viernes, 26 de febrero de 2010

Andalucia

Andalucía, por su dilatada historia, llegó a tener una situación preautonómica que arrancó con la asamblea de Ronda de 1918, y de no haber sido por el golpe militar franquista de 1936 hubiese refrendado su estatuto de autonomía. De ahí se desprende que desde finales de los años 70, en plena transición política española, los andaluces reclamásemos nuestro reconocimiento histórico como autonomía a través del artículo 151 de la Constitución (vía para las plenas competencias autonómicas). Memorable fue el 4 de diciembre de 1977 cuando millones de andaluces salimos a la calle con las banderas verdiblancas exigiendo el reconocimiento nacionalista que históricamente se nos había negado. Ese mismo día, en la manifestación de Málaga, un guardia civil mató de un tiro al joven José Manuel García Caparrós cuando intentaba poner una bandera andaluza en el balcón de la Diputación Provincial.
El 28 de febrero de 1980 nos ganamos a pulso, a través del referéndum, el acceder a nuestra autonomía por el artículo 151, lo que suponía el mismo techo autonómico que las tres nacionalidades consideradas históricas. El preámbulo del reformado Estatuto de Autonomía de Andalucía de 2007 dice que la Constitución de 1978, en su art.2, reconoce a Andalucía como una nacionalidad. Hoy, después de 30 años, Andalucía sigue siendo una sociedad dual, la del bienestar y la empobrecida económica y socialmente, en la que encontramos a más de 400.000 personas en una situación de extrema pobreza. Urge una política social en la que la formación y el empleo junto al acceso a una vivienda digna sean los pilares que generen la verdadera justicia social.
La Andalucía imparable, la Andalucía al máximo, la segunda modernización de Andalucía, según la Junta de Andalucía, no se ha traducido en una apuesta valiente y real para atajar el principal problema que padece nuestra tierra: el empobrecimiento y la exclusión social. Hasta la presente todo ha sido buenas intenciones y poco más.
Desde principios de la década de los 90 se planteó por la anterior Consejería de Asuntos Sociales una Ley de Inclusión Social. Incluso se llegó a elaborar un borrador en febrero del 2001 sobre la misma.
En vísperas de las elecciones andaluzas del 2004, el entonces consejero de Asuntos Sociales presentó el Plan Andaluz para la Inclusión Social, que fue aprobado en el Consejo de Gobierno de 11 de noviembre del 2003 y que estaría en vigor hasta el 2007.
Aunque se siguió interviniendo en algunas zonas con una elevada exclusión, al día de hoy no podemos hablar de que haya alcanzado un nivel suficiente. En el año 2007 la situación era prácticamente la misma que en el 2003. Apenas se había construido vivienda de promoción pública, el deterioro de algunos barrios había aumentado, las ayudas familiares resultaban a todas luces insuficientes. Incluso han sido años en los que se ha invisibilizado la pobreza en vez de haber sensibilizado a la población sobre ella, llegando incluso a criminalizarla.
Con las elecciones autonómicas del 2004 llegó la nueva imagen. La actual Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social responde más a la clase social media, votantes mayoritarios, que a las clases sociales más desfavorecidas. Es una Consejería a la medida de la Andalucía al Máximo que esconde el primer problema andaluz: las miles de personas que padecen la exclusión social. De ahí que todavía siga pendiente de responder a problemas sociales como: ¿En los últimos diez años qué incremento han experimentado las ayudas económicas familiares destinadas a la población más necesitada? ¿Hay recortes en las políticas a la hora de intervenir en zonas necesitadas de transformación social? ¿Son prioritarias las medidas de empleo en estas zonas?
El nuevo estatuto, que se sometió a referéndum el 25 de febrero de 2007, se impregnó de un fuerte carácter social contemplando incluso el derecho a la Renta Básica. Sin embargo, después de tres años, es solo papel mojado cuando las necesidades sociales son más urgentes que nunca por la crisis que estamos atravesando.
Ahora más que nunca es necesario una Ley de Inclusión Social que con presupuesto haga efectivas medidas de formación y empleo, educación, salud, vivienda y una renta básica. Ello conllevaría, entre otras cosas, a paliar en gran medida los estragos que tanto el tráfico como el consumo de las drogas provocan, causa directa de que las cárceles estén masificadas de personas empobrecidas y excluidas.
* Profesor y Presidente de la

Asociación KALA 

jueves, 18 de febrero de 2010

DIVERSAS SENSACIONES

La vida nos ofrece caricias positivas, frustraciones y esperanzas. Hoy es uno de esos días cargados de diversas sensaciones.


Me alegra que la Junta de Andalucía haya galardonado con motivo del 28F a Carmen Galán, por su condición de mujer, catedrática de botánica e infatigable investigadora, y a la Sociedad Matemática Thales, lo que demuestra el estado saludable del que goza nuestra institución universitaria.

Me frustra que la Junta de Andalucía siga sin poner en marcha la Ley de Inclusión Social, a pesar de las elevadas cifras de exclusión y empobrecimiento que soporta nuestra tierra. El Sr. Griñán tiene una nueva oportunidad para anunciar su inmediata aplicación el próximo día de Andalucía.

Las campanas de la torre de la catedral, que a las 12 del mediodía anunciaban que la silla de Osio tiene sucesor, me suenan a esperanza. Curiosamente ayer, miércoles de ceniza, tiempo de conversión, se hizo público el nombramiento del nuevo Obispo, Demetrio Fernández. Dudo que traiga nuevos aires a la Iglesia Local; sin embargo, vamos a presenciar una conversión laica bajo su episcopado. Se debe a que, después de demasiados años, esta ciudad no será gobernada desde Ronda de los Tejares, ya que CAJASUR ha sido fusionada. También la Mezquita-Catedral será un poquito más laica con las visitas nocturnas.

Ciertamente es un vuelco que la iglesia deje de ostentar tanto poder en esta ciudad. Me apunto a la conversión.

                                                           Córdoba, 18 de febrero de 2010.

                                                                 Miguel Santiago Losada

sábado, 6 de febrero de 2010

Cadena perpetua

Después de que Gandhi consiguiese la independencia de la India, por la vía pacífica, ocurrieron unos graves disturbios entre hindúes y musulmanes. Se puso en huelga de hambre para que unos y otros volvieran a la paz y se abrazaran como hermanos. Se narra una escena en la que un hindú llega al mismo catre donde Ghandi, ya muy débil por la huelga de hambre, está recostado. El hindú, embargado por la ira, le tira un trozo de pan, diciéndole: "Come (...) iré al infierno pero no con tu muerte a mis espaldas. He matado a un niño porque los musulmanes mataron a mi hijo". A lo que Gandhi le respondió: "Yo sé cómo salir del infierno. Busca un niño y críalo como a tu hijo y asegúrate de que sea musulmán y edúcalo como musulmán". En esta escena contrastan los dos polos a los que puede llegar el ser humano: la capacidad de amar y perdonar y, por otra parte, el dejarse llevar por el odio y la venganza que nos conducen a la destrucción como seres humanos.
La humanidad aprende muy lentamente. Unos porque hacen daño y otros porque responden al mal con la venganza, a la que consideran justicia, una justicia que podrá estar amparada por la ley pero que no soluciona los problemas del alma. Es la consecuencia de una humanidad que arrastra, a través de los siglos, la ley del talión, que siguen agnósticos, ateos y creyentes, ya sean judíos, musulmanes o cristianos, imperando la ley del ojo por ojo y diente por diente.
En nuestro país vuelven a salir debates anclados en esta triste dinámica de la humanidad. El PP, revestido de no sé que luz de salvador de los ciudadanos de bien, plantea endurecer el código penal. No me extrañaría que después de la cadena perpetua se pidiese la pena de muerte.
Se basan en trágicos delitos, muy excepcionales y que conmueven intensamente. Detrás de ellos se observan errores de los órganos judiciales y unos medios de comunicación que expanden el sufrimiento a costa de primeras páginas que elevan sus ventas. Es el escenario perfecto para pedir el endurecimiento del código penal. Hace unos meses el debate se centró en que la edad penal debía de rebajarse a los doce años, y, por tanto, incorporar ya desde esa edad a los niños al sistema penal con las consecuencias estigmatizadoras que ello tiene y que dificultan enormemente las posibilidades de que abandonen la espiral delito-delincuencia-instituciones penales, con lo que la prevención se ve ninguneada. Ahora toca el turno a la cadena perpetua, como si las penas existentes de 30 y 40 años de prisión, extensiones casi imposibles de cubrir en un periodo vital, no fueran suficientes para satisfacer los requisitos preventivos y sancionadores del Derecho Penal.
Las soluciones que se plantean desde la nueva agenda política carecen de cobertura constitucional y adolecen de legitimidad al residir sobre premisas erróneas fácilmente rebatibles:
1.- España tiene la tasa de criminalidad menor que la media de los países europeos y la delincuencia está descendiendo desde hace 20 años. Sin embargo, tiene el porcentaje de presos más altos de Europa (165 por cada 100.000 habitantes), habiéndose llegado a cuadruplicar su población penitenciaria en el periodo 1980-2009.
2.- La pena a cadena perpetua ya existe en España en condiciones más duras que ningún país europeo. Según datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias en las cárceles españolas viven 345 personas que cumplen condenas superiores al límite de 30 años, la mayor de 110 años.
3.- El sistema penal no solo no ofrece cauces para la expresión y satisfacción de las necesidades de la víctima sino que, además, frecuentemente supone una experiencia dolorosa para ellas. La víctima es un perdedor por partida doble; en primer lugar frente al infractor y, después, frente al Estado. La aplicación de cadenas perpetuas, no elimina la sensación de pérdida, dolor, miedo y desconfianza que aparecen cuando se sufren delitos de cierta intensidad, pues para la superación de estas emociones la salida más eficaz es la terapéutica. La penal, con el exceso de inhumanidad que se solicita, únicamente permite que las víctimas puedan quedar instaladas perpetuamente en el dolor de la venganza.
Es un asunto muy delicado para convertirlo en una instrumentalización oportunista de los políticos, que utilizan el sufrimiento de las víctimas instalándolas permanentemente en el protagonismo de su dolor. Quienes construyen sobre el sufrimiento humano su carrera política no son merecedores de la confianza de la ciudadanía. Y, en el caso del señor Arenas, más le valdría exigir a Griñán que ponga en marcha sin más dilaciones la Ley de Inclusión y la renta básica. ¡Evitaría tanto sufrimiento!
* Profesor y Presidente de la
Asociación KALA

jueves, 4 de febrero de 2010

¿CUÁNDO SALDREMOS DEL HASTÍO?

Es fácil condenar socialmente a los políticos cuando se muestran incapaces de resolver la crisis económica y, más, si bajamos a nuestra realidad más cercana que nos presenta a 30.000 personas sin empleo, 13.000 padeciendo la lacra de la exclusión social y a 1.000 mujeres, de ellas el 90% inmigrantes, prostituyéndose como medio para buscarse la vida.

Ante este panorama tenemos dos caminos: caer en el desánimo y compadecernos de lo mal que estamos, lo que nos lleva a la impotencia; o plantar cara como ciudadanos desde nuestra pequeña parcela de responsabilidad.

Declaraciones como las que hizo ayer el presidente de la CECO de que le dan ganas de cerrar su empresa y llevársela a otro sitio, muy propio de la idiosincrasia cordobesa, sólo provocan una mayor desconfianza y recelo a esta ciudad.

Una enfermedad se vence con un buen diagnóstico, seguido de un eficiente tratamiento.  Conocemos muy bien su diagnóstico pero no llegamos a tomar medidas para salir del estado crónico en el que Córdoba se encuentra.

Hacen falta dosis de ideología, cultura del esfuerzo, corresponsabilidad, posibilitar oportunidades, usar la buena costumbre de dimitir cuando aflora la ineficacia o el agotamiento, ilusión por encarar nuevos proyectos, tener fe en los conciudadanos,…

La respuesta adulta y sensata desde abajo, desde la base o desde la calle es la que llevará radicalmente a que otra ciudad sea posible.


                                                           Córdoba, 4 de Febrero de 2010.
                                                                Miguel Santiago Losada