viernes, 8 de enero de 2016

ME SIGUEN HUMANIZANDO

                                         
En los previos a las vacaciones de Navidad, uno de mis grupos de primero de la ESO me siguió humanizando al observar, a través de la transparencia de sus ojos, la frescura de sus vidas y la naturalidad con la que expresan las dificultades económicas, sociales y personales en las que se desenvuelven día a día. Me encuentro con el esfuerzo de algunos niños/as que, a pesar de sus condiciones de vida, son capaces de aprobar sus asignaturas. Descubro cómo tengo alumnos/as que, ante el dolor que sienten por los problemas de sus familias,  no rinden en sus estudios y muestran su rebeldía mediante actitudes inadecuadas con sus compañeros y profesores. No me olvido del alumno que, a pesar de su diversidad, y no discapacidad, psicológica, es capaz de obtener uno de los mejores resultados de clase, lo que no le exime de desarrollar un esfuerzo considerable para aprender a convivir en el grupo. No me faltan los preadolescentes sobreprotegidos y contagiados por la tele basura que, queriendo jugar el rol de “hermano mayor”, dificultan su educación y la de sus compañeros, generando un verdadero sufrimiento a sus padres. Y por supuesto, en este crisol no falta el chiquito de familia inmigrante que, a veces, ya siente el desprecio por sus carencias materiales y por el color de su piel. En este grupo donde prima la diversidad tampoco faltan las chicas que se sienten indignadas por el comportamiento machista de alguno de sus compañeros.

Son baños de realidad de nuestros niños/as que, con apenas 13 años, tienen que encajar los avatares más duros de la vida, situaciones que a más de una persona adulta le acarrearía ansiedad o depresión.
Acaban de salir de las urnas los nuevos responsables políticos para los próximos cuatro años. Entre sus prioridades, al menos una de las primeras, debería estar el conocimiento de esta realidad transversal que recorre todo el país. Sin dilación, deben ponerse manos a la obra para alumbrar una ley educativa que responda a las necesidades de todos estos niños y niñas, futuro del país. Hace falta una ley que apueste claramente por la inclusión educativa, posibilitando una formación compensatoria que cubra las lagunas de los más necesitados. Una ley educativa que garantice un sistema de becas para que ningún joven deje de estudiar por necesidades económicas. Una ley educativa que seleccione a los profesionales más vocacionados y preparados para la enorme tarea de educar y formar a lo más sensible de nuestra sociedad que, junto a nuestros mayores,  son nuestros niños y niñas. Una ley que apueste por la educación de género, la educación en los derechos humanos y los valores éticos y que no permita que el alumnado tenga que elegir entre estos valores universales o religión, algo anacrónico y fuera de lugar en un Estado democrático, social de derecho y aconfesional. Es flagrante, escandaloso y atenta contra lo más sagrado en una sociedad moderna que un alumno se vea obligado a elegir entre Religión, Cultura Científica y Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Como profesional de la educación me sonrojo ante tamaño disparate del actual sistema educativo.

Y junto a una nueva ley educativa es necesario una política económica al servicio de la ciudadanía, que posibilite a nuestros jóvenes acceder a un mercado laboral acorde con sus conocimientos y talentos, no viéndose abocados a emigrar como viene ocurriendo en los últimos años. Sólo así, y no de otra manera, podremos sentirnos orgullosos de un país que puede responder a la pregunta de este antiguo poema japonés:

                               “¿Me preguntáis cuál es la suprema felicidad aquí abajo?
                        Escuchad la canción de una niña que se aleja después de haberos
                        preguntado el camino”.


                                                                                  Córdoba, 27 de diciembre de 2015
                                                                                         Miguel Santiago Losada

                                                                                                     Profesor