viernes, 29 de diciembre de 2017

LA MEMORIA NOS HACE LIBRES

La aprobación de la ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía pretende traer "verdad, justicia y reparación" ante todas las atrocidades cometidas bajo la dictadura de Franco. Salió adelante el pasado 15 de marzo de 2017 con los votos a favor de PSOE, Podemos e IU, absteniéndose PP y Ciudadanos. Los principales objetivos de la Ley son la reparación de las víctimas del franquismo y la localización de las personas desaparecidas bajo la brutal represión (alrededor de 700 fosas y 48.000 víctimas en Andalucía, según fuentes de la propia Junta). Asimismo, la ley andaluza da un plazo de doce meses para que sean retirados los símbolos franquistas, tanto en espacios públicos como privados de uso público. Hay tres casos en Córdoba que, según la citada Ley, deben desaparecer: el monumento a los caídos, las lápidas de la Mezquita-Catedral y el nomenclátor de calles relacionadas con personajes del franquismo. Entre estas vías destacan las dedicadas a José Cruz Conde, Conde de Vallellano y Antonio Cañero. José Cruz Conde, antes del golpe de Estado del 36, ya había ayudado a los generales Primo de Rivera y Sanjurjo para preparar el golpe de Estado de 1923, siendo recompensado como alcalde de Córdoba y, años más tarde, comisario de la exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Posteriormente tuvo un papel destacado en el apoyo civil a la organización del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 en Córdoba. El Conde de Vallellano fue ministro de Obras Públicas, presidente del Consejo de Estado y procurador de las Cortes franquistas. Antonio Cañero fue oficial del ejército golpista de Franco que encabezó la llamada “Columna Cañero” de caballistas y garrocheros que sembró el terror en los alrededores de Córdoba, referido por diferentes crónicas; además, de estar vinculado a macabros acontecimientos como tirotear con fusiles de montería a los presos de la cárcel de Antequera, como recoge el historiador Francisco Moreno en uno de sus libros “1936. El genocidio franquista en Córdoba”.

La Comisión de Memoria Histórica auspiciada por el Ayuntamiento para velar por el cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica y Democrática de Andalucía acaba de concluir su extraordinario trabajo, al que la ciudadanía debe estar agradecida, evidenciando todos los elementos de la dictadura franquista que aún persisten después de cuarenta años de democracia. El Gobierno municipal debe acatar dicho dictamen sin ningún tipo de titubeo para hacer valer la Ley. Una Ley basada en la verdadera reconciliación, dignificando la memoria de todas aquellas personas que fueron víctimas del franquismo. El historiador Francisco Moreno Gómez  establece que hubo en Córdoba unos 4.000 fusilados durante la guerra y 584 en posguerra. Entre ellos el alcalde Manuel Sánchez Badajoz, fusilado el 8 de agosto de 1936, al que la actual alcaldesa, nada más tomar posesión, quiso homenajearlo depositando un ramo de rosas en su nicho del cementerio de la Salud.

Como ciudadano de un país democrático deseo para mis hijos y los hijos/as de los demás referentes que les aporten valores de igualdad, justicia, solidaridad, fraternidad, paz y concordia; en definitiva, personas que hayan sentido, pensado y expresado su apuesta por los derechos humanos, la carta magna que debe iluminar al mundo, acabando con las tinieblas inhumanas de las dictaduras, la desigualdad social, la discriminación de la mujer, el abandono de niños/as y ancianos/as, el analfabetismo, las guerras y los conflictos, el hambre y la sed, las muertes causadas por enfermedades curables, el racismo, la xenofobia y el maltrato a la naturaleza.

                                                              Córdoba, 20 de diciembre de 2017
                                                                     Miguel Santiago Losada
                                               Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares


martes, 12 de diciembre de 2017

40 AÑOS DE VERDE, BLANCA Y VERDE

Hace unos días una amiga me llamaba para contarme con gran orgullo cómo su hija con poco más de 30 años había dejado con la boca abierta a los participantes en un foro celebrado en Bilbao sobre la recuperación de las ciudades. Al terminar le preguntaron, dado el éxito obtenido, que de dónde era. Irene respondió: - de Andalucía, quedando sus interlocutores con cara de sorpresa. No era la primera vez que le ocurría. Aún hay, y no son pocos, quienes consideran Andalucía como media analfabeta y subsidiaria, cuando está llena de jóvenes talentos que, por desgracia, desarrollan su saber en otros países, fuera de la tierra que les ha visto nacer y les ha educado y formado, obligados a emigrar ante la falta de oportunidades. Este hecho es la consecuencia de un plan programado hace muchos años por la UE, bajo la sumisión de los Gobiernos de España, la llamada “Europa de las dos velocidades”, en la que Andalucía estaba destinada a ser una región europea de servicios, desindustrializada e intervenida agrícolamente para producir según los cánones establecidos por Europa.
Hace 40 años, otros muchos jóvenes andaluces, acompañamos a nuestros mayores en las multitudinarias manifestaciones celebradas el 4 de diciembre de 1977 para que, entre otras reivindicaciones, los jóvenes andaluces de hoy tuvieran las mismas oportunidades que cualquier vasco, inglés, francés o alemán. Dos millones de personas de las ocho capitales y pueblos de Andalucía, Cataluña, Madrid y Euskadi salimos a la calle pacíficamente cuando apenas supimos que Cataluña, Euskadi y Galicia habían conseguido la plena autonomía, dejando postergada a Andalucía. En aquél glorioso día para Andalucía exigíamos nuestro derecho a decidir. Aquel clamor popular tuvo tal alcance que cambio el proceso constituyente, introduciendo el artículo 151 de la Constitución para convertir en nacionalidad lo que estaba proyectado como región. Tan solo dos años después, el 28 de febrero de 1980, ejercimos el derecho a decidir, reconociéndonos una nacionalidad histórica. Ambas fechas son el eje central de nuestro Patrimonio Constitucional Andaluz. Precisamente, 40 años después, este Patrimonio democrático ganado a pulso por su propio pueblo hace de Andalucía sujeto imprescindible para liderar el pacto federal que se avecina en los años venideros.
El próximo 4 de diciembre ondeará en el balcón de mi casa la bandera que mi padre me compró para tan emotivo acontecimiento histórico. Un símbolo cargado de esperanza para resolver los seculares problemas de Andalucía: el empobrecimiento, el paro, la educación, la formación, la reforma agraria. Como Carlos Cano le cantó a nuestra bandera: “-¡Ay, qué bonica/ verla en el aire/ quitando penas/ quitando hambre!/ Verde, banca y verde”. Reivindicaciones que se repetían en las distintas manifestaciones que se estaban celebrando. Aquel día histórico, cayó asesinado el joven malagueño Manuel José García Caparrós cuando la policía disparó contra los manifestantes. Su sangre viva trasmite la fuerza a esas palabras que dijo Irene todo orgullosa en Bilbao: - ¡Soy de Andalucía!
Andalucía tiene una dilatada historia autonómica, que hunde sus raíces en la Junta Suprema de Andalucía (Andújar, 2 de septiembre de 1835). Años más tarde el Sexenio Democrático (1868/1874) nos trajo el Pacto Federal andaluz, celebrado en Córdoba el 10 de junio de 1869. Antes de terminar el siglo XIX se aprobó el anteproyecto de la Constitución andaluza de Antequera de 1883, que proclamaba el Estado andaluz, abierto a integrarse en la deseada República Federal Española, y que sirvió de base al regionalismo andaluz en el Congreso de Ronda de 1918, y en la posterior Asamblea de 1919 en Córdoba, figurando Andalucía como una realidad nacional. Con la llegada de la II República se aprueba en Córdoba (1933) el anteproyecto de Estatuto Autonómico. El 5 de julio de 1936, en la Asamblea de Sevilla, Blas Infante sería elegido Presidente de Honor de la futura Junta Regional de Andalucía, que esperaba someterse a un referéndum en septiembre. El golpe militar del 18 de julio lo impidió, siendo fusilado el padre de la patria andaluza el 11 de agosto de 1936. Este proyecto no se pudo retomar hasta la muerte del dictador.
Resulta pertinente recordar las palabras que Antonio Gala pronunció en la Mezquita de Córdoba (2-04-1978) en su discurso de apertura del  Congreso de Cultura Andaluza: "Quienes quieran lo mejor para su patria, conózcanla antes a fondo: porque es el  conocimiento quien engendra el amor y el amor quien multiplica y perfila el conocimiento". ¡Feliz día grande de Andalucía!
                                                                       Córdoba, 28 de noviembre de 2017
                                                                             Miguel Santiago Losada

                                                                                        Profesor

miércoles, 22 de noviembre de 2017

¡QUÉ NO NOS MATEN LOS SUEÑOS!

El final de agosto, al parecer, nos trae aire fresco. Ya lo necesitábamos después de un verano sofocante de altas temperaturas que nos confirman el cambio climático, a pesar de que Donald Trump y sus secuaces hagan caso omiso a la segunda gran tragedia mundial. La primera es, sin duda, la muerte diaria de miles de personas a consecuencia del hambre, la sed, las enfermedades, las guerras y los atentados terroristas. En definitiva, las dos grandes tragedias son las dos caras de una misma moneda.

En nuestro país seguimos conmocionados por el atentado terrorista de Barcelona, tremenda tragedia que nos salpica en nuestra propia piel. Todos nos hemos sentido Barcelona. Hemos visto y sentido como lo humano triunfa sobre ideologías e intereses que dividen, ponen muros y marcan fronteras entre la única especie humana que subsiste en nuestro planeta. A miles de kilómetros todos los días decenas e incluso centenares de seres humanos mueren a causa de la ideología fascista que mata, inspirada en una falsa interpretación de la religión, en un interés político o como consecuencia de una economía neoliberal que está provocando que cada día aumente la brecha entre los cada vez más ricos y los cada vez más empobrecidos por ese injusto e inhumano reparto de la riqueza.

¿Existe algún remedio, alguna medicina ante este mal que parece incurable? Sí, la carta magna de la declaración universal de los derechos humanos. Mientras no se cumpla, mientras todos los países no la respeten, el mundo está abocado a una enfermedad terminal. Nuestro propio planeta hará todo lo posible por extirpar ese tumor maligno que lo devora. La pena es que ese tumor maligno posee el más desarrollado sistema nervioso jamás imaginado en el proceso evolutivo de la vida.

El gran problema es que los derechos humanos no son asumidos, ni respetados por las religiones, comenzando por las monoteístas. Los derechos humanos son violados continuamente por los gobiernos de los diferentes países. Desde los llamados países democráticos, que permiten leyes inhumanas con sus propios conciudadanos y con las personas venidas de otros lugares, hasta los países del llamado tercer mundo, en los que se muestra el rostro sin ningún tipo de disimulo: discriminación de la mujer, centenares de penas de muerte, rechazo y castigo por orientación sexual, millones de indigentes sin ningún tipo de recursos…

John Lennon, un gran defensor de los derechos humanos a través de sus composiciones musicales, llegó a escribir y cantar: “Imagina que no existe el reino de los cielos, sin infiernos debajo nuestra (…). Imagina a toda la gente viviendo el día de hoy. Imagina que no existen países, nada porque matar y tampoco religión, viviendo la vida en paz. Imagina no tener riquezas solo la hermandad del hombre compartiendo con todo el mundo (…). Puedes decir  que soy un soñador pero no soy el único. Espero que un día te unas a nosotros y el mundo vivirá unido”.

Desgraciadamente lo asesinaron, al igual que a Gandhi, Luther King, Oscar Romero… Mientras sigan matándonos los sueños la pesadilla no cesará.
                                                                       

                                                                          Miguel Santiago Losada

                                                                                     Profesor

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL QUE LO HACE LA PAGA

A raíz de los sucesos de Cataluña algunos dirigentes destacados del Partido Popular utilizan esta frase para condenar sin ningún titubeo al Gobern de Catalunya. Me llama poderosamente la atención este enunciado criminalizador pronunciado por políticos que manifiestamente se declaran creyentes, viéndolos en ceremonias religiosas, en todo tipo de procesiones, confesándose y comulgando. No entiendo como estas personas después de haber asistido a tantas misas y haber recibido tantas bendiciones eclesiales puedan pronunciar semejante afirmación. Se supone que tanto los que bendicen como los bendecidos son seguidores de uno de los maestros orientales más respetados de la humanidad, Jesús de Nazaret. Precisamente, el Papa Francisco en una homilía del 23 de febrero de 2014 nos decía: “Jesús explica la nueva Ley contrapuesta a la venganza: Han oído que se les dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pues yo les digo: ...si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra (Lucas 6,27-36). No sólo no se ha devolver al otro el mal que nos ha hecho, sino que debemos de esforzarnos por hacer el bien con largueza”.
Siguiendo con el Evangelio a estos señores habría que preguntarles “¿cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42). Por eso dudo que este Estado, que se dice aconfesional aunque sus poderes son abiertamente confesionales (monarquía, ejército, gobierno, tribunales…), pueda solucionar un conflicto de esta envergadura cuando no tienen la autoridad suficiente en sus hechos. Un Estado que tiene sus cárceles llenas de personas procedentes, más del 80% de los casos, de los barrios con mayor exclusión social y de la lacra de las toxicomanías, mientras la mayoría de los corruptos de este país disfrutan en la calle de su lujosa vida a costa de los demás. Un Estado que incumple la normativa de la Unión Europea y de la ONU con las devoluciones en caliente. Un Estado denunciado por la ONU por la falta de medidas adoptadas (“España hace poco y, en ocasiones, mal”) frente a las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista por la búsqueda de la verdad y la justicia sobre estos hechos, y por la reparación a las víctimas. España es el segundo país del mundo en número de desaparecidos (140.000 personas) cuyos restos no han sido recuperados ni identificados, tras Camboya. Un Estado cuyo Gobierno tiene tres ministros reprobados por el Congreso. Un Estado cuyo Fiscal General también está reprobado por su actuación ante algunos de los casos de corrupción que afectan al PP. Un Estado cuyas férreas leyes de extranjería comparte la responsabilidad de las muertes de centenares de inmigrantes en sus aguas jurisdiccionales. Podríamos seguir con esta lista indigna de un Estado calificado democrático.
Dudo que este Estado sea capaz de solucionar adecuadamente un problema que requiere de mucha madurez democrática y evitar medidas que profundicen aún más en la herida abierta. Unas medidas que llevan al éxtasis a la extrema derecha, “los del todo atado y bien atado”, deprimiendo a una mayoría de ciudadanos que desearían unas actuaciones políticas encaminadas a posibilitar una mejor convivencia entre todas las personas que habitamos en este país. Podrán imponer su voluntad pero así no solucionarán el problema. En estos momentos sería conveniente recordar las letras de la canción de la cantautora Cecilia, recién muerto el dictador: “Mi querida España (…)  ¿Dónde están tus ojos? ¿Dónde están tus manos? ¿Dónde tu cabeza?”
                                                 Córdoba, 4 de noviembre de 2017
                                                         Miguel Santiago Losada
                        Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía


jueves, 26 de octubre de 2017

VERDAD Y DIÁLOGO

Señor Felipe VI, señor Mariano Rajoy, señor Pedro Sánchez, señor Puigdemont, desde mi sencilla condición de ciudadano del Estado español, andaluz y profesor no estoy de acuerdo con las decisiones que están  tomando como máximos responsables políticos, a raíz de la difícil situación que está viviendo el pueblo de Cataluña, y por ende, todo el pueblo de España.

Nunca podría imaginar que en pleno siglo XXI, y después de 40 años de democracia, el Gobierno de España, respaldado por el principal Partido de la oposición y con la venia de la Casa Real, llegase a poder aplicar unas medidas que suspendiesen las Instituciones catalanas, una de las nacionalidades más importantes del Estado por su población, economía y cultura. Por otra parte, me pregunto qué intereses hay detrás de la suicida deriva independentista  liderada por las oligarquías catalanas, en una Europa de los pueblos donde sobran fronteras, con una sociedad catalana profundamente dividida y mayoritariamente dolida ante el tratamiento recibido por el Gobierno de España.

Ante esta situación  la Casa Real no está cumpliendo con el papel de neutralidad que le otorga la Constitución. Las últimas intervenciones de Felipe VI así lo revelan. Por otra parte,  no hay de qué extrañarse, en nuestra historia el federalismo siempre ha ido de la mano del republicanismo, lo que hace inviable el mantenimiento de un Rey como Jefe de Estado, ya que el concepto de Reinado va unido indivisiblemente al concepto de Nación, y justo ahí es donde radica el principal problema: Rey-Nación-Confesión dominante, incompatible con un Estado plurinacional. El mantenimiento de la monarquía es un lastre para la madurez de nuestra democracia, que debe de ir dando pasos hacia un Estado Social, Federal y Democrático de Derecho, donde su primer representante sea elegido por sufragio universal.

Ante esta situación el señor Rajoy, con su imposición ideológica heredada de la España única y gran nación, hace inviable el diálogo y los avances para un Estado más democrático. Un buen estadista posee una mirada excepcionalmente lúcida a largo plazo, es muy consciente de la época en la que vive y no está atrapado por los intereses partidistas, intereses que iniciaron este gravísimo problema cuando el PP recurrió al Constitucional el Estatuto catalán en 2007. Está utilizando esta situación para echar cortinas de humo a la dura realidad de empobrecimiento social que vivimos y para tapar a uno de los partidos con mayor corrupción de los que gobiernan en Europa. Y, lo que es aún más triste, está haciendo cálculos electorales, quiere obtener rédito que palie la factura de la corrupción.

Ante esta situación el señor Sánchez del que esperábamos que, después del fallido “golpe de estado” que le dio el sector más rancio de su partido, diese la talla, vuelve al redil, y su grito de “no es no” se torna en un sí sin condiciones. De nuevo, la vieja guardia de su partido, y del poder establecido que con nitidez denunciaba,  le ha podido a los frescos votos de sus militantes.

Ante esta situación el señor Puigdemont debería de dar un paso atrás, reconocer la estrategia suicida y frustrante a la que ha llevado a la población catalana, estrategia coincidente con la de la oligarquía española, pero con menos poder, ya que han querido tapar la corrupción de su partido y sacar réditos del independentismo, fagocitando a ciertos sectores de la izquierda catalana que enterraron la bandera de la justicia social en una estelada.

Y por último, ante esta situación una gran mayoría de la población española y catalana se levanta sin trabajo, sin vivienda, se indigna ante tanta corrupción, no entiende que las cárceles estén llenas de pobres y desgraciados mientras que los grandes delincuentes disfrutan en retiros de lujo. Mientras se habla de aplicar el 155 no se habla por ejemplo del 47 (derecho a una vivienda digna), ni del 35 (derecho al trabajo y a una remuneración suficiente).

Dialoguen, no nos desvíen la mirada, y escuchen a su pueblo.


                                                                                  Córdoba, 23 de octubre de 2017
                                                                                      Miguel Santiago Losada
                                                                                                     Profesor


jueves, 5 de octubre de 2017

Una nueva hoja de ruta

El Estado español padece una serie de graves problemas que obligan a la búsqueda urgente de soluciones sociales y políticas. El empobrecimiento de la población, la corrupción, la territorialidad, los privilegios de la Iglesia católica y la Jefatura del Estado empujan a una gran reforma de la Constitución de 1978.
El principal problema de este país es el que sufren millones de personas debido al empobrecimiento social que conduce, en muchos casos, a la exclusión. Esta grave realidad choca frontalmente con la primera cualidad que define a nuestro Estado: un Estado Social. Un Estado Social está obligado a que los derechos humanos sean el eje transversal y vertebrador del mismo, cuyo primer objetivo debería consistir en conseguir una distribución de la renta, entre todos los habitantes del Estado, lo más equitativa posible y deseable. Cuando el Estado no cumple con su primera cualidad, la social, es un Estado fraudulento para su ciudadanía, un Estado carente de salud democrática al no lograr una distribución de la renta justa, según marca el art. 40 de la Constitución. Esta situación condena a una de cada cinco personas a la pobreza o a la exclusión social, hace que seamos uno de los países europeos con mayor pobreza infantil, miles de ciudadanos se han visto desahuciados, no ha permitido la integración de miles de inmigrantes o refugiados, mantiene pensiones miserables (sobre todo las que perciben las mujeres), ha provocado que la pobreza energética complique aún más la vida a millones de personas. Estos datos son la consecuencia de un Estado, encabezado por el Gobierno, que en lugar de trabajar por mejorar la calidad de vida de su ciudadanía, ha invertido 60.000 millones de euros en la banca privada, ha sido cómplice de la corrupción despilfarrando millones de euros, y al mismo tiempo, ha realizado, sin ningún tipo de pudor, enormes recortes sociales. Todo ello nos conduce a una sociedad dual entre los que viven y malviven. Me temo que el Gobierno de España está haciendo todo lo posible por echar cortinas de humo para a fin de propiciar que el principal problema de este país quede difuminado con otros acontecimientos que le puedan generar más réditos en las urnas, como por ejemplo, la territorialidad.
La territorialidad es sin duda otro problema importante del Estado. El artículo 1º de la Constitución Española de 1978 dice: España se constituye en un Estado Social y Democrático de Derecho. No dice Nación, dice Estado. Un Estado Democrático es un sujeto jurídico-político basado en la soberanía del pueblo que lo constituye y no a la inversa. Una Nación se puede definir como: «una comunidad humana con nombre propio, asociada a un territorio nacional, que posee mitos comunes de antepasados, que comparte una memoria histórica, uno o más elementos de una cultura compartida y un cierto grado de solidaridad» (Anthony D. Smith, sociólogo de la London School of Economics). En vez de articular vínculos afectivos que logren una acomodación de las diferentes realidades del Estado se ha inducido a todo lo contrario: al desafecto, al agravio y a la radicalización. ¿Cuándo vamos a comprender que este Estado es diverso y plurinacional? Nuestro Estado tiene al menos cuatro nacionalidades históricas reconocidas en sus propios estatutos autonómicos: Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía. Urge, junto al desarrollo del Estado Social, la implantación del Estado Federal.
Por último, la Corona y la Religión mayoritaria tienen que dar un paso atrás. La Corona, una realidad trasnochada en la Europa del siglo XXI, abriendo la puerta a que el Jefe del Estado sea elegido por sufragio universal. La Religión, perdiendo todos sus privilegios en la nueva Constitución, lo que no significa la falta de reconocimiento a sus prácticas y tradiciones. El Art. 16.3 de la actual Constitución lo deja claro: Ninguna confesión tendrá carácter estatal.
De esta manera será posible despejar el camino hacia la convivencia entre toda la ciudadanía, profesemos o no una religión, sigamos diferentes ideologías, seamos catalanes o andaluces, hombres o mujeres, desarrollemos nuestra sexualidad atendiendo a nuestra orientación sexual, no sintiéndonos superiores a otras etnias o culturas. Y, sobre todo, con una economía doméstica que nos haga vivir a todos/as con dignidad. Los ciudadanos/as del Estado español hemos sabido salir de situaciones más complicados que las actuales. ¿Por qué no vamos a ser capaces de jubilar a la Constitución agotada de 1978 e ilusionarnos con una nueva que nos haga más Estado Social y Democrático de Derecho?
* Profesor


martes, 3 de octubre de 2017

SEÑOR JUEZ, USTED TIENE LA DECISIÓN

Un adolescente comenzó su peregrinar por el desierto hace una década. Las violaciones constantes a los derechos humanos, que viven las personas de su país africano, le empujaron a tomar la decisión más importante de su vida: abandonar su familia, sus amigos, su tierra… Lo que más se quiere en este mundo.

Después de muchas vicisitudes, algunas pusieron su vida en riesgo, consiguió entrar en Andalucía sin documentación. Ruló por diferentes lugares de España hasta que recaló en Córdoba, ingresando en un centro de protección de menores. Una prueba ósea, con escasa fiabilidad biológica, determinó que era mayor de edad, lo que le obligó a abandonar apresuradamente el centro antes de que la policía lo detuviese y expulsara.

Después de unos meses en un albergue de transeúntes, fue acogido en la casa de una Asociación que lucha por los derechos de los inmigrantes. El chico después de un tiempo y con la ayuda solidaria de los miembros de la Asociación logró sus papeles, permisos de residencia y trabajo. Antes llegó a desempeñar la tarea de responsable de la casa por sus habilidades personales y sociales y consiguió el título de la ESO y de un ciclo formativo de grado medio. Se hizo respetar por parte de los compañeros de la casa y ganarse el cariño por las personas de la Asociación, a la que considera su familia andaluza.

Llegó a independizarse, consiguió trabajo, alquiló su propia vivienda y llegó a enamorarse de una chica cordobesa. El verano pasado logró su máximo sueño, volver a su país para visitar a su familia y amigos. De vuelta nos contó el momento tan esperado de encontrarse con su madre, traducido en un abrazo fundido de amor y lágrimas de tanta emoción.

Regresó feliz y volvió a comenzar a trabajar. Cuando todo le iba bien, después de tanta esfuerzo, se topó con algo inesperado al renovar su documentación. La Subdelegación del Gobierno le denegó la renovación por no haber trabajado el tiempo suficiente, lo que suponía la orden de expulsión. Él no era consciente de que la última empresa lo contrató por dos horas a la semana cuando estuvo trabajando más de ocho horas al día durante meses.

La situación está en manos de un juez. Me pregunto: ¿quién ganará en un Estado social y democrático de derecho? ¿El chaval que ha luchado por dignificar su vida o una Administración miope que en vez de dictaminar una orden de expulsión no sanciona a la empresa que lo ha explotado laboralmente? Señor juez, usted tiene la decisión, la última palabra.

                                                                  Córdoba, 5 de julio de 2017
                                                                       Miguel Santiago Losada

                                                                                  Profesor

domingo, 24 de septiembre de 2017

HE TENIDO UN SUEÑO

Con todo mi cariño a las mujeres que estáis preparando la marcha de mujeres por la paz

Gandhi no fue mártir por defender un templo hindú, sino por defender a la humanidad.
El 30 de enero de 1948, cuando Gandhi se dirigía a una reunión para rezar, fue asesinado en  Nueva Delhi, a los 78 años de edad por Nathuram Godse, un radical hinduista relacionado con grupos ultraderechistas de la India. Dios estuvo en sus últimas palabras antes de morir al exclamar: “¡Hey, Rama!” (Oh Señor). Murió como vivió, acompañado de su ideal: la búsqueda de la paz.

Martin Luther King no fue asesinado en Memphis,  el 4 de abril de 1968, por defender una iglesia bautista, sino por ponerse al frente del movimiento por los derechos civiles para los afroestadounidenses, además de participar como activista en numerosas protestas contra la Guerra de Vietnam y la pobreza en general. Fue asesinado por un segregacionista blanco. Sus últimas palabras fueron dirigidas al músico Ben Branch: “Ben, prepárate para tocar «Señor, toma mi mano» en la reunión de esta noche. Tócala de la manera más hermosa”.

Isaac Rabin no fue víctima de un atentado por defender una sinagoga. Fue un antiguo guerrero que murió cantando salmos de fraternidad. Comprendió que los mártires de la paz irradian mil veces más luz que los vencedores de la guerra. Al culminar una asamblea y después de cantar «La canción de la paz»  le esperaba Yigal Amir, quien le disparó por la espalda. El asesino pertenecía a una secta fanática, denominada Organización Judía Vengadora.

Monseñor Oscar Romero no cayó mártir por defender una catedral, lo mataron unas balas militares en el Salvador el 24 de marzo de 1980 por defender los derechos humanos de su pueblo. Un día antes de su muerte, Romero hizo desde la catedral un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño, en su homilía llegó a pronunciar: En nombre de Dios (…) les suplico, les ruego, les ordeno ¡Cese la represión!”.

En Córdoba, en pleno siglo XXI, el obispo ha dicho que hay que “llegar hasta el martirio” para mantener el culto en la Catedral. Posiblemente afirmaciones como ésta le hagan pensar al papa Francisco viajar a España.

Volviendo a los que no murieron por templos de piedra sino por haber creído y trabajado por una nueva humanidad, se me antoja un sueño. Qué luz sería para el mundo una plegaria en la Mezquita-Catedral abarrotada de gentes de diversas procedencias e ideologías sintiendo las hermosas palabras del poeta y filósofo andalusí Ibn Arabi, siglo XII, a través de su poema titulado “Mi religión es el amor”: Hubo un tiempo, en el que rechazaba a mi prójimo si su fe no era la mía. Ahora mi corazón es capaz de adoptar todas las formas: es un prado para las gacelas y un claustro para los monjes cristianos, templo para los ídolos y la Kaaba para los peregrinos, es recipiente para las tablas de la Torá y los versos del Corán (…).


                                                                       Córdoba, 19 de mayo de 2017
                                                                           Miguel Santiago Losada
                                                 Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares


lunes, 18 de septiembre de 2017

LAS COFRADÍAS, ¿DEL PUEBLO O DEL OBISPO?

Mi buen amigo, el antropólogo Isidoro Moreno, nos recordaba lo que escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en la primavera de 1935: “los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado”; y añadía que “sin las hermandades no habría Semana Santa, por más que se empeñase en ello la Iglesia o los Gobiernos (…). La Semana Santa no es obra ni de los curas ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organización netamente popular y de origen gremial que ha estado siempre en pugna con los poderes establecidos”.

Durante siglos las cofradías fueron organizaciones críticas y opuestas a cualquier poder que pretendiese manipularlas, ya fuese  clerical o civil. Por este motivo, las cofradías han sido vistas muy a menudo con recelo por parte de la jerarquía católica y de muchos clérigos a lo largo de la historia. A ello responde el anhelo de muchas de las cofradías de disponer de capilla y sede social propias.

Esto viene a colación de cómo se ha venido desarrollando la imposición de la nueva Carrera Oficial de la Semana Santa de Córdoba por parte del obispo en tan solo dos años. Primero, con  la carrera oficiosa del pasado año, y posteriormente, con la oficial del presente. No ha habido consenso para nada ni para nadie, imponiéndose su voluntad; ni para abrir la llamada segunda puerta de la Mezquita, ni para los vecinos, ni para comerciantes y hoteleros, ni para muchos cofrades que no ven con buenos ojos este baculazo episcopal. Pero sobre todo para miles de penitentes que no han podido acompañar a sus titulares en todo el recorrido de la Semana Santa al prohibírsele el acceso al interior del de la Mezquita-Catedral. Mujeres y hombres de nuestros barrios no ha podido realizar con sus imágenes devocionales el recorrido por la Carrera Oficial como venía siendo costumbre, sólo pudieron hacerlo los nazarenos que pagaron su papeleta de sitio. No menos grave es el carácter privado en el que se ha visto envuelto nuestro principal Monumento y todos sus alrededores, del que solo han podido disfrutar los que han pagado palcos o sillas. Todo un disparate para un espacio público y, más aún, si éste es Patrimonio de la Humanidad.

Podríamos hablar de una verdadera apropiación de nuestra  Semana Santa, debido  a la aceptación del monopolio del poder eclesiástico sobre todo lo demás.  Tal imposición se ha hecho de tal manera que muchos cofrades han interiorizado y aceptado, sin la más mínima crítica, tal disposición que pretende controlar la Semana Santa como si fuese  algo propio de la jerarquía eclesiástica, con la colaboración subalterna de las instituciones públicas.  

Tal vez sea el momento de que las cofradías reivindiquen su idiosincrasia pluridimensional, enraizada en la cultura andaluza, a través del ámbito de la religiosidad popular, que desborda lo estrictamente eclesial. Las cofradías no pueden convertirse en el empeño de ser sólo “instrumentos pastorales” sumisos a los intereses del jerarca de turno. Es un hecho constatable cómo, a pesar del crecimiento numérico y del nivel estético de las cofradías, han visto reducida su capacidad de decisión. Como consecuencia, la Semana Santa corre el riesgo de convertirse en una fiesta unidimensional, exclusiva y mercantilista, asumida sólo por una parte de la ciudadanía. Esta situación por la que atraviesa la Semana Santa debería hacernos pensar y lo que se está convirtiendo en discordia reconducirlo en oportunidad de encuentro. Ello  implicaría ver la Semana Santa como una de las grandes conmemoraciones de la ciudad, al margen de nuestras creencias o convicciones.

                                                                   Córdoba, 16 de abril de 2017
Miguel Santiago Losada

                                               Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

lunes, 24 de abril de 2017

LAS COFRADÍAS, ¿DEL PUEBLO O DEL OBISPO?

Mi buen amigo, el antropólogo Isidoro Moreno, nos recordaba lo que escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en la primavera de 1935: “los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado”; y añadía que “sin las hermandades no habría Semana Santa, por más que se empeñase en ello la Iglesia o los Gobiernos (…). La Semana Santa no es obra ni de los curas ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organización netamente popular y de origen gremial que ha estado siempre en pugna con los poderes establecidos”.

Durante siglos las cofradías fueron organizaciones críticas y opuestas a cualquier poder que pretendiese manipularlas, ya fuese  clerical o civil. Por este motivo, las cofradías han sido vistas muy a menudo con recelo por parte de la jerarquía católica y de muchos clérigos a lo largo de la historia. A ello responde el anhelo de muchas de las cofradías de disponer de capilla y sede social propias.
Esto viene a colación de cómo se ha venido desarrollando la imposición de la nueva Carrera Oficial de la Semana Santa de Córdoba por parte del obispo en tan solo dos años. Primero, con  la carrera oficiosa del pasado año, y posteriormente, con la oficial del presente. No ha habido consenso para nada ni para nadie, imponiéndose su voluntad; ni para abrir la llamada segunda puerta de la Mezquita, ni para los vecinos, ni para comerciantes y hoteleros, ni para muchos cofrades que no ven con buenos ojos este baculazo episcopal. Pero sobre todo para miles de penitentes que no han podido acompañar a sus titulares en todo el recorrido de la Semana Santa al prohibírsele el acceso al interior del de la Mezquita-Catedral. Mujeres y hombres de nuestros barrios no ha podido realizar con sus imágenes devocionales el recorrido por la Carrera Oficial como venía siendo costumbre, sólo pudieron hacerlo los nazarenos que pagaron su papeleta de sitio. No menos grave es el carácter privado en el que se ha visto envuelto nuestro principal Monumento y todos sus alrededores, del que solo han podido disfrutar los que han pagado palcos o sillas. Todo un disparate para un espacio público y, más aún, si éste es Patrimonio de la Humanidad.

Podríamos hablar de una verdadera apropiación de nuestra  Semana Santa, debido  a la aceptación del monopolio del poder eclesiástico sobre todo lo demás.  Tal imposición se ha hecho de tal manera que muchos cofrades han interiorizado y aceptado, sin la más mínima crítica, tal disposición que pretende controlar la Semana Santa como si fuese  algo propio de la jerarquía eclesiástica, con la colaboración subalterna de las instituciones públicas.  

Tal vez sea el momento de que las cofradías reivindiquen su idiosincrasia pluridimensional, enraizada en la cultura andaluza, a través del ámbito de la religiosidad popular, que desborda lo estrictamente eclesial. Las cofradías no pueden convertirse en el empeño de ser sólo “instrumentos pastorales” sumisos a los intereses del jerarca de turno. Es un hecho constatable cómo, a pesar del crecimiento numérico y del nivel estético de las cofradías, han visto reducida su capacidad de decisión. Como consecuencia, la Semana Santa corre el riesgo de convertirse en una fiesta unidimensional, exclusiva y mercantilista, asumida sólo por una parte de la ciudadanía. Esta situación por la que atraviesa la Semana Santa debería hacernos pensar y lo que se está convirtiendo en discordia reconducirlo en oportunidad de encuentro. Ello  implicaría ver la Semana Santa como una de las grandes conmemoraciones de la ciudad, al margen de nuestras creencias o convicciones.

                                                                   Córdoba, 16 de abril de 2017
Miguel Santiago Losada

                                               Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

miércoles, 1 de marzo de 2017

ANDALUCÍA, MUCHO QUE DECIR Y HACER


El Informe FOESSA de 2016 ofrece una serie de datos que  son todo un aldabonazo a la conciencia colectiva andaluza. A modo de ejemplo, es revelador detenerse en los siguientes: la renta disponible en Andalucía entre 2009 y 2015 supuso una bajada del 21.3%, ocupando el último lugar en el ranking de las comunidades del Estado; el porcentaje de personas en riesgo de pobreza ha pasado  del 28.8% en 2009 al 35.7% en 2015, bajando también nuestra posición al último lugar. Asimismo, la tasa que mide el número de familias con todos sus activos en paro subió  un 12.7% en 2016. Para no aburrir con un exceso de cifras que pueden consultarse en el citado informe, podemos concluir afirmando que en los indicadores de desempleo, desigualdad y exclusión, somos la comunidad que más veces ocupa el fatídico primer puesto.

Este desolador panorama tiene dos responsables directos, en primer lugar el Gobierno de España (PP), seguido de la Junta de Andalucía (PSOE). Junto a esta penosa situación económica y social, el buque insignia de la Junta de Andalucía, el SAS, se está viendo afectado, volviendo las mareas blancas a salir a la calle. Sobre el segundo pilar social, la educación, los últimos resultados de la prueba PISA colocan a Andalucía en el último lugar de España en ciencias, y en el penúltimo en lectura y matemáticas.

No quiero caer en el análisis fácil de que en Andalucía no se ha avanzado, sería no aceptar la realidad. Sin embargo, no al ritmo cualitativo de la mayoría de las comunidades. La desigualdad con respecto al resto sigue aumentando, y ello significa que nacer hoy en día en nuestra tierra es contar con muchas menos oportunidades. Esta situación tiene sus causas, en primer lugar, en dos hechos históricos que no podemos obviar: el sometimiento del reparto de tierras realizado por los reyes de Castilla en la baja Edad Media, que fue el origen del latifundismo. Supuso poner nuestra tierra en manos de una oligarquía conformada por nobles y jerarquía católica y ello ha provocado a lo largo de los siglos un empobrecimiento de la población. Por su parte, el golpe de Estado de 1936 provocó una terrible Guerra Civil y la pérdida de modernidad para el país, más acentuado significativamente en el sur peninsular.

Sin embargo, la autonomía devolvió la esperanza a Andalucía. El 4 de Diciembre en la calle y el 28 de Febrero en las urnas nos trajo el derecho a decidir por el 151 de la Constitución, reconociéndonos como una nacionalidad histórica, que conduce a Andalucía a ser considerada no como una comunidad más, sino como uno de los ejes donde debería pivotar el futuro escenario político y federal del país. Andalucía hoy podría liderar un federalismo garante de la igualdad entre los andaluces y de éstos con el resto del Estado, basado principalmente en los pilares básicos de la sanidad y la educación, con una hacienda propia en la que el IVA recaudado por nuestras actividades económicas recayese en políticas sociales fundamentalmente. Cabría preguntarse por qué el PIB bruto de Andalucía es un 25% menor que el de Madrid, cuando la población es de dos millones más de habitantes. La respuesta tiene que ver con que el IVA producido por nuestra agricultura, por los puertos andaluces, principalmente el de Algeciras, por el turismo, etc. va en gran parte a las arcas de la capital de España.

El Gobierno de la Junta de Andalucía, en lugar de favorecer los intereses de nuestra tierra y nuestro pueblo, ha optado por una política centralista, dejando a Andalucía como un instrumento subalterno de sus propios intereses. No cambiaremos de posición mientras la Presidencia de la Junta siga teniendo como mentores a Felipe González, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, los mismos que cambiaron el proyecto de la ley de Reforma Agraria Andaluza, propuesta por Rafael Escudero en 1983, por homenajes a la Duquesa de Alba. Habría que volver la mirada a aquellos 4 de diciembre y 28 de febrero para cargarnos de fuerza y esperanza y reclamar una política basada en la justicia social y en nuestro reconocimiento como nacionalidad o nación histórica, emulando a Blas Infante, que tras recorrer toda Andalucía, comprobó la dura realidad en la que vivían sus gentes. Tomen buena nota tanto los antiguos como los nuevos partidos políticos: Andalucía no puede estar gobernada desde los intereses centralistas. Andalucía necesita una fuerza política y social capaz de creer en ella misma para sacarla del grave empobrecimiento que padece y para exigir el lugar que le corresponde por su historia, identidad y población.
                                                                       Córdoba, 24 de febrero de 2017
                                                                            Miguel Santiago Losada
                                                                                        Profesor