viernes, 16 de mayo de 2014

Símbolo de conciliación

El Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII, conocido popularmente como el "Papa bueno", sin lugar a dudas facilitó no sólo el acercamiento de la Iglesia Católica al mundo, sino también al resto de las religiones. La constitución Gadium et spes , que trata sobre la Iglesia en el mundo actual, enseña a los cristianos que "todos estamos llamados a ser hermanos, y por esto todos debemos colaborar en la construcción del mundo en paz".
Uno de los tantos frutos que dio el citado Concilio fue el I Congreso Islamo-Cristiano que en 1974 tuvo lugar en Córdoba y que tenía como piedra angular el decreto conciliar sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas: "La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes, cuya creencia tiene puntos de contacto con la tradición hebreo-cristiana, y exhorta a todos a olvidar las enemistades pasadas y a promover la justicia y la paz".
El catedrático Mikel de Espalza (1974) escribió un artículo sobre dicho Congreso en la revista católica Concilium , nº 116, que decía: "Un congreso puede ser también un lugar teológico en que se manifiesta el Espíritu (-) nuevas situaciones humanas conducen a los musulmanes y a los cristianos a redescubrirse mutuamente en un mundo en que la luz de la fe permite ver un cuadro de sombras y de luces, muy diferente de las situaciones del pasado". La prensa internacional subrayó sobre todo el hecho de que, por primera vez, desde 1236, la antigua mezquita convertida en catedral se abrió públicamente al culto musulmán, el viernes 14 de septiembre de 1974, mientras que al día siguiente les tocaba a los musulmanes asistir en la catedral a la misa solemne celebrada por el cardenal Duval, arzobispo de Argel, y concelebrada por el obispo de Córdoba, José María Cirarda Lachiondo. Pocos sitios en el mundo podían simbolizar de manera tan concreta los cambios de una historia islamo-cristiana. El Congreso propició un conocimiento mutuo más profundo y una estima más motivada. Para ello se aconsejaba suprimir las imágenes que inducen a la agresividad mutua, al mismo tiempo que invitaba a los cristianos a tener el mismo respeto a Mahoma que los musulmanes tienen a Jesús.
El diario Abc , en su edición del miércoles 11 de septiembre de 1974, pág. 37, se hizo eco de aquel Congreso a nivel nacional, destacando la celebración de la oración del viernes (salat) en la mezquita de Córdoba, con la autorización del obispo de la diócesis, monseñor Cirarda. También mencionaba la bienvenida que el alcalde Antonio Alarcón dispensó a los congresistas que, según el periódico, resumió con palabras emocionadas la historia de la civilización islamo-cristiana "que hizo convivir sustancial y creadoramente en Córdoba a gentes de tres religiones y a personalidades de talla universal". En esa misma notica se recogían también las palabras del presidente de la Asociación Islamo-Cristiana, Salvador Gómez Nogales: "Si hubiese que imponer una consigna para el Congreso, yo escogería como lema integración en la diferenciación o unidad en la pluralidad. Es una dialéctica difícil de conseguir, pero no imposible".
En aquellos mismos días, Rafael Gambra, de ideología carlista tradicionalista y valedor de monseñor Lefebvre, escribió un artículo en la revista Fuerza Nueva , titulado: De Cuenca a Córdoba, dos congresos antagónicos . Decía "que el ya inminente mes de septiembre (1974) nos va a traer dos congresos de signo y espíritu tan opuestos que bien podrían simbolizar la lucha de la luz y las tinieblas (-) Me refiero a la Reunión Sacerdotal de Cuenca (protagonizada por la hermandad de sacerdotes que permanecen fieles a cuanto representó su ordenación) y el Congreso Islamo-Cristiano de Córdoba".
El primero se celebró con la bendición de monseñor Guerra Campos, obispo de Cuenca, procurador en las cortes franquistas y colaborador de la revista Fuerza Nueva , y el segundo, con la de monseñor Cirarda Lachiondo, obispo de Córdoba y único obispo español que participó en las tres sesiones plenarias del Concilio Vaticano II. Gambra tachaba de "farsas ecumenistas debido a que en la Iglesia posconciliar ha prevalecido la herejía (-) Su nombre actual es progresismo". Comparaba al obispo Cirarda con el arzobispo de Sevilla don Oppas, "que abrió las puertas de España a los moros".
Un año antes del Congreso Islamo-Cristiano, en abril de 1973, el Icomos (Comité de Monumentos y Sitios de la Unesco) celebró en nuestra ciudad un encuentro internacional en el que se trató la conservación de los monumentos pertenecientes a diferentes culturas, al que se denominó la Resolución de Córdoba. Don Manuel Nieto Cumplido, canónigo archivero de la catedral de Córdoba, recoge en su libro titulado La Mezquita-Catedral de Córdoba y el ICOMOS , publicado por el Ayuntamiento de Córdoba en 1976, de una manera magistral la síntesis del mismo: "Gracias a un admirable logro formal, que hace de ella una obra maestra universalmente admirada la Mezquita-Catedral de Córdoba, en la que se contiene de forma excepcional la expresión del encuentro y superposición de la Cristiandad y del Islam, responde tan perfectamente a las características del monumento perteneciente a distintas culturas, que la misma debe ser considerada como uno de los ejemplos internacionales más significativos y como parte integrante del patrimonio cultural de la Humanidad. Su más escrupuloso estudio, su buena conservación, su revalorización cobran, pues, una importancia a escala universal". Sería precisamente este magnífico argumento uno en los que se basó la Unesco en 1984 para declarar a la Mezquita de Córdoba patrimonio mundial de la humanidad. La Mezquita-Catedral de Córdoba es a nivel mundial un símbolo de conciliación entre las diferentes culturas y religiones. La misma Conferencia Episcopal Española elegiría al entonces obispo de Córdoba, Infantes Florido, presidente de la Comisión de Relaciones Interconfesionales, por su apuesta por el ecumenismo y por ser el obispo de la ciudad de la Mezquita.
A partir de finales de los años 90 del pasado siglo ha habido un antes y un después en el proceder de la jerarquía católica. Los últimos obispos han realizado un esfuerzo extraordinario en apropiarse del monumento (durante siete siglos han sido usuarios del monumento sin pretender ser propietarios), en distorsionar la historia del monumento, minusvalorando su pasado andalusí; e incluso eliminar su nombre, desapareciendo el nombre de Mezquita. El hecho más grave es intentar hacer ver que todo se debe a una confrontación entre religiones. La pregunta que nos hacemos miles de personas es por qué este abuso del Obispado con respecto al monumento, por qué hacerse con la propiedad del monumento con argumentos que nada tienen que ver con el Evangelio y con el Concilio Vaticano II. La Constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II dice "que el paso de bienes a la propiedad pública (en caso de serlo) sólo puede ser hecho por la autoridad competente de acuerdo con las exigencias del bien común. A la autoridad pública toca, además, impedir que se abuse de la propiedad privada en contra del bien común".
Urge que la Administración competente se implique en la solución de este problema, que pone en riesgo la declaración del monumento como patrimonio mundial de la humanidad. La Mezquita-Catedral por su monumentalidad, por su historia, por su simbología lo merece.

* Asesor de la Cátedra Intercultural de la UCO, portavoz de la Plataforma "Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as" y miembro de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía