martes, 31 de enero de 2006

CAMINO EQUIVOCADO

Los gobiernos de los llamados estados sociales y de derecho, en lugar de seguir políticas de populismo punitivo, deberían esforzarse por la educación en valores y la justicia social. 
A pesar de que estamos custodiados por cerca de 200.000 agentes, entre policía nacional, autonómica y guardia civil, nos quejamos de la existencia de inseguridad, exigiendo más policía.
Las empresas de seguridad privada, más de 1.000 con 75.000 empleados, no dan abasto para que no quede una sola puerta por guardar.
Las cárceles, sobre todo después del endurecimiento del Código Penal, tienen el doble de personas presas que en 1990. En concreto, son 61.000 repartidas en 77 prisiones. El principal objetivo de la política penitenciaria del Gobierno socialista es la construcción de 8 nuevas prisiones.
Los centros de reforma de menores albergan a más de 700 chavales sólo en Andalucía, cifra que se verá incrementada tras el endurecimiento de la ley de responsabilidad penal del menor.
Más de 3.000 policías vigilan los alrededores de los centros escolares ante el temor de que el consumo de drogas haga estragos en los niños y jóvenes menores de 16 años.
Entre la población civil circulan más de 7.500.000 armas de fuego, lo que hace que algunos se tomen la justicia por su mano al igual que ocurre asiduamente en la "avanzada sociedad americana".
¿Cómo es posible que con todo este sistema de medidas penales y coercitivas tengamos la percepción de inseguridad ciudadana? Me sorprenden las pancartas que señalan a los niños como asesinos, me preocupa enormemente que el consumo de drogas afecte cada vez más a los menores, me aterra la permisividad política y social ante un mercado que induce al odio, a la violencia y a la agresividad de nuestros jóvenes. Nos deberían de preocupar los casos de menores de familias "normalizadas" que apalean o matan indigentes. Me llena de perplejidad que un elevado porcentaje de alumnado de Educación Secundaria Obligatoria no consiga el título o abandone los estudios. Lamento como en los últimos años no han bajado los índices de empobrecimiento y exclusión social.
Ante esto me pregunto: ¿Son estas las causas de la inseguridad ciudadana o son las consecuencias?, ¿de verdad pensamos que multiplicando por dos o por tres las medidas penales y represoras lograremos terminar con ella?, ¿no nos paramos a reflexionar que un alto porcentaje de personas presas, de chavales en centros de reforma, de personas dedicadas al menudeo y consumo de drogas son las primeras víctimas de este sistema demencial?
Los gobiernos de los llamados estados sociales y de derecho, en lugar de seguir políticas de populismo punitivo, deberían de esforzarse por la educación en valores de su ciudadanía y por la implantación plena de la justicia social. De esta manera, podríamos aspirar a conseguir una sociedad verdaderamente segura, basada en los principios de los derechos humanos. De lo contrario, a penas más duras, mayor ambiente de inseguridad.
No tiene sentido que el setenta por ciento de las personas presas lo estén por delitos contra la salud (consumo y tráfico de drogas) o contra el patrimonio, muchas veces ambos delitos asociados. ¿No sería más lógico cambiar la actual política sobre drogas que genera un gran destrozo social y un mayor enriquecimiento del narcotráfico?
Por otra parte, la ciudadanía debería desarrollar la cultura de la corresponsabilidad social que garantice la cohesión social, huyendo de los postulados que fomentan el miedo, el ambiente de inseguridad y las actitudes xenófobas.
*Coordinador del Area de Marginación de la APDH-A


sábado, 14 de enero de 2006

CIUDAD JARDIN

El barrio de Ciudad Jardín se fue gestando en la posguerra, y alcanzó su máximo desarrollo urbanístico en la década de los años setenta llegando a tener 20.000 habitantes. Su población la formaban mayoritariamente familias jóvenes, con la peculiaridad de ser el barrio cordobés que tenía un mayor porcentaje de mujeres insertadas en el mercado laboral, por lo que hacía de él un referente social. A la contra, padece desde sus orígenes de un urbanismo nefasto, que lo condenó a estrechas calles y a la carencia total de zonas verdes. El parque Juan Carlos I, a espaldas de la antigua Facultad de Veterinaria, es una realidad de hace tan sólo algunos años.
Hoy en día, este barrio, con un gran dinamismo comercial, ha evolucionado socialmente en tres direcciones, constituyéndose como una de las zonas urbanas más cosmopolitas de la ciudad. Por una parte, el envejecimiento de una población que hace treinta o cuarenta años era una de las más jóvenes de la ciudad. Por otro lado, Ciudad Jardín siempre ha sido una barriada de una gran tradición universitaria, que llegó a albergar la Facultad decana de Veterinaria y la de Ciencias, en la que conviven centenares de universitarios con los vecinos de la zona. Y, por último, desde hace pocos años ha ido incrementándose la población inmigrante, procedente mayoritariamente de Ecuador, Marruecos y Rumanía, convirtiéndolo en un barrio de una diversidad generacional, cultural y étnica único en Córdoba.
Es conveniente resaltar estos aspectos sobre todo a raíz de los tristes sucesos acaecidos en los primeros días del nuevo año. Ciudad Jardín es un barrio que merece el reconocimiento de toda la ciudadanía cordobesa por su evolución social. Sería una lástima que todo su dinamismo social quedase empañado por los trágicos acontecimientos vividos, que son la excepción de su riquísima realidad de convivencia.


miércoles, 4 de enero de 2006

¡Los Reyes del Nooorte!

Papá Noel alcanza ya el 20% de seguidores frente a los Reyes Magos. Año tras año el porcentaje va aumentando sigilosamente, poquito a poco, como el que la cosa no quiere.
Cuando éramos niños los Reyes Magos representaban el mayor de los mundos de ilusiones y fantasías que un chavalito podía imaginar. La noche víspera de Reyes, la cabalgata recorría las calles más céntricas de la ciudad bajo la admiración de miles de miradas inocentes que esperaban, unas horas más tarde, la visita de sus majestades en sus respectivos hogares. Hoy por hoy, aún perdura esta entrañable tradición, aunque hemos de estar alerta para que no se pierda.
El pasado puente de la Constitución, paseando por la plaza Mayor de Madrid, comprobé cómo los puestos con motivos navideños, sobre todo de figuritas de barro para montar los nacimientos, estaban repletos de muñecotes y ropajes rojos de Papá Noel. Aparte de quedar bastante horteras, perdían todo el encanto de años anteriores cuando me hacía pensar en lo bonita que quedaría nuestra Plaza de la Corredera con un mercado navideño de estas características.
Al paso que vamos mucho me temo que, dentro de unos años, nuestros niños sólo contemplarán en la cabalgata de reyes al rey Melchor, el de etnia blanca, y a Papá Noel procedente de las nieves de los países nórdicos. Nuestros entrañables Gaspar, de etnia oriental, y Baltasar, de etnia negra, tendrán múltiples dificultades en poder conseguir sus papeles para traer la felicidad a los niños que los esperan. Las altas vallas de Ceuta y Melilla, el control policial del Estrecho, las medidas de seguridad que se están implantando en los aeropuertos y la xenofobia de algún sector de la población va a impedir la entrada de sus majestades étnicamente más morenitos.
Nuestros niños se van a movilizar contra estas actitudes injustas que matan las ilusiones en el Norte y las vidas en el Sur. Nuestros niños, que son muy listos, elegirán el arco iris de la diversidad a la monotonía de un solo color, el blanco, que nos quieren imponer desde el "Nooorte".
Ojalá cada noche del cinco de enero podamos seguir viendo juntos a Melchor, Gaspar y Baltasar. Nos anunciará la buena estrella de una humanidad que va por buen camino.
MIGUEL SANTIAGO LOSADA

COORDINADOR DEL AREA DE MARGINACION. APDHA 

martes, 3 de enero de 2006

SEÑOR PRESIDENTE DE LA JUNTA DE ANDALUCIA, USTED OBVIA LA REALIDAD.

Con discursos como el que usted dirigió al pueblo andaluz este fin de año, Andalucía nunca llegará a estar cohesionada. Sin dejar de reconocer los avances obtenidos en los últimos veinte años, debidos principalmente a los fondos de cohesión de la Unión Europea, Andalucía padece una seria de problemas que podríamos considerar endémicos y que usted olvidó en su discurso, pensado para una población del bienestar que no es consciente del empobrecimiento y de la exclusión social que padece Andalucía.

Usted no quiere reconocer que en Andalucía existe mucho empobrecimiento social y cerca de 300.000 personas excluidas. Usted invisibiliza la realidad más vergonzosa de la sociedad andaluza.

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía exige una solución al principal problema de Andalucía: el empobrecimiento y la exclusión social. Una solución que sólo vendrá a través de una política social, en la que el poder público tiene la máxima responsabilidad para promover las condiciones de vida digna para toda la ciudadanía: empleo o en su defecto renta básica, vivienda, acceso a la educación y formación laboral y una protección social adecuada a las distintas carencias que las personas puedan padecer. Para ello la Administración andaluza tiene que plantearse como primer objetivo la erradicación de la pobreza y la exclusión social.

Los principales problemas que la Junta de Andalucía debe abordar son los siguientes:

1.- El principal problema de nuestra tierra es la EXCLUSIÓN SOCIAL. De los más de 2.000.000 de empobrecidos/as que viven en Andalucía, cerca de 300.000 son excluidos/as sociales:  24.493 en Almería (4% de su población),  63.764 en Cádiz (5.4% de su población),  25.100 en Córdoba (3.2% de su población), 29.270 en Granada (3.4% de su población), 8.224 en Huelva (1.7% de su población), 21.789 en Jaén (3.3% de su población), 50.869 en Málaga (3.5 % de su población) y 63.487 en Sevilla (3.5% de su población).
Es la mayor población en exclusión social de todo el Estado, tanto en números absolutos como relativos y detrás de cada número se esconde una persona.

2.- El paro, el único problema andaluz que el Presidente de la Junta reconoció, alcanza a cerca de 500.000 andaluces, lo que significa el mayor número de parados/as de todo el Estado, tanto en cifras absolutas como relativas.

3.- La vivienda, no exenta de escándalos urbanísticos que sacuden a Andalucía por todo su territorio, ha pasado de ser un derecho a ser considerada un lujo para la mayoría de la ciudadanía andaluza. Según los últimos datos aportados por TINSA (Tasaciones Inmobiliarias) Andalucía es la segunda autonomía que mantiene al alza el precio de la vivienda usada, llegando al 21% de subida. Al mismo tiempo, su población empobrecida y excluida es la más alta del Estado. Por otra parte, existen 548.699 viviendas de uso familiar desocupadas (17.7% de las viviendas andaluzas).
La Administración andaluza debería contemplar medidas para fomentar el alquiler a los diferentes perfiles poblacionales que presenta la sociedad andaluza, al mismo tiempo que la construcción de VPO, según marca la nueva ley.

4.- El Gobierno andaluz debería ser crítico con la política penalizadora que está llenando las cárceles (más de 12.000 presos en Andalucía) y los centros de reforma de menores (al paso que vamos pronto tocaremos el techo de los 1.000). Medidas como una nueva política sobre drogas y una educación apropiada para nuestros jóvenes aliviarían considerablemente estas alarmantes cifras.

5.- No podemos olvidar la realidad de la inmigración, que lejos de ser un problema se debe considerar, según la APDHA, un derecho y un enriquecimiento social.
Andalucía por su situación geográfica es la puerta de Europa para muchas personas empobrecidas de África. La desesperación y la falta de futuro que provocan la guerra y la pobreza hace que miles de personas hayan dejado su vida en las aguas del Estrecho y de Canarias y, más recientemente, en los intentos de acceder a través de los nuevos muros de la vergüenza de Ceuta y Melilla. Mención especial merecen los menores inmigrantes, acogidos por la Junta de Andalucía, que deberían ser objeto de políticas sociales, educativas y laborales encaminadas a brindarles una ciudadanía digna al igual que al resto de la juventud, evitando soluciones fáciles como la repatriación o la construcción de centros de menores en Marruecos que no ofrecen ninguna garantía.

TODOS ESTAS REALIDADES DEBERÍAN SER CONSIDERADAS POR UNA LEY DE INCLUSIÓN SOCIAL PARA QUE EL NUEVO ESTATUTO DE AUTONOMÍA NO SE QUEDE EN UNA MERA DECLARACIÓN DE BUENOS PRINCIPIOS.
                                                          
Miguel Santiago Losada
                                                        Coordinador del Área de Marginación
                                                                          APDHA

                                                          Córdoba, 3 de enero de 2006