miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cordoba, una gran ciudad

A Córdoba se la podría representar a través de tres estratos. Un estrato soterrado, lleno de riquezas arqueológicas que nos hablan de su esplendoroso pasado. Un primer piso, el presente, que nos sitúa estadísticamente en el furgón de cola de la economía española. Y, por último, un segundo piso a construir con algún que otro motivo de optimismo, como poder llegar a ser la capital de la cultura europea para el 2016.
Precisamente, para la obtención de tan deseado título estamos sobrados de historia y arte, pero bastante faltos de un presente consolidado que nos abra la puerta a ser capital europea. Posiblemente, el factor que más ha determinado este retraso haya sido la falta de modernidad con la que nuestra ciudad encaró el siglo XX, una ciudad centrada en el sector primario de la economía y donde las ganancias de los terratenientes iban a engrosar las cuentas bancarias de entidades foráneas. Por otro lado, la Iglesia local, con un excesivo poder sobre todo económico ejercido a lo largo del siglo pasado y primeros años del presente. Todo ello ha motivado en la ciudad un sombrío panorama social y cultural, del que durante los últimos años parece haber comenzado a librarse.
Córdoba tiene unos cimientos a todas luces envidiables, sin embargo su presente necesita de una gran reforma que lo revolucione, y sin ella difícilmente podremos construir ese añorado segundo piso que nos abra las puertas definitivamente a la modernidad. Estamos asistiendo a esa remodelación con la caída de Cajasur y con la apuesta de empresas venidas de fuera para el desarrollo de la ciudad. Valga a modo de ejemplo tanto la vasca BBK como la italiana Augusta B.C., compradora del Córdoba CF.
El momento político por el que pasa la ciudad tampoco favorece este cambio tan necesario para el futuro inminente de Córdoba. Una IU desgastada por su larga trayectoria de poder en el Ayuntamiento, 28 años llevando las riendas en Capitulares. Un PSOE que ha apostado por otras ciudades andaluzas como, por ejemplo, Sevilla o Málaga, en detrimento de la nuestra; posiblemente porque el PSOE cordobés no haya tenido la suficiente fuerza en Sevilla ni en Madrid. Un PP al que todas las encuestas le dan buenos resultados electorales y que, sin embargo, su número uno siempre se muestra empeñado en cuestionar las obras, que son de indudable importancia para el despegue de esta ciudad, como son el palacio de congresos y el aeropuerto. Córdoba necesita un nuevo palacio de congresos ya, que la ponga al mismo nivel de Sevilla, Málaga y Granada, y un aeropuerto operativo que la haga visible en el mapa de las comunicaciones internacionales. Estas dos obras darían un impulso a la ciudad y generarían centenares de puestos de trabajo, tan necesarios hoy en día.
Sin embargo, lo anterior no se soluciona con nuevos ensayos a lo Jesús Gil o a lo Ruiz Mateos, a todas luces nefastos para aquellos lugares donde han desarrollado su falso mesianismo. El anuncio de Rafael Gómez no debería pasar de una simple anécdota para nuestra ciudad, como mucho de una mala inocentada. Puestos a imaginar, tal vez este salvador lleve de número dos a su amigo Miguel Castillejo que, por cierto, sigue con sus posesiones y su pingüe pensión vitalicia, con todo lo que está cayendo, tras haber arruinado a Cajasur.
La solución sólo puede venir de personas trabajadoras e inteligentes que estén dispuestas a entregarse en cuerpo y alma por su ciudad. Personas que valoren lo mejor de esta ciudad, como por ejemplo la universidad o el hospital regional Reina Sofía, y apuesten por consolidar el débil tejido productivo, tengan la habilidad de traer empresas que generen riqueza y puestos de trabajo, consoliden definitivamente la oferta turística y hagan de Córdoba uno de los nudos de comunicaciones más importantes del país. Personas que estén convencidas del papel que Córdoba puede jugar en el terreno de la interculturalidad. Personas luchadoras que crean en la igualdad y la justicia social con el fin de conseguir una ciudad inclusiva, que bajen los índices de empobrecimiento y exclusión social para hacer de Córdoba una ciudad cohesionada. Personas que hagan aflorar la economía, bajando los índices de la economía sumergida, que sean capaces de solucionar el grave problema de las parcelaciones ilegales.
Solo así podremos decir, por nuestro pasado, a través de un nuevo presente y pensando en un esperanzador futuro, que Córdoba es una gran ciudad.
* Profesor y presidente de la Asociación KALA

jueves, 9 de diciembre de 2010

Por el bien del menor

La ley 1/1998, de 20 de abril, que trata de los derechos y la atención al menor en Andalucía, establece como primer principio primar el interés superior del menor frente a cualquier otro interés legítimo. De lo anterior se desprende la tan manoseada frase "por el bien del menor".
Sin embargo, cuántas injusticias y violaciones a los derechos humanos, en este caso a los derechos de la infancia, se cometen bajo el paraguas de esta ley, que pretende favorecer a uno de los sectores más débiles de la sociedad como son las personas más pequeñas necesitadas de mucho amor y seguridad.
Por el bien del menor se han retirado niños a familias que se encuentran en situación de riesgo social, o lo que es lo mismo, padres y madres que padecen la pobreza o la exclusión social. La ley de la atención al menor establece medidas para evitar estas situaciones de riesgo, que precisamente recoge la ley de inclusión social y que aún no se ha puesto en marcha a pesar de la grave situación social en la que se encuentran miles de familias andaluzas.
Por el bien del menor la policía autónoma puede intervenir directamente en los centros educativos llevándose a un niño, que se encuentra en clase con los demás compañeros, a un centro de menores por una orden de retirarlo de su familia por parte de la Administración andaluza. Esto significa desconfianza sobre ese colegio por parte de las familias y del propio trabajo que contra el absentismo escolar realizan los profesionales de la enseñanza y los diferentes educadores que trabajan en estos barrios.
Por el bien del menor se elaboró un reglamento de derechos y deberes del alumnado que utiliza el mismo planteamiento incriminatorio del poder judicial a la hora de resolver los problemas que pueden acontecer en los colegios e institutos. Es verdad que hay maestros y profesores empeñados en una mediación escolar educativa; sin embargo se siguen utilizando medidas más coercitivas que educativas a la hora de querer solventar los problemas. La expulsión de los centros es una medida cada vez más generalizada, que va contra la propia ley de educación, que prima el derecho a la educación por encima de cualquier otra premisa.
Por el bien del menor algunos medios de comunicación, con la excusa del derecho a la información, mancillan la dignidad y el honor de los niños y sus familias realizando intromisiones ilegítimas que van contra los propios derechos de la infancia. Los programas basuras y, podríamos añadir, los políticos basura utilizan estas duras realidades para obtener pingües beneficios económicos o electorales.
Por el bien del menor los menores extranjeros no acompañados recibirán la misma protección que cualquier otro menor que se encuentre desamparado. Sin embargo, esas mismas personas, responsables de velar por la protección y seguridad de los niños y adolescentes procedentes de países empobrecidos, permiten que salgan de los centros de protección de menores sin permisos de residencia, permiten que algunos terminen en centros de transeúntes, se olvidan de ellos una vez que cumplen los 18 años e incluso dudan de su minoría de edad, que sus pasaportes del país de origen avalan, para criminalizarlos y expulsarlos sin ningún miramiento.
Por el bien del menor en 2008, último año en el que hay cifras oficiales disponibles, los menores españoles necesitados de protección acabaron mayoritariamente en centros de protección, y sólo 4.000 de los 16.000, o sea una cuarta parte, fueron acogidos por familias. Justo lo contrario de lo que ocurre en los países más desarrollados de la UE. El niño lo que necesita siempre es una familia que le de mucho amor, ternura y seguridad, lo que un centro, por muy buenos profesionales que tenga, nunca podrá ofrecerle. Haría falta revisar en profundidad en manos de quién están estos niños/as, cómo están siendo atendidos, qué está primando cuando la gestión es llevada por empresas o entidades no lucrativas, sobre todo ahora en época de crisis; por dónde se está recortando, cómo y quién está valorando la calidad del servicio de estos centros de gestión indirecta. Lo que cuentan los chavales que salen de algunos, y remarco lo de algunos, de estos centros, así como los/as educadores/as, trabajadores o ex trabajadores de los mismos, a veces nada tiene que ver con el bien del menor por lo que no estaría mal que la Administración pública competente anduviera con mayor preocupación ante cómo están siendo atendidos/as estos/as niños/as.
Es necesario más corazón en una tarea que exige la máxima delicadeza porque estamos ante lo más vulnerable, niños y niñas, adolescentes que a veces chillan, alborotan, patalean para reclamar nuestra atención ante la desesperada situación de inseguridad en la que se encuentran. Una sociedad enferma es aquella que tiende a protegerse de sus niños/as en lugar de protegerlos por lo que hay que estar vigilantes ante la aparición de tales síntomas.

* Profesor y presidente de la Asociación KALA