viernes, 1 de marzo de 2013

AYER, HOY Y MAÑANA DEL 28-F

Dos millones de andaluces/as, cerca de cien mil en Córdoba, se manifestaron el 4 de diciembre de 1977 para exigir la Autonomía. Con apenas 20 años asistí a la de Córdoba, portando la bandera verdiblanca que mi padre me había comprado para tan emotivo acontecimiento histórico. Recuerdo que la multitudinaria manifestación partió desde la glorieta de la Cruz Roja, pasó por Ronda de los Tejares donde, a la altura en la que estaba la sede de la UCD, el gentío gritaba: "Entre bancos se ve el rosco de Ucedé" (símbolo del antiguo partido del presidente Suárez conformado por un círculo mitad verde y mitad naranja). Posteriormente, en la calle Cruz Conde, conforme pasaban los manifestantes por la sede de Alianza Popular la pitada era generalizada por oponerse a la Autonomía y a la modernización del país. Muchos manifestantes no pudieron acceder a Las Tendillas ya que se encontraba abarrotada de gente.
La esperanza que el pueblo había depositado en la Autonomía era la esperanza de resolver los seculares problemas de Andalucía. El paro, la educación y la formación, la reforma agraria, las infraestructuras..., eran reivindicaciones que se repetían en las distintas manifestaciones que se estaban celebrando a la vez por toda Andalucía y Barcelona. Mientras esto sucedía, en Málaga, al pasar la manifestación por delante de la Diputación, un joven escaló hasta el balcón para poner una bandera andaluza en el mástil. Poco después, la policía cargó, hubo disparos y una bala mató al joven José Manuel García Caparrós. El poeta Cristóbal Benítez Cornellá llegaría a escribir en tan trágicos momentos: "Yo quiero que tu sangre la recuerden, la siga recordando nuestro pueblo como una ofrenda a todos los vientos, que proclaman libertades".
Algo más de dos años después, el 28 de febrero de 1980, los andaluces fuimos convocados para decidir sobre el modelo que queríamos para nuestra tierra. Elegimos el mismo modelo del que disfrutaban Cataluña y el País Vasco. En ese día me encontraba en una mesa electoral de la barriada de Moreras. Los ojos aún se me humedecen cada vez que recuerdo a una abuela de etnia gitana que con sus más de 80 años y llena de achaques fue a votar. En un primer intento no pudo hacerlo porque se le había olvidado el carnet. A la hora volvió con apenas fuerzas para depositar su voto "por su tierra y su gente, tantos siglos pisoteada".
Han pasado más de 30 años de aquellos históricos acontecimientos. La crisis, los desahucios, el Estado de bienestar, el paro, la sanidad y la educación pública vuelven a marcar el 28-F. Un 28-F que para mí tiene dos gestos de mucha valía. El primero, a nivel local, la distinción a la plataforma Stop Desahucios, que denuncia la problemática de miles de familias que se han visto afectadas por procesos de desahucio de su vivienda habitual. El segundo, la distinción de José Manuel García Caparrós como hijo predilecto de Andalucía, a título póstumo. Un merecido homenaje que debería de habérselo hecho muchos años atrás.
Más de treinta años después, Andalucía continúa a la cabeza del desempleo en el Estado español y en Europa, millones de personas están en una situación de pobreza; nuestros jóvenes vuelven a tener que emigrar y nuestra cultura sigue siendo degradada.
Como dijera Antonio Gala en su discurso de apertura del Congreso de Cultura Andaluza pronunciado en la Mezquita de Córdoba el 2 de abril de 1978: "Quienes quieran lo mejor para su patria, conózcanla antes a fondo: porque es el conocimiento quien engendra el amor y el amor quien multiplica y perfila el conocimiento".
* Profesor y presidente de la Asociación KALA