lunes, 10 de noviembre de 2014

ESTADO BASURA

A las 9.30 de la mañana del 5 de noviembre un grupo de turistas, que paseaba por la paradisiaca playa de Maspalomas, se vio sorprendido ante la llegada de una patera con 23 personas abordo, exhaustas tras cinco días en alta mar. Los inmigrantes pasaron siete horas tirados en la playa por miedo a que nos contagiaran del virus del ébola. Con un visible aspecto de cansancio y fatiga, los inmigrantes hicieron uso del avituallamiento que las ONGs le habían suministrado. Ante los ojos atónitos de decenas de personas que disfrutaban de este prodigioso marco de la naturaleza, un camión de la basura los trasladó al juzgado para  tramitar inmediatamente la devolución a sus países.
Mientras el alcalde de San Bartolomé de Tirajana, Marco Aurelio Pérez, admitía la tristeza que le ocasionaba estos inmigrantes al recordarle  “la vulnerabilidad de millones de personas desesperadas por una vida mejor", el presidente del Cabildo de Gran Canaria, José Miguel Bravo de Laguna (PP), pidió "no exagerar" en las críticas por el traslado en un camión de limpieza, porque es peor lo que sucede con los inmigrantes en las verjas instaladas para impedir su paso en el perímetro de Melilla y Ceuta. Sólo le faltó añadir lo que meses atrás ocurrió en la playa ceutí El Tarajal cuando la policía cargó con balas de goma contra los indefensos inmigrantes que intentaban llegar a la orilla con neumáticos.
¿Quién está detrás de esta política migratoria?  Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior. Ha desempeñado doce cargos públicos desde 1978 y es supernumerario del Opus Dei, lo que le obliga a fomentar  los valores cristianos en su vida para mejorar la convivencia y a que las leyes se adapten a una visión cristiana del mundo. Sin embargo, sus acciones son muy distintas al ser parte activa del Gobierno del PP que ha eliminado las ayudas a la cooperación y desarrollo de los países africanos y pretende endurecer aún más la ley de extranjería con las devoluciones en caliente. El Sr. Ministro,  por su condición de supernumerario de la Obra,  asiste a misa diaria y está obligado a rezar tres aves marías al acostarse, rociar su cama con agua bendita, persignarse con la misma…

¿Cuál fue su antecesor? Alfredo Pérez Rubalcaba, profesor de química. Ha ostentado 17 cargos públicos desde 1986, ministro del Interior entre 2006 y 2011 y socialista. Rubalcaba como ministro del Interior desarrolló las mismas políticas migratorias que había iniciado el PP durante el último gobierno de José María Aznar (2000-2004). Rubricó acuerdos maquillados que, bajo la apariencia de “cooperación”, obligaban a los países africanos a la devolución de inmigrantes. Instaba a los agentes a trasladar a comisaría a los extranjeros que descubriesen en situación irregular, aunque se identificasen con su pasaporte. Tanto es así que Margarita Martínez Escamilla, catedrática de Derecho Penal de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Grupo Inmigración y Sistema Penal, afirma que “fue una etapa de redadas racistas basadas en el perfil étnico”. Endureció la Ley de Extranjería para que los sin papeles, una vez detenidos, pudiesen estar retenidos entre 40 a 60 días en un Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE), auténticas “cárceles encubiertas”. No hizo nada para terminar con el obscurantismo que rodea a estos CIE, en los que no se establecieron garantías de los derechos de las personas internadas. El ex presidente de CEAR, Javier de Lucas, nos recuerda que Rubalcaba también contribuyó a la destrucción del derecho de asilo y a la estigmatización a los refugiados como sospechosos. Apoyó la llamada Directiva europea de la vergüenza, que permite que cualquier Estado de la UE pueda mantener retenido a un sin papeles en un Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE) hasta 18 meses, pendiente de la devolución a su país de origen. Aunque el Grupo Socialista Europeo se manifestó en contra de la norma, el PSOE español la respaldó. Y sólo dos de sus 18 eurodiputados, Josep Borrell y Raimon Obiols, se rebelaron y votaron en contra.

¿Es esta la política de inmigración que queremos, una política que ahonda sus raíces en la violación constante de los derechos humanos? Estamos ante un interesante curso político, donde los partidos históricos prometen cambiar y los emergentes aseguran que todo será diferente. Habremos de estar expectantes ante las alternativas que ofrecen y esperemos que la tan proclamada regeneración política venga acompañada de una regeneración humana que termine, entre otras cosas, con estas vergonzosas políticas de inmigración.
                                                                         Córdoba, 10 de noviembre de 2014
                                                                                 Miguel Santiago Losada

                                                                   Profesor y Presidente de la Asociación KALA

sábado, 1 de noviembre de 2014

LA MEZQUITA, 30 AÑOS DE LUZ

El evangelista Lucas nos dice que "nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche; se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano, se pregonará desde la azotea" (Lc 12, 2-3).
Según cuenta un texto en árabe, cuando el lugar donde se ubica la Mezquita era una gran hondonada, Salomón, el hijo de David, pasó por Córdoba e hizo alto frente a ella. Al verla, dijo a los genios: "Rellenad y nivelad este lugar pues aquí se alzará un templo en el que se rendirá culto al Altísimo". Con el tiempo se cumplió la profecía, construyéndose uno de los mayores templos de la humanidad, cuya luz resplandeciente llega a todos los rincones de la Tierra.
La Unesco, hace mañana domingo justamente 30 años --2 de noviembre de 1984--, le concedió este merecido reconocimiento universal. La Mezquita de Córdoba encabezaría la lista de los primeros cinco monumentos del Estado español declarados patrimonio mundial de la humanidad. Diez años más tarde extendió esta denominación a gran parte del casco histórico por su gran riqueza monumental, conservando grandes vestigios de las épocas bético-romana, hispano-bizantina, visigoda, andalusí, sefardí y castellana.
A lo largo de los siglos, reyes, eclesiásticos, artistas y, sobre todo, el pueblo de Córdoba han sabido conservar y transmitir esta luz, que es fuente de interculturalidad e interreligiosidad. Un momento histórico de especial trascendencia aconteció cuando el pueblo de Córdoba encabezado por su corregidor, Luis de la Cerda, defendió a su más glorioso monumento de la demolición, como pasó con la Mezquita aljama de Sevilla, y que como piedra Rosetta guarda celosamente el devenir de toda nuestra memoria histórica, nuestro código genético. Tanto es así que ningún obispo, hasta la presente, se ha atrevido a sentirse propietario de la Mezquita-Catedral. Un ejemplo evidente lo tenemos en 1985 cuando el entonces obispo de Córdoba José Antonio Infantes Florido le envía una carta a Julio Anguita, alcalde de Córdoba, en la que reconocía que solo se sentía "custodio" del monumento y no propietario como en estos últimos años vienen defendiendo los últimos prelados.
Desde hace 15 años los obispos cordobeses, con sus interesados actos, pretenden apagar esa luz. Quieren que regresemos a la caverna oscura del fundamentalismo religioso impidiendo sonar las finas cuerdas del violinista Yehudi Menuhin bajo los arcos de la Mezquita por ser judío, prohibiendo rodar las escenas de la película El reino de los cielos por ser pagana, censurando a bailaoras en la noche blanca del flamenco por ser sensuales, o talleres que muestran estudios científicos sobre la ética por no emanar de la moral católica... Más aún, mientras niegan la verdadera historia del universal monumento, imponen textos catequéticos para la visita nocturna, eliminan el nombre oficial del monumento llamándolo solo catedral, no hay la más mínima transparencia económica en la gestión del monumento, se permiten hacer todo tipo de actos al margen de la Administración pública competente, como si aún viviésemos en el más rancio nacionalcatolicismo; y para colmo, pretenden hacerse dueños del mismo.
Mientras tanto, cabe preguntarse cuál es la postura de los que deben velar por el bien público. El Gobierno del país está haciendo lo indecible para que la Iglesia católica se adueñe del patrimonio histórico-artístico. La máxima responsable de la Junta de Andalucía sigue permitiendo que la caverna siga proyectando su larga sombra sobre el simpar edificio. El gobierno municipal está alineado con los intereses privados de la jerarquía católica, muy alejado de aquél cabildo municipal que en el siglo XVI se puso al lado de su pueblo para defender la Mezquita. La Universidad calla, otorga y rinde pleitesía. Prueba de todo ello es que ninguna institución pública ha organizado acto alguno que conmemore la celebración del 30 aniversario de la declaración de la Mezquita como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Seremos los/as ciudadanos/as quienes pongamos en valor tal celebración.
* Profesor y portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as