jueves, 15 de noviembre de 2012

Justicia social

Una enjoyada duquesa salió a altas horas de la noche de un elegante hotel donde había acudido a cenar y a asistir a un baile, "baile de caridad", a beneficio de los niños abandonados. Estaban a punto de subir al Rolls Royce cuando un andrajoso pilluelo se le acercó suplicante: "Por caridad, señora, deme seis peniques. Llevo dos días sin comer". La duquesa lo rechazó con un gesto y le dijo: "¡Desgraciado! ¿No te das cuenta de que he estado bailando para ti toda la noche?" (Anthony de Mello).
El pasado martes, día 13 de noviembre, informaba a mis alumnos que me iba a poner en huelga principalmente para solidarizarme con los 5.000.000 millones de trabajadores/as que se encuentran en paro, por los/as miles de inmigrantes que viven una situación familiar desesperada y por los/as que siguen muriendo en las pateras, por la situación tan extrema en la que viven las familias de los barrios que sufren el mayor empobrecimiento y exclusión social repartidos por toda la geografía andaluza y española y que suponen el 20 % de la población, por los enormes recortes que está sufriendo la sanidad y la educación, que va a suponer un futuro bastante incierto a los/as mismos/as chavales/as a los/as que le dirigía la palabra; por todas las familias que han sufrido un desahucio a causa de la tremenda injusticia social a la que está sometiendo la banca con la complicidad y el beneplácito del Gobierno.
El día de la huelga un grupito de inmigrantes, de personas de los barrios más castigados de la ciudad, de educadores/as y de socios/as de nuestros colectivos participamos de la manifestación que recorrió el centro de nuestra ciudad bajo el lema de la pancarta: "Más justicia social, menos limosna". Como dice un eslogan que circula por ahí: con justicia social no hace falta caridad, una justicia social que debe ser la columna vertebral de cualquier Estado que se considere de derecho y democrático. Estamos llegando a tales extremos que los mismos profesionales de los servicios sociales públicos están haciendo informes para que, ciertas organizaciones no gubernamentales, den unos cuantos víveres con los que alimentar a las familias más vulnerables. Es decir, estamos asistiendo a un cambio de modelo donde la beneficencia y el asistencialismo vuelven a lo público, es un cambio de modelo con una fuerte carga ideológica donde a los/as pobres se les da pan pero no derechos.
Es indigno que en un Estado que supuestamente asume la carta magna de los derechos humanos, con lo que debe garantizar el derecho a la vivienda, a un trabajo digno, a la salud, a la educación, a los servicios sociales, esté condenando a la ciudadanía al empobrecimiento y la exclusión social mientras inyecta en los bancos todo los dineros a costa de eliminar derechos sociales universales, aquellos que evitan que muchas personas, además de ser pobres, sientan la vergüenza de ir a recoger una bolsita de alimentos. Me vienen a la memoria escenas de la posguerra española.
La respuesta estatal o pública a las necesidades, basada en los derechos humanos, planteamiento que arranca desde el siglo de las luces, supone superar la simple acción coyuntural, de cada caso concreto, propia de la beneficencia. Si en otros países europeos esa evolución fue más rápida, el franquismo en España retrasó el proceso. De ahí que en ese período de nuestra historia España no contara aún con un nivel de cobertura de los servicios sociales semejante al disponible en otros países europeos. Este retraso se ha ido reduciendo a partir de la Constitución de 1978. Así, el artículo 1º establece que: "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político". Por tanto, no podemos a volver a modelos preconstitucionales.
A modo de conclusión, como ciudadanos, no dejemos en el candelero lo que brota de nuestro corazón: un donativo, participar en una colecta..., que responden a situaciones inmediatas. Sin embargo, lo que solucionará los problemas a las personas que van dirigidas esas limosnas, colectas, es la justicia social, que plantea las causas del empobrecimiento y la exclusión social y desarrolla las medidas para combatirlas. La actual crisis económica está suponiendo uno de los retrocesos más graves en el desarrollo de la justicia social. Tenemos la obligación de decir stop a todo lo que atente contra la consecución de los derechos sociales, que tanta sangre y sudor han dejado en el camino.
* Profesor y presidente de la

Asociación KALA