domingo, 26 de mayo de 2013

Crisis, de valores e ideologías

Siempre me ha llamado la atención el rechazo que una persona pueda sentir ante alguien que sufre alguna enfermedad relacionada con las toxicomanías o presenta un aspecto deteriorado por estar en una situación de exclusión social. Son personas que sienten miedo al diferente, incluso por sus rasgos físicos, distintos a los nuestros, pero sobre todo por su empobrecimiento.
Sin embargo, a estas mismas personas no les inquieta de la misma manera los casos relacionados con la corrupción, los blanqueos de dinero, las violaciones de los derechos humanos, etc. Hasta, incluso, pueden llegar a justificarlos. Haría falta hacerse la pregunta de por qué de estas actitudes que señalan a la persona desfavorecida y aceptan los comportamientos pocos éticos e injustos de los que mejor estatus social poseen. Por consiguiente, no es de extrañar que en nuestro Estado las cárceles estén repletas de seres humanos por haber cometido pequeños delitos, la mayor parte exentos de sangre, mientras que los que atentan contra los principios del propio Estado campean a sus anchas por doquier.
En la misma línea, no entiendo cómo hay personas a las que escandalizan los escraches , e incluso los califican de peligro para la democracia, y no mueven un dedo para oponerse a estos políticos que con sus acciones están causando muchos males a la población: desahucios, desempleos, recortes, falta de atención sanitaria a las personas inmigrantes, etc. Es decir, políticos que están atentando sin el menor escrúpulo contra el propio Estado social, democrático y de derecho que dicen respetar y defender, algunos bajo juramento.
Lo realmente peligroso para nuestro país y nuestra democracia es que se vayan nuestros jóvenes mejor preparados, es que tengamos una pobreza infantil del 20%, es que haya personas que deciden quitarse la vida al ser desahuciadas, es que a una persona se le niegue la atención sanitaria por no tener tarjeta de residencia, es que haya familias sin ningún miembro trabajando, es que haya madres y padres que se las vean y se las deseen para darle de comer a sus hijos...
Muchas veces pienso y siento el doble rasero de medir. En lugar de desarrollar una política económica y social que libere a la gente del empobrecimiento y la exclusión, le ponen trabas y más trabas para que no pueda salir de ella. Me llena de indignación ver cómo tantas personas con necesidades son injustamente tratadas y cómo el privilegiado, desde el mismísimo jefe del Estado hasta cualquier responsable político, se vale de su cargo para escabullirse de sus responsabilidades; es más, se le lava su imagen. Después --con hipócritas palabras, como lo siento, perdón, no podemos hacer otra cosa, etcétera--, expían sus pecados de acción u omisión.
Por ello me alegro inmensamente y me solidarizo con decretos como el aprobado recientemente para la defensa de la vivienda en Andalucía, que supone hacer de la vivienda un derecho humano. Ya iba siendo hora que la Junta de Andalucía aplicase su propio Estatuto de autonomía en el que viene recogido dicho derecho. Ojalá siga este camino y siga desarrollando el Estatuto, con medidas de inserción sociolaboral o con el establecimiento de la renta básica, medidas de política social que dignifican mucho más a las familias empobrecidas que el tener que ponerse tras una cola para recibir una bolsa de comida, y ello, tras haber tenido que contar su vida y convencer a muchos (servicios sociales, oenegés, iglesias varias...) de que no tienen qué llevarse a la boca. En palabras de una mujer de nuestros barrios: "Cuando me siento a la mesa con mis hijos y les pongo el plato de comida que me he ganado con mi trabajo, reboso de orgullo. Cuando me tengo que poner a recoger bolsas de comida, me muero de vergüenza y de tristeza". Tenemos que seguir luchando por una Andalucía que reparta justicia y no limosna, aunque parece que algo tan obvio se les olvidó incluso a buena parte de los que se consideran de izquierdas.

* Profesor y presidente de la Asociación Kala

jueves, 16 de mayo de 2013

Alpha Pam, víctima de la exclusión sanitaria

Alpha Pam era un joven senegalés de 28 años, inmigrante sin papeles desde que llegó a España hace 8 años. Estaba enfermo de tuberculosis y murió el pasado 21 de abril en Baleares.
Diversas organizaciones denuncian que no se hizo todo lo posible por salvarle la vida al carecer de tarjeta sanitaria. Sin ningún tipo de dudas, su muerte ha sido una consecuencia directa de la retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles. Médicos del Mundo denuncia en un comunicado que "la exclusión sanitaria provocada por las políticas de austeridad se ha saldado con la muerte de una persona por una enfermedad curable". Su muerte se hubiese evitado con las pruebas pertinentes de la tuberculosis. Dicha ONG ya advirtió al Govern balear de los riesgos de que se produjeran fallecimientos por la aplicación de la última reforma sanitaria. Hace poco tiempo esto se hubiese evitado en nuestro país.
No fue atendido en dos ocasiones por no tener tarjeta sanitaria, la misma razón por la que no se derivó al especialista. La tercera vez acudió al hospital y ante su insistencia fue atendido cinco minutos. Le obligaron a firmar un compromiso de pago, pero no se le tomó ninguna radiografía.
Cuando se trata de atender a una persona enferma se llama humanidad, por encima de normas y leyes. Lo contrario se llama violar los derechos humanos (Art. 25.1: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios) y denegar el derecho a auxilio. Mientras tanto el Gobierno anda preocupado con el derecho de los no nacidos, con una ley del aborto retrógrada e impropia después de 40 años de democracia.
¿Cuántos Alpha Pam pueden verse en estas mismas circunstancias que le causen la muerte? En nuestra propia ciudad, y hablo con conocimiento de causa, no se les renueva las tarjeta sanitaria a los inmigrantes que no tienen papeles o solo tienen permiso de residencia. Como responsable de la ONG KALA ya he dado varios avisos a los responsables de inmigración de la Junta de Andalucía en Córdoba, llamándoles la atención sobre esta situación, que puede derivar en un grave problema sanitario como el que venimos describiendo. También es cierto, y como signo positivo, que hay médicos/as en los centros de salud no dispuestos/a a dejar de atender a estas personas, y así lo están haciendo.
* Profesor y presidente de la

Asociación KALA