domingo, 23 de noviembre de 2008

Sin lugar donde regresar

Hoy es un día para reflexionar sobre las personas sin hogar, el calendario nos invita a detener nuestra mirada en los sin techo. Según un estudio realizado por Cáritas, Faciam (Federación de Asociaciones de Centros para la Integración y Ayuda a Marginados) y Feantsa (Federación Europea de Asociaciones Nacionales que trabajan con personas sin hogar), casi 150.000 familias viven en infravivienda y más de 30.000 personas carecen de hogar en España. El 82,7 por ciento de los sin techo son hombres de unos 38 años de edad e ingresos medios de 302 euros al mes. Casi el 30 por ciento tiene entre 18 y 29 años, el 51,8 por ciento son españoles y el 48,2 son extranjeros. El 13 por ciento de los afectados tiene educación superior y el 63,9 por ciento tiene educación secundaria. Un tercio es abstemio y nunca ha consumido drogas, y la mitad busca trabajo.
Detrás de tanto número y porcentaje, detrás del apelativo sin techo, hay rostros concretos que deambulan por nuestras calles, que se hospedan entre albergues, bancos, cajeros y cartones. Son los SIN con mayúscula. Los sin techo, sin afectos, sin privacidad, sin intimidad, sin cuidado, sin salud, sin medicamentos, sin estabilidad, sin compañía, sin redes sociales, los nadie que evoca Eduardo Galeano . Perdieron o nunca tuvieron un sitio de referencia, un lugar donde sentirse parte, un hogar donde albergar los recuerdos y los sueños cumplidos o rotos, un espacio íntimo, inviolable, donde dar y recibir, donde esperar y ser esperado, donde aislarse cuando les venga en gana. Sin espacio, el tiempo es como si dejase de existir, y sin ambos la persona deja de ser persona.
La abuela Mora , del barrio de Palmeras, siempre decía que todos tenemos un ladrillo en la cárcel y otro en el hospital. Podríamos añadir: y otro en la calle. Nos venía a decir que nadie se sintiera libre de visitar tales espacios si determinadas circunstancias de la vida en un momento dado se confabulan contra nosotros. Si perdemos el trabajo, si nos desahucian, si tenemos una ruptura familiar, si pasamos por momentos emocionales fuertes, si tenemos una enfermedad mental, y si además queremos sobrellevarlo con más alcohol de la cuenta, podemos estar a un paso de ser uno o una de esas 30.000 personas.
Es cierto que si la cuna donde se nace está en entornos de pobreza y exclusión social, o eres inmigrante, las probabilidades se multiplican. Caer en la cuenta tal vez nos ayude a romper prejuicios y estereotipos, y de esta manera adoptar actitudes solidarias y de acogida para que un derecho tan humano como tener una vivienda sea una realidad. Pero difícilmente podrá llevarse a cabo este derecho si no existen unas políticas públicas encaminadas a facilitar vivienda a las personas con menos recursos, y los datos hablan por sí mismos: con solo un 14,5 por ciento de viviendas con algún tipo de protección oficial de todas las construidas, con un gasto social en vivienda y exclusión social del 1,7 por ciento, dos puntos por debajo de la media europea, con una tasa de desempleo en jóvenes de entre 18 y 35 años del 13,2 por ciento, con el precio de la vivienda incrementado en un 107 por ciento en siete años, con unos sueldos que en el mismo periodo se han incrementado un 34 por ciento, con una tasa de pobreza del 18,5 por ciento, ¿quién accede a una vivienda digna? Me temo que los sin techo de hoy tendrán nuevos vecinos mañana si el edificio de la vergüenza humana no comenzamos a construirlo ahora.
* Profesor y miembro de diversos colectivos sociales

lunes, 10 de noviembre de 2008

QUE NO SE ROMPA EL HECHIZO EL HECHIZO

Cuando Cenicienta se dio cuenta que las manecillas del reloj se acercaban a las doce de la noche, se apresuró a regresar a la casa de su madrastra. En la huída, mientras la carroza se convertía en calabaza y sus hermosos corceles en ratoncillos, perdió uno de sus zapatos de cristal.

Barack Obama, presidente electo de los EE.UU., una vez pasada la noche del embrujo triunfalista volvió a la realidad; entusiasta noche en la que se anunciaba la más alta participación desde los años 60 con 133 millones de votos, aunque no llegase a alcanzar el 67 % de 1960 que llevó al poder a John F. Kennedy.

Irrumpió como huracán de buenas esperanzas en el corazón de las clases populares de su país, votándolo un 52.4%. Acudieron a las urnas los grupos que menos lo suelen hacer: jóvenes, personas de etnia negra e hispanos. Un elevado porcentaje de los mismos engrosan las grandes bolsas de exclusión social de EE.UU., que ni siquiera tienen seguro médico. Sin embargo, en la primera comparecencia como presidente electo no ha hecho referencia a las personas más empobrecidas de su país. Entre los objetivos que se plantea para mejorar la economía figuran un plan de rescate para la clase media y para sectores como la industria del automóvil.

Mientras el continente de su padre, África, celebra la victoria de Obama, 20 millones de niños del continente negro están condenados a morir por la falta de alimentos y medicinas. Barack Obama apoya el plan de 700.000 millones de $, medio billón de €, para el rescate de Wall Street  impulsado por el gobierno Bush. Aún nada ha dicho de los 3.000 € que harían falta para salvar la vida a esos niños.

Los nuevos aires han llegado incluso a Oriente Medio. Por primera vez en la historia un presidente de la República de Irán, Mahmud Ahmadineyad, felicita a un presidente electo de EE.UU. Le anima a que sirva a la gente de América y deje un buen nombre en la historia. Obama, al igual que Bush, se ha pronunciado en contra del desarrollo nuclear en ese país. ¿Por qué no aprovecha su momento exultante para posesionarse contra el armamento nuclear a escala internacional? Sería un buen inicio para la anhelada paz mundial e iniciar definitivamente la pacificación de Palestina, Afganistán e Irak. Ojalá lo consiga, pero para ello tendrá que olvidar las acciones militares preventivas, al margen de la ONU, más propias de su antecesor.

Asimismo, cuando la noche mágica llegaba a su fin se corrió la voz de que Obama no firmaría una ley de matrimonios gay y no es contrario a la pena de muerte.

El hechizo se puede desvanecer si no hay una respuesta política comprometida con la resolución de conflictos, capaz de combatir la injusticia social que empobrece y mata de hambre ¿Terminará su mandato como el cuento de la Cenicienta?

Si bien la pesadilla de Bush terminó, el sueño de otro mundo posible aún queda lejano. Esperemos que el nuevo presidente lo facilite y la olma de sus zapatos lo conduzca por los caminos de la paz y cohesión social.

                                                                                                                                                                                                    Miguel Santiago Losada
                                                                   Profesor

                                                Córdoba, 10 de noviembre de 2008 

miércoles, 5 de noviembre de 2008

EMPOBRECIDOS

Como ciudadano de a pie me pregunto ¿qué hay de tras de la crisis económica? Como humano me indigna que el gobierno de los EE.UU. haya inyectado a su banca 700.000 millones de € para reflotar la economía y lleve gastados cerca de dos billones de € en la guerra contra Irak y, sin embargo, no se quiera disponer de 3000 millones de € para salvar la vida de 20 millones de niños que en este momento se nos están muriendo de hambre y enfermedades. Como humano me pregunto ¿hasta donde va a llegar la crisis de la vergüenza, que conlleva tanta injusticia y maldad?

            Si observamos la realidad más cercana resulta que el VI Informe FOESSA vuelve a desvelarnos la dura realidad de la pobreza y la exclusión social. Su conclusión es bastante preocupante: a pesar del proceso de crecimiento económico registrado en España en la última década, los índices de desigualdad y de pobreza no han disminuido. Desde el primer informe FOESSA ha llovido mucho y, sin embargo, la pobreza sigue afectando a una quinta parte de los hogares españoles, de los cuales el 4% padecen la exclusión social.

Andalucía es una de las regiones que presentan mayores niveles de empobrecimiento y desigualdad social de Europa. Unas 300.000 personas son víctimas en nuestra tierra de la política que mantiene y genera exclusión, de las cuales más de 30.000 son cordobesas.
En tiempos de crecimiento económico quienes se benefician son los más ricos, mientras que en época de crisis los grandes perjudicados son los más pobres.

Es obvio que el empobrecimiento y la exclusión no es el objetivo prioritario de nuestros políticos cuando la medida estrella de nuestro gobierno ante la crisis ha sido inyectar 50.000 millones de € a la banca, mientras el paro alcaza subidas históricas.
Espero que la brisa fresca, llamada Obama, con la que nos hemos levantado esta mañana, cambie el rumbo de tanta deshumanización.

                                           Córdoba, 5 de noviembre de 2008
                                                  Miguel Santiago Losada