viernes, 26 de diciembre de 2014

Un cuento de realidad

Qué sería de un paisaje urbano sin vida, sin seres vivos que le dan calor y color? Córdoba posee recónditos y encantadores rincones en su casco histórico. Algunos hay que buscarlos expresamente, como el antiguo claustro del que fuese monasterio de San Pedro el Real y que preside majestuosamente la gran plaza Tierra Andaluza, cuyo nombre rezuma solera. Si paseamos por ella en estos días navideños veremos un ramito de flores blancas atado a la reja que guarda el claustro bajo. Un grupo de jóvenes de la Axerquía lo colocó en memoria del abuelo Antonio. Antonio fue uno de esos personajes de novela costumbrista que le da humanidad y sentido de ser a un lugar. Había hecho de esta plaza su hábitat, y del rinconcito en el que cuelga el ramito de flores, su estancia al cielo raso, donde solía descansar acurrucado a su perro Canela.
El pasado jueves 4 de diciembre se echó la siesta como de costumbre. Mientras dormía cayó un aguacero que presagiaba que algo iba a ocurrir. Los jóvenes de la plaza, alertados por Canela, fueron a despertar a Antonio, pero él ya había dejado su viejo y cansado cuerpo en el usado colchón sobre el que solía descansar. Al día siguiente un reluciente sol iluminaba toda la plaza, la plaza del abuelo Antonio y su perro Canela. Un joven amigo suyo definió su existencia como un estilo de vida, muriendo como había vivido. Sus alegrías y sus penas las compartía con su botella de vino y su fiel Canela. Lo recuerdo como un hombre silencioso, bueno y curtido por el tiempo.
Ahora habita en la plaza del cielo, repleta de auténticas estrellas, no como las aparentes que adornan nuestros pueblos y ciudades. Desde esa magnífica atalaya tendrá una especial atención a todas las personas que como él se ven viviendo en la calle por múltiples y diversas causas injustas.
Siempre nos quedará la esperanza de ver florecer un ramito de flores allá donde hubo exclusión. Siempre nos quedará la esperanza de que los cuentos de Navidad se transformen en cuentos de realidad.
*Profesor


sábado, 13 de diciembre de 2014

Urge una política de vivienda

Podemos presumir, a pesar de los gravísimos recortes presupuestarios del Gobierno, de tener dos cuerpos de funcionarios que son referente en muchos países: educación y sanidad. La democracia nos trajo la universalización de estos dos derechos humanos básicos para la población. Las cifras de analfabetismo que acarreábamos, a causa del anterior régimen dictatorial, se fueron diluyendo a la vez que nuestras universidades se iban llenando de un alumnado ansioso por formarse. Igual sucedió con el sistema sanitario público, que se fue implantando en todo el país a través de sus tres niveles de asistencia sanitaria: médico de atención primaria, médico especialista y hospitalización.
La vivienda, en cambio, arrastra un déficit de política social, que se ha visto agravado dramáticamente en estos últimos años por la crisis y la falta de una intervención política que no ha frenado la sangría de desahucios que están padeciendo miles de familias.
Es urgente la aplicación de políticas sociales de vivienda que adapten los ingresos de las familias a los gastos que supone pagar una hipoteca o un alquiler. No se puede permitir que las familias se vayan quedando sin ingresos a consecuencia de la crisis y tengan que afrontar el pago de una vivienda cuando no disponen ni siquiera de presupuesto para afrontar la cesta de la compra.
No sólo no se termina con esta injusticia social, sino que se sigue agravando aún más con el anuncio del fin de la renta antigua para el 1 de enero del 2015, que tenía como objetivo la protección de los pequeños comercios tradicionales y su mantenimiento en el tiempo, poniéndose en peligro en Córdoba 1.000 establecimientos y más de 3.000 empleos al poderse multiplicar hasta por diez el precio de los alquileres. A la delicada situación de muchas familias se sumaría la desaparición de un tejido comercial que vertebra y da vida a los barrios de nuestras ciudades y pueblos.
Por si fuera poco, conozco varios casos de abuelos/as que viven solos/as en pisos de rentas bajas y que han sido amenazados por sus propietarios con denunciarlos/as si no actualizan su renta amparándose en la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1995, pidiéndoles además cantidades que ascienden a miles de euros con efecto retroactivo. Estos individuos aprovechándose de la indefensión de muchas personas mayores obvian que la actualización de la renta no se llevará a cabo si no sobrepasan 2.5 veces el salario mínimo interprofesional. Se comportan como unos "asusta viejas" para lucrarse económicamente a costa de unos de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.
Nuestra democracia no debe permitir por más tiempo un Gobierno que no solo permite esta situación sino que agrava aún más la dura realidad de millones de personas, mientras vemos que los 20 españoles más ricos tienen lo mismo que los 14 millones más pobres.
* Profesor