel Santiago Losada

                                                                                                     Profesor

viernes, 3 de octubre de 2014

Gregorito

Gregorito comenzó el pasado 10 de septiembre su primer curso de primaria. Su madre lo dejó, como viene siendo habitual, en las puertas de su colegio público con muchas dosis de ilusión, de alegría por volverse a encontrar con sus compis y, como es natural, de inquietudes ante lo nuevo por conocer.
Gregorito tiene la fortuna de no ser uno de los dos millones de niños/as de nuestro país en padecer el empobrecimiento social. El no tendrá que depender de la asistencia social para disfrutar de una adecuada nutrición. Tampoco pasará frío este invierno gracias a los medios económicos de su familia, que le asegura un confortable hogar para poder vivir y desarrollarse como sería lo deseable para cualquier niño/a.
La vida le ha dado a Gregorito, para su buena crianza, una madre y un padre que lo aman y lo cuidan, unos medios que le brindan todas las posibilidades para su crecimiento y una capacidad personal que le permitirá alcanzar las destrezas necesarias para su futura formación como persona y como ciudadano.
Además de todo lo dicho, esperemos que pueda seguir forjándose como niño en un sistema educativo público que le ofrezca una educación no sexista para que no crezca entre noticias de mujeres víctimas por violencia de género, una educación que le muestre y haga descubrir la diversidad de familias; un sistema que ponga las bases para que sea un ciudadano educado en la no violencia y pueda vivir con naturalidad la interculturalidad y la interreligiosidad desde la diversidad étnica, y que le incite a ejercer la solidaridad para conseguir un mundo con mayor justicia e igualdad. En definitiva, una educación que lo forme en valores y le enseñe que sólo la memoria histórica puede evitar los errores del pasado.


También es de esperar para Gregorito, y para todos/as los niños/as, que disponga de medios adecuados que le permitan alcanzar la formación a la que se vea vocacionado y preparado, y que cuando pasen los años, pueda disfrutar de una beca Erasmus que le ayude a abrir la mente y a sentirse ciudadano de un mundo cada vez con menos fronteras y conflictos bélicos. Esperemos que cuando alcance la madurez pueda disfrutar de un Estado Social, Democrático de Derecho y Laico, en el que ninguna religión pretenda imponerle su moral o sus creencias, que pueda contribuir con sus impuestos al mantenimiento del Estado del Bienestar, asegurando así una sanidad y educación pública, y donde todas las personas vivan con dignidad física, psicológica y social.
Esperar no significa ni aguardar ni aguantar, ya que cuando acordemos, tal vez sea demasiado tarde. Esperar significa perseverar, confiar, creer, ilusionarse..., y, para ello, es necesario trabajar y posicionarse día a día, pues como bien hemos aprendido en estos años, nada está asegurado.
Solo así, cuando Gregorito pasee de la mano de su nieto o nieta, podrá contarle que pudo jubilarse, contar con una buena formación, con un sistema público de salud...
Y que solo luchando es posible que aquí, y en cualquier lugar del mundo, todos/as los/las niños/as puedan tener los mismos derechos que hicieron posible que él llegue a una edad avanzada con esa jubilación, formación, salud y, sobre todo, con dignidad y orgullo por haber aportado su granito de arena a esta humanidad.

* Profesor y presidente de la Asociación Kala

sábado, 14 de julio de 2012

Castigo a lo que funciona

Las personas profesionales de la medicina y el profesorado de la educación pública, ocupan el primer y tercer lugar respectivamente en la satisfacción de la ciudadanía según el Barómetro de Confianza Institucional de Metroscopia. En la misma encuesta, el Parlamento, la banca y los partidos políticos ocupan los últimos lugares, suspendidos entre un 65 por ciento y un 80 por ciento por la población española. Por consiguiente, los menos valorados y responsables de la crisis económica son, al mismo tiempo, los que más castigan a los más valorados por el citado Barómetro. Esto se traduce en que sólo en la provincia de Córdoba el recorte en sanidad y educación supone 60 millones de euros, lo que afecta a más de 28.000 trabajadores/as, cifra que aumentará con los nuevos recortes.
Como botón de muestra, lo ocurrido en el instituto público donde desarrollo mi actividad profesional: el pasado 29 de junio asistí al claustro final de curso, todo un baño de triste realidad. La directora nos informó que la plantilla en el próximo curso pasaría de 95 a 80 profesores/as, lo que supone más de un 15 por ciento en la reducción de la plantilla. Esto significa que 15 personas irán al paro el próximo curso, 15 profesores/as menos para el alumnado. En consecuencia, con menos profesorado, menos calidad en la enseñanza. Sale perjudicada toda la sociedad: los/as que pierden su puesto laboral y las personas adolescentes que se ven privadas de ese básico apoyo para su formación y educación. Si multiplicamos esta cifra por el número de institutos de Andalucía es fácil imaginar el tremendo daño que se le hace a la educación, pilar básico para el desarrollo de un pueblo.
Vista la situación, el resultado es igual a más paro para los/as profesionales de la educación, y más trabajo y menos sueldo para el funcionario de carrera. Con ello resulta difícil mantener una educación de calidad. Pero eso no es todo, por si fuera poco, el ministro de educación baja becas, pretende crear tres exámenes de reválida, lo que dificultaría la obtención de títulos para el alumnado con mayores dificultades sociales y económicas, manda al paro a jóvenes investigadores, obliga a emigrar a nuestros mejores cerebros universitarios... Sencillamente, indignante.
Tenemos que despertar, reaccionar y levantarnos para no permitir que destrocen en pocos meses lo que nuestra democracia ha ido construyendo a lo largo de más de treinta años, justo los años que llevo como profesor de Instituto. Han sido años ilusionantes y de mucho esfuerzo, apostando por lo público, lo que ha equivalido a luchar por la igualdad y la justicia social.
El último intento de salvaguardar la educación fue llevado a cabo por el anterior ministro del ramo, Angel Gabilondo, todo un señor profesor al que tiraron por tierra sus esfuerzos por llegar a un consenso que obligase, gobernase quién gobernase, a respetar los pilares que sustentan la educación. ¡Qué lejos estamos, en tan poco tiempo, tanto de ese fondo como de esas formas, y cuánto vamos a tardar en recuperarlos si seguimos solo vibrando por La Roja !
* Profesor y presidente de la Asociación KALA


miércoles, 20 de junio de 2012

Selectividad

Durante estos días miles de estudiantes realizarán la prueba de selectividad para poder acceder a sus estudios universitarios.
Tras un laborioso curso, quizás el más duro de todos los que afrontarán en la vida como estudiantes, se someterán a unas pruebas en las que la puntuación es fundamental para que la Universidad les abra las puertas a los estudios que el día de mañana les permitirán ejercer la profesión por la que han apostado.
Una de esas personas que se sentarán en el ágora de la superación es Manuela, una chica que nació en una familia muy humilde. Se crió en un local abandonado de un barrio de Córdoba con muchas carencias sociales.
Sus vacaciones consistían en pasar unos días con su hermano, acobijados por una chabola construida por su padre en los llanos de la abandonada Residencia Teniente Coronel Noreña, que muchas personas de Córdoba recordarán.
Con el tiempo las inquietudes de superación de sus padres, unido al apoyo que encontraron en un colectivo social, le supuso a Manuela y a su hermano un cambio en su vida. Se le llenaban los ojos de luz cuando entró por primera vez al piso que sus padres, gracias al trabajo, habían comprado, como la mayoría de las familias de nuestra ciudad.
Manuela fue creciendo y aprendiendo, primero en el Colegio de Primaria y, más tarde, en el Instituto, centros públicos de educación en los que tienen cabida todos los niños y adolescentes de nuestra sociedad, centros públicos en los que bastantes de sus maestros y profesores enseñan y educan a miles de chavalitos/as de cualquier circunstancia y condición social para ser ciudadanos/as adultos/as el día de mañana.
Manuela ha ido aprobando asignatura tras asignatura, curso tras curso, hasta terminar sus estudios de bachillerato y ser una más en el tribunal que la examinará de selectividad.
Seguro que su aprobado le permitirá el próximo curso coger el tren de cercanías que le conducirá al Campus Universitario de Rabanales para realizar sus estudios de Biología.
Las personas que poseemos la fortuna de educar y enseñar a los/as niños/as y jóvenes tenemos unas páginas que no figuran en ningún currículo, páginas que no aumentarán nuestros méritos académicos; sin embargo, nos hacen dignos de la profesión que venimos ejerciendo.
Una de esas páginas la viví hace un par de semanas cuando tuve el honor de imponerle a Manuela la banda que le hacía merecedora de su título de bachiller. Recordé en ese momento a sus padres, abuelos, bisabuelos,... Es la primera de toda su generación que ha alcanzado tal distinción académica. Al mismo tiempo, me enorgullecía de ser funcionario de un cuerpo que trabaja por la verdadera igualdad de oportunidades entre todas las personas.
Gracias a Manuela y a cada uno/a de mis alumnos/a por haber hecho que me sienta Maestro un año más.

*Profesor y presidente de la asociación KALA

jueves, 15 de septiembre de 2011

¿CUANTAS HORAS TRABAJA MARÍA?

Un martes cualquiera del curso escolar, María, profesora de instituto, llegará a su centro con la cartera cargada de libros, apuntes, cuaderno de calificaciones, agenda escolar... Lo primero que hará es pasar por la sala de profesores para recoger de su casillero alguna convocatoria o comunicación: reunión de departamento, claustro, consejo escolar, reunión de tutores, evaluaciones... Después, conforme vaya saludando a compañeros y alumnado se dirigirá a su aula para impartir la primera clase de la mañana. Al toque del timbre irán entrando los chavales de un tercero de la ESO, unos 25, algunos de los cuales presentan algunas dificultades ya sean de comportamiento o de aprendizaje, lo que tendrá que tener en cuenta a la hora de trabajar con ellos y evaluarlos. A la media hora de haber comenzado la clase detectará que los ojos de su alumna Laura andan algo enrojecidos. Mientras los demás hacen unas actividades, María se dirigirá a ella para preguntarle qué le pasa. Quedará con ella a la hora del recreo para escuchar el problema familiar que tanto sufrimiento le está generando a la joven.
Sin un respiro, a la hora siguiente, tendrá clase con un grupo de alumnos de 2º de Bachillerato. María sabe que tiene una gran responsabilidad con sus pupilos para que lleguen a la selectividad lo mejor preparados posibles, porque de dicha calificación dependerá que estudien la carrera por la que se sienten más vocacionados. Este curso ha tenido que introducir algunas variables en la programación de las asignaturas indicadas por la universidad. Para introducir la clase, que por cierto supera la treintena de jóvenes, ha preparado un power point de unos 12 minutos.
A la tercera hora de la mañana le toca una guardia. Durante ella tendrá que atender varios incidentes y acudir a sustituir durante 15 minutos a un profesor que le ha surgido un imprevisto.
Muy deprisa se tomará un cafelito en la cafetería ya que ha quedado en atender a la joven Laura.
En el camino a la siguiente clase, después del recreo, un grupo de alumnos de su tutoría se acercarán a ella para pedirle que les ayude a organizar una excursión que realizarán en el segundo trimestre. Ya en clase, sus alumnos de 1º de la ESO harán un examen que tenía programado hace quince días. Durante el mismo tendrá que ir resolviendo dudas que le plantean sus alumnos.
A quinta hora se tomará un respiro, ya que no tiene clases; sin embargo, va a aprovechar para preparar el examen que tendrá la semana próxima con su grupo de 2º de bachillerato. Mientras esté elaborándolo la directora le va a comunicar que prepare un informe, junto a otros profesores que imparten clase en 3º de la ESO y coordinado por el departamento de orientación, sobre las necesidades educativas especiales que detectan en sus alumnos.
A 6 hora impartirá clase a otro grupo de 3º de la ESO. Después de unas explicaciones previas trabajarán en grupos de tres, bajo las orientaciones que les irá dando.
Agotada regresará a casa, almorzará no muy copiosamente, ya que los martes a las cinco de la tarde tiene reunión de padres. Tres familias se verán con ella para saber acerca del proceso educativo y formativo de sus hijos.
María, un día más de sus veinte años en la educación regresará agotada a su casa. Después de una reconfortante ducha se echará en el sofá para ver las noticias.
Entre las ya consabidas sobre la crisis, le sorprenderá la que alude a los recortes del profesorado en diferentes comunidades gobernadas por el PP. Le indignará ver y escuchar con qué falta de conocimiento y sensibilidad cuestionan su trabajo y el de miles de sus compañeros, responsables políticos con un patrimonio nada desdeñable y que ganan una fortuna en comparación con sus ingresos, responsables políticos que en vez de hacer todos los esfuerzos para mantener el presupuesto en educación, cimiento clave para un país, no valoran y desprestigian a los profesionales que tienen en sus manos lo más sagrado de la sociedad: nuestros niños y jóvenes.
Una mirada furtiva, por encima del televisor, le llevará a una estantería en la que tiene varios recuerdos de sus alumnos/as y sus respectivos padres y madres. A fin de cuentas es su mejor regalo: el reconocimiento a su dedicación y tarea. Se dormirá y sonará el timbre que la llevará de nuevo al aula, y se encontrará con sus alumnos, con sus padres, con sus compañeros, es decir, con la cotidiana realidad que para nada olfatean esos televisivos políticos.
* Profesor y presidente de la

Asociación KALA

lunes, 20 de septiembre de 2010

Sociedad y escuela democráticas

Un Estado social, democrático y de derecho tiene el deber y la obligación de poner todo su acento en educar y formar a ciudadanos libres, responsables y solidarios/as que contribuyan a fortalecer y cohesionar a la sociedad. El Estado le ha concedido al sistema educativo la máxima potestad para conseguir esta finalidad. Los primeros gobiernos socialistas impulsaron y aprobaron la nueva ley educativa, la LOGSE, que sustituía a la antigua ley de 1970. La LOGSE, a pesar de las lagunas con las que nacía, contribuyó a universalizar la educación en un país que estrenaba una joven democracia. Buscaba la igualdad de oportunidades para todas las personas. Marcar una misma línea de salida consolidaba el principio de justicia social en la que debe basarse un Estado democrático, ya que de lo contrario, parte de la ciudadanía estaba avocada a vivir en un estrato de empobrecimiento social, del que muchas personas acabarían en la exclusión social.
Al paso de los años, los diferentes gobiernos, en lugar de haber ido corrigiendo y madurando la ley educativa, lo que hubiese contribuido a superar las lagunas con las que nació, han hecho de la política educativa una política partidista que ha contribuido a empeorar la calidad de la educación. Evidentemente, los primeros afectados han sido los niños y jóvenes. Los segundos, un profesorado, que cada cuatro años ha tenido que cambiar de programaciones, adaptaciones curriculares, metodologías, asignaturas y materias. Al mismo tiempo, las nuevas normativas han ido burocratizando la labor profesional. Este desconcierto de cambios permanentes en la ley educativa, junto a la excesiva burocratización, le ha restado fuerzas y ánimo al profesorado.
Sin embargo, ha habido un hecho aún más grave, la pérdida de democracia en los órganos de los centros educativos públicos a favor de un mandato unipersonal, que le da prácticamente todo el poder a la figura de la dirección. Hemos pasado de una dirección elegida desde abajo, con marcado carácter asambleario, a una dirección apuntalada desde arriba por la Administración. O lo que es lo mismo, de una dirección que se siente y se debe a su comunidad educativa a otra dirección que responde principalmente a la autoridad administrativa.
Hace años, el claustro de profesores dejó de elegir a sus directores, pasando a ser un mero órgano consultivo. Una vez desmontado el poder de decisión de los claustros, el nuevo decreto, que establece el reglamento de los centros, desmonta los departamentos didácticos y los deja al arbitrio de la dirección; elimina la única elección desde la base que le quedaba a los docentes. De esta forma, el profesorado ya no puede elegir a sus jefes de departamento y ni siquiera se respeta su antigüedad.
¿Es este el modelo educativo para educar en democracia? ¿Acaso sometiendo y desconfiando del profesorado, en lugar de promocionarlo y apoyarlo, se va a conseguir una mejor enseñanza?
No estaría de más, ante la actitud de las autoridades educativas y la falta de unidad de los sindicatos, ir plateando medidas como plataformas a favor de la democracia en los centros. Mientras tanto, no caigamos en la desconfianza que puede aflorar entre el mismo profesorado ante tanta dedocracia, que solo lleva a la precariedad del sistema, lo contrario de lo que supuestamente se persigue.
* Profesor y presidente de la asociación KALA


viernes, 14 de septiembre de 2007

Mejora de la seguridad escolar

La delegada provincial de Educación, Dolores Alonso , que participó en la reunión de la junta local de seguridad el pasado miércoles, 5 de septiembre, dijo que el Plan Director para la Convivencia y la Mejora de la Seguridad Escolar, aprobado en diciembre de 2006 por los ministerios de Educación y del Interior, "no es un plan corrector, sino preventivo". Añadió que "en la prevención está el éxito y no en la corrección". Por otra parte, la señora alcaldesa consideró tras dicha reunión que se trata de "un plan de siembra de valores con el fin de que se normalice una convivencia adecuada".
Nuestras dos políticas, en sus declaraciones realizadas al Diario CORDOBA, ponían al mismo nivel la entrada de la policía en los colegios para prevenir la violencia, a través de charlas a la comunidad educativa, con otros programas de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento (programas sobre igualdad, cultura de la paz, convivencia, absentismo, hábitos de vida saludables, educación para la ciudadanía, política social).
Este plan director, al igual que las declaraciones efectuadas por dichas responsables institucionales, me deja además de preocupado, perplejo, por las siguientes razones:
--Estamos atravesando por un momento histórico de recortes en los derechos civiles, sobre todo a raíz del 11-S. La política neoliberal y bélica encabezada por Bush , por una parte, y respondida por grupos terroristas a escala internacional, por otra, está desarrollando la sociedad de la inseguridad y del miedo, en donde la educación en valores está siendo sustituida por medidas y estrategias de tipo policial y militar para salvaguardar la seguridad de la ciudadanía.
--Nos estamos contagiando de la sociedad de la inseguridad y del miedo a escala estatal y local. Cada vez son más los guardias de seguridad, las cámaras de videovigilancia, los cerramientos de urbanizaciones, las rejas y alambradas en los patios de los centros educativos...
--Es preocupante que la propia televisión pública emita programas, como el de España Directo , que sólo conducen a la alarma social tarde tras tarde. En lo que va de año he escuchado múltiples comentarios, sobre todo de personas mayores, atemorizadas de salir a la calle por los contenidos de dicho programa que conducen al miedo y, en algunos casos, a la xenofobia hacia personas que padecen la exclusión social.
--Durante esta última década las diferentes Administraciones han puesto en marcha una serie de programas, según ellas, de carácter preventivo como la llamada policía de cercanía, policía de barrio... que venían a ser como la panacea a la hora de terminar con la conflictividad social que genera la lacra de la exclusión. ¿Cuáles han sido dichos resultados? La exclusión no se erradica con medidas policiales sino con políticas sociales. ¡Cuántas veces habrá que decirlo!
--Llevamos años criminalizando a nuestros niños y jóvenes, incluso hay fiscales que quieren rebajar a los 14 años la edad penal para poder condenar a los adolescentes. La criminalización de nuestros menores es la prueba más evidente del fracaso de nuestra sociedad. En pocos años estamos pasando de proteger a nuestros niños a protegernos de ellos. ¿Acaso no es para sentirnos avergonzados los adultos por tan tremendo fracaso generacional?
--Y, por último, lo que me quedaba por ver. Después de veinticinco años que llevo como profesional de la enseñanza, no me puedo imaginar sentado al fondo de una de las aulas donde imparto clase, escuchando con mis alumnos una lección magistral sobre la tolerancia y la resolución de conflictos impartida por un guardia civil o un policía nacional. Con todo mi respeto, los cuerpos de seguridad del Estado no están para prevenir, sino para reprimir, téngase en cuenta el significado más objetivo de dicho verbo. Qué sentido tienen los departamentos de orientación, las tutorías, los diversos programas educativos, los agentes sociales... Este tipo de medidas lo que provocan es una mayor desautorización de los maestros y profesores. Lo que nos hace falta a los profesionales de la educación es que se nos oiga, que no estemos continuamente al arbitrio del gobierno de turno cambiando continuamente la Ley de Educación, llegar al 6 o 7% del PIB para la educación, sobre todo para dotar a los centros educativos del personal educativo necesario, según las características de la zona en la que esté enclavado el centro, y de esta manera, poder desarrollar nuestro trabajo en condiciones.
Señora ministra de Educación, señora consejera de Educación, señora delegada de Educación, planes o programas como éste no son el camino de la educación en valores. Los niños no necesitan visitar cuarteles, ni montarse en carros de combate... lo que necesitan son espacios de tolerancia, paz, solidaridad. Los niños no necesitan personas vestidas de uniforme que están al servicio del Ministerio del Interior, lo que necesitan son personas de su confianza, que no son otras que sus maestros y profesores. Maestros y profesores dispuestos a educar en los valores de ciudadanía y a formar en las materias que los preparen para ser unos buenos profesionales el día de mañana.
Y a todo esto: ¿Qué tienen que decir de ello los sindicatos de la enseñanza? ¿Qué opina la Junta de Personal Docente? ¿Qué opinan las diferentes comunidades educativas?
* Profesor y Coordinador del Area de Marginación de la Apdha


jueves, 6 de septiembre de 2007

¿PLAN DIRECTOR PARA LA CONVIVENCIA Y LA MEJORA DE LA SEGURIDAD ESCOLAR?

La delegada provincial de educación, Dolores Alonso, que participó en la reunión de la junta local de seguridad el pasado miércoles, 5 de septiembre, dijo que el Plan Director para la Convivencia y la Mejora de la Seguridad Escolar, aprobado en diciembre de 2006 por los ministerios de Educación y del Interior, “no es un plan corrector, sino preventivo”. Añadió que “en la prevención está el éxito y no en la corrección”. Por otra parte, la señora alcaldesa consideró tras dicha reunión que se trata de “un plan de siembra de valores con el fin de que se normalice una convivencia adecuada”.
            Nuestras dos políticas, en sus declaraciones realizadas al diario Córdoba, ponían al mismo nivel la entrada de la policía en los colegios para prevenir la violencia, a través de charlas a la comunidad educativa, con otros programas de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento (programas sobre igualdad, cultura de la paz, convivencia, absentismo, hábitos de vida saludables, educación para la ciudadanía, política social).
            Este Plan Director, al igual que las declaraciones efectuadas por dichas responsables institucionales, me deja además de preocupado, perplejo, por las siguientes razones:
-          Estamos atravesando por un momento histórico de recortes en los derechos civiles, sobre todo a raíz del 11S. La política neoliberal y bélica encabezada por Bush, por una parte, y respondida por grupos terroristas a escala internacional, por otra,  está desarrollando la sociedad de la inseguridad y del miedo, en donde la educación en valores está siendo sustituida por medidas y estrategias de tipo policial y militar para salvaguardar la seguridad de la ciudadanía.
-          Nos estamos contagiando de la sociedad de la inseguridad y del miedo a escala estatal y local. Cada vez son más los guardias de seguridad, las cámaras de videovigilancia, los cerramientos de urbanizaciones, las rejas y alambradas en los patios de los centros educativos,…
-          Es preocupante que la propia televisión pública emita programas, como el de “España Directo”, que sólo conducen a la alarma social tarde tras tarde. En lo que va de año he escuchado múltiples comentarios, sobre todo de personas mayores, atemorizadas de salir a la calle por los contenidos de dicho programa que conducen al miedo y, en algunos casos, a la xenofobia hacia personas que padecen la exclusión social.
-          Durante esta última década las diferentes Administraciones han puesto en marcha una serie de programas, según ellas, de carácter preventivo como la llamada policía de cercanía, policía de barrio,… que venían a ser como la panacea a la hora de terminar con la conflictividad social que genera la lacra de la exclusión. ¿Cuáles han sido dichos resultados? La exclusión no se erradica con medidas policiales sino con políticas sociales. ¡Cuántas veces habrá que decirlo!
-          Llevamos años criminalizando a nuestros niños y jóvenes, incluso hay fiscales que quieren rebajar a los 14 años la edad penal para poder condenar a los adolescentes. La criminalización de nuestros menores es la prueba más evidente del fracaso de nuestra sociedad. En pocos años estamos pasando de proteger a nuestros niños a protegernos de ellos. ¿Acaso no es para sentirnos avergonzados los adultos por tan tremendo fracaso generacional?
-          Y, por último, lo que me quedaba por ver. Después de veinticinco años, que llevo como profesional de la enseñanza, no me puedo imaginar sentado al fondo de una de las aulas donde imparto clase, escuchando con mis alumnos, una lección magistral sobre la tolerancia y la resolución de conflictos impartida por un guardia civil o un policía nacional. Con todo mi respeto, los cuerpos de seguridad del Estado no están para prevenir, sino para reprimir, téngase en cuenta el significado más objetivo de dicho verbo. Qué sentido tienen los departamentos de orientación, las tutorías, los diversos programas educativos, los agentes sociales,… Este tipo de medidas lo que  provocan es una mayor desautorización de los maestros y profesores. Lo que nos hace falta a los profesionales de la educación es que se nos oiga, que no estemos continuamente al arbitrio del gobierno de turno cambiando continuamente la Ley de Educación, llegar al 6 ó 7% del PIB para la educación, sobre todo para dotar a los centros educativos del personal educativo necesario, según las características de la zona en la que esté enclavado el centro, y de esta manera, poder desarrollar nuestro trabajo en condiciones.

Señora ministra de educación, señora consejera de educación, señora delegada de educación planes o programas como éste no son el camino de la educación en valores. Los niños no necesitan visitar cuarteles, ni montarse en carros de combate,… lo que necesitan son espacios de tolerancia, paz, solidaridad. Los niños no necesitan personas vestidas de uniforme que están al servicio del ministerio del interior, lo que necesitan son personas de su confianza, que no son otras que sus maestros y profesores. Maestros y profesores dispuestos a educar en los valores de ciudadanía y a formar en las materias que los preparen para ser unos buenos profesionales el día de mañana.

Y a todo esto: ¿Qué tienen que decir de ello los sindicatos de la enseñanza? ¿Qué opina la Junta de Personal Docente? ¿Qué opinan las diferentes comunidades educativas?

                                                    Miguel Santiago Losada
                         Profesor y Coordinador del Área de Marginación de la APDHA

                                          Córdoba, 6 de septiembre de 2007

martes, 19 de septiembre de 2006

LA COMUNIDAD EDUCATIVA

Existen distintos motivos para podernos sentir desesperanzados con la política educativa desarrollada en los últimos años. Entre ellos los continuos cambios a los que la Logse se ha visto sometida desde su puesta en marcha, que han obedecido más a criterios de partido que a las evaluaciones necesarias que hubiesen supuesto el fortalecimiento del sistema educativo, lo que ha provocado que uno de cada tres alumnos no obtengan el título de la ESO. Por otro lado, el gasto público en educación no se corresponde con las expectativas de una ley cuya pretensión consiste en una mayor democratización de la educación.
Sin embargo, el optimismo debería ser la mejor actitud para crecernos en este apasionante océano de la educación un tanto revuelto, entre otras razones, por las circunstancias anteriormente señaladas.
Para ello se hace necesario que toda la comunidad educativa se sienta unida para poder responder adecuadamente a la incorporación cada vez mayor de niños inmigrantes que nos enriquecen y que necesitan ser acogidos y protegidos. No podemos olvidar que los inmigrantes sufren en mayor medida los problemas de convivencia, según el responsable del Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia.
Esta comunidad educativa acoge cuatro veces más niños inmigrantes en la escuela pública que en la privada, enseñanza mayoritariamente perteneciente a la Iglesia; una comunidad educativa pública y laica que desarrolla su actividad en los cuatro puntos cardinales, muy al contrario de la privada que generalmente se encuentra en las zonas de mayor bienestar social.
Es por ello que merece la pena destacar el extraordinario trabajo que la citada comunidad realiza en los barrios populares en los que vive la población más vulnerable, lo que se traduce en unas aulas heterogéneas donde conviven alumnos díscolos y no díscolos, estudiosos y no estudiosos, de padres con mayor formación y padres con menor formación,...; una realidad social en la que de no darse los medios adecuados podemos caer en la perversidad del sistema, que tiene como consecuencia más inmediata el sufrimiento de alumnos y profesores.
Por tanto, se hace necesaria la creatividad para dar paso a la comunidad pedagógica (un grupo de trabajo formado por profesores, educadores y padres que desempeñen la tarea educativa en el aula que por sus características se considere necesario) cuando no pueda ejercerse la tarea tradicional de un solo profesor. Se hace necesaria una comunidad educativa que pueda contratar profesionales conocedores de la realidad de la zona cuando las circunstancias lo requieran. Una comunidad educativa que crea en la mediación escolar, que apuesta más por el diálogo y el encuentro que por la norma. Una comunidad educativa que evite centros cerrados y aislados, abriéndose al barrio y coordinándose con los diferentes agentes sociales de la zona.
En definitiva, una comunidad educativa que tenga como curriculum transversal la coeducación, la mediación en la resolución de conflictos, el saber estar respondiendo a la realidad, la educación en hábitos saludables,... que evite el fracaso escolar, que como dice el juez Emilio Calatayud "si se resuelve el fracaso escolar se resolverá el 82% de la delincuencia de menores en Andalucía (...) no olvidemos que el 30% de los chicos privados de libertad apenas saben leer ni escribir". Junto a ello, se evitaría considerablemente el desgaste y la frustración de los maestros y profesores a causa del estrés por los casos de conflictividad. Sirva como ejemplo el caso de Cataluña, que en el año 2003 el 10% de los docentes tomó tranquilizantes, el doble de la media de la población, según la Agencia de la Salud Pública de Cataluña.
Como nos enseña el viejo proverbio africano: "Para educar a un niño hace falta la tribu entera". En nuestro caso la comunidad educativa entera.
* Profesor de Biología y Coordinador del Area de Marginación de la APDHA

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martes, 31 de enero de 2006

CAMINO EQUIVOCADO

Los gobiernos de los llamados estados sociales y de derecho, en lugar de seguir políticas de populismo punitivo, deberían esforzarse por la educación en valores y la justicia social. 
A pesar de que estamos custodiados por cerca de 200.000 agentes, entre policía nacional, autonómica y guardia civil, nos quejamos de la existencia de inseguridad, exigiendo más policía.
Las empresas de seguridad privada, más de 1.000 con 75.000 empleados, no dan abasto para que no quede una sola puerta por guardar.
Las cárceles, sobre todo después del endurecimiento del Código Penal, tienen el doble de personas presas que en 1990. En concreto, son 61.000 repartidas en 77 prisiones. El principal objetivo de la política penitenciaria del Gobierno socialista es la construcción de 8 nuevas prisiones.
Los centros de reforma de menores albergan a más de 700 chavales sólo en Andalucía, cifra que se verá incrementada tras el endurecimiento de la ley de responsabilidad penal del menor.
Más de 3.000 policías vigilan los alrededores de los centros escolares ante el temor de que el consumo de drogas haga estragos en los niños y jóvenes menores de 16 años.
Entre la población civil circulan más de 7.500.000 armas de fuego, lo que hace que algunos se tomen la justicia por su mano al igual que ocurre asiduamente en la "avanzada sociedad americana".
¿Cómo es posible que con todo este sistema de medidas penales y coercitivas tengamos la percepción de inseguridad ciudadana? Me sorprenden las pancartas que señalan a los niños como asesinos, me preocupa enormemente que el consumo de drogas afecte cada vez más a los menores, me aterra la permisividad política y social ante un mercado que induce al odio, a la violencia y a la agresividad de nuestros jóvenes. Nos deberían de preocupar los casos de menores de familias "normalizadas" que apalean o matan indigentes. Me llena de perplejidad que un elevado porcentaje de alumnado de Educación Secundaria Obligatoria no consiga el título o abandone los estudios. Lamento como en los últimos años no han bajado los índices de empobrecimiento y exclusión social.
Ante esto me pregunto: ¿Son estas las causas de la inseguridad ciudadana o son las consecuencias?, ¿de verdad pensamos que multiplicando por dos o por tres las medidas penales y represoras lograremos terminar con ella?, ¿no nos paramos a reflexionar que un alto porcentaje de personas presas, de chavales en centros de reforma, de personas dedicadas al menudeo y consumo de drogas son las primeras víctimas de este sistema demencial?
Los gobiernos de los llamados estados sociales y de derecho, en lugar de seguir políticas de populismo punitivo, deberían de esforzarse por la educación en valores de su ciudadanía y por la implantación plena de la justicia social. De esta manera, podríamos aspirar a conseguir una sociedad verdaderamente segura, basada en los principios de los derechos humanos. De lo contrario, a penas más duras, mayor ambiente de inseguridad.
No tiene sentido que el setenta por ciento de las personas presas lo estén por delitos contra la salud (consumo y tráfico de drogas) o contra el patrimonio, muchas veces ambos delitos asociados. ¿No sería más lógico cambiar la actual política sobre drogas que genera un gran destrozo social y un mayor enriquecimiento del narcotráfico?
Por otra parte, la ciudadanía debería desarrollar la cultura de la corresponsabilidad social que garantice la cohesión social, huyendo de los postulados que fomentan el miedo, el ambiente de inseguridad y las actitudes xenófobas.
*Coordinador del Area de Marginación de la APDH-A


lunes, 28 de noviembre de 2005

LA BUENA EDUCACIÓN

Vivimos en una sociedad muy compleja donde se plantean aulas para superdotados y aulas para alumnos con necesidades educativas especiales, centros educativos bilingües y  centros TIC (centros incorporados a las tecnologías de la informática y la comunicación) 

Si levantamos nuestra vista más allá de lo que alcanzan a ver nuestros ojos descubrimos como millones de niños mueren de hambre y enfermedades. En cambio, y retrotrayendo nuestra mirada observamos a niños con sobrealimentación y hastiados de caprichos, que no siempre es sinónimo de afectividad. Un mundo que planifica viajes a Marte y masacra a miles de ciudadanos en guerras intencionadas por intereses económicos. Una sociedad que adopta a niños huérfanos y, al mismo tiempo, crea centros penalizadores de menores. Una civilización que hace de la talla única un referente juvenil y sin embargo a sus verdaderos referentes, los ancianos, los  recluye en asilos. Una política que pone fronteras a los seres humanos y establece la libre circulación de la moneda. Se podría continuar con una innumerable lista de bimembraciones paradójicas y contradictorias.

Ante esta multidimensionalidad de la realidad, ¿cuál debería ser el debate educativo? ¿Qué educación y formación queremos para nuestros niños y adolescentes? No nos dejemos engañar con el simplista debate de religión sí o religión no, que dicho sea de paso, esconde más intereses económicos que religiosos.

La apuesta está en concebir una escuela donde la educación sea, sobre todo, un derecho y no una obligación, en la que la ética universal basada en los derechos humanos y la ciudadanía corresponsable nos haga avanzar en la gran aventura humanizadora. Una escuela basada en la convivencia y la tolerancia, en la que quepamos todos y todas. Una escuela cuyo principal recurso sea el maestro, la maestra (reivindico esta palabra, ya que la principal maestría, tanto en la enseñanza primaria como en la enseñanza secundaria obligatoria consiste en el valor de educar). Una escuela con espacios acogedores que hagan agradable la estancia y unos tiempos acordes al alumnado sobre todo menor de catorce años, que evite seis horas seguidas de agotadoras clases académicas. Una escuela creativa y educativa que valore a los profesionales de la enseñanza,  responsabilice a los padres y genere autoestima en el alumnado.

Por último, los centros privados y concertados de carácter religioso podrían aprovechar el actual debate para, siendo fieles a su ideario cristiano, abrir sus puertas a los niños inmigrantes, a las familias empobrecidas, y a los que, en definitiva, no tienen muchas posibilidades de elección en la vida.


                                                                  Miguel Santiago Losada
                                                           Profesor y miembro de la APDHA
                                                                  Córdoba, 28 noviembre 2005   


viernes, 2 de julio de 2004

DIFERENTES VARAS DE MEDIR

Los cortes de agua de las zonas más desfavorecidas de nuestra ciudad son un goteo permanente, valga la metáfora. Hace unos meses Emacsa cortó el suministro de agua de una manzana del Polígono Guadalquivir ante el impago de algunos vecinos. La semana pasada me informaron que un bloque de la calle Torremolinos está amenazado por el corte de suministro de agua. Hace unos días una vecina de Palmeras me contaba que había sido visitada por una abuela con una garrafa para llenarla de agua, porque la empresa municipal le había cortado el contador. En este caso no hubo alarma social al ser particular el contador. Sólo ella padece las consecuencias de su pobreza soportando sin agua las altas temperaturas del verano.
Estas medidas son aplaudidas por el teniente de Alcalde de Urbanismo, ya que, según él, tienen una "finalidad educativa". Me recuerda aquel lema de la vieja escuela que decía "la letra con sangre entra". Este mismo concejal hace poco hacía unas declaraciones sobre la conveniencia de suministrar agua a algunas parcelaciones, que todavía no tienen resuelta su legalidad, como medida humanitaria. Curiosa vara de medir para una y para otros. En todo caso ¿no se deberían tomar medidas discriminatorias positivas para los sectores más empobrecidos y excluidos de nuestra ciudad? Al mismo tiempo que esto ocurre, las plagas de cucarachas y ratas vuelven a amenazar a estas zonas socialmente más deprimidas. ¿Tendremos que denunciar hechos concretos para que actúe Sadeco como en años anteriores?
Señora alcaldesa, su gestión debería despuntar en estas zonas con un reconocido notable en junio. Pero, a los hechos nos remitimos, y vuelve a suspender la asignatura que se supone, debiera tenerle más cariño. Esperamos y deseamos que apruebe en septiembre.


viernes, 22 de noviembre de 2002

EDUCAR, IGUALAR EN DERECHOS

En muchas ocasiones tenemos la impresión de que nuestros niños y jóvenes se nos escapan, no sabemos a dónde, pero parece que se nos fueran de las manos.
Tienen bastantes posibilidades de que no encuentren referentes que les aporten valores éticos frente a una calle y unos medios audiovisuales cada vez más impersonales y violentos. Estas situaciones les generan unas conductas que más tienen que ver con la de los autómatas que con las de un ser humano. Nuestros chavales, o bien, pasan mucho tiempo con los videojuegos, ordenadores, viendo películas, generalmente violentas, o bien, la esquina de la calle les invita, en ocasiones, a un "colegueo" para iniciarse tempranamente en el mundo de las sustancias que les podrá empujar, ¿quien sabe?, a sumergirse en falsos mundos mágicos e imaginarios que les lleve a conductas asociales. Ello está provocando que salten las alarmas en los juzgados de menores, ante las crecientes denuncias a menores, cada vez más de la clase media y acomodada, y tal vez, porque cuando nos buscan no nos encuentran y tienen que buscar sustitutivos o tienen que hacerse notar de alguna manera. Otros caerán en enfermedades psicóticas, depresiones, anorexias, bulimias... que no son más que el resultado de una falta de atención adecuada a sus necesidades psicoafectivas y sociales por parte, principalmente, de su familia, y tienen que buscar sustitutivos o hacerse notar, gritar que existen, a veces en actos que jamás podríamos imaginar. Ni que decir tiene que este panorama no se puede generalizar, pero podemos observar como nos va ganando terreno en nuestra sociedad.
De ahí, que no sea extraño que últimamente las carteleras de los cines anuncien películas que invitan a la reflexión social, al análisis de la fragilidad humana, a la preocupación por la protección de los niños y adolescentes, a que se nos remuevan las entrañas, lo más maravilloso y genuino del ser humano. Tampoco es de extrañar la aparición del movimiento multicolor por otra globalización, fundamentalmente juvenil, que es una manera clara y directa de decir no a este mundo vacío de valores.
Son muestras esperanzadoras de que algo se está moviendo. ¿Qué lugar ocupa la escuela?
Ya veíamos venir la complejidad de esta realidad social. Fuimos asumiendo, con bastantes dosis de resignación, el ser más cuidadores que transmisores de conocimientos, incluso han aparecido recientemente nuevos sindicatos que reivindican esto último. Muchos creemos en el espíritu de la Logse, una ley que contempla esta nueva realidad social y que quiere dar respuesta a la diversidad de chavales que llegan a nuestros centros educativos. Los recortes presupuestarios y la ideología cada vez más conservadora dificultan poner en práctica nuevas mediaciones, programaciones, proyectos, actividades para formar a nuestro alumnado. Sentimos y sufrimos un desgaste y una desesperanza en los claustros de profesores ante una compleja realidad que nos descoloca e incluso nos hace refugiarnos en la parte más penalizadora de la carta de derechos y deberes del alumnado, ante la tremenda impotencia que muchas veces sufrimos.
A pesar de los pesares y de las dificultades, quedan ganas, ilusiones y esperanzas. Esto conlleva la aparición de grupos de trabajo de maestros y profesores que buscan conjuntamente fórmulas y planteamientos que den respuesta a la diversidad. De todos modos, no olvidemos que la escuela no tiene la varita mágica. Difícilmente podrá sustituir a la familia, ambiente social más próximo... La escuela sólo completará la educación.
Sin embargo, la escuela tiene mucho que hacer y decir en este momento. Tenemos que esforzarnos por recuperar, sobre todo los maestros y profesores, la esperanza de que otro mundo es posible y sólo desde ahí, desde esa escala de valores, que nos hace ser referentes para nuestros chavales, enseñar matemáticas, lengua, naturales, sociales...
Sólo si recuperamos la consciencia de la importancia de nuestro papel en la sociedad, podremos desarrollar esa maestría a la que Gabriela Mistral nos invita: "Educar el lo mismo/ que poner un motor a una barca.../ hay que medir, pesar, equilibrar.../ ...y poner todo en marcha. Pero para eso/ uno tiene que llevar en el alma/ un poco de marino... un poco de pirata.../ un poco de poeta... Y un kilo y medio de paciencia concentrada./ Pero es consolador soñar mientras uno trabaja,/ que ese barco, ese niño/ irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío/ llevará nuestra carga de palabras/ hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Soñar que cuando un día/ está durmiendo nuestra propia barca,/ en barcos nuevos seguirá/ nuestra bandera enarbolada".
Tenemos el enorme deber de ser constructores de la futura sociedad donde los derechos humanos sean una realidad.