miércoles, 24 de octubre de 2012

Custodios de esperanza

Me considero un ciudadano que llevo a cabo mis deberes y exijo los derechos basados en la carta magna de la declaración universal de los derechos humanos, mayoritariamente refrendados por las constituciones de los Estados que conforman el denominado Primer Mundo, tan enfermo de avaricia que, no sólo empobrece más y más a los países del hemisferio Sur, sino que está arrebatándoles los derechos sociales a los mismos países que se encuentran dentro de la Unión Europea.
Como ciudadano que ejerzo mi derecho al voto, que milito en colectivos sociales desde que apenas tenía los 18 años, que me considero enamorado de mi profesión desde hace 30 años, que quiero y protejo a mis hijos y a mis mayores, que nunca he vivido por encima de mis posibilidades, me siento muy indignado, estafado por unos gobiernos que desprecian al pueblo y lo hunden en el desempleo y la miseria.
Es por todo ello por lo que, si viviera en Madrid, me manifestaría en los alrededores del Congreso y gritaría que no nos representan. Es por lo que participo en cada una de las manifestaciones que se convocan en Córdoba para denunciar los recortes que mandan al paro a miles de personas y atentan contra el Estado del Bienestar.
Pero no son tiempos para la resignación y para quedarse anulado por la impotencia a la que nos quieren someter. Son tiempos de mirar en clave humana y llenarse de la energía positiva que la cotidianidad nos brinde, a través de sucesos que nos hagan creer en un mundo más justo y humano. Vayan a continuación algunos ejemplos.
No sé cómo se llama ni quién es su familia, ni de qué país procede. Sólo sé que es de etnia negra, que se busca la vida en un semáforo de la ciudad ofreciendo pañuelitos de papel, que tiene una entrañable sonrisa y que saluda a todos los conductores como si fueran amigos o familiares, con una voz ronca que le sale de lo más profundo de su cuerpo: - ¡Buenos días, señor! Mientras oigo las malas noticias, él me muestra su mejor cara y su resistencia para seguir viviendo a pesar de todas las adversidades.
Córdoba es una de las diez provincias que sufre la mayor tasa de desempleo de todo el territorio nacional y uno de cada tres cordobeses/as en edad de trabajar se encuentra en paro. Entre muchas otras cosas, esto está suponiendo que mucha gente no pueda pagar su hipoteca y que los bancos, rescatados con nuestros impuestos por vivir por encima de sus posibilidades, estén procediendo a dejarlos en la calle. Ante esto, y de manera valiente, la Plataforma Stop Desahucios está plantando cara, y junto a los/as afectados/as, sigue cosechando grandes victorias cotidianas.
Timoti, que anduvo kilómetros y kilómetros de desierto desde su Camerún natal, que estuvo a punto de morirse de sed, que sufrió palizas en la frontera entre Argelia y Marruecos por sus respectivas policías, que consiguió llegar sin saber nadar con un neumático al puerto de Melilla, que aguantó meses en los invernaderos de Almería, que pasó tres años sin papeles..., hoy entra radiante en su Instituto para, después de haber aprobado la ESA con una media de notable, estudiar un ciclo formativo. El es el mejor ejemplo de superación de crisis y vicisitudes.
Elena, una religiosa de más de ochenta años, llena de vida, dice que no va a las liturgias del obispo porque le aburren muchísimo. No entiende que los obispos hablen de defender la vida fetal y no alcen la voz contra los gobiernos que dejan a los "sin papales" sin asistencia sanitaria, que no denuncia las palizas brutales de la policía auspiciadas por el Ministerio del Interior, que no critica con dureza cómo al mismo tiempo que se inyecta dinero a la banca se recortan los servicios sociales. Se siente libre para denunciar a la política mediocre que nos lleva a la ruina y a la Iglesia cómplice, que lo único que quiere es mantener su cuota de poder.
El chaval del semáforo, Stop Desahucios, Timoti, Elena, son algunos ejemplos de lucha contra esta crisis que nos llena de impotencia para hundirnos en la miseria humana. No permitamos que nos arruguen, ni nos desvíen la mirada, no nos conformemos con esta estafa. Sepamos descubrir a los/as custudios/as de la esperanza cotidiana.
* Profesor y presidente de la Asociación KALA