viernes, 31 de enero de 2014

EL SUEÑO DE UNA CIUDAD INTERCULTURAL

Este año se cumple el 30 aniversario de la declaración, por parte de la Unesco, de la Mezquita de Córdoba como Patrimonio de la Humanidad. Fue uno de los primeros monumentos declarados con tal distinción en nuestro país.
Ello significó el reconocimiento de la historia de Córdoba a nivel mundial, que posteriormente se reafirmó con la declaración del Casco Histórico. La Mezquita venía a convertirse oficialmente en el símbolo universal de la ciudad. No en vano, junto con Medina Azahara, muestra lo que la ciudad llegó a ser durante la época árabe, sobre todo entre los siglos VIII al XI. Sin ninguna duda, de las dos épocas más gloriosas históricamente hablando, la romana y la árabe, sería esta última cuando Córdoba alcanzaría su cénit a nivel cultural, científico, arquitectónico, social...; una ciudad en la que convivieron diferentes culturas y sus pensadores lograron recuperar el legado de los filósofos griegos. Precisamente, al cordobés Averroes (1126-1198) se le considera el paladín del aristotelismo en la España musulmana, que repercutió en todo el Occidente cristiano.
Para rememorar la etapa más gloriosa de la historia de Córdoba pronto tendremos una fecha muy significativa para nuestra ciudad. Entre los años 2016 y 2017, según las diferentes fuentes históricas, se cumplirán 1.300 años en los que Córdoba se convirtió en la capital de al-Andalus. Sería de desear que las instituciones públicas cordobesas y andaluzas pusieran todo su empeño en rememorar tan importante acontecimiento histórico para la ciudad y para Andalucía. Se podría aprovechar dicha efemérides para que la Unesco declarase Patrimonio de la Humanidad a Medina Azahara, tan reclamada tanto por la propia ciudadanía como por muchos intelectuales de la comunidad internacional. Medina Azahara necesita urgentemente que se le dote de unos accesos acordes con su categoría arqueológica, museística e histórica y de un transporte público que permita la llegada de miles de turistas.
Por otra parte, si queremos que la Mezquita-Catedral siga siendo el gran símbolo histórico y artístico de la ciudad urge crear un patronato promovido por las instituciones públicas que diseñe un plan estratégico para el monumento, que marque las pautas de conservación, actividades a realizar, plan económico..., para que este gran monumento mundial deje de estar al arbitrio de quién ocupe la silla del Obispado cordobés.
Junto a ello se hace imprescindible la valoración de nuestro subsuelo, desarrollando una ruta de jardines arqueológicos: Cercadilla, anfiteatro romano, Ategua, Jardines de Orive,... que visibilicen las ricas entrañas de nuestra ciudad. Para ello es de vital importancia que se retome el convenio arqueológico entre la Gerencia de Urbanismo y la Universidad de Córdoba.
Mientras tanto, bienvenidos sean acontecimientos como la celebración en el 2015 de los 700 años de la construcción de la Sinagoga de Córdoba, ya que celebraciones como ésta le dan consistencia al espíritu intercultural que deseamos para nuestra ciudad. Ojalá se aproveche dicho acontecimiento para que se haga el centro de interpretación de Sefarad, la tierra de los judíos originarios de España y Portugal, que la Junta de Andalucía tiene pendiente.
Indiscutiblemente hace falta un gobierno municipal que lidere y sepa aglutinar todas las fuerzas internas y externas con las que cuenta la ciudad para hacer de su historia un gran motor económico que nos saque del anquilosamiento económico, social y cultural en el que nos encontramos, un gobierno municipal que apueste por fomentar todas las vías de comunicación que la ciudad tiene a su alcance, entre otras, el infrautilizado aeropuerto.
Córdoba es por esencia tartésica, íbera, cartaginesa, romana, árabe, judía, cristiana, y su ciudadanía se lo tiene que creer. El día que superemos el miedo al otro, que nos hace intransigentes y nos empobrece la mente y el espíritu, Córdoba despegará de su letargo y quizás vuelva a ser la ciudad que le corresponde en la historia universal. De esta manera habremos recuperado nuestra memoria colectiva, disfrutaremos de nuestro presente y habremos ganado el futuro.

* Profesor y presidente de la Asociación KALA

martes, 7 de enero de 2014

Vacunemonos del fascismo

En Europa existen 18 partidos de extrema derecha con un importante porcentaje de apoyo ciudadano. Entre ellos se encuentra desde el Partido de la Libertad de Austria (FPO), con un apoyo popular del 20,5%, o el Partido Suizo (SVP), con el 26,6%, hasta el Frente Nacional de Francia, cuya intención de voto a principios de octubre era del 24%. En este alarmante contexto socio-político, en nuestro país la extrema derecha no tiene una formación propia, por lo que cabe deducir que vota al Partido Popular.
Este avance del fascismo en Europa se debe, entre otras causas, a que buena parte de la izquierda europea anda vergonzosamente perdida y no planta cara, y en lugar de estar dedicada con todas sus fuerzas a combatir el paro y los servicios básicos del Estado de Bienestar, desarrolla políticas de derechas, y a veces, hasta de extrema derecha. A modo de ejemplo, tenemos el caso reciente de la niña inmigrante Leonarda, expulsada de Francia por el gobierno socialista de Hollande, quien hace bandera de la persecución y expulsión de los gitanos.
Otro caso muy evidente, que nos debería de sonrojar a todos/as, es la respuesta que ha dado Bruselas a la tragedia de Lampedusa al endurecer el Frontex, estrategia policial para controlar las fronteras, en lugar de procurar una política de Cooperación Internacional con los países más desfavorecidos. Nuestro conservador gobierno, para no ser menos, ha reforzado con cuchillas las alambradas de Ceuta y Melilla.
Gran parte de la izquierda europea, con más o menos disimulo, por acción o por omisión, comulga con la política neoliberal que, por esencia, es muy conservadora tanto en economía como en políticas migratorias. Cuando les toca gobernar, muchos políticos que se denominan de izquierdas, apuestan por la desregularización de la libre circulación de mercados y capitales a la vez que recortan las políticas sociales destinadas a personas empobrecidas. Otro sonrojante ejemplo: el líder de la oposición, Rubalcaba, cuando fue ministro de Interior, no sólo no terminó con los Centros de Internamiento para Inmigrantes, sino que aumentó el tiempo de estancia en ellos.
Todo lo anterior conduce a una estrategia perversa de señalar y desviar la mirada hacia la inmigración como la principal amenaza para nuestra economía, para nuestra seguridad..., cuando sólo representan el 3% de población no comunitaria en Europa.
Hace unos días leí un análisis, del escritor griego Petros Márkaris, sobre la situación social que vive Grecia. Ponía el dedo en la llaga cuando decía: "los barrios de Atenas parecen descuidados y abandonados (...) Quien circule por sus sombrías calles verá las hileras de tiendas y comercios cerrados (...) Barrios cada vez más empobrecidos que alquilan sus viviendas a inmigrantes, transformando estas zonas en enclaves de racismo". ¿Quién saca provecho de esta dura realidad social? La extrema derecha, en este caso Aurora Dorada, el partido neonazi griego.
El ejercicio de la ciudadanía nos debe llevar a abrir bien los ojos para ver la realidad, analizar las principales causas de la violación de los derechos humanos, que no entienden de fronteras, y actuar en consecuencia reclamando una justicia social que anteponga a la persona por encima de mercados y demás intereses.
Al mismo tiempo, los partidos de izquierdas deben ser consecuentes con su ideología y desarrollar o propiciar una política basada en la justicia social para evitar los devastadores sucesos que el fascismo causó en Europa, porque mañana puede ser demasiado tarde.
* Profesor y presidente dela Asociación KALA