lunes, 18 de septiembre de 2017

LAS COFRADÍAS, ¿DEL PUEBLO O DEL OBISPO?

Mi buen amigo, el antropólogo Isidoro Moreno, nos recordaba lo que escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en la primavera de 1935: “los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado”; y añadía que “sin las hermandades no habría Semana Santa, por más que se empeñase en ello la Iglesia o los Gobiernos (…). La Semana Santa no es obra ni de los curas ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organización netamente popular y de origen gremial que ha estado siempre en pugna con los poderes establecidos”.

Durante siglos las cofradías fueron organizaciones críticas y opuestas a cualquier poder que pretendiese manipularlas, ya fuese  clerical o civil. Por este motivo, las cofradías han sido vistas muy a menudo con recelo por parte de la jerarquía católica y de muchos clérigos a lo largo de la historia. A ello responde el anhelo de muchas de las cofradías de disponer de capilla y sede social propias.

Esto viene a colación de cómo se ha venido desarrollando la imposición de la nueva Carrera Oficial de la Semana Santa de Córdoba por parte del obispo en tan solo dos años. Primero, con  la carrera oficiosa del pasado año, y posteriormente, con la oficial del presente. No ha habido consenso para nada ni para nadie, imponiéndose su voluntad; ni para abrir la llamada segunda puerta de la Mezquita, ni para los vecinos, ni para comerciantes y hoteleros, ni para muchos cofrades que no ven con buenos ojos este baculazo episcopal. Pero sobre todo para miles de penitentes que no han podido acompañar a sus titulares en todo el recorrido de la Semana Santa al prohibírsele el acceso al interior del de la Mezquita-Catedral. Mujeres y hombres de nuestros barrios no ha podido realizar con sus imágenes devocionales el recorrido por la Carrera Oficial como venía siendo costumbre, sólo pudieron hacerlo los nazarenos que pagaron su papeleta de sitio. No menos grave es el carácter privado en el que se ha visto envuelto nuestro principal Monumento y todos sus alrededores, del que solo han podido disfrutar los que han pagado palcos o sillas. Todo un disparate para un espacio público y, más aún, si éste es Patrimonio de la Humanidad.

Podríamos hablar de una verdadera apropiación de nuestra  Semana Santa, debido  a la aceptación del monopolio del poder eclesiástico sobre todo lo demás.  Tal imposición se ha hecho de tal manera que muchos cofrades han interiorizado y aceptado, sin la más mínima crítica, tal disposición que pretende controlar la Semana Santa como si fuese  algo propio de la jerarquía eclesiástica, con la colaboración subalterna de las instituciones públicas.  

Tal vez sea el momento de que las cofradías reivindiquen su idiosincrasia pluridimensional, enraizada en la cultura andaluza, a través del ámbito de la religiosidad popular, que desborda lo estrictamente eclesial. Las cofradías no pueden convertirse en el empeño de ser sólo “instrumentos pastorales” sumisos a los intereses del jerarca de turno. Es un hecho constatable cómo, a pesar del crecimiento numérico y del nivel estético de las cofradías, han visto reducida su capacidad de decisión. Como consecuencia, la Semana Santa corre el riesgo de convertirse en una fiesta unidimensional, exclusiva y mercantilista, asumida sólo por una parte de la ciudadanía. Esta situación por la que atraviesa la Semana Santa debería hacernos pensar y lo que se está convirtiendo en discordia reconducirlo en oportunidad de encuentro. Ello  implicaría ver la Semana Santa como una de las grandes conmemoraciones de la ciudad, al margen de nuestras creencias o convicciones.

                                                                   Córdoba, 16 de abril de 2017
Miguel Santiago Losada

                                               Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

lunes, 24 de abril de 2017

LAS COFRADÍAS, ¿DEL PUEBLO O DEL OBISPO?

Mi buen amigo, el antropólogo Isidoro Moreno, nos recordaba lo que escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en la primavera de 1935: “los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado”; y añadía que “sin las hermandades no habría Semana Santa, por más que se empeñase en ello la Iglesia o los Gobiernos (…). La Semana Santa no es obra ni de los curas ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organización netamente popular y de origen gremial que ha estado siempre en pugna con los poderes establecidos”.

Durante siglos las cofradías fueron organizaciones críticas y opuestas a cualquier poder que pretendiese manipularlas, ya fuese  clerical o civil. Por este motivo, las cofradías han sido vistas muy a menudo con recelo por parte de la jerarquía católica y de muchos clérigos a lo largo de la historia. A ello responde el anhelo de muchas de las cofradías de disponer de capilla y sede social propias.
Esto viene a colación de cómo se ha venido desarrollando la imposición de la nueva Carrera Oficial de la Semana Santa de Córdoba por parte del obispo en tan solo dos años. Primero, con  la carrera oficiosa del pasado año, y posteriormente, con la oficial del presente. No ha habido consenso para nada ni para nadie, imponiéndose su voluntad; ni para abrir la llamada segunda puerta de la Mezquita, ni para los vecinos, ni para comerciantes y hoteleros, ni para muchos cofrades que no ven con buenos ojos este baculazo episcopal. Pero sobre todo para miles de penitentes que no han podido acompañar a sus titulares en todo el recorrido de la Semana Santa al prohibírsele el acceso al interior del de la Mezquita-Catedral. Mujeres y hombres de nuestros barrios no ha podido realizar con sus imágenes devocionales el recorrido por la Carrera Oficial como venía siendo costumbre, sólo pudieron hacerlo los nazarenos que pagaron su papeleta de sitio. No menos grave es el carácter privado en el que se ha visto envuelto nuestro principal Monumento y todos sus alrededores, del que solo han podido disfrutar los que han pagado palcos o sillas. Todo un disparate para un espacio público y, más aún, si éste es Patrimonio de la Humanidad.

Podríamos hablar de una verdadera apropiación de nuestra  Semana Santa, debido  a la aceptación del monopolio del poder eclesiástico sobre todo lo demás.  Tal imposición se ha hecho de tal manera que muchos cofrades han interiorizado y aceptado, sin la más mínima crítica, tal disposición que pretende controlar la Semana Santa como si fuese  algo propio de la jerarquía eclesiástica, con la colaboración subalterna de las instituciones públicas.  

Tal vez sea el momento de que las cofradías reivindiquen su idiosincrasia pluridimensional, enraizada en la cultura andaluza, a través del ámbito de la religiosidad popular, que desborda lo estrictamente eclesial. Las cofradías no pueden convertirse en el empeño de ser sólo “instrumentos pastorales” sumisos a los intereses del jerarca de turno. Es un hecho constatable cómo, a pesar del crecimiento numérico y del nivel estético de las cofradías, han visto reducida su capacidad de decisión. Como consecuencia, la Semana Santa corre el riesgo de convertirse en una fiesta unidimensional, exclusiva y mercantilista, asumida sólo por una parte de la ciudadanía. Esta situación por la que atraviesa la Semana Santa debería hacernos pensar y lo que se está convirtiendo en discordia reconducirlo en oportunidad de encuentro. Ello  implicaría ver la Semana Santa como una de las grandes conmemoraciones de la ciudad, al margen de nuestras creencias o convicciones.

                                                                   Córdoba, 16 de abril de 2017
Miguel Santiago Losada

                                               Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

miércoles, 1 de marzo de 2017

ANDALUCÍA, MUCHO QUE DECIR Y HACER


El Informe FOESSA de 2016 ofrece una serie de datos que  son todo un aldabonazo a la conciencia colectiva andaluza. A modo de ejemplo, es revelador detenerse en los siguientes: la renta disponible en Andalucía entre 2009 y 2015 supuso una bajada del 21.3%, ocupando el último lugar en el ranking de las comunidades del Estado; el porcentaje de personas en riesgo de pobreza ha pasado  del 28.8% en 2009 al 35.7% en 2015, bajando también nuestra posición al último lugar. Asimismo, la tasa que mide el número de familias con todos sus activos en paro subió  un 12.7% en 2016. Para no aburrir con un exceso de cifras que pueden consultarse en el citado informe, podemos concluir afirmando que en los indicadores de desempleo, desigualdad y exclusión, somos la comunidad que más veces ocupa el fatídico primer puesto.

Este desolador panorama tiene dos responsables directos, en primer lugar el Gobierno de España (PP), seguido de la Junta de Andalucía (PSOE). Junto a esta penosa situación económica y social, el buque insignia de la Junta de Andalucía, el SAS, se está viendo afectado, volviendo las mareas blancas a salir a la calle. Sobre el segundo pilar social, la educación, los últimos resultados de la prueba PISA colocan a Andalucía en el último lugar de España en ciencias, y en el penúltimo en lectura y matemáticas.

No quiero caer en el análisis fácil de que en Andalucía no se ha avanzado, sería no aceptar la realidad. Sin embargo, no al ritmo cualitativo de la mayoría de las comunidades. La desigualdad con respecto al resto sigue aumentando, y ello significa que nacer hoy en día en nuestra tierra es contar con muchas menos oportunidades. Esta situación tiene sus causas, en primer lugar, en dos hechos históricos que no podemos obviar: el sometimiento del reparto de tierras realizado por los reyes de Castilla en la baja Edad Media, que fue el origen del latifundismo. Supuso poner nuestra tierra en manos de una oligarquía conformada por nobles y jerarquía católica y ello ha provocado a lo largo de los siglos un empobrecimiento de la población. Por su parte, el golpe de Estado de 1936 provocó una terrible Guerra Civil y la pérdida de modernidad para el país, más acentuado significativamente en el sur peninsular.

Sin embargo, la autonomía devolvió la esperanza a Andalucía. El 4 de Diciembre en la calle y el 28 de Febrero en las urnas nos trajo el derecho a decidir por el 151 de la Constitución, reconociéndonos como una nacionalidad histórica, que conduce a Andalucía a ser considerada no como una comunidad más, sino como uno de los ejes donde debería pivotar el futuro escenario político y federal del país. Andalucía hoy podría liderar un federalismo garante de la igualdad entre los andaluces y de éstos con el resto del Estado, basado principalmente en los pilares básicos de la sanidad y la educación, con una hacienda propia en la que el IVA recaudado por nuestras actividades económicas recayese en políticas sociales fundamentalmente. Cabría preguntarse por qué el PIB bruto de Andalucía es un 25% menor que el de Madrid, cuando la población es de dos millones más de habitantes. La respuesta tiene que ver con que el IVA producido por nuestra agricultura, por los puertos andaluces, principalmente el de Algeciras, por el turismo, etc. va en gran parte a las arcas de la capital de España.

El Gobierno de la Junta de Andalucía, en lugar de favorecer los intereses de nuestra tierra y nuestro pueblo, ha optado por una política centralista, dejando a Andalucía como un instrumento subalterno de sus propios intereses. No cambiaremos de posición mientras la Presidencia de la Junta siga teniendo como mentores a Felipe González, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, los mismos que cambiaron el proyecto de la ley de Reforma Agraria Andaluza, propuesta por Rafael Escudero en 1983, por homenajes a la Duquesa de Alba. Habría que volver la mirada a aquellos 4 de diciembre y 28 de febrero para cargarnos de fuerza y esperanza y reclamar una política basada en la justicia social y en nuestro reconocimiento como nacionalidad o nación histórica, emulando a Blas Infante, que tras recorrer toda Andalucía, comprobó la dura realidad en la que vivían sus gentes. Tomen buena nota tanto los antiguos como los nuevos partidos políticos: Andalucía no puede estar gobernada desde los intereses centralistas. Andalucía necesita una fuerza política y social capaz de creer en ella misma para sacarla del grave empobrecimiento que padece y para exigir el lugar que le corresponde por su historia, identidad y población.
                                                                       Córdoba, 24 de febrero de 2017
                                                                            Miguel Santiago Losada
                                                                                        Profesor




lunes, 30 de enero de 2017

MIENTRAS UNOS HABLAN, OTROS CALLAN

Hace tres años la  plataforma ciudadana “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as” iniciamos una serie de reivindicaciones encaminadas a recuperar la memoria e identidad de nuestro principal monumento y su titularidad pública. Conseguimos a los dos años de andadura que se recuperase el nombre de Mezquita-Catedral en la cartelería del monumento aunque, a día de hoy, aún aparece sólo el nombre de Catedral en la página web de la visita nocturna y en las entradas para poder visitarlo.

La memoria e identidad del edificio sigue estando amenazada por el obispo tal y como se desprende de sus discursos e intervenciones. No cesa en el intento de negar  la verdadera historia del monumento para beneficio de sus propios intereses: continuar con el movimiento de apropiación. La última vez fue en la revista “17” editada por el Ayuntamiento de Córdoba donde en una entrevista afirma que “La Mezquita pertenece al arte cristiano bizantino y los moros sólo pusieron el dinero”.  Además de seguir en su estrategia discursiva para demostrar la titularidad católica del monumento, evidencia una falta de respeto a nuestros hermanos musulmanes.

Eduardo Manzano, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas,  en unas declaraciones efectuadas en el programa La Ventana de la Cadena SER, el pasado 19 de enero, dijo que “son un disparate estas declaraciones. Son declaraciones basadas en las afirmaciones que hizo en su día el canónigo de la catedral de Córdoba, Manuel Nieto Cumplido, en su libro “La Catedral de Córdoba” en la que afirmaba semejante cosa (…) Un señor que no es especialista ni en arte bizantino, ni en arte islámico, por consiguiente no hay ninguna base científica”.  Queda claro que escribió este libro al servicio del poder eclesiástico, bajo el obispado de Juan José Asenjo, Obispo que inmatriculó la Mezquita en el Registro de la Propiedad por 30 euros.

La Unesco la declaró patrimonio mundial de la humanidad por su arte islámico, no por ser bizantina. Antonio Vallejo, exdirector de Medina Azahara, incide en ello al afirmar (programa de radio Córdoba, 19-01-17) que “el diseño de la Mezquita es único al integrar elementos de diferentes procedencias” y, añade, “decir que la Mezquita es bizantina es una visión nefasta y sesgada, es como pensar que Medina Azahara es romana por la espléndida colección de sarcófagos que contiene”; otro científico para el que las afirmaciones del obispo son una inexactitud, ya que según sus palabras  “la Mezquita constituye una tipología específica del arte islámico que no se encuentra en otros lugares (…) No tenemos un referente para la Mezquita en el mundo bizantino”. En esta misma dirección, Susana Calvo, profesora titular del departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid analiza en su libro las “Mezquitas de al-Ándalus”, la analogía entre la Mezquita de Damasco y la Mezquita de Córdoba.

Podríamos seguir con infinidad de citas y argumentos científicos, pero solo tomo prestadas las palabras pronunciadas por Arturo Pérez Reverte con motivo de habérsele otorgado el premio Averroes de oro: “Hay que recordar su nombre frente al fanatismo, la estupidez y la sombra”.  “Averroes fue víctima del fanatismo y de la estupidez en su tiempo (se llegaron a quemar sus libros)”. Esperemos que no nos pase lo mismo con la Mezquita y, aunque no la quemen, no consigan robarle el alma, la memoria y la identidad de todo un pueblo.
La Plataforma “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as” desde el primer momento ha pedido la intervención pública para impedir todo esto. Ni el Gobierno central, ni la Junta de Andalucía han hecho nada para impedirlo. Las Administraciones Públicas en lugar de ir creando un consenso histórico-patrimonial  en torno a uno de los monumentos más emblemáticos del país, hacen dejadez de funciones, y si cabe, están siendo condescendientes con los que mantienen postulados completamente opuestos a la historia y a la titularidad pública de los bienes del Estado. En definitiva, mientras unos hablan y ejercen, otros callan y otorgan.


                                                                                  Miguel Santiago Losada
                                                    Profesor, portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral,    

                                                            miembro de Comunidades Cristianas Populares

martes, 3 de enero de 2017

EL ABRAZO DE MOHAMMED

El año 2016 comenzaba con el abrazo del niño Mohammed que, al igual que otros niños, nos acompañaba en el inicio del nuevo año alrededor de un apetitoso cuscús preparado por las madres de una aldea de la extensa campiña marroquí. Nos juntamos una gran familia formada por hombres y mujeres, jóvenes y muchos niños donde imperaba el lenguaje de la sonrisa, de la acogida, del abrazo y de la humanidad.
El ser de diferentes culturas y religiones no significó establecer muros de discordia, por el contrario, y como ocurre con más frecuencia de lo que nos hacen creer, la convivencia y el entendimiento entre las personas de buena voluntad siempre fluye por doquier. Las discordias, mayoritariamente son provocadas por los que se creen más creyentes que nadie, por los que se creen que su dios es el único y verdadero, por los que se toman el nombre de Dios en vano a través de doctrinas fundamentalistas, que nada tienen que ver con las verdadera esencia del ser humano, doctrinas que conducen a la inmoralidad de condenar, dividir, culpabilizar e incluso matar, a la vieja usanza inquisitorial.
En el lenguaje del abrazo descrito al inicio, no caben las palabras de algunos jerarcas católicos que nos hablan de que la fecundación in vitro es un aquelarre químico, que cuestionan el acogimiento a los refugiados, que consideran a la homosexualidad como una deficiencia sexual. Tampoco caben las actitudes  de algunos imanes que pretenden condenarnos al infierno por besarnos entre hombres y mujeres y cuyos sermones conducen al odio, a la enemistad e incluso a la muerte. Tampoco valen las palabras de algún rabino que celebra la segregación de los hermanos palestinos o que bendice la destrucción de casas de centenares de familias. Y por supuesto, tampoco ha lugar la discriminación que sobre la mujer ejercen todas estas estructuras religiosas.
La fiesta fue posible porque tanto disparate se quedó en la puerta y el pequeño Mohammed pudo abrazarnos con toda su alma al despedirnos. No estaba contaminado de esa doctrina castrante que inhumaniza y va en contra de la propia divinidad.
Muy posiblemente el alma del papa Francisco este imbuida de la misma humanidad que la del pequeño Mohammed al pedir  un diálogo entre religiones para lograr frutos de paz y de justicia ya que, como él dice, la única certeza reside en que todos somos hijos e hijas de Dios. La utopía quedó escrita hace dos mil años en las palabras de uno de los mayores profetas de la historia, Jesús de Nazaret: “tuve hambre, y me distéis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”. Dejemos que nos cale la palabra salida de las entrañas, brotada del corazón, nacida de lo mejor del ser humano. ¡Qué en 2017 lo podamos sentir y vivir!

                                                                                Córdoba, 28 de diciembre de 2016
                                                                         Miguel Santiago Losada

                                             Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

martes, 29 de noviembre de 2016

CÓRDOBA, PARADIGMA

                                 
Un Estado social, democrático, de derecho y aconfesional es lo que somos según la Constitución española, o para ser más correctos, lo que deberíamos ser.
Como Estado social, España se encuentra muy lejos de alcanzar unos niveles satisfactorios de justicia y equidad. Baste recordar que tiene uno de los gastos públicos sociales por habitante más bajos de la UE-15 (grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo económico que el nuestro). La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV)  muestra que el 20% más pobre de la población española ha sido el que más renta ha perdido desde el inicio de la crisis y que las clases medias-altas y altas apenas han sentido el devenir económico durante la recesión. Murcia y Andalucía son las que más han padecido esta dura realidad, encabezando los rankings de mayor desempleo, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).
Como Estado democrático, tampoco estamos en los mejores momentos si analizamos la situación política. Las últimas declaraciones de algunos dirigentes políticos confirman lo que era fácil de ver y adivinar: grupos financieros, económicos y mediáticos han entorpecido, con la complicidad del aparato del PSOE, una alternativa progresista al gobierno más cuestionado por la corrupción y más conservador existente en la UE-15, dando lugar a una democracia muy limitada, con escasa sensibilidad social.
Como Estado de derecho, nos encontramos con un país excesivamente normatizado que encorseta cada vez más a la ciudadanía, con una de las  leyes penales más duras de la Unión Europea para una de las sociedades menos delictivas. Una ley sumamente penalizadora con los de abajo, que masifica las cárceles de personas empobrecidas, mientras los verdaderos corruptos y delincuentes acampan a sus anchas.
Como Estado aconfesionalidad la verisimilitud es nula. La jerarquía católica, después de 40 años, sigue gozando de múltiples privilegios, impropios de un Estado aconfesional. El Estado sigue permitiendo a la Institución eclesial católica la falta de transparencia en sus cuentas, la inmatriculación de los bienes más valiosos del patrimonio nacional y el adoctrinamiento moral católico en los centros educativos públicos.
Nuestra querida Córdoba es un paradigma muy acentuado de lo descrito, me remito a dos hechos evidentes: la dura realidad social que vive nuestra provincia y el poder fáctico del que goza la jerarquía católica. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), en el último trimestre la cifra de personas desempleadas en nuestra provincia afecta 32.50%. Junto a Jaén, somos de las provincias con más paro. Esta tremenda situación perjudica de una manera determinante a los más jóvenes viéndose obligados a emigrar, como hace décadas, lo que ha motivado una disminución en la población joven cordobesa de un 18,26% (38.900 jóvenes menos) con respecto a la que había en 2005, según datos ofrecidos por la Secretaría de Juventud de CCOO en Andalucía. Por otra parte, si nos referimos a los privilegios de la jerarquía católica, Córdoba también destaca al haber poseído el Cabildo catedralicio la segunda caja de Ahorros de Andalucía (CAJASUR) y tener en sus manos el buque insignia de la economía turística de la ciudad, la Mezquita-Catedral. Alrededor de 13 millones de euros entran en sus arcas sin  declarar, ni tributar, recayendo todos sus beneficios en el Cabildo.
Nos queda un largo camino por recorrer hasta ver un país tal y como lo define la Constitución, y una Córdoba cuya política social y económica le permita alcanzar mayores niveles de equidad y bienestar social y, a la vez, liberada del corsé de la jerarquía  católica.

                                                                                                       Córdoba, 20 de noviembre de 2016
                                                                                          Miguel Santiago Losada

                                                                                                     Profesor

jueves, 13 de octubre de 2016

EL MUNDO SE DESANGRA

“Todo el mundo quería hacer algo. La foto de mi hijo muerto conmovió al mundo, pero la gente sigue muriendo y nadie hace nada”, dijo a la prensa alemana el padre de Aylan, el niño que apareció ahogado en una playa turca hace un año. Cuanta razón tiene este padre cuando después de un año, al menos 423 niños han corrido la misma desgracia que Aylan. Mientras el cuerpecito del niño se hundía en las aguas del Mediterráneo, más de un millón de refugiados iban llegando  a Europa el pasado año y alrededor de 300.000 en lo que va de 2016. España, de los 17.000 comprometidos, solo ha acogido a unos cuantos centenares de refugiados. 

Una voluntaria en la isla de Lesbos nos dejaba su testimonio hace unas semanas: “Hacía frío. Venían empapados, con niños, pero estaban contentos porque ya no había bombas”. ¡Ya no había bombas! Desde que el terrorismo más cruel atentó contra las Torres Gemelas, hace 15 años, han caído muchas bombas, sobre todo en los países de Oriente, matando a miles y miles de inocentes, entre ellos muchos niños/as. Mientras los hijos de Occidente estan en sus escuelas y en sus actividades extraescolares, protegidos y queridos por su familia y sociedad, los otros no valen mucho más que la bala o el explosivo que los mata.

¿Cuál es nuestra actitud? La zancadilla que la periodista húngara le puso al refugiado sirio y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo o la solidaridad a corazón abierto, actuando y denunciando. Denunciando a los líderes de los 28 países de la UE que acordaron hace unos meses que todos los inmigrantes llegados por mar fuesen internados en centros cerrados a la espera de ser retornados a Turquía para frenar el flujo de llegadas. Convirtieron a Turquía en férrea frontera por 6000 millones de euros, siguiendo el “ejemplo” de España con respecto a Marruecos. Sin embargo, la vida lucha por no morir, el ser humano lucha por no padecer y ante esta obviedad, no hay frontera que resista.

¿Qué mal ha solucionado Occidente aquel fatídico 11S? ¿Qué ha hecho con Afganistán, Irak, Siria, Libia…? ¡Cuántas vidas truncadas, cuántos odios levantados, cuántas libertadas perdidas! Ni siquiera fue capaz de sostener esa puerta de esperanza que se abría con la llamada “Primavera Árabe”. Su torpe política exterior y sus intereses económicos dieron al traste con lo que podía haber sido la primera piedra en la construcción de los derechos humanos en Oriente Medio y en la ribera sur mediterránea. Sin embargo cómo dice Joan Manuel Serrat: “el Mediterráneo de ahora donde las gentes se dejan la vida queda muy lejos del que inspiró mi canción”.

Por ahí no hay camino, no hay camino de humanidad en este sistema económico neoliberal, que condena a millones de seres humanos al empobrecimiento y a la exclusión social, no hay camino en un mundo que utiliza los sentimientos religiosos como arma arrojadiza de unos contra otros, no hay camino mientras mueran miles de personas todos los días a consecuencia del hambre, las enfermedades o los conflictos bélicos. No hay camino en un mundo donde se escapa la vida a borbotones por tanta sangre inocente derramada día a día, minuto a minuto. 

Urge recuperar la conciencia humana, basada en el amor, la justicia y la paz. Un amor que traspase las fronteras, una justicia basada en los derechos humanos y una paz sincera emanada desde una sociedad plural y diversa, intercultural e interreligiosa, laica y tolerante, democrática e incluyente.




                                                                       Córdoba, 1 de octubre de 2016
                                                                           Miguel Santiago Losada
                                                                                       Profesor