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martes, 29 de noviembre de 2016

CÓRDOBA, PARADIGMA

                                 
Un Estado social, democrático, de derecho y aconfesional es lo que somos según la Constitución española, o para ser más correctos, lo que deberíamos ser.
Como Estado social, España se encuentra muy lejos de alcanzar unos niveles satisfactorios de justicia y equidad. Baste recordar que tiene uno de los gastos públicos sociales por habitante más bajos de la UE-15 (grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo económico que el nuestro). La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV)  muestra que el 20% más pobre de la población española ha sido el que más renta ha perdido desde el inicio de la crisis y que las clases medias-altas y altas apenas han sentido el devenir económico durante la recesión. Murcia y Andalucía son las que más han padecido esta dura realidad, encabezando los rankings de mayor desempleo, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).
Como Estado democrático, tampoco estamos en los mejores momentos si analizamos la situación política. Las últimas declaraciones de algunos dirigentes políticos confirman lo que era fácil de ver y adivinar: grupos financieros, económicos y mediáticos han entorpecido, con la complicidad del aparato del PSOE, una alternativa progresista al gobierno más cuestionado por la corrupción y más conservador existente en la UE-15, dando lugar a una democracia muy limitada, con escasa sensibilidad social.
Como Estado de derecho, nos encontramos con un país excesivamente normatizado que encorseta cada vez más a la ciudadanía, con una de las  leyes penales más duras de la Unión Europea para una de las sociedades menos delictivas. Una ley sumamente penalizadora con los de abajo, que masifica las cárceles de personas empobrecidas, mientras los verdaderos corruptos y delincuentes acampan a sus anchas.
Como Estado aconfesionalidad la verisimilitud es nula. La jerarquía católica, después de 40 años, sigue gozando de múltiples privilegios, impropios de un Estado aconfesional. El Estado sigue permitiendo a la Institución eclesial católica la falta de transparencia en sus cuentas, la inmatriculación de los bienes más valiosos del patrimonio nacional y el adoctrinamiento moral católico en los centros educativos públicos.
Nuestra querida Córdoba es un paradigma muy acentuado de lo descrito, me remito a dos hechos evidentes: la dura realidad social que vive nuestra provincia y el poder fáctico del que goza la jerarquía católica. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), en el último trimestre la cifra de personas desempleadas en nuestra provincia afecta 32.50%. Junto a Jaén, somos de las provincias con más paro. Esta tremenda situación perjudica de una manera determinante a los más jóvenes viéndose obligados a emigrar, como hace décadas, lo que ha motivado una disminución en la población joven cordobesa de un 18,26% (38.900 jóvenes menos) con respecto a la que había en 2005, según datos ofrecidos por la Secretaría de Juventud de CCOO en Andalucía. Por otra parte, si nos referimos a los privilegios de la jerarquía católica, Córdoba también destaca al haber poseído el Cabildo catedralicio la segunda caja de Ahorros de Andalucía (CAJASUR) y tener en sus manos el buque insignia de la economía turística de la ciudad, la Mezquita-Catedral. Alrededor de 13 millones de euros entran en sus arcas sin  declarar, ni tributar, recayendo todos sus beneficios en el Cabildo.
Nos queda un largo camino por recorrer hasta ver un país tal y como lo define la Constitución, y una Córdoba cuya política social y económica le permita alcanzar mayores niveles de equidad y bienestar social y, a la vez, liberada del corsé de la jerarquía  católica.

                                                                                                       Córdoba, 20 de noviembre de 2016
                                                                                          Miguel Santiago Losada

                                                                                                     Profesor

jueves, 13 de octubre de 2016

EL MUNDO SE DESANGRA

“Todo el mundo quería hacer algo. La foto de mi hijo muerto conmovió al mundo, pero la gente sigue muriendo y nadie hace nada”, dijo a la prensa alemana el padre de Aylan, el niño que apareció ahogado en una playa turca hace un año. Cuanta razón tiene este padre cuando después de un año, al menos 423 niños han corrido la misma desgracia que Aylan. Mientras el cuerpecito del niño se hundía en las aguas del Mediterráneo, más de un millón de refugiados iban llegando  a Europa el pasado año y alrededor de 300.000 en lo que va de 2016. España, de los 17.000 comprometidos, solo ha acogido a unos cuantos centenares de refugiados. 

Una voluntaria en la isla de Lesbos nos dejaba su testimonio hace unas semanas: “Hacía frío. Venían empapados, con niños, pero estaban contentos porque ya no había bombas”. ¡Ya no había bombas! Desde que el terrorismo más cruel atentó contra las Torres Gemelas, hace 15 años, han caído muchas bombas, sobre todo en los países de Oriente, matando a miles y miles de inocentes, entre ellos muchos niños/as. Mientras los hijos de Occidente estan en sus escuelas y en sus actividades extraescolares, protegidos y queridos por su familia y sociedad, los otros no valen mucho más que la bala o el explosivo que los mata.

¿Cuál es nuestra actitud? La zancadilla que la periodista húngara le puso al refugiado sirio y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo o la solidaridad a corazón abierto, actuando y denunciando. Denunciando a los líderes de los 28 países de la UE que acordaron hace unos meses que todos los inmigrantes llegados por mar fuesen internados en centros cerrados a la espera de ser retornados a Turquía para frenar el flujo de llegadas. Convirtieron a Turquía en férrea frontera por 6000 millones de euros, siguiendo el “ejemplo” de España con respecto a Marruecos. Sin embargo, la vida lucha por no morir, el ser humano lucha por no padecer y ante esta obviedad, no hay frontera que resista.

¿Qué mal ha solucionado Occidente aquel fatídico 11S? ¿Qué ha hecho con Afganistán, Irak, Siria, Libia…? ¡Cuántas vidas truncadas, cuántos odios levantados, cuántas libertadas perdidas! Ni siquiera fue capaz de sostener esa puerta de esperanza que se abría con la llamada “Primavera Árabe”. Su torpe política exterior y sus intereses económicos dieron al traste con lo que podía haber sido la primera piedra en la construcción de los derechos humanos en Oriente Medio y en la ribera sur mediterránea. Sin embargo cómo dice Joan Manuel Serrat: “el Mediterráneo de ahora donde las gentes se dejan la vida queda muy lejos del que inspiró mi canción”.

Por ahí no hay camino, no hay camino de humanidad en este sistema económico neoliberal, que condena a millones de seres humanos al empobrecimiento y a la exclusión social, no hay camino en un mundo que utiliza los sentimientos religiosos como arma arrojadiza de unos contra otros, no hay camino mientras mueran miles de personas todos los días a consecuencia del hambre, las enfermedades o los conflictos bélicos. No hay camino en un mundo donde se escapa la vida a borbotones por tanta sangre inocente derramada día a día, minuto a minuto. 

Urge recuperar la conciencia humana, basada en el amor, la justicia y la paz. Un amor que traspase las fronteras, una justicia basada en los derechos humanos y una paz sincera emanada desde una sociedad plural y diversa, intercultural e interreligiosa, laica y tolerante, democrática e incluyente.




                                                                       Córdoba, 1 de octubre de 2016
                                                                           Miguel Santiago Losada
                                                                                       Profesor


viernes, 26 de diciembre de 2014

Un cuento de realidad

Qué sería de un paisaje urbano sin vida, sin seres vivos que le dan calor y color? Córdoba posee recónditos y encantadores rincones en su casco histórico. Algunos hay que buscarlos expresamente, como el antiguo claustro del que fuese monasterio de San Pedro el Real y que preside majestuosamente la gran plaza Tierra Andaluza, cuyo nombre rezuma solera. Si paseamos por ella en estos días navideños veremos un ramito de flores blancas atado a la reja que guarda el claustro bajo. Un grupo de jóvenes de la Axerquía lo colocó en memoria del abuelo Antonio. Antonio fue uno de esos personajes de novela costumbrista que le da humanidad y sentido de ser a un lugar. Había hecho de esta plaza su hábitat, y del rinconcito en el que cuelga el ramito de flores, su estancia al cielo raso, donde solía descansar acurrucado a su perro Canela.
El pasado jueves 4 de diciembre se echó la siesta como de costumbre. Mientras dormía cayó un aguacero que presagiaba que algo iba a ocurrir. Los jóvenes de la plaza, alertados por Canela, fueron a despertar a Antonio, pero él ya había dejado su viejo y cansado cuerpo en el usado colchón sobre el que solía descansar. Al día siguiente un reluciente sol iluminaba toda la plaza, la plaza del abuelo Antonio y su perro Canela. Un joven amigo suyo definió su existencia como un estilo de vida, muriendo como había vivido. Sus alegrías y sus penas las compartía con su botella de vino y su fiel Canela. Lo recuerdo como un hombre silencioso, bueno y curtido por el tiempo.
Ahora habita en la plaza del cielo, repleta de auténticas estrellas, no como las aparentes que adornan nuestros pueblos y ciudades. Desde esa magnífica atalaya tendrá una especial atención a todas las personas que como él se ven viviendo en la calle por múltiples y diversas causas injustas.
Siempre nos quedará la esperanza de ver florecer un ramito de flores allá donde hubo exclusión. Siempre nos quedará la esperanza de que los cuentos de Navidad se transformen en cuentos de realidad.
*Profesor


martes, 10 de diciembre de 2013

Criminalizar la pobreza

El gobierno municipal está elaborando un borrador de ordenanza en el que se multa con 900 euros a aquella persona que extraiga basura de un contenedor. Si por un momento nos paramos a reflexionar en el sujeto sobre el que susceptiblemente recaerá tal sanción, imaginamos su rostro, lo primero que nos debería de brotar es un sentimiento humanitario que nos llevará a preguntarnos si este sistema tan injusto no ha multado ya lo suficiente a una persona que se ve obligada a estar rebuscando comida o chatarra en los contenedores.
Por otra parte, me pregunto cómo una persona que busca entre la basura puede pagar una multa de 900 euros, a no ser que se le trate con el mismo rasero que a algún capitular que se sienta en el Ayuntamiento, cuya multa millonaria no paga, y sobre el que la presión consistorial, cuanto menos, es un tanto laxa.
No resulta baladí este tipo de ordenanzas, que dejan traslucir ideologías en las que la persona pobre y excluida es un ser que afea y molesta y, por tanto, hay que barrer de nuestras calles. Criminalizar la pobreza es algo consustancial a ideologías conservadoras, que entienden que la persona pobre y excluida es la única responsable de su situación, y por tanto, con ellas sólo cabe el castigo y/o la beneficencia. Pero no se le pueden poner puertas al campo: a base de multas, sanciones, cuchillas en alambradas, etcétera, es decir, a base de represión, no sólo no se resuelve el problema sino que añade grandes dosis de inhumanidad y sufrimiento. La pobreza se combate con empleo, con formación, con educación, con salud, con vivienda; la pobreza se combate posibilitando que las personas puedan gozar de los derechos que emanan de la Carta Universal de los Derechos Humanos, de nuestra Constitución y de nuestro Estatuto de Autonomía. Por consiguiente, invito al Ayuntamiento de Córdoba a que ponga toda su energía en cobrar las multas millonarias impagadas para, con ese dinero, desarrollar programas de empleo, programas sociales, programas educativos, para que las personas no se vean obligadas a rebuscar entre la basura.

* Profesor y presidente de la Asociación Kala

martes, 12 de febrero de 2013


Conferencia sobre exclusión social en La Universidad de Alcalá de Henares con motivo de la toma de posesión del decano del colegio de abogados de Alcalá de Henares. Publicado el 16 de febrero de 2013.

domingo, 29 de enero de 2012

QUE NO NOS DESVÍEN LA MIRADA

Les cuento a mis queridos alumnos/as que cada persona cuando nace participa en el juego de la vida con un boleto de tres números.  El primero corresponde a los padres que te tocan, el segundo al lugar de nacimiento y, el tercero, a su propia genética. Unos padres que amen y protejan a sus niños y niñas es el mejor seguro de vida para sus descendientes. ¿Cuántas criaturas no podrán ser acunados, abrazados, amamantados, besados,… por una madre o un padre? Muchos niños y niñas en este país crecen en centros de menores, sufriendo la irreparable frialdad que conlleva estar institucionalizado.  El boleto del nacimiento me hace preguntarme cuántos niños y niñas están muriendo en este mismo instante por haber nacido en lugares como el Cuerno de África, cuántos jóvenes valientes, decididos e inteligentes se ven obligados, por el empobrecimiento que padecen los países del llamado Tercer Mundo, a emprender el éxodo hacia el Norte. Muchos de ellos/as verán truncados sus sueños en el camino. Y, por último, el boleto de nuestra propia genética, la programación biológica, que hará que desarrollemos las cualidades innatas.
Una vez dicho esto, les explico que evidentemente las personas no partimos de la misma línea de salida. No es lo mismo una persona que le haya tocado tres buenos números en su boleto que otra que no haya tenido la misma suerte. De ahí se desprende que más que establecer líneas de salida y metas para competir, que siempre ganarán los más afortunados y mimados por los números de su boleto, hagamos un mundo de oportunidades en el que todas las personas puedan vivir con dignidad, un mundo creativo y solidario en el que los derechos humanos sean el eje vertebral de los ministerios de justicia, un mundo en el que la etnia, la religión y las costumbres culturales nos enriquezcan y no se utilicen desde el poder malévolo para dividir, enfrentar, dominar, explotar y excluir. Claro, en este posible mundo no tiene cabida la criminal economía de mercado neoliberal, a la que se están sometiendo sin el menor pudor los gobiernos.
Para machacar más a los últimos de la fila, a los que portan los peores boletos de la vida, el ministro de justicia del actual gobierno, que ha tenido la suerte de que le tocase un buen número en su boleto, anuncia una reforma para hacer aún más coercitiva la ley penal del menor; si tuviese alguna duda de que a sus propios hijos se le pudiese aplicar, otro gallo cantaría. Con esta reforma también pretende aplicar la cadena perpetua, cargándose el propio principio de reinserción de la ley penitenciaria. ¿Por qué no se da una vueltecita por las cárceles para ver la realidad? Descubriría que la inmensa mayoría proceden de los barrios de nuestras ciudades con mayor índice de exclusión social o de países empobrecidos, descubriría que muchos padecen enfermedades mentales, que la mayoría no han cometido ningún delito de sangre. ¿Usted sabe, señor ministro, que nuestro país es el que tiene menor índice de criminalidad de toda la UE y, sin embargo, es la que más presos soporta?  Por consiguiente, ¿No se querrá usted aprovechar de un populismo que se deja llevar por las noticias sensacionalistas y que le dan votos? Ya que confiesa y comulga, por favor, piénselo antes, para poderse arrepentir. Y hablando de religión, no podía olvidarse de recortar la ley del aborto, señalada como abominable por la jerarquía de la iglesia católica a la que usted debe obediencia, la mima institución que no perdona el menor desliz como el cometido por su compañera de gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, que por no haberse casado por la iglesia se le cuestiona el ser la pregonera de la Semana Santa de Valladolid.
En el mismo momento que lanzaba estas medidas,  altos cargos políticos se veían absueltos mientras muchos chavalitos de la calle, por robos de poca monta, están en busca y captura y se pasarán gran parte de su vida entre barrotes. Claro, los primeros tienen un buen número en su boleto, mientras que los segundos su número es para echarse a llorar.
Lo que más me entristece de todo esto es que los menos afortunados en su boleto sean, en muchos casos, los primeros en acusar, perseguir,… a los que padecen unas mismas circunstancias. Mientras los pobres se pelean entre sí y las clases medias están llenas de un miedo que los paraliza y los hace cada vez más conservadoras, los ricos de este mundo se siguen frotando las manos. No solo es cuestión de suerte, es cuestión de justicia con mayúsculas.
                                                                       Córdoba, 29 de enero de 2012
                                                                           Miguel Santiago Losada
                                                             Profesor y Presidente de la Asociación Kala   


miércoles, 2 de febrero de 2011

La despenalización de las drogas

El flamante premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, ha sugerido retirar el carácter criminal al consumo de drogas mediante un acuerdo de países consumidores y países productores para acabar con el narcotráfico. Llegó a afirmar que el tráfico de estupefacientes es "la mayor amenaza para la democracia en América Latina".
Hace unos tres meses en este mismo periódico Vicente Fox, presidente de México entre los años 2000 y 2006, en su visita a Córdoba hizo unas declaraciones en las que se inclinaba "por avanzar en la despenalización de la droga" debido a los estragos que produce en la población. Felipe González también se pronunció en esa línea.
A una escala local, mucho más pequeñita, desde que puse los pies en los barrios que padecen un elevado porcentaje de exclusión social, me di cuenta cómo el consumo de drogas y la venta de estupefacientes son factores determinantes de la situación en la que se encuentran. Familias enteras lamentan la muerte de varios de sus miembros por consumo o por haber adquirido alguna enfermedad tras un contagio. Muchas familias se ven huérfanas de padres y madres de la noche a la mañana, al ser detenidos y encarcelados por vender papelinas, lo que aboca al desamparo de sus niños. Las intermitentes redadas policiales tienen más efecto mediático que solución real, generando en los barrios una gran tensión para luego, en horas, seguir todo igual. Por otra parte, aparece una economía sumergida, que convierte a la droga en el principal sustento de una parte de los habitantes de estos barrios: vendedores, prestamistas, vigilantes, transportistas... Y esta economía a su vez sustenta otra, la que se genera con la penalización de las drogas, y que da cobertura a buena parte del trabajo de muchos funcionarios y profesionales liberales entre los que se encontrarían policías, abogados, procuradores, fiscales, jueces, funcionarios de prisiones..., por no hablar de todo el negocio de la seguridad y el miedo (guardias jurado, alarmas, cerraduras...).
Sin embargo, no pensemos que esta tragedia social sólo se da en estas zonas. Estas situaciones campan a lo largo y ancho de la geografía de cualquier pueblo o ciudad. Existen personas que padecen la grave enfermedad de las toxicomanías en cualquier espacio social, ya vivan en el residencial barrio del Brillante o en la mismísima avenida del Gran Capitán. Lo que ocurre, como en cualquier otra circunstancia, es que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Los más empobrecidos ni tienen cómo costearse sus dosis diarias, ni suelen tener redes sociales donde apoyarse, ni tienen cómo costearse una clínica de desintoxicación cuando deciden decir: -¡Basta!
Generar un marco legal para todas las drogas en un acuerdo internacional, ya que es un problema global, lograría, en gran medida, terminar con este calvario que sufre la sociedad en general, y las zonas más deprimidas del planeta en particular.
Pienso que ello no conllevaría un aumento en el consumo de estas sustancias. La regularización de ellas, al igual que ha pasado con el alcohol y el tabaco, hace que las personas consumidoras no generen problemas en la convivencia social.
Desgraciadamente, una persona que padece de alcoholismo presenta un grave problema personal, familiar y de salud; sin embargo, ello no lleva consigo la inseguridad ciudadana, ni la conflictividad social. Es más, el número de muertes por alcohol aumentaría considerablemente si no estuviese controlado ni registrado por sanidad.
Un marco legal para las drogas facilitaría la inclusión de muchas zonas y personas, al mismo tiempo que las cárceles verían reducidas su población penitenciaria en torno al 60% o 70% y la seguridad ciudadana volvería a ser percibida con más nitidez.
Que se hable, se discuta, se desmitifique y se pierda el miedo a proponer nuevas vías ya es un avance. Otra cosa será, al igual que ocurre en otros ámbitos, que los mercados nos lo permitan. No obstante, siempre, siempre, habrá que seguir intentándolo.
* Profesor y presidente de la
Asociación KALA


sábado, 14 de marzo de 2009

¿DÓNDE ESTÁ TORREMOLINOS?

El pasado 4 de marzo, en la inauguración de la exposición Mujeres con Mayúsculas, Manuel Torralbo, vicerrector de la UCO, me sugirió el título que encabeza el presente artículo.

            Inmediatamente cuando pronunciamos Torremolinos se nos viene a la memoria la localidad malagueña bañada por las aguas del Mediterráneo. ¡Qué buenos espetos se saborean en sus chiringuitos! ¡Qué codiciados días de relax bajo su cielo luminoso! Para muchos cordobeses Torremolinos, al igual que Fuengirola, Torre del Mar o Torrox, son su segunda residencia, a tan sólo 45 u 80 minutos, según viajemos en AVE o a través de la A-45.

            Sin embargo, en Andalucía existen lugares que, bajo sugerentes nomenclaturas, esconden a miles de personas que viven en condiciones infrahumanas (5 de cada 100 andaluces padecen la exclusión social). Barrios que ya existían antes de los años 70 y otros que han surgido en plena democracia acogen a miles de viviendas de protección pública convertidas en guetos. Recordemos algunas zonas de las Tres mil viviendas de Sevilla, de Almanjáyar en Granada, de Palmeras en Córdoba o de la Palma-Palmilla en Málaga. Familias enteras subsisten bajo un persistente deterioro social a lo largo de décadas.

            Han pasado crisis, en los 80, en los 90, la que venimos atravesando. Hemos presenciado tiempos de pujanza económica, con pingües beneficios para la banca y las grandes empresas; las Administraciones han dispuesto de cuantiosos presupuestos de miles de millones de euros para la inversión pública pero, curiosamente, los condenados a la miseria no han visto mejorar sus condiciones de vida.

            Muchas familias de la Calle Torremolinos de Córdoba se encuentran en esa situación. ¿Qué conocimiento de ello tiene la ciudadanía en general? Mucho me temo que miran a estas personas como problemáticas, conflictivas, como una amenaza para la seguridad ciudadana. Sus percepciones están dominadas por los prejuicios, alimentados por noticias alarmistas.

            ¿Qué política social se ha desarrollado? Reconociendo que en estos últimos 20 años se ha dispuesto de más recursos sociales, sin embargo, a la vista de los resultados han sido a todas luces insuficientes. La situación de la población más empobrecida de Andalucía no estaba en la agenda del máximo responsable de la Junta de Andalucía. ¿Han visto alguna vez al Sr. Chaves en estos barrios, a tendiendo a sus gentes, priorizando su responsabilidad política con los que menos tienen? Un ejemplo claro y contundente es que la tan traída y llevada Ley de Inclusión Social lleva nueve años empantanada. De ahí que en tiempos de crisis y recesión económica se disparen los índices de paro y vulnerabilidad social más que en ninguna otra región de la Unión Europea.
           
            Entre la Andalucía de las bellas imágenes de promoción turística y la Andalucía de la pobreza y la exclusión social existe una imparable brecha, que hace de nuestra tierra una sociedad dual.

                                                           Córdoba, 14 de marzo de 2009.
                                                                Miguel Santiago Losada

                                                   Profesor y Presidente de la Asociación Kala

domingo, 23 de noviembre de 2008

Sin lugar donde regresar

Hoy es un día para reflexionar sobre las personas sin hogar, el calendario nos invita a detener nuestra mirada en los sin techo. Según un estudio realizado por Cáritas, Faciam (Federación de Asociaciones de Centros para la Integración y Ayuda a Marginados) y Feantsa (Federación Europea de Asociaciones Nacionales que trabajan con personas sin hogar), casi 150.000 familias viven en infravivienda y más de 30.000 personas carecen de hogar en España. El 82,7 por ciento de los sin techo son hombres de unos 38 años de edad e ingresos medios de 302 euros al mes. Casi el 30 por ciento tiene entre 18 y 29 años, el 51,8 por ciento son españoles y el 48,2 son extranjeros. El 13 por ciento de los afectados tiene educación superior y el 63,9 por ciento tiene educación secundaria. Un tercio es abstemio y nunca ha consumido drogas, y la mitad busca trabajo.
Detrás de tanto número y porcentaje, detrás del apelativo sin techo, hay rostros concretos que deambulan por nuestras calles, que se hospedan entre albergues, bancos, cajeros y cartones. Son los SIN con mayúscula. Los sin techo, sin afectos, sin privacidad, sin intimidad, sin cuidado, sin salud, sin medicamentos, sin estabilidad, sin compañía, sin redes sociales, los nadie que evoca Eduardo Galeano . Perdieron o nunca tuvieron un sitio de referencia, un lugar donde sentirse parte, un hogar donde albergar los recuerdos y los sueños cumplidos o rotos, un espacio íntimo, inviolable, donde dar y recibir, donde esperar y ser esperado, donde aislarse cuando les venga en gana. Sin espacio, el tiempo es como si dejase de existir, y sin ambos la persona deja de ser persona.
La abuela Mora , del barrio de Palmeras, siempre decía que todos tenemos un ladrillo en la cárcel y otro en el hospital. Podríamos añadir: y otro en la calle. Nos venía a decir que nadie se sintiera libre de visitar tales espacios si determinadas circunstancias de la vida en un momento dado se confabulan contra nosotros. Si perdemos el trabajo, si nos desahucian, si tenemos una ruptura familiar, si pasamos por momentos emocionales fuertes, si tenemos una enfermedad mental, y si además queremos sobrellevarlo con más alcohol de la cuenta, podemos estar a un paso de ser uno o una de esas 30.000 personas.
Es cierto que si la cuna donde se nace está en entornos de pobreza y exclusión social, o eres inmigrante, las probabilidades se multiplican. Caer en la cuenta tal vez nos ayude a romper prejuicios y estereotipos, y de esta manera adoptar actitudes solidarias y de acogida para que un derecho tan humano como tener una vivienda sea una realidad. Pero difícilmente podrá llevarse a cabo este derecho si no existen unas políticas públicas encaminadas a facilitar vivienda a las personas con menos recursos, y los datos hablan por sí mismos: con solo un 14,5 por ciento de viviendas con algún tipo de protección oficial de todas las construidas, con un gasto social en vivienda y exclusión social del 1,7 por ciento, dos puntos por debajo de la media europea, con una tasa de desempleo en jóvenes de entre 18 y 35 años del 13,2 por ciento, con el precio de la vivienda incrementado en un 107 por ciento en siete años, con unos sueldos que en el mismo periodo se han incrementado un 34 por ciento, con una tasa de pobreza del 18,5 por ciento, ¿quién accede a una vivienda digna? Me temo que los sin techo de hoy tendrán nuevos vecinos mañana si el edificio de la vergüenza humana no comenzamos a construirlo ahora.
* Profesor y miembro de diversos colectivos sociales

jueves, 8 de mayo de 2008

El rostro del excluidor

Debido a mi compromiso con la realidad social siempre me ha resultado menos complicado por tangible hacer un análisis sobre la situación que padece el excluido social, desde la abuela que malvive con su exigua pensión en la más deshumanizada soledad hasta el chavalito que consume su vida en la cárcel a causa de las drogas, pasando por el inmigrante que se encuentra encerrado y maltratado en un centro de internamiento para inmigrantes por el solo hecho de no tener documentación, etc. Sin embargo, me resulta más complejo ponerle el rostro concreto al responsable o responsables de la exclusión social.
Aprovechando el momento político y económico que atravesamos, en un momento de depresión económica mundial, quisiera plantear una pequeña reflexión sobre lo que para mí significa ser excluidor social. El término depresión económica ya es una expresión del excluidor. ¿Quién está deprimido económicamente, las grandes multinacionales o todos los pueblos explotados y empobrecidos del planeta?
Aunque no sea tarea fácil voy a intentar hacer una breve relación de situaciones, organismos y rostros excluidores:
El presidente del Gobierno andaluz, Manuel Chaves , en su discurso de investidura, volvió a olvidarse del principal problema que sufre Andalucía, las más de 400.000 personas que padecen la exclusión social.
El nuevo ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho , declaró hace un año: "La inmigración está creando una realidad nueva que nos hace estar todos más inseguros". Hace unos días, ya como ministro, hacía los siguientes comentarios: "La ciudad no puede ser para el último que llegue", "Si antes había diez personas con derecho a una beca de comedor y ahora son veinte, no podemos llevar la política de dársela a los últimos que han llegado". ¿De qué política socialista estamos hablando? Afirmaciones como esas siguen alimentado la intolerancia y la xenofobia, mecanismos excluidores, que generan más y más exclusión social. ¿Por qué no dice que los diez últimos que llegan, a costa de sus trabajos e impuestos, están resolviendo las pensiones, el cuidado, etc., de los diez primeros que nos precedieron?
¿A quiénes sirven los responsables del poder judicial? ¿Con qué patrón están hechas las leyes que condenan a muchos años de cárcel a una persona pobre y toxicómana por actos delictivos que tienen su causa en las terribles circunstancias en las que se encuentra, que por cierto llenan las cárceles de nuestro país, y ponen en libertad a personas que han cometido multitud de delitos urbanísticos, mafiosos, que han puesto en peligro a toda una ciudad y han estafado al Estado todo lo que han podido y más? Utilizan el lenguaje excluyente cuando hablan de inseguridad ciudadana refiriéndose a los primeros y de ajustarse a las leyes cuando se refiere a los segundos.
¿Cuál es la principal causa de la sangría humana que padece el continente africano? La vieja Europa, actualmente UE, es la principal responsable del genocidio del pueblo africano, a través de guerras, hambre, sed y enfermedades que empujan a los más jóvenes a emigrar hacia la orilla del rico y civilizado Norte. Los gobernantes europeos con duras leyes de extranjería violan descaradamente los derechos humanos, con vallas y alambradas, en las que más de un joven africano ha perdido su vida y con un sistema de vigilancia policial que ha hecho del Estrecho la gran fosa común de muchas vidas desesperadas.
La gran banca y las grandes empresas que dirigen los hilos de la economía y la política, asfixiando las economías de la clase media del Primer Mundo, matando de hambre, enfermedades y guerras a las personas del Tercer Mundo y generando cada año mayores bolsas de Cuarto Mundo tanto en EEUU como en la UE. Los dirigentes de dichas entidades tienen nombres y apellidos y son recibidos con alfombras rojas en cualquier despacho presidencial del mundo.
Tras esta somera relación, qué podemos hacer. De entrada, quitarnos las gafas de diseño que nos han puesto para que no veamos la realidad. Lo primero que deberíamos de intentar es llamar a las cosas por su nombre: ¿Dónde residen las raíces de la inseguridad ciudadana? ¿Por qué no pasamos del miedo a lo diferente a la lucha por la justicia social? ¿Qué tenemos que perder? El miedo y la inseguridad son los nutrientes para conseguir una sociedad insolidaria, xenófoba y consumista, perfecto caldo de cultivo para que los excluidores sigan violando los derechos humanos.

* Profesor y miembro de la APDHA

miércoles, 27 de febrero de 2008

La exclusión social

El hasta ahora presidente del Gobierno andaluz nos viene prometiendo múltiples medidas sobre política social encaminadas a favorecer a la sociedad andaluza.
Mientras tanto, su consejera para la Igualdad y el Bienestar Social, Micaela Navarro , critica el informe del Defensor del Pueblo Andaluz sobre los retrasos en la aplicación de la Ley de Dependencia y el Tribunal Constitucional desestima la demanda de la Junta contra la sentencia judicial que le ordenaba pagar 1,7 millones de euros a Carmen Fernández por haberle retirado a sus hijos indebidamente, madre que luchó durante doce años para recuperarlos.
Contradictorio es igualmente que, a la par que el propio presidente promete vivienda social para los andaluces, los delegados provinciales de la Consejería de Obras Públicas promuevan desahucios de familias que viven en la más grave exclusión social.
Contradictorio es que se utilice un discurso político en el que se prime el respeto a las diferencias y a los derechos humanos, mientras que centenares de menores inmigrantes viven bajo la amenaza permanente de la repatriación vulnerando la Ley de Protección del Menor y los convenios internacionales de protección a la infancia.
Y contradictorio es que se hable de conciliación laboral y familiar, de ayudas a las familias y de igualdad mientras que se perpetúa la insuficiencia de las ayudas para las familiares más desfavorecidas, quedando muy lejos de una renta básica que responda a las necesidades más elementales de las mismas.
Este doble discurso indica que para el Gobierno andaluz las 400.000 personas que padecen pobreza severa y exclusión social no han sido ni son el principal problema de Andalucía. Desde la precampaña electoral del año 2000, las diferentes consejerías dedicadas a los Asuntos Sociales vienen prometiendo una serie de medidas encaminadas a minimizar las cifras de personas que sufren esta injusticia social. Después de ocho años, los datos sobre exclusión social no han variado, permaneciendo como una de las regiones europeas con mayor porcentaje de población empobrecida y excluida. El presidente Manuel Chaves no habla de la exclusión ni quiere escuchar hablar de ella, actitud que no encuentra el menor atisbo de crítica y oposición por parte del Partido Popular, lo que demuestra claramente que el programa electoral del partido del señor Arenas no contempla ninguna política social encaminada a solucionar este importante problema de Andalucía.
Tenemos que seguir en el empeño de desvelar el principal problema de nuestra tierra: la injusticia social que padecen miles de personas que viven en condiciones infrahumanas.
104.644 hogares andaluces viven en la pobreza severa y exclusión social (5,2% de los hogares andaluces), en los que habitan 431.715 personas que sufren esta injusta realidad social (5,5% de la población andaluza). De estos, 8.598 pertenecen a la provincia de Córdoba, en los que viven 31.375 personas, lo que supone un 4% de su población.
Ante esta situación, el presidente de la Junta de Andalucía tiene la obligación, como primer responsable, de dar respuesta a este gravísimo problema social. Y para ello:
--Deberá admitir y reconocer que la exclusión social es uno de los principales problemas sociales de Andalucía, que padecen más de 400.000 personas, y hacer de la cuestión prioridad de su agenda política.
--La Junta de Andalucía deberá actuar ante el problema de la exclusión social como un área transversal, en la que principalmente las consejerías de Hacienda y Economía, Obras Públicas, Empleo, Innovación, Educación y Salud desarrollen una serie de programas que vayan solucionando esta lacra social. Hasta ahora estas consejerías tan sólo han planteado una serie de medidas tangenciales, que no atajan de raíz el problema.
La ciudadanía se debería comprometer a denunciar esta injusta y grave realidad social y a comprometernos, en la medida de nuestras posibilidades, a erradicarla. Como bien dijo Max Horkheimer la utopía representa, por una parte, "la crítica de lo existente"; por otra, "la propuesta de lo que debería existir". No es posible proponer alternativas a los problemas sociales, si no planteamos ante todo la debida crítica de lo que pretendemos cambiar.
* Profesor y coordinador del Area de Marginación de la APDHA


miércoles, 16 de enero de 2008

La fe en el ser humano

Cuando sonó el timbre de mi instituto, a última hora, crucé el pasillo central para dirigirme al aparcamiento donde coger el coche para regresar a casa. Durante el camino no dejaba de rondarme por la cabeza el episodio que había presenciado con dos chavalitos de 1º de la ESO que llegaron al aula de convivencia golpeándose, maltratándose y sucios. Después de hacer varios intentos por atenderles, pregunté cuál era la realidad social que estaba detrás de ellos. La respuesta desvelaba una realidad de familias que presentaban diferentes problemas de convivencia, lo que había provocado el internamiento de estos niños en distintos centros de menores. Me resistía al fácil reproche de considerarlos gamberros y, por consiguiente, chavales de difícil solución.
Seguía imbuido en este pensamiento cuando llegué a la cochera, encontrándome en el acceso de la misma a un abuelo que ha hecho del lugar su hábitat. Pertenece a las llamadas personas sin techo, que vive con su pensión y se relaciona con algunos vecinos de la zona. No quiere ingresar en ningún centro de acogida. Su viejo colchón y sus inseparables amigos caninos conforman su más estrecha intimidad. La manera que tiene de entender el tiempo y el espacio no coincide con la nuestra, no vive en función de las manecillas del reloj.
Después de la larga sobremesa que caracteriza a mi familia, me puse a leer el periódico encontrándome con la desagradable noticia de que una empleada del hogar de los Hermanos de la Cruz Blanca había sido condenada a 15 meses de cárcel por estafar a dicha entidad. Una mujer desesperada, con graves apuros económicos, que destinó los 1.600 euros sustraídos a pagar cuotas atrasadas de la comunidad y otras deudas.
Mi masa gris seguía estrujándome los sentimientos cuando me encontré con unos amigos al anochecer bastante preocupados al haber encontrado a un joven marroquí sin papeles, que se encontraba desnutrido y desprotegido como un gorrioncillo caído de un árbol en plena crianza. Si el gorrioncillo humano sentía miedo y desamparo, mis amigos temían ser denunciados por la ley de extranjería si prestaban apoyo solidario al chaval magrebí.
Terminé la trajinada jornada en una taberna cordobesa con un grupo de viejas amistades de dilatada trayectoria política y social. Todos pertenecemos a algún partido político, onegé o sindicato. Comentamos y debatimos sobre la realidad social. Sin embargo, echaba en falta la toma de conciencia sobre las causas que empujaban a mis alumnos del instituto a la violencia, al abuelo del aparcamiento a su soledad, a la mujer trabajadora a delinquir y al joven marroquí a emigrar, causas que nos llevarían, posiblemente, a la conclusión de que no siempre la ley coincide con la verdadera justicia humana. De ser así, nos volcaríamos en la búsqueda de soluciones para los niños que padecen problemas de diversa índole y, en vez de verlos como peligrosos, los consideraríamos en peligro. Buscaríamos medios para asistir al abuelo desde el respeto a su forma de vivir, ya que no lo consideraríamos un simple alcohólico. Hubiéramos mediado con la mujer trabajadora para hacerle caer en la cuenta, a pesar de sus circunstancias personales, de que existen otras formas para pedir ayuda que no sea la sustracción de dinero, en vez de considerarla una delincuente y denunciarla a la policía. Acogeríamos al inmigrante sin miedo a una ley de extranjería que viola los derechos humanos más básicos.
En definitiva, estaríamos llamados a cambiar una sociedad, atrapada por la falta de fe en el ser humano y el miedo, que nos conduce a la insolidaridad, por otra sociedad cuya principal actitud fuese la apuesta por lo humano, por el cuidado y la solidaridad.
No es posible otro mundo, otra sociedad, si solo tenemos buenas ideas, buenas intenciones y nos atiborramos de todo tipo de buenos consejos pero no cambiamos de actitudes en el día a día.

* Profesor y Coordinador del Area de Marginación de la APDHA

jueves, 26 de octubre de 2006

CORDOBA Y LOS DERECHOS HUMANOS

Acabamos de celebrar en el magnífico marco de los Colegios Mayores de la Universidad de Córdoba las V Jornadas Internacionales de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, bajo el título Exclusión social y derechos humanos . Nos congratula el éxito que han obtenido tanto por sus participantes como por sus ponentes.
Las personas que pensamos que la Declaración Universal de los Derechos Humanos debería ser el eje vertebrador de la ética mundial vemos y analizamos los tiempos difíciles que están transcurriendo para el desarrollo de la justicia y de la convivencia social, que podríamos calificar sin miedo a equivocarnos de profunda crisis de los derechos humanos. Basta, como botón de muestra, las miles de personas que mueren en el mundo a causa del hambre y de los conflictos bélicos.
En este contexto internacional nos podríamos preguntar: ¿Cuál es el pulso de Córdoba en materia de derechos humanos?
A primera vista, cualquier persona que llega de fuera piensa la gran ventaja que posee esta ciudad, en lo referente a política social, al ser gobernada por partidos de izquierdas: PSOE gobierna a nivel estatal, autonómico y provincial e IU en el ámbito local. Lo que se debería traducir en una decidida apuesta del Estado de Bienestar por sus habitantes. Sin embargo, ¿cuál es la realidad?
Un 4% de los hogares de la provincia de Córdoba padecen la exclusión social (IESA), lo que supone una población aproximada a los 30.000 habitantes de los cuales alrededor de 13.000 residen en la capital cordobesa. Para solventar este tremendo problema social, a nuestro entender el principal que padece tanto Andalucía como Córdoba, se hace necesaria una apuesta decidida e imparable por la población más necesitada. Sin embargo, solo se lleva las migajas de los presupuestos. Un ejemplo evidente lo podemos constatar cuando la Junta y el Gobierno central no escatiman esfuerzos a la hora de invertir en grandes infraestructuras, proyectos visibles muy rentables de cara al electorado, mientras no construyen ni una sola vivienda de promoción pública ni ponen una bolsa de viviendas en régimen de alquiler para las economías más modestas y empobrecidas, que suponen la parte más débil e invisible del electorado.
El paro andaluz alcanza cifras verdaderamente preocupantes. Según la EPA, representa más del 60% de todo el país, lo que hace que la Andalucía imparable se coloque a la cola de España en el avance hacia el pleno empleo. La provincia de Córdoba no baja en el mejor de los casos de las 45.000 personas desempleadas, de las que alrededor de 20.000 corresponden a la capital.
En nuestra Andalucía imparable los precios de la vivienda subieron el pasado año un 12.4%, mientras que en el resto del Estado supusieron un 10.1%, según el informe de la Sociedad de Tasación sobre el mercado inmobiliario. Córdoba, una de las últimas provincias españolas en renta per cápita, no se quedó atrás en el crecimiento del precio de las viviendas por encima del 12%. En el mismo período de tiempo solo se habían iniciado en Córdoba capital 382 viviendas protegidas (VPO) por parte de la Junta, el Ayuntamiento y constructoras privadas.
La situación se va haciendo cada vez más impresentable conforme nos vamos acercando al rostro concreto del empobrecimiento y la exclusión social. Si repasamos la prensa local de las últimas semanas nos encontramos con noticias como las siguientes. La Junta se compromete a construirles viviendas a las personas que viven en las parcelaciones ilegales que afectan al plan de protección de Medina Azahara. El Ayuntamiento dotará de agua potable a dichas parcelaciones por motivos de salubridad. ¿A dónde está la Junta cuando reiteradamente se le piden pisos para las familias más empobrecidas de nuestra ciudad? ¿Acaso el Ayuntamiento tiene una doble vara de medir cuando ante el impago de los recibos de Emacsa, debido a la desvertebración familiar y social, corta el agua a decenas de familias en barrios con mayor tasa de exclusión social?
Si tocamos fondo, como podrían ser las medidas a tomar con los sin techo, se aprueban en el mismo día más de 300.000 euros para terminar la caseta antiguamente del Círculo de la Amistad y unos 90.000 para el programa contra la mendicidad, sobre todo ejercida por los rumanos de etnia gitana. En esta misma dirección hemos asistido en estos últimos días a la adjudicación de la empresa que gestionará la Casa de Acogida, Clece de Florentino Pérez , quedándose fuera una asociación solidaria de Córdoba. ¡Qué falta de vergüenza política fomentar este tipo de empresas en vez de facilitar el acceso a asociaciones solidarias o a empresas de inserción sociolaboral! ¿De qué ideología estamos hablando?
No es mala idea ejercer el zoom para aproximarnos desde lo grande a lo chiquito, a lo cotidiano, para darnos cuenta de la falta de ideología política que tienen nuestros gobernantes en materia de lo social. Entramos en una buena época, la electoral, para recordar aquello que dicen y no hacen, para exigir una política acorde con la ideología que dicen defender.

* Profesor de Biología y coordinador del Area de Marginación de la Apdha

sábado, 24 de junio de 2006

EL ABRAZO POLITICO

El pasado miércoles podíamos ver en este mismo periódico a nuestra alcaldesa abrazando a un bebé en la calle Torremolinos. El motivo de la entrañable visita obedecía al comienzo de las obras de urbanización de la calle Torremolinos, última fase del Area de Rehabilitación de San Martín de Porres, inversiones urbanísticas que tanto el Ayuntamiento como la Junta de Andalucía están realizando en la zona.
La alcaldesa, durante su visita a la calle, mantuvo una actitud maternalista advirtiendo a las vecinas allí presentes de que "si no se cuidan las cosas, por más esfuerzos que hagamos desde el Ayuntamiento, no sirven de nada" (Diario CORDOBA, 21/06/2006). Ese tironcito de orejas bien valdría para otras zonas de la ciudad donde se producen continuos desperfectos como por ejemplo la zona centro, desperfectos que se subsanan sin ningún tipo de cuestionamiento.
Tal vez a lo que se refería la señora alcaldesa es a que de poco servirán las inversiones urbanísticas si no van acompañadas de una política social que evitara un verdadero chabolismo vertical, y consiguiera una transformación personal y familiar de las personas empobrecidas y excluidas de este entorno.
Si nuestros responsables políticos actúan en clave electoralista tendrán que alcanzar objetivos a corto plazo; como por ejemplo, la remodelación de una calle. Ahora bien, si lo que se pretende es la transformación social de la zona habrá que invertir a largo tiempo con todos los recursos que sean necesarios y con una calidad técnica y humana que alcancen los objetivos deseados.
El bebé, fotografiado en brazos de la alcaldesa en plena calle Torremolinos, podrá preguntarse dentro de algunos años si el abrazo de la alcaldesa correspondía a un gesto más para seguir manteniéndose en la Alcaldía o, por el contrario, respondía a una inquietud política sincera. De ser lo segundo, ¿seguirá el Ayuntamiento cortando el agua por impago de algún vecino, en vez de tomar otras medidas, lo que podría provocar en el niño abrazado una falta de higiene? ¿Acudirá el Ayuntamiento inmediatamente ante la aparición de una plaga a desinfectar la zona, o el niño abrazado llegará a padecer una enfermedad infecciosa por falta de medidas urgentes? ¿Posibilitará el Ayuntamiento medidas sociolaborales para la inclusión de los padres y familiares del bebé? ¿Obligará a su empresa municipal de vivienda, Vimcorsa, a que determine perfiles adecuados a estas realidades para que el bebé cuando sea mayor pueda irse a vivir a otro barrio si lo desea? ¿Se dejarán de tomar medidas ejemplarizantes con los más pobres, muy dados a ello tanto el delegado de Obras Públicas de la Junta de Andalucía como el teniente de alcalde de Urbanismo, ambos pertenecientes a partidos de izquierdas, y se harán cumplir las normativas de manera ejemplarizante a los más pudientes de la ciudad?
Podríamos recordar una frase muy afortunada de Eduardo Galeano cuando dice: "este sistema no da de amar, condenando a muchos al hambre de abrazos". Esperemos que este abrazo sea sincero y se traduzca en una verdadera apuesta política por una de las zonas más depauperadas de la ciudad, que va mucho más allá de reurbanizar la calle.

* Coordinador del Area de Marginación de la APDH-A

sábado, 17 de diciembre de 2005

CON NOMBRES Y APELLIDOS

Qué sufridas son las cifras. Hace unos días el Instituto Nacional de Estadística nos informaba de que el 31.1% de la población andaluza está bajo el umbral de la pobreza, mientras que la Asociación Pro-derechos Humanos de Andalucía nos acercaba mucho más a la realidad al desvelar que en Andalucía cerca de 300.000 personas viven en la exclusión social. Entre tanto, las administraciones se inhiben o abordan la realidad con nimios programas y una mayoría de ciudadanía acomodada observa tal situación con desprecio e incluso con miedo. ¡Qué situación más injusta y despiadada! ¿Acaso son estas personas las responsables de su realidad?
María es una chica de apenas 20 años, nacida en un barrio muy pobre de un país lejano, madre a edad temprana. Emigró a la Europa rica en busca de una vida digna para su hija y para ella. Su presencia molesta cuando, junto a su amiga Carmen de 21 años, espera al cliente en alguna calle o esquina de la ciudad. Está infectada por el VIH, llegó sin él. ¿Cuántas Marías y Cármenes merodean por nuestras calles?
Mohamed es un chavalito de 13 años nacido en una zona rural del Magreb sin ninguna esperanza de vida. Los pocos dirham que su familia logró reunir fueron para pagar la patera que le condujo hasta esta orilla del dorado Mediterráneo. Se encuentra en un centro de menores y vive con la amenaza continua de ser devuelto a Marruecos.
¿Cuántos chavalitos como él llenan los centros de menores esperando la ansiada oportunidad?
Lola es una anciana de 85 años que vive en una casita vieja y humedecida del casco histórico, apenas tiene fuerzas para cocinar los alimentos que compra con su exigua pensión. Lo que peor lleva es su soledad pues nadie va a echarle una mano. Le tiene miedo a "unos señores", como ella gusta decir, que la incitan continuamente para que venda su casa a un coste risueño bajo el pretexto de que el ayuntamiento la va a expropiar. ¿Cuántos desaprensivos se aprovechan de personas como Lola, anciana, empobrecida y sola?
Antonio y Rosa son una pareja de personas mayores que han padecido los horrores de la droga, dejando en el camino a varios de sus hijos. Desde su más generosa afectividad están criando a tres nietos, a duras penas, en una infravivienda de un barrio de viviendas de promoción pública. ¿Cuántos abuelos y abuelas de los barrios más empobrecidos de nuestras ciudades y pueblos se ven en esta situación?
Rafa es un chico que pasó desde los tres años en centros de menores dado que sus padres se engancharon, como otros muchos, a la droga. Aprendió mucho de los desafectos de la vida: palizas, expulsiones, estigmatizaciones (que si delincuente, ladrón, drogata). ¿Cuántos Rafas cumplen condena en las cárceles andaluzas?
Florín cruzó la vieja Europa desde el Este con su familia, apenas pasan de los veinte años. Crecieron en un ambiente hostil de exclusión social que les enseñó a buscarse la vida como podían, principalmente mendigando. De las ciudades por donde pasa conoce muy bien las miradas despreciativas y los uniformes de la policía local que lo "invitan" continuamente a marcharse. Pertenece a la nueva profesión de los expulsados por pobre.
Pepa es una mujer con cinco hijos y trabaja limpiando todo suelo que se le ponga por delante. Su jornal se lo lleva en parte su pareja en el bar de la esquina, un hombre que siguió el fiel ejemplo de su padre y su abuelo. Con lo que le queda saca adelante a sus hijos. Vive con el miedo de que algún ciudadano de bien o profesional pueda pensar que los niños están desamparados y obre según lo establecido. ¿Cuántas mujeres como ella son víctimas de estas situaciones de injusticia?
Estos son algunos rostros concretos de las personas excluidas en Andalucía. Son los nuevos inquilinos del portal de Belén de principios del siglo XXI, que no encuentran lugar en posada alguna. Mientras tanto, los poderes políticos soñarán en Nochebuena con la segunda o tercera modernización y la ciudadanía del bienestar tocará la pandereta delante de sus figuritas de barro, tan estáticas y entrañables, y se estremecerá momentáneamente ante alguna dramática imagen de televisión.

¡Feliz Navidad! Claro está, por desgracia, no para todos. 

viernes, 28 de octubre de 2005

Cárceles y memoria histórica

Una de las noticias que han marcaban el inicio del curso social y político en Córdoba ha sido el derribo de la vieja cárcel. Cuando las excavadoras se disponían a derribar los primeros muros, un grupo de personas hacían memoria histórica de los presos políticos que el régimen dictatorial de Franco había condenado por su apuesta en la defensa de los derechos humanos. Emotivo y acertado homenaje para recordar a todas las personas que dieron su vida por una sociedad más justa y fraterna
Con la llegada de la democracia las cárceles españolas se quedaron vacías. Sin embargo, nuestro país, apuntado al carro del desarrollo del primer mundo y sorprendido por los trágicos efectos que el tráfico de drogas iba causando, sobre todo, en los sectores más jóvenes y empobrecidos de la sociedad, empezaba a generar bolsas de exclusión social, que volverían a llenar cada vez más las cárceles. La nefasta política penitenciaria, la política penalizadora sobre drogas y la falta de recursos sociales han provocado que después de treinta años hayamos pasado de los 8.000 presos que las cárceles tenían en 1975 a los 60.000 de la actualidad, la mayoría jóvenes empobrecidos y enfermos que padecen la terrible lacra de las toxicomanías.
Aprovechando la necesaria memoria histórica exijamos una pronta solución al mayor fracaso social existente en la más reciente historia de nuestro país. Esta debería ser una de las asignaturas preferentes en la agenda política del señor Zapatero.

viernes, 14 de octubre de 2005

CARCEL DE FATIMA: MEMORIA HISTORICA

Después de unos meses de verano, en los que las noticias sobre las terribles muertes en Irak, los devastadores incendios de Portugal y España, el azote de los huracanes en el Golfo de México..., regresé a Córdoba y me encontré con el derribo de la vieja cárcel.
Era una de las noticias que marcaban el inicio del curso social y político de nuestra ciudad. Cuando las excavadoras se disponían a derribar los primeros muros, un grupo de personas hacían memoria histórica de los presos políticos que el régimen dictatorial de Franco había condenado por su apuesta en la defensa de los derechos humanos.
Emotivo y acertado homenaje para recordar a todas las personas que dieron su vida por una sociedad más justa y fraterna.
Con la llegada de la democracia las cárceles españolas se quedaron vacías.
Sin embargo, nuestro país, apuntado al carro del desarrollo del primer mundo y sorprendido por los trágicos efectos que el tráfico de drogas iba causando, sobre todo, en los sectores más jóvenes y empobrecidos de la sociedad, empezaba a generar bolsas de exclusión social, que volverían a llenar cada vez más las cárceles.
La nefasta política penitenciaria, la política penalizadora sobre drogas y la falta de recursos sociales han provocado que después de treinta años hayamos pasado de los 8.000 presos que las cárceles tenían en 1975 a los 60.000 de la actualidad, la mayoría jóvenes empobrecidos y enfermos que padecen la terrible lacra de las toxicomanías.
Es por ello que aprovechando la necesaria memoria histórica exijamos una pronta solución al mayor fracaso social existente en la más reciente y actual historia de nuestro país.
Esta debería ser una de las asignaturas preferentes en la agenda política del señor Zapatero.