martes, 14 de junio de 2016

CÓRDOBA, SEIS DIPUTADOS

La primera reflexión que deberían tener en cuenta los/as futuros seis diputados/as por Córdoba es el número de representantes de nuestra provincia en el Congreso de los Diputados. De siete pasamos a seis en las elecciones generales del 2008, a consecuencia del estancamiento poblacional y al envejecimiento de la población.  Asimismo, esta pérdida de habitantes se ha visto incrementada por la crisis sufrida en los últimos cuatro años, emigrando miles de personas entre jóvenes y población inmigrante. La causa, que podríamos considerar crónica, está en el número de personas con ingresos bajos o muy bajos que siguen aumentado significativamente en Andalucía y, en particular, en Córdoba. Si echamos un vistazo a todo el periodo de la crisis advertimos que en Andalucía es donde más pobreza se genera: la tasa de riesgo de pobreza se ha incrementado 8.4 puntos desde 2008 y en España lo ha hecho 2.3. Y, lo que es más grave, las familias con escasa formación, en paro o con hijos menores son las que más sufren la pobreza, que al final se hereda, restando igualdad de oportunidades de futuro a miles de niños/as (INE-ECV, 2015). Esta brecha se ha venido incrementando no sólo en los años de crisis sino también en los que hubo bonanza económica.
¿Sabrán nuestros diputados hacer frente común para defender los intereses de los cordobeses por encima de los de sus partidos? ¿Estarán más atentos a la dura realidad de miles de cordobeses que de los índices de voto que le dan las encuestas? ¿Se pondrán codo con codo a la hora de defender el frágil tejido industrial y conseguir el mayor volumen posible de inversión pública? Mientras Córdoba recibe 13.5 millones de euros, Málaga, teniendo el doble de población, recibe 64.1 y la provincia de Granada, con una población algo superior, dispone de 43 millones de euros en inversión pública.
Y unido al empobrecimiento económico hay que hablar del cultural. Nuestra Andalucía es una tierra con identidad propia, que se tradujo hace más de 35 años cuando votamos por el artículo 151 de la Constitución, que nos reconoce como nacionalidad histórica. Una tierra con una historia, con unas tradiciones, con unas hablas, con un acervo monumental único, nuestro legado andalusí, ese mestizaje que nos hace únicos en Europa. Los diputados,  junto a los parlamentarios andaluces elegidos por la circunscripción de Córdoba, tienen que luchar por nuestro legado cultural, no permitiendo que ninguna institución privada pretenda adueñárselo, preservándolo y poniéndolo en valor. Hay que defender una educación pública y laica, estableciendo un diseño curricular en el que nuestros alumnos conozcan nuestra historia andaluza unida a la del resto del Estado y del mundo.
Además hay que apostar por mejorar e incrementar las partidas presupuestarias para el trío sanitario-formativo conformado por el Complejo Hospitalario Reina Sofía,  UCO e IMIBIC, nuestra mejor plusvalía. Al mismo tiempo que habrá que apostar por Rabanales 21, el Parque Joyero, la industria metalúrgica y la derivada del aceite. Habrá que fomentar el turismo dándole un uso comercial al aeropuerto y haciendo una apuesta decidida por Medina Azahara que tienen un gran atractivo para la desmerecida cifra de visitantes que recibe, 172.000 en 2014, mientras que la Alhambra recibe 14 veces más turistas o nuestra Mezquita 10 veces más.
¿Serán capaces nuestros diputados de forjar al modo del Hércules, que representa nuestro escudo andaluz, las dos columnas: la económico-social y la cultural, que harían de nuestra tierra un pueblo próspero? Aún seguimos soñando con un pueblo dignificado dispuesto a abrir sus manos a los hermanos refugiados e inmigrantes, propio de una tierra, como dice nuestro himno andaluz, que quiere ser lo que fue, una tierra de hombres y mujeres de luz, que a los hombres y mujeres, alma de hombres y mujeres les dimos.
                                                                                  Córdoba, 9 de junio de 2016
                                                                                    Miguel Santiago Losada
                                                                                              Profesor