sábado, 24 de junio de 2006

LOS SINFRON, UNA UTOPIA TANGIBLE

Todas las historias tienen un comienzo. La de Los Sinfron tuvo sus albores en el año 1983 cuando un grupo de adolescentes y un joven profesor se encontraron en un centro educativo, llamado popularmente la Laboral, por proceder de la antigua Universidad Laboral de Córdoba.

Poquito a poco fueron surgiendo las relaciones entre ellos e iban teniendo su punto de encuentro en el departamento de religión. Un espacio amplio y luminoso, abierto al exterior por un hermoso ventanal, que se convirtió en un pequeño hogar de vida donde compartían risas, llantos, inquietudes, actividades,… que fueron forjando el grupo cristiano del Instituto, que los mismos chavales bautizaron con el nombre de Sin Fronteras.

La primera convivencia extraescolar que organizaron fue a comienzo de las Navidades de 1985  en un bello pasaje jienense llamado la Hiedra. Después vendría la representación de la obra de teatro Un tal Jesús en el salón de actos del centro, coincidiendo con la Cuaresma de 1986. Precisamente la celebración de la Pascua de ese año en Cerro Muriano sería el escenario del nacimiento del Grupo Cristiano Sin Fronteras, que tuvo su primera reunión el 12 de abril de 1986 en el Convento del Buen Pastor. Desde el primer momento se quisieron impregnar del mensaje esperanzador de ¡Cristo Vive, Convertíos! Después llegarían la primera fiesta final de curso y la convivencia en el pantano de la Breña con la llegada de la estación estival.

Podríamos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que el camino recorrido entre los años 1986 y 1988 lo podríamos denominar como el de la iniciación. Fue un tiempo de conocimiento, de relaciones de amistad y pareja, de crisis, de entradas y salidas, del primer ideario, de conocimiento de la realidad, de los primeros compromisos (parroquias, CLJC, ONGs, política),… Lo que provocó que la evaluación de junio del 88 tuviese un punto de inflexión en el grupo, fue como la confirmación del mismo: o se diluía en otras realidades eclesiales o el grupo se convertía en una realidad propia y singular dentro de los movimientos cristianos de Córdoba.

Con el comienzo del curso 88/89 se inició la segunda etapa de este ilusionante camino que concluiría con la constitución de la comunidad en junio del 91. Fue la etapa que marcó definitivamente el objetivo de la opción por los pobres, a través de una comunidad de talla humana, en la que todas las personas son responsables de la vida comunitaria y de construir una nueva sociedad más justa y fraterna.

Cada persona iba madurando a la luz de la Palabra. Siendo la eucaristía la mayor seña de identidad del grupo. Sin embargo, los encuentros con la realidad eran los que hacían aterrizar al grupo. Entrañable fue la visita a la casa de Mati y Sole en las Palmeras el 8 de abril de 1999.

Entre otros acontecimientos habría que destacar la constitución del COSAL, la creación del boletín Sin Fronteras, que más tarde llegaría a ser la revista de las CCP de Andalucía; la formación del grupo cristiano Sin Fronteras II; la continuación de compromisos parroquiales, en ONGs, en el CLJC (participando en las comisiones de empleo y marginación).

El curso 90/91 se iniciaba pletórico a raíz del viaje realizado a Perú, de compartir el primer piso comunitario y con la vista puesta en la constitución de la comunidad. No obstante, el aldabonazo  más contundente fue el compromiso en el Cuarto Mundo, a través de las niñas del Buen Pastor y de la calle Torremolinos. Los pasos hacia Palmeras se iban preparando con la marcha de Mati y el encuentro con Lolina, Isabel y el resto de la comunidad de Ursulinas en noviembre del 90.

La tercera etapa transcurriría entre los años 92 al 95. Después de haber decidido la comunidad no dejarse absorber por las parroquias, de  no haber desembocado en un movimiento eclesial y de tener a las comunidades eclesiales de base de Latinoamérica como referentes, desembocamos en las CCP-A. Junto a ellas fuimos descubriendo a la Iglesia de Base de Madrid, a la Peri de Alicante, a los Bolines en Granada, a todas las personas que nos fuimos encontrando en el Monte de Murcia, a las comunidades del Salvador y Perú,…

La primera eucaristía comunitaria, el 1 de marzo del 92, y la experiencia de oración del Monte marcaron un giro en la vida espiritual de la comunidad.

El compromiso con Palmeras hizo que la comunidad estableciese su residencia en Miralbaida a partir del 92. Una casa que desde el principio tuvo un marcado carácter de acogida: Tito, Chelo, ecuatorianos, María la dominicana,…

Conforme se fortalecía el compromiso con la calle se iba acrecentando la actitud crítica con respecto a la Iglesia y a la sociedad en general. La presencia en el Consejo comienza a ser testimonial y el compromiso con el COSAL acaba trasladándose a la APDHA a partir de 1994.

Con la Furgo y el Sinfron la comunidad seguía haciendo kilómetros y kilómetros entre compromisos, oraciones y trabajos.

El período 95 al 98 supuso el paso de una comunidad endogámica a otra más abierta. Hasta este momento la comunidad había sido un grupo de personas aprendices de libertad, idealizadores de la comunidad, enamorados de la pobreza,… Después de diez años la vida por la que luchamos entró en nuestra casa: Tito, mujeres, los chavales de la calle empezaron a pasar días con nosotros,… Con la llegada de Nöel, el 27 de octubre del 95, comenzamos a vivir el día a día con ellos. Juanito, Juanma Rodríguez, Susi, Cheo, Charli,… serán los siguientes.

Evidentemente con ellos llegó la mayor crisis y a finales del 96 la comunidad era mucho más sencilla, humilde y acogedora. Antes había crecido mucho en compromisos y militancias; ahora, había llegado el momento de crecer sencillamente como personas.
Se rompió el dinamismo endogámico con la llegada de los nuestros y, sin embargo, seguimos caminando.

Habitamos nuevos pisos, llegaron nuevas personas, se crearon nuevos espacios personales y nos acompañaron, en estos complicados momentos, personas entrañables que nos ayudaron a mantener este milagro de fe y vida llamado Sin Fronteras.

Ello posibilitó que a partir del curso 98/99 siguieran entrando nuevas personas en nuestras vidas y comenzásemos a vivir en hogares de intimidad y solidaridad, sin perder de vista las realidades que a la luz de la comunidad habían ido surgiendo a lo largo de los años. De ahí que proyectos como Encuentro en la Calle y APDHA los consideremos como los hijos sociales más destacados de nuestros sueños y esfuerzos.

El nuevo milenio nos trajo nuevas vidas en  nuevos hogares, que supimos compartir con nuestras más entrañables amistades. Mansur, Ismael, Amín y María son las últimas páginas escritas con sangre y corazón.

                                        Celebración de los 20 años
                                         Córdoba, 24 junio 2006

                                                      Miguel Santiago losada

EL ABRAZO POLITICO

El pasado miércoles podíamos ver en este mismo periódico a nuestra alcaldesa abrazando a un bebé en la calle Torremolinos. El motivo de la entrañable visita obedecía al comienzo de las obras de urbanización de la calle Torremolinos, última fase del Area de Rehabilitación de San Martín de Porres, inversiones urbanísticas que tanto el Ayuntamiento como la Junta de Andalucía están realizando en la zona.
La alcaldesa, durante su visita a la calle, mantuvo una actitud maternalista advirtiendo a las vecinas allí presentes de que "si no se cuidan las cosas, por más esfuerzos que hagamos desde el Ayuntamiento, no sirven de nada" (Diario CORDOBA, 21/06/2006). Ese tironcito de orejas bien valdría para otras zonas de la ciudad donde se producen continuos desperfectos como por ejemplo la zona centro, desperfectos que se subsanan sin ningún tipo de cuestionamiento.
Tal vez a lo que se refería la señora alcaldesa es a que de poco servirán las inversiones urbanísticas si no van acompañadas de una política social que evitara un verdadero chabolismo vertical, y consiguiera una transformación personal y familiar de las personas empobrecidas y excluidas de este entorno.
Si nuestros responsables políticos actúan en clave electoralista tendrán que alcanzar objetivos a corto plazo; como por ejemplo, la remodelación de una calle. Ahora bien, si lo que se pretende es la transformación social de la zona habrá que invertir a largo tiempo con todos los recursos que sean necesarios y con una calidad técnica y humana que alcancen los objetivos deseados.
El bebé, fotografiado en brazos de la alcaldesa en plena calle Torremolinos, podrá preguntarse dentro de algunos años si el abrazo de la alcaldesa correspondía a un gesto más para seguir manteniéndose en la Alcaldía o, por el contrario, respondía a una inquietud política sincera. De ser lo segundo, ¿seguirá el Ayuntamiento cortando el agua por impago de algún vecino, en vez de tomar otras medidas, lo que podría provocar en el niño abrazado una falta de higiene? ¿Acudirá el Ayuntamiento inmediatamente ante la aparición de una plaga a desinfectar la zona, o el niño abrazado llegará a padecer una enfermedad infecciosa por falta de medidas urgentes? ¿Posibilitará el Ayuntamiento medidas sociolaborales para la inclusión de los padres y familiares del bebé? ¿Obligará a su empresa municipal de vivienda, Vimcorsa, a que determine perfiles adecuados a estas realidades para que el bebé cuando sea mayor pueda irse a vivir a otro barrio si lo desea? ¿Se dejarán de tomar medidas ejemplarizantes con los más pobres, muy dados a ello tanto el delegado de Obras Públicas de la Junta de Andalucía como el teniente de alcalde de Urbanismo, ambos pertenecientes a partidos de izquierdas, y se harán cumplir las normativas de manera ejemplarizante a los más pudientes de la ciudad?
Podríamos recordar una frase muy afortunada de Eduardo Galeano cuando dice: "este sistema no da de amar, condenando a muchos al hambre de abrazos". Esperemos que este abrazo sea sincero y se traduzca en una verdadera apuesta política por una de las zonas más depauperadas de la ciudad, que va mucho más allá de reurbanizar la calle.

* Coordinador del Area de Marginación de la APDH-A

miércoles, 21 de junio de 2006

NUESTROS MENORES, NUESTRO FRUTO

Con el paso del tiempo me sigo planteando la misma pregunta ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo?

Raro es el día en el que los medios de comunicación no salen noticias de maltratos a niños o de menores que maltratan a personas, en algunos casos indigentes. El  mismo profesorado está muy preocupado por la indisciplina y los conflictos y más aún cuando se constata que la mayoría de ellos ocurren entre chavales de 14 ó 15 años.

De situaciones como las anteriores se desprenden conclusiones como las del juez de menores, Emilio Calatayud, que vincula el fracaso escolar con la delincuencia, lo que lleva a que los centros de reforma de nuestra comunidad se estén llenando. Al día de hoy, los 750 jóvenes recluidos en estos centros, suponen casi el 95% de las plazas disponibles.

Este dato no nos debe extrañar, ya que el aumento de delitos cometidos por menores sigue creciendo. En estos últimos días un informe del fiscal jefe de la Audiencia Provincial de Córdoba situaba este crecimiento en un 64%, de los que el 21% fueron realizados por menores de 14 años. Según dicho informe el perfil del menor que agrede o delinque pertenece, cada vez más, a familias normalizadas, o sea, fuera del entorno de la exclusión social.

Por otro lado, un estudio del Plan Nacional sobre Drogas señala que el consumo de alcohol entre los jóvenes de 14 a 18 años ha aumentado un 15 % en sólo dos años. Este mismo organismo nos ponía encima de la mesa, hace unos meses, que 40.000 menores corren el riesgo de quedar enganchados al “cannabis”.

Ahí están los datos del aumento en el consumo de drogas y alcohol, que son la consecuencia de la desprotección social y familiar, y de una educación carente en valores.

Hace unos años analizábamos estas situaciones como consecuencia de la marginación y de la exclusión social. Sin embargo, estas conductas han llegado a los “mejores barrios”, a las familias “estructuradas y normalizadas”. Jueces, profesores, médicos, trabajadores de lo social,… están destapando esta realidad que se ceba contra uno de los sectores más débiles de la sociedad: nuestros niños y adolescentes.

Nos encontramos ante un gran fracaso social, en el que no caben la frivolidad ni el   cinismo de echar principalmente la culpa y la responsabilidad de sus actos a los menores. Ellos son el fruto de nosotros. Luego, al igual que sus éxitos son fruto de nuestros éxitos, sus fracasos son, aún más, el fruto de los nuestros. Sus actitudes son las consecuencias del caldo de cultivo que les hemos cocinado a base de ingredientes como el individualismo y la competitividad, el ganar dinero fácil y con el mínimo esfuerzo, la violencia y la explotación, la depresión que supone la insensibilidad humana,…

¿Podemos seguir pensando, desde el conocimiento de la realidad, que las mejores soluciones para nuestros menores pasan fundamentalmente por las expulsiones escolares, por la creación de centros de reforma, por aumentar las penas y endurecer la ley penal del menor? ¿Seguiremos impasibles al contemplar como lo más sagrado de la sociedad, el niño, es víctima de la falta de cariño y de la educación en valores, que requieren toda nuestra máxima atención y tiempo? Al menos, utilicemos el sentido común.


                                                           Miguel Santiago Losada
                                                 Coordinador del Área de Marginación
                                                                     APDHA-A

                                                  Córdoba, 21 Junio de 2006