domingo, 23 de febrero de 2014

Negar la historia de Córdoba

Desde que tengo uso de razón he escuchado y utilizado indistintamente los términos Mezquita, Catedral y Mezquita-Catedral. Cuántas veces he oído decir a mi padre "vamos a la Mezquita", o a mi madre "vamos a la Catedral para ver salir el Corpus". Con el tiempo nuestras calles se fueron llenando de rótulos de Mezquita-Catedral para indicar la dirección del monumento. Desde los inicios del actual siglo y con la llegada de nuevos prelados, la Mezquita-Catedral de Córdoba ha ido sufriendo un encorsetamiento cada vez mayor: control de los guías turísticos, llamadas de atención a cualquier ciudadano por el hecho de enseñar el monumento a familiares o amigos, falta de transparencia en la gestión económica, etc. Este proceso tuvo su máxima expresión en el año 2010 cuando apareció sólo el nombre de Catedral de Córdoba en toda la cartelería del monumento.
De esta manera, se le niega al monumento su universal nombre de Mezquita, que fue como la Unesco lo inscribió en su catálogo de monumentos mundiales ("The Mosque of Córdoba / La Mezquita de Córdoba", Buenos Aires, 2 de noviembre de 1984), así como su nombre oficial, el de Mezquita-Catedral, acordado unánimemente en 1994 por el pleno municipal. Esto es sólo la punta del iceberg de las decisiones que el Obispado ha ido tomando de cara a darle a la Iglesia un protagonismo tan exclusivo y a la vez tan excluyente del monumento. Tales actuaciones van encaminadas a cambiar la esencia misma del edificio, su código genético, su carácter simbólico de interculturalidad y de interreligiosidad. Córdoba no se puede entender sin su Mezquita y la Mezquita no se puede entender sin Córdoba. Es más, negándole el nombre al monumento se le está negando la historia a Córdoba.
Lejos queda aquel 2 de abril de 1978 cuando Antonio Gala dio el discurso de apertura del Congreso de Cultura Andaluza en la Mezquita-Catedral de Córdoba finalizado con un sonoro: ¡Viva Andalucía viva! Tras este evento comenzaría todo un largo rosario de vetos. Noticia internacional fue la negación que se le hizo a Yehudi Menuhin, el mejor violista del mundo, o la prohibición de rodar la película "El reino de los cielos". Reiteradamente se ha ido censurando cualquier acto cultural que no tuviese contenidos religiosos o morales acordes con la Iglesia católica. En el año 2010 se inaugura el "Alma de Córdoba, visita nocturna a la catedral". El Obispado le gana la partida al Ayuntamiento al imponer unos contenidos marcadamente catequéticos en el texto del audiovisual.
El 2 de marzo del 2006 fue una fecha decisiva: el Obispado inmatriculó la Mezquita-Catedral en el Registro de la Propiedad como "Santa Iglesia Catedral de Córdoba". El Obispado alegó, como título justificativo para hacerla suya al 100%, la "toma de posesión" (que no de propiedad) dispuesta por el monarca Fernando III en 1236. El pueblo de Córdoba ha defendido a lo largo de los siglos su Mezquita. Fue el principal valedor para que el obispo no la derribase en el siglo XVI y construyera en su lugar una catedral, como ocurrió en Sevilla. Ahora el pueblo de Córdoba se enfrenta a otro reto de vital importancia para que la Mezquita-Catedral no solo la sienta suya, sino que la haga suya. La Plataforma "Mezquita-Catedral de Córdoba, patrimonio de todos/as" está poniendo toda el empeño para que esto sea posible. A través de Change.org, más de 80.000 personas ya han mostrado su apoyo a las peticiones que plantea la plataforma: que deje de emplearse institucionalmente el término Catedral para referirse a todo el monumento, el reconocimiento jurídico de su titularidad pública, la gestión pública y transparente de la Mezquita-Catedral y la redacción de un Código de Buenas Prácticas.
De la implicación de la Junta de Andalucía y la Unesco dependerá que Córdoba no pierda la posibilidad de que la Mezquita-Catedral sea de la ciudadanía y no propiedad del Obispado.

* Portavoz de la Plataforma ciudadana "Mezquita -Catedral, Patrimonio de todos/as"

miércoles, 19 de febrero de 2014

Horror en la costa ceutí

Aba guardó para siempre en lo más profundo de su corazón la mano de su madre acariciándole, el canto melodioso de su progenitora mientras se dormía en su regazo, la mirada vidriosa cada vez que no podía darle el alimento que él necesitaba para su crianza; el olor de su cuerpo, que todos/as los/as hijos/as guardamos como oro en paño cuando dejan esta vida. Aba, a modo de moviola, recordaba el hambre, la sed, la enfermedad, los malos tratos, las veces que estuvo a punto de morir mientras cruzaba la dura travesía que lo condujese al Norte de Africa, para poder embarcar a la conquista pacífica y humana de una mejor vida.
Sus recuerdos le hicieron olvidar por un momento que su cuerpo sucumbía en las frías aguas del Estrecho. Posiblemente su última imagen fuese la de una inmensa humareda provocada por botes de humos, la de pelotas de goma y balas de fogueo sobre el neumático que lo mantenía a flote, lanzados por el cuerpo de seguridad del Estado para que no alcanzase las aguas jurisdiccionales españolas, cuando lo que esperaba era que lo socorrieran.
En la otra orilla, la gente con entrañas y las ONG alzan su voz denunciando las políticas inhumanas que causan este tipo de atentados contra la humanidad, señalando al ministro del Interior y al director general de la Guardia Civil como responsables directos, por evitar a toda costa la llegada de estas personas indefensas a la costa ceutí.
Aba y sus compañeros perdieron la vida en esta tragedia, que pone de manifiesto la más dura violación de los derechos humanos. Sus nombres quedarán inscritos en la memoria del pueblo africano, que durante siglos ha sido víctima de un Primer Mundo sin escrúpulos, que no sólo saquea los bienes naturales de su tierra sino que somete, esclaviza, desprecia y mata a sus hombres y mujeres.
En poco tiempo hemos vivido terribles situaciones, como la de Lampedusa o la que acabamos de presenciar. Estamos hartos de que la UE siga mirando sólo hacia sus intereses económicos, mientras avanzan los partidos y las acciones de extrema derecha. Ante esta política que castiga sobre todo a las personas más empobrecidas ¿qué medidas piensan recoger los partidos en sus programas para las próximas elecciones europeas? De ello dependerá que siga habiendo más Lampedusas, más muertes en el Estrecho, más centros de internamiento para inmigrantes sin papeles, más personas sin derecho a la salud o a la educación, más seres humanos viviendo hacinados en infraviviendas; de ello dependerá que no sintamos vergüenza de pertenecer a esta vieja Europa.
* Profesor y presidente de la Asociación Kala


domingo, 2 de febrero de 2014

EL SUEÑO DE UNA CIUDAD INTERCULTURAL
MIGUEL Santiago Losada 31/01/2014


Este año se cumple el 30 aniversario de la declaración, por parte de la Unesco, de la Mezquita de Córdoba como Patrimonio de la Humanidad. Fue uno de los primeros monumentos declarados con tal distinción en nuestro país.
Ello significó el reconocimiento de la historia de Córdoba a nivel mundial, que posteriormente se reafirmó con la declaración del Casco Histórico. La Mezquita venía a convertirse oficialmente en el símbolo universal de la ciudad. No en vano, junto con Medina Azahara, muestra lo que la ciudad llegó a ser durante la época árabe, sobre todo entre los siglos VIII al XI. Sin ninguna duda, de las dos épocas más gloriosas históricamente hablando, la romana y la árabe, sería esta última cuando Córdoba alcanzaría su cénit a nivel cultural, científico, arquitectónico, social...; una ciudad en la que convivieron diferentes culturas y sus pensadores lograron recuperar el legado de los filósofos griegos. Precisamente, al cordobés Averroes (1126-1198) se le considera el paladín del aristotelismo en la España musulmana, que repercutió en todo el Occidente cristiano.
Para rememorar la etapa más gloriosa de la historia de Córdoba pronto tendremos una fecha muy significativa para nuestra ciudad. Entre los años 2016 y 2017, según las diferentes fuentes históricas, se cumplirán 1.300 años en los que Córdoba se convirtió en la capital de al-Andalus. Sería de desear que las instituciones públicas cordobesas y andaluzas pusieran todo su empeño en rememorar tan importante acontecimiento histórico para la ciudad y para Andalucía. Se podría aprovechar dicha efemérides para que la Unesco declarase Patrimonio de la Humanidad a Medina Azahara, tan reclamada tanto por la propia ciudadanía como por muchos intelectuales de la comunidad internacional. Medina Azahara necesita urgentemente que se le dote de unos accesos acordes con su categoría arqueológica, museística e histórica y de un transporte público que permita la llegada de miles de turistas.
Por otra parte, si queremos que la Mezquita-Catedral siga siendo el gran símbolo histórico y artístico de la ciudad urge crear un patronato promovido por las instituciones públicas que diseñe un plan estratégico para el monumento, que marque las pautas de conservación, actividades a realizar, plan económico..., para que este gran monumento mundial deje de estar al arbitrio de quién ocupe la silla del Obispado cordobés.
Junto a ello se hace imprescindible la valoración de nuestro subsuelo, desarrollando una ruta de jardines arqueológicos: Cercadilla, anfiteatro romano, Ategua, Jardines de Orive,... que visibilicen las ricas entrañas de nuestra ciudad. Para ello es de vital importancia que se retome el convenio arqueológico entre la Gerencia de Urbanismo y la Universidad de Córdoba.
Mientras tanto, bienvenidos sean acontecimientos como la celebración en el 2015 de los 700 años de la construcción de la Sinagoga de Córdoba, ya que celebraciones como ésta le dan consistencia al espíritu intercultural que deseamos para nuestra ciudad. Ojalá se aproveche dicho acontecimiento para que se haga el centro de interpretación de Sefarad, la tierra de los judíos originarios de España y Portugal, que la Junta de Andalucía tiene pendiente.
Indiscutiblemente hace falta un gobierno municipal que lidere y sepa aglutinar todas las fuerzas internas y externas con las que cuenta la ciudad para hacer de su historia un gran motor económico que nos saque del anquilosamiento económico, social y cultural en el que nos encontramos, un gobierno municipal que apueste por fomentar todas las vías de comunicación que la ciudad tiene a su alcance, entre otras, el infrautilizado aeropuerto.
Córdoba es por esencia tartésica, íbera, cartaginesa, romana, árabe, judía, cristiana, y su ciudadanía se lo tiene que creer. El día que superemos el miedo al otro, que nos hace intransigentes y nos empobrece la mente y el espíritu, Córdoba despegará de su letargo y quizás vuelva a ser la ciudad que le corresponde en la historia universal. De esta manera habremos recuperado nuestra memoria colectiva, disfrutaremos de nuestro presente y habremos ganado el futuro.
* Profesor y presidente de la Asociación KALA