jueves, 22 de julio de 2010

LA TERCERA OPORTUNIDAD

Perdimos la primera oportunidad. El Cabildo de la Catedral, el mismo que fundase Cajasur, la sentenció a muerte. Una defunción causada por una pésima gestión, por la nefasta política de empleos, por la temeraria inversión en el ladrillo, por el pernicioso personalismo de Miguel Castillejo, presidente de la entidad durante treinta años y que se retiró con una pensión vitalicia millonaria, al que el Banco de España deja fuera de la investigación a pesar de tanta irresponsabilidad.
Parece mentira que uno de los cabildos catedralicios con más dinero y poder de las diócesis españolas, ni fuera capaz de fundar, siglos atrás, una universidad como se hizo en otras ciudades, ni ha sido capaz de dejar una Caja saneada y productiva al servicio de Córdoba y su provincia.
Perdimos la segunda oportunidad. El mismo Cabildo apuntilló el último solplo de vida al negar la fusión con Unicaja. Su soberbia de perdedor no le ha permitido entregar la Caja al enemigo rojo, según su propio comentario. Sin embargo, apareció una tenue esperanza: la fusión de Unicaja y Cajasol que asumirían la arruinada Cajasur, creando la gran Caja andaluza. Pero la falta de liderazgo de la Junta de Andalucía, las zancadillas del PP, los catetos localismos que desunen a Andalucía, otras mejores apuestas y, quién sabe si también, los intereses políticos del Gobierno el país han diluido esta posibilidad.
¿Nos traerán los foráneos, en este caso la BBK, la tercera oportunidad? ¿Invertirán en Córdoba? ¿Dinamizarán la economía cordobesa? ¿Apostaran por hacer de Córdoba la ciudad cultural que todos deseamos? ¿Las aportaciones de su obra social disminuirán las cifras de la exclusión social?
El tiempo nos dirá si la tercera oportunidad, que ha tenido que venirnos de fuera, le ganará la partida a tanta desidia e incompetencia que padecemos.

                                                           Palma de Mallorca, 22 de julio de 2010
                                                                        Miguel Santiago Losada

jueves, 15 de julio de 2010

Esto también es África

El pasado domingo, 11 de julio, el telediario de la 1 de TVE dedicaba más del 50 por ciento de su edición al mundial de fútbol y apenas un 3 por ciento de sus informativos al naufragio de una patera, que ha supuesto la muerte de cinco personas, de las que dos eran bebés y tres mujeres.
¿Tan necesitados estamos de euforias pasajeras, al mismo tiempo que deshumanizados, para dedicarles el menor tiempo a la trágica noticia que la Europa del bienestar, con su legislación sobre inmigración, provoca? Pues claro que me divierte el colorido y la emoción que genera un final deportivo de este calibre, y más, si gana España. Sin embargo, me embarga la muerte evitable por el ser humano.
En este caso, mientras una parte de Africa nos llevaba a la máxima gloria deportiva, otra seguía desangrándose en sus orillas.
En este caso dos bebés no llegarán a hacerse niños, ni jóvenes entre nosotros, a causa de la miseria humana. Una moneda con dos caras: la del empobrecimiento de sus países y la riqueza de los nuestros a su costa.
En otros casos, los bebés crecieron en una sociedad sin recursos que le empujó a emigrar con apenas 15 ó 16 años. Algunos, después de pasar un tiempo por los centros de menores, se ven en la calle al cumplir los 18 años y, en el mejor de los casos, terminarán en un centro de transeúntes, como es el caso de Córdoba.
En la actualidad, las 23 plazas masculinas del Módulo Abierto de la Casa de Acogida y Centro de Emergencia Social del Ayuntamiento de Córdoba están cubiertas en un 48 por ciento por jóvenes inmigrantes procedentes de centros de menores o centros de menores con trastornos de conducta dependientes de la Junta de Andalucía, según datos del propio centro. Sólo uno de ellos tiene documentación, el resto se encuentra sin permiso de residencia. Por tanto, nos encontramos con 11 jóvenes procedentes de centros de menores, todos tutelados en algún momento por la Junta de Andalucía y que se convierten de la noche a la mañana, justo al cumplir la mayoría de edad, en transeúntes, en sin techo y sin papeles.
Aunque es de agradecer un techo y un plato de comida, la Casa de Transeúntes no es el recurso idóneo para que estos jóvenes, que empiezan a caminar por la madurez de la vida, puedan insertarse. Un albergue de transeúntes no es el lugar para ellos, ni por el perfil de los beneficiarios que la utilizan, ni por la atención y cuidados que necesitan. La situación se agrava aún más debido a que la práctica totalidad se encuentra sin permiso de residencia lo que hace inviable su inserción socio-laboral, fin último por el que han emigrado.
A ninguna familia se le pasaría por la cabeza poner a su hijo de patitas en la calle por el sólo hecho de cumplir 18 años. Es lo que hace la Administración que vela por el bien del menor. Y además, lo hace sin haberles gestionado la documentación y los recursos mínimos para permitirle alguna oportunidad de inserción en esta sociedad, tirando por la borda años de trabajo y de recursos invertidos cuando eran niños menores de 18 años.
Sé que la situación no es fácil, sin embargo echo en falta la suficiente voluntad política para terminar con este atentado, que infringe la propia ley de protección del menor.
Por qué no habilitar casas de acogida temporales, en las que puedan terminar su formación, se consiga la documentación y se les ayude a encontrar un trabajo.
Por qué no asignarle una familia de acogida dispuesta a quererlos y ayudarles en su proceso de madurez apoyándo a éstas con recursos y desgravaciones fiscales.
Por qué no firmar un documento de compromiso en el que, a modo de beca 6.000, se comprometan a estudiar y a formarse a cambio de ser becados para ayudar a su familia de origen; se conseguirían dos cosas: resolver la situación personal y la familiar, una verdadera ayuda al desarrollo.
Hemos de garantizar su plena protección durante el tiempo que estén en España. Casos como los señalados anteriormente demuestran la falta de garantías. La portavoz del Consejo General del Poder Judicial, Gabriela Bravo, acaba de denunciar la inseguridad jurídica en el tratamiento de los menores inmigrantes que llegan a España en situación de desamparo. Esto también es un trocito de Africa.

* Profesor y presidente de la Asociación KALA

jueves, 8 de julio de 2010

LA VERDE

El parlamento andaluz está celebrando una serie de actos institucionales con motivo del 125 aniversario  del nacimiento de Blas Infante, padre de la patria andaluza.
Dentro de un mes se cumplirán los 74 años de su fusilamiento en la carretera de Carmona por los golpistas fascistas del 36.
Estos acontecimientos nos tienen que traer a la memoria nuestro recorrido como nacionalidad histórica, que tuvo sus momentos más álgidos en las manifestaciones celebradas el 4 de diciembre de 1977 y en el referendum del 28 de febrero de 1980, en el que el pueblo andaluz votó por una autonomía de plenas competencias, a través del artículo 151 de la Constitución, equiparándonos a Cataluña, Galicia y País Vasco.
Hoy cuando veo ondear en balcones y ventanas centenares de banderas españolas como señal de identificación con la “roja”, por el éxito deportivo que está cosechando, echo en falta la verdiblanca, que nos identifica con nuestra tierra.
Fuensanta Coves, Presidenta del Parlamento autonómico, alentaba contra los sectores que quieren el retroceso de la autonomía; pues bien, invitaría a la clase política andaluza a ponerse las pilas para conseguir:
1.- Una Andalucía cohesionada. Qué bueno hubiera sido, aprovechando el nuevo estatuto, haber diseñado un mapa de equilibrio territorial, en el que junto a Sevilla, como capital política andaluza, y Granada, como capital judicial andaluza; hubiesen figurado Málaga, como capital económica andaluza, y Córdoba, como capital cultural de Andalucía.
2.- Una Andalucía con un potente motor económico. Ojalá se consiga la Caja Única Andaluza, aprovechando la coyuntura de CAJASUR.
3.- Una comunidad cohesionada y con potencial económico estaría en condiciones inmejorables para poner en marcha la ley de inclusión social, que terminase con la pricipal lacra de nuestra tierra: las más de 400.000 personas que padecen la exclusión social.
Que siga ondeando en nuestros corazones aquel lema de una Andalucía por sí, para España y la Humanidad.
                                                                                  Torrox, 8 de julio de 2010

                                                                                   Miguel Santiago Losada