jueves, 13 de octubre de 2016

EL MUNDO SE DESANGRA

“Todo el mundo quería hacer algo. La foto de mi hijo muerto conmovió al mundo, pero la gente sigue muriendo y nadie hace nada”, dijo a la prensa alemana el padre de Aylan, el niño que apareció ahogado en una playa turca hace un año. Cuanta razón tiene este padre cuando después de un año, al menos 423 niños han corrido la misma desgracia que Aylan. Mientras el cuerpecito del niño se hundía en las aguas del Mediterráneo, más de un millón de refugiados iban llegando  a Europa el pasado año y alrededor de 300.000 en lo que va de 2016. España, de los 17.000 comprometidos, solo ha acogido a unos cuantos centenares de refugiados. 

Una voluntaria en la isla de Lesbos nos dejaba su testimonio hace unas semanas: “Hacía frío. Venían empapados, con niños, pero estaban contentos porque ya no había bombas”. ¡Ya no había bombas! Desde que el terrorismo más cruel atentó contra las Torres Gemelas, hace 15 años, han caído muchas bombas, sobre todo en los países de Oriente, matando a miles y miles de inocentes, entre ellos muchos niños/as. Mientras los hijos de Occidente estan en sus escuelas y en sus actividades extraescolares, protegidos y queridos por su familia y sociedad, los otros no valen mucho más que la bala o el explosivo que los mata.

¿Cuál es nuestra actitud? La zancadilla que la periodista húngara le puso al refugiado sirio y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo o la solidaridad a corazón abierto, actuando y denunciando. Denunciando a los líderes de los 28 países de la UE que acordaron hace unos meses que todos los inmigrantes llegados por mar fuesen internados en centros cerrados a la espera de ser retornados a Turquía para frenar el flujo de llegadas. Convirtieron a Turquía en férrea frontera por 6000 millones de euros, siguiendo el “ejemplo” de España con respecto a Marruecos. Sin embargo, la vida lucha por no morir, el ser humano lucha por no padecer y ante esta obviedad, no hay frontera que resista.

¿Qué mal ha solucionado Occidente aquel fatídico 11S? ¿Qué ha hecho con Afganistán, Irak, Siria, Libia…? ¡Cuántas vidas truncadas, cuántos odios levantados, cuántas libertadas perdidas! Ni siquiera fue capaz de sostener esa puerta de esperanza que se abría con la llamada “Primavera Árabe”. Su torpe política exterior y sus intereses económicos dieron al traste con lo que podía haber sido la primera piedra en la construcción de los derechos humanos en Oriente Medio y en la ribera sur mediterránea. Sin embargo cómo dice Joan Manuel Serrat: “el Mediterráneo de ahora donde las gentes se dejan la vida queda muy lejos del que inspiró mi canción”.

Por ahí no hay camino, no hay camino de humanidad en este sistema económico neoliberal, que condena a millones de seres humanos al empobrecimiento y a la exclusión social, no hay camino en un mundo que utiliza los sentimientos religiosos como arma arrojadiza de unos contra otros, no hay camino mientras mueran miles de personas todos los días a consecuencia del hambre, las enfermedades o los conflictos bélicos. No hay camino en un mundo donde se escapa la vida a borbotones por tanta sangre inocente derramada día a día, minuto a minuto. 

Urge recuperar la conciencia humana, basada en el amor, la justicia y la paz. Un amor que traspase las fronteras, una justicia basada en los derechos humanos y una paz sincera emanada desde una sociedad plural y diversa, intercultural e interreligiosa, laica y tolerante, democrática e incluyente.




                                                                       Córdoba, 1 de octubre de 2016
                                                                           Miguel Santiago Losada
                                                                                       Profesor