miércoles, 14 de septiembre de 2016

UN OBISPO TRIDENTINO



Imagínense por un momento que el imán de una mezquita o el rabino de una sinagoga de algún  lugar de nuestro país dijera que la igualdad de género “es una bomba atómica que quiere destruir la doctrina que profesan  y la imagen de Dios en el hombre y la imagen de Dios Creador” ¿Qué pensaríamos? ¿Qué medidas inmediatas se tomarían? Diríamos que son unos peligrosos machistas que atentan contra los principios de un Estado democrático y aconfesional, y, muy posiblemente, la fiscalía abriría diligencias contra la postura del imán o del rabino sin la necesidad de ninguna denuncia ciudadana y aplaudida por todo el mundo. Sin embargo, no ha sido ningún imán ni ningún rabino, ha sido el Obispo de Córdoba que ha vuelto a poner a nuestra ciudad en el candelero de la intransigencia, muy lejos de ese título de interculturalidad y ciudad de encuentrosque queremos para ella.

No es la primera vez que este mandatario eclesiástico manifiesta su ideología más integrista a través de declaraciones polémicas que le hacen un daño enorme a muchos cristianos/as que trabajan por un mundo fraterno, justo e igualitario. A finales del año pasado afirmó en una carta pastoral que la mujer debe "dar calor al hogar, acogida y ternura" y que el varón “representa la autoridad”, además de considerar un “aquelarre químico” la fecundación in vitro. En otra ocasión, en alusión a las reformas planteadas dentro de la Iglesia por el Papa Francisco sobre el divorcio y la nulidad matrimonial, aseguró que  “nadie puede deshacer (ni siquiera el Papa) lo que Dios ha unido por voluntad de los esposos en el sacramento del matrimonio”.

Es una persona que no ha dejado de generar conflictos desde que llegó a Córdoba. Ya lo hizo nada más llegar quitándole el nombre a la Mezquita de toda la cartelería y tergiversando su verdadera historia.  Su ideología anda muy alejada del Vaticano II, y no digamos del evangelio, en el que las palabras inmatricular, condenar, marginar, intolerar, señalar, castigar, imponer, excluir… no tienen cabida. Una Iglesia que tiene excesos de condenas y defectos de perdón no es la iglesia de Jesús. Un Jesús de Nazaret que no quiere templos de piedra, nunca hubiese inmatriculado nada; quiere templos humanos donde habite la gracia del Espíritu y eso no se puede inmatricular. Jesús no está en la Catedral, ni en las pompas y grandes espectáculos para beneficio y honor de la propia institución, tampoco está en el palacio episcopal, ni en los hábitos. Está en el corazón del que vive las bienaventuranzas sea ateo o no, profese una religión u otra.

Por otra parte, no está de más recordarle a este señor el artículo 13 del decreto Christus Dominus del Concilio Vaticano II que trata sobre el ministerio pastoral de los obispos y transcribo: “Siendo propio de la Iglesia el establecer diálogo con la sociedad humana dentro de la que vive, los Obispos tienen, ante todo, el deber de llegar a los hombres, buscar y promover el diálogo con ellos. Diálogos de salvación, que, como siempre hace la verdad, han de llevarse a cabo con caridad, compresión y amor; conviene que se distingan siempre por la claridad de su conversación, al mismo tiempo que por la humildad y la delicadeza, llenos siempre de prudencia y de confianza, puesto que han surgido para favorecer la amistad y acercar las almas”. Como podemos apreciar sus actitudes como pastor están muy alejadas del espíritu vaticanista, por lo que tampoco le vendría mal recordarle el artículo 21 del mismo decreto que trata sobre la renuncia al ministerio episcopal: “Siendo de tanta trascendencia y responsabilidad el ministerio pastoral de los Obispos, los Obispos diocesanos y los que en derecho se les equiparan, si por la edad avanzada o por otra causa grave se hacen menos aptos para el cumplimiento de su cargo, se les ruega encarecidamente que ellos espontáneamente o invitados por la autoridad competente presenten la renuncia de su cargo”.

Ya es un paso que los partidos con mayor representatividad en el Ayuntamiento de Córdoba, PP, PSOE, IU y Ganemos, hayan condenado unánimemente las últimas declaraciones de este obispo, sin embargo deberían tomar medidas más contundentes.

Córdoba, 5 de septiembre de 2016
                            Miguel Santiago Losada
        En nombre de las Comunidades Cristianas Populares de Andalucía