jueves, 15 de noviembre de 2012

Justicia social

Una enjoyada duquesa salió a altas horas de la noche de un elegante hotel donde había acudido a cenar y a asistir a un baile, "baile de caridad", a beneficio de los niños abandonados. Estaban a punto de subir al Rolls Royce cuando un andrajoso pilluelo se le acercó suplicante: "Por caridad, señora, deme seis peniques. Llevo dos días sin comer". La duquesa lo rechazó con un gesto y le dijo: "¡Desgraciado! ¿No te das cuenta de que he estado bailando para ti toda la noche?" (Anthony de Mello).
El pasado martes, día 13 de noviembre, informaba a mis alumnos que me iba a poner en huelga principalmente para solidarizarme con los 5.000.000 millones de trabajadores/as que se encuentran en paro, por los/as miles de inmigrantes que viven una situación familiar desesperada y por los/as que siguen muriendo en las pateras, por la situación tan extrema en la que viven las familias de los barrios que sufren el mayor empobrecimiento y exclusión social repartidos por toda la geografía andaluza y española y que suponen el 20 % de la población, por los enormes recortes que está sufriendo la sanidad y la educación, que va a suponer un futuro bastante incierto a los/as mismos/as chavales/as a los/as que le dirigía la palabra; por todas las familias que han sufrido un desahucio a causa de la tremenda injusticia social a la que está sometiendo la banca con la complicidad y el beneplácito del Gobierno.
El día de la huelga un grupito de inmigrantes, de personas de los barrios más castigados de la ciudad, de educadores/as y de socios/as de nuestros colectivos participamos de la manifestación que recorrió el centro de nuestra ciudad bajo el lema de la pancarta: "Más justicia social, menos limosna". Como dice un eslogan que circula por ahí: con justicia social no hace falta caridad, una justicia social que debe ser la columna vertebral de cualquier Estado que se considere de derecho y democrático. Estamos llegando a tales extremos que los mismos profesionales de los servicios sociales públicos están haciendo informes para que, ciertas organizaciones no gubernamentales, den unos cuantos víveres con los que alimentar a las familias más vulnerables. Es decir, estamos asistiendo a un cambio de modelo donde la beneficencia y el asistencialismo vuelven a lo público, es un cambio de modelo con una fuerte carga ideológica donde a los/as pobres se les da pan pero no derechos.
Es indigno que en un Estado que supuestamente asume la carta magna de los derechos humanos, con lo que debe garantizar el derecho a la vivienda, a un trabajo digno, a la salud, a la educación, a los servicios sociales, esté condenando a la ciudadanía al empobrecimiento y la exclusión social mientras inyecta en los bancos todo los dineros a costa de eliminar derechos sociales universales, aquellos que evitan que muchas personas, además de ser pobres, sientan la vergüenza de ir a recoger una bolsita de alimentos. Me vienen a la memoria escenas de la posguerra española.
La respuesta estatal o pública a las necesidades, basada en los derechos humanos, planteamiento que arranca desde el siglo de las luces, supone superar la simple acción coyuntural, de cada caso concreto, propia de la beneficencia. Si en otros países europeos esa evolución fue más rápida, el franquismo en España retrasó el proceso. De ahí que en ese período de nuestra historia España no contara aún con un nivel de cobertura de los servicios sociales semejante al disponible en otros países europeos. Este retraso se ha ido reduciendo a partir de la Constitución de 1978. Así, el artículo 1º establece que: "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político". Por tanto, no podemos a volver a modelos preconstitucionales.
A modo de conclusión, como ciudadanos, no dejemos en el candelero lo que brota de nuestro corazón: un donativo, participar en una colecta..., que responden a situaciones inmediatas. Sin embargo, lo que solucionará los problemas a las personas que van dirigidas esas limosnas, colectas, es la justicia social, que plantea las causas del empobrecimiento y la exclusión social y desarrolla las medidas para combatirlas. La actual crisis económica está suponiendo uno de los retrocesos más graves en el desarrollo de la justicia social. Tenemos la obligación de decir stop a todo lo que atente contra la consecución de los derechos sociales, que tanta sangre y sudor han dejado en el camino.
* Profesor y presidente de la

Asociación KALA

miércoles, 24 de octubre de 2012

Custodios de esperanza

Me considero un ciudadano que llevo a cabo mis deberes y exijo los derechos basados en la carta magna de la declaración universal de los derechos humanos, mayoritariamente refrendados por las constituciones de los Estados que conforman el denominado Primer Mundo, tan enfermo de avaricia que, no sólo empobrece más y más a los países del hemisferio Sur, sino que está arrebatándoles los derechos sociales a los mismos países que se encuentran dentro de la Unión Europea.
Como ciudadano que ejerzo mi derecho al voto, que milito en colectivos sociales desde que apenas tenía los 18 años, que me considero enamorado de mi profesión desde hace 30 años, que quiero y protejo a mis hijos y a mis mayores, que nunca he vivido por encima de mis posibilidades, me siento muy indignado, estafado por unos gobiernos que desprecian al pueblo y lo hunden en el desempleo y la miseria.
Es por todo ello por lo que, si viviera en Madrid, me manifestaría en los alrededores del Congreso y gritaría que no nos representan. Es por lo que participo en cada una de las manifestaciones que se convocan en Córdoba para denunciar los recortes que mandan al paro a miles de personas y atentan contra el Estado del Bienestar.
Pero no son tiempos para la resignación y para quedarse anulado por la impotencia a la que nos quieren someter. Son tiempos de mirar en clave humana y llenarse de la energía positiva que la cotidianidad nos brinde, a través de sucesos que nos hagan creer en un mundo más justo y humano. Vayan a continuación algunos ejemplos.
No sé cómo se llama ni quién es su familia, ni de qué país procede. Sólo sé que es de etnia negra, que se busca la vida en un semáforo de la ciudad ofreciendo pañuelitos de papel, que tiene una entrañable sonrisa y que saluda a todos los conductores como si fueran amigos o familiares, con una voz ronca que le sale de lo más profundo de su cuerpo: - ¡Buenos días, señor! Mientras oigo las malas noticias, él me muestra su mejor cara y su resistencia para seguir viviendo a pesar de todas las adversidades.
Córdoba es una de las diez provincias que sufre la mayor tasa de desempleo de todo el territorio nacional y uno de cada tres cordobeses/as en edad de trabajar se encuentra en paro. Entre muchas otras cosas, esto está suponiendo que mucha gente no pueda pagar su hipoteca y que los bancos, rescatados con nuestros impuestos por vivir por encima de sus posibilidades, estén procediendo a dejarlos en la calle. Ante esto, y de manera valiente, la Plataforma Stop Desahucios está plantando cara, y junto a los/as afectados/as, sigue cosechando grandes victorias cotidianas.
Timoti, que anduvo kilómetros y kilómetros de desierto desde su Camerún natal, que estuvo a punto de morirse de sed, que sufrió palizas en la frontera entre Argelia y Marruecos por sus respectivas policías, que consiguió llegar sin saber nadar con un neumático al puerto de Melilla, que aguantó meses en los invernaderos de Almería, que pasó tres años sin papeles..., hoy entra radiante en su Instituto para, después de haber aprobado la ESA con una media de notable, estudiar un ciclo formativo. El es el mejor ejemplo de superación de crisis y vicisitudes.
Elena, una religiosa de más de ochenta años, llena de vida, dice que no va a las liturgias del obispo porque le aburren muchísimo. No entiende que los obispos hablen de defender la vida fetal y no alcen la voz contra los gobiernos que dejan a los "sin papales" sin asistencia sanitaria, que no denuncia las palizas brutales de la policía auspiciadas por el Ministerio del Interior, que no critica con dureza cómo al mismo tiempo que se inyecta dinero a la banca se recortan los servicios sociales. Se siente libre para denunciar a la política mediocre que nos lleva a la ruina y a la Iglesia cómplice, que lo único que quiere es mantener su cuota de poder.
El chaval del semáforo, Stop Desahucios, Timoti, Elena, son algunos ejemplos de lucha contra esta crisis que nos llena de impotencia para hundirnos en la miseria humana. No permitamos que nos arruguen, ni nos desvíen la mirada, no nos conformemos con esta estafa. Sepamos descubrir a los/as custudios/as de la esperanza cotidiana.
* Profesor y presidente de la Asociación KALA

viernes, 14 de septiembre de 2012

Defendamos el estado de bienestar

El pasado 3 de septiembre volvía a entrar por las puertas de mi Instituto. Me adentraba en un edificio con más de 40 años, testigo de cómo a partir de principios de los años 70 del pasado siglo y con la instauración de la democracia se multiplicó la oferta de la educación pública a pasos agigantados. Córdoba contaba en 1970 solamente con dos institutos, el IES Góngora y el IES Séneca. En 1971 y en 1972 se amplía la oferta en educación secundaria pública a dos más, el IES López Neyra y el IES Averroes, respectivamente. A finales de esta década se crean el IES Blas Infante y el IES Galileo Galilei. En la década de los 80 se aumentaría el número de plazas en secundaria con el IES Trassierra, el Alhakén II, el Gran Capitán y Fidiana. El IES Medina Azahara sería el primero de los que se fueron creando en la década 90. Después se construiría el IES Tablero, el IES Zoco, etcétera, sin olvidar al IES Maimónides y Fuensanta, antiguos centros que sólo disponían de Formación Profesional.
Hemos pasado de sólo dos centros de educación secundaria a principios de 1970 a los alrededor de 20 actualmente existentes. Podemos decir que la oferta ha ido aumentando hasta llegar al 1.000%, gracias a la apuesta decidida por invertir parte del dinero público en educación.
En este sentido, no podemos olvidar a la Universidad de Córdoba, que vio su luz hace 40 años, y a lo largo de este período democrático ha llegado a consolidar un magnífico campus universitario en materias relacionadas con la ciencia y la tecnología.
Si hacemos el estudio de cómo ha cambiado el panorama de la provincia en asistencia sanitaria los datos son aún más llamativos. Hemos pasado de la trasnochada Residencia Teniente Coronel Noreña, que sólo existía a principios de los 70, a los 6 hospitales con los que contamos hoy en día en nuestra provincia: el Hospital Regional Universitario Reina Sofía (1976), los tres hospitales comarcales (Infanta Margarita de Cabra de 1982, el Valle de los Pedroches de Pozoblanco de 1985 y el Hospital de Montilla de 2004), y los dos hospitales de alta resolución (el Valle del Guadiato, de Peñarroya, de 2009 y el de Puente Genil, de 2006).
Estos datos demuestran cómo nuestra democracia consolidó el Estado del bienestar. Gracias a ello apenas hay analfabetismo, ha aumentado considerablemente la población con estudios medios o superiores y la esperanza de vida ha alcanzado unos niveles que demuestran la consolidación de nuestro sistema sanitario, gracias a políticas de apuesta por el bienestar de la mayoría de la población. Han sido muchos los déficits, pero mayores han sido los avances.
Por ello, debemos de estar muy atentos para impedir que las políticas de recortes no sigan adelgazando el Estado del bienestar. En este mes de septiembre sólo la provincia de Córdoba perderá 559 profesores y 60 médicos y enfermeros. De seguir así todo lo conseguido en 40 años, con tanto esfuerzo e ilusión, lo pueden tirar por tierra en una sola legislatura. Mucho me temo que el Gobierno de los recortes está bastante convencido ideológicamente de lo que está haciendo. Por ello, mucho me temo que no pararán si no encuentran respuestas en cada uno/a de nosotros/as y de nuestras organizaciones ante tanto atropello. No es tiempo de lamentarse, es tiempo de defender lo que tanto tiempo nos costó construir.
*Profesor y Presidente de la

Asociación KALA

sábado, 14 de julio de 2012

Castigo a lo que funciona

Las personas profesionales de la medicina y el profesorado de la educación pública, ocupan el primer y tercer lugar respectivamente en la satisfacción de la ciudadanía según el Barómetro de Confianza Institucional de Metroscopia. En la misma encuesta, el Parlamento, la banca y los partidos políticos ocupan los últimos lugares, suspendidos entre un 65 por ciento y un 80 por ciento por la población española. Por consiguiente, los menos valorados y responsables de la crisis económica son, al mismo tiempo, los que más castigan a los más valorados por el citado Barómetro. Esto se traduce en que sólo en la provincia de Córdoba el recorte en sanidad y educación supone 60 millones de euros, lo que afecta a más de 28.000 trabajadores/as, cifra que aumentará con los nuevos recortes.
Como botón de muestra, lo ocurrido en el instituto público donde desarrollo mi actividad profesional: el pasado 29 de junio asistí al claustro final de curso, todo un baño de triste realidad. La directora nos informó que la plantilla en el próximo curso pasaría de 95 a 80 profesores/as, lo que supone más de un 15 por ciento en la reducción de la plantilla. Esto significa que 15 personas irán al paro el próximo curso, 15 profesores/as menos para el alumnado. En consecuencia, con menos profesorado, menos calidad en la enseñanza. Sale perjudicada toda la sociedad: los/as que pierden su puesto laboral y las personas adolescentes que se ven privadas de ese básico apoyo para su formación y educación. Si multiplicamos esta cifra por el número de institutos de Andalucía es fácil imaginar el tremendo daño que se le hace a la educación, pilar básico para el desarrollo de un pueblo.
Vista la situación, el resultado es igual a más paro para los/as profesionales de la educación, y más trabajo y menos sueldo para el funcionario de carrera. Con ello resulta difícil mantener una educación de calidad. Pero eso no es todo, por si fuera poco, el ministro de educación baja becas, pretende crear tres exámenes de reválida, lo que dificultaría la obtención de títulos para el alumnado con mayores dificultades sociales y económicas, manda al paro a jóvenes investigadores, obliga a emigrar a nuestros mejores cerebros universitarios... Sencillamente, indignante.
Tenemos que despertar, reaccionar y levantarnos para no permitir que destrocen en pocos meses lo que nuestra democracia ha ido construyendo a lo largo de más de treinta años, justo los años que llevo como profesor de Instituto. Han sido años ilusionantes y de mucho esfuerzo, apostando por lo público, lo que ha equivalido a luchar por la igualdad y la justicia social.
El último intento de salvaguardar la educación fue llevado a cabo por el anterior ministro del ramo, Angel Gabilondo, todo un señor profesor al que tiraron por tierra sus esfuerzos por llegar a un consenso que obligase, gobernase quién gobernase, a respetar los pilares que sustentan la educación. ¡Qué lejos estamos, en tan poco tiempo, tanto de ese fondo como de esas formas, y cuánto vamos a tardar en recuperarlos si seguimos solo vibrando por La Roja !
* Profesor y presidente de la Asociación KALA


miércoles, 20 de junio de 2012

Selectividad

Durante estos días miles de estudiantes realizarán la prueba de selectividad para poder acceder a sus estudios universitarios.
Tras un laborioso curso, quizás el más duro de todos los que afrontarán en la vida como estudiantes, se someterán a unas pruebas en las que la puntuación es fundamental para que la Universidad les abra las puertas a los estudios que el día de mañana les permitirán ejercer la profesión por la que han apostado.
Una de esas personas que se sentarán en el ágora de la superación es Manuela, una chica que nació en una familia muy humilde. Se crió en un local abandonado de un barrio de Córdoba con muchas carencias sociales.
Sus vacaciones consistían en pasar unos días con su hermano, acobijados por una chabola construida por su padre en los llanos de la abandonada Residencia Teniente Coronel Noreña, que muchas personas de Córdoba recordarán.
Con el tiempo las inquietudes de superación de sus padres, unido al apoyo que encontraron en un colectivo social, le supuso a Manuela y a su hermano un cambio en su vida. Se le llenaban los ojos de luz cuando entró por primera vez al piso que sus padres, gracias al trabajo, habían comprado, como la mayoría de las familias de nuestra ciudad.
Manuela fue creciendo y aprendiendo, primero en el Colegio de Primaria y, más tarde, en el Instituto, centros públicos de educación en los que tienen cabida todos los niños y adolescentes de nuestra sociedad, centros públicos en los que bastantes de sus maestros y profesores enseñan y educan a miles de chavalitos/as de cualquier circunstancia y condición social para ser ciudadanos/as adultos/as el día de mañana.
Manuela ha ido aprobando asignatura tras asignatura, curso tras curso, hasta terminar sus estudios de bachillerato y ser una más en el tribunal que la examinará de selectividad.
Seguro que su aprobado le permitirá el próximo curso coger el tren de cercanías que le conducirá al Campus Universitario de Rabanales para realizar sus estudios de Biología.
Las personas que poseemos la fortuna de educar y enseñar a los/as niños/as y jóvenes tenemos unas páginas que no figuran en ningún currículo, páginas que no aumentarán nuestros méritos académicos; sin embargo, nos hacen dignos de la profesión que venimos ejerciendo.
Una de esas páginas la viví hace un par de semanas cuando tuve el honor de imponerle a Manuela la banda que le hacía merecedora de su título de bachiller. Recordé en ese momento a sus padres, abuelos, bisabuelos,... Es la primera de toda su generación que ha alcanzado tal distinción académica. Al mismo tiempo, me enorgullecía de ser funcionario de un cuerpo que trabaja por la verdadera igualdad de oportunidades entre todas las personas.
Gracias a Manuela y a cada uno/a de mis alumnos/a por haber hecho que me sienta Maestro un año más.

*Profesor y presidente de la asociación KALA

miércoles, 30 de mayo de 2012

También es persona

Las pupilas quedan perdidas en los inmensos ojos negros de Amadou cada vez que rememora la semana en la que un cayuco le llevó a Canarias. Siete días, con sus siete noches, en los que se entremezclaban miedos y esperanzas. Temía por su madre que dejó enferma y que le animó a marcharse para que un día, no muy lejano, le pudiese mandar la ayuda para comprar medicamentos y restablecer la salud. Piensa en lo que supondría el apoyo a sus hermanos para al menos poder acceder a los estudios básicos de su país. Recuerda el océano agitado que a la caída de la tarde se torna en un color oscuro amenazante para ese puñado de almas indefensas y mal protegidas por la frágil embarcación, en cuyo centro cobijaron a una joven mujer con su bebé de apenas unas semanas. Solamente se le iluminaban sus ojos cuando pensaba en tener un trabajo para poder sacar adelante a su familia y tener una vida digna. De Canarias lo trasladaron a Almería, en donde ingresó en un centro de menores, el mismo día en el que la Consejera de Bienestar Social igualaba a los inmigrantes con nuestros Erasmus, y le aplicaron la prueba ósea de la muñeca, una prueba de la que desconfían bastantes médicos forenses por su falta de rigor a la hora de calcular la edad. Todos sus educadores se sorprendieron cuando el informe afirmaba que su estructura ósea correspondía a un joven mayor de 18 años. Esta medida imposibilitó que se regulase su situación. Después de unos meses, protegido y apoyado por personas solidarias, viajó a Córdoba en la que encontró cariño, techo, comida y atención sanitaria y educativa. Una red social de personas pertenecientes a los ámbitos educativos, sanitarios, jurídicos y de orientación profesional está despejándole el duro camino para que dentro de unos meses, después de tres años de demostrada raigambre en nuestro país, iniciemos el proceso de regulación. Sin embargo, después de haber superado muy duras pruebas en su camino, el Gobierno le sigue atosigando, despreciando, impidiendo la posibilidad de ser lo que es por naturaleza propia: ser humano. Ni siquiera tendrá derecho a la asistencia sanitaria en un país plagado de clínicas veterinarias para perros y demás animales domésticos. Solo le queda esperar que el nuevo gobierno andaluz, salido de las urnas el pasado 25 de marzo, no aplique tal medida ni ninguna que atente contra los derechos de miles de personas como Amadou. No obstante ya empiezan a aparecer medidas no afortunadas en el nuevo gobierno de Griñán al situar las competencias de inmigración en Justicia e Interior, cuando la atención a la inmigración debe hacerse desde Igualdad, Bienestar Social, Salud, Educación, Vivienda y Empleo. ¿Seguirá el gobierno andaluz por la senda de los recortes en sanidad y educación aumentando la ratio de alumnado por clase, que desfavorecería la educación de los inmigrantes y de la sociedad andaluza en general, o será una alternativa real ante esas políticas que atentan contra los derechos humanos?
* Profesor y presidente de la

Asociación KALA

También es persona

Las pupilas quedan perdidas en los inmensos ojos negros de Amadou cada vez que rememora la semana en la que un cayuco le llevó a Canarias. Siete días, con sus siete noches, en los que se entremezclaban miedos y esperanzas. Temía por su madre que dejó enferma y que le animó a marcharse para que un día, no muy lejano, le pudiese mandar la ayuda para comprar medicamentos y restablecer la salud. Piensa en lo que supondría el apoyo a sus hermanos para al menos poder acceder a los estudios básicos de su país. Recuerda el océano agitado que a la caída de la tarde se torna en un color oscuro amenazante para ese puñado de almas indefensas y mal protegidas por la frágil embarcación, en cuyo centro cobijaron a una joven mujer con su bebé de apenas unas semanas. Solamente se le iluminaban sus ojos cuando pensaba en tener un trabajo para poder sacar adelante a su familia y tener una vida digna. De Canarias lo trasladaron a Almería, en donde ingresó en un centro de menores, el mismo día en el que la Consejera de Bienestar Social igualaba a los inmigrantes con nuestros Erasmus, y le aplicaron la prueba ósea de la muñeca, una prueba de la que desconfían bastantes médicos forenses por su falta de rigor a la hora de calcular la edad. Todos sus educadores se sorprendieron cuando el informe afirmaba que su estructura ósea correspondía a un joven mayor de 18 años. Esta medida imposibilitó que se regulase su situación. Después de unos meses, protegido y apoyado por personas solidarias, viajó a Córdoba en la que encontró cariño, techo, comida y atención sanitaria y educativa. Una red social de personas pertenecientes a los ámbitos educativos, sanitarios, jurídicos y de orientación profesional está despejándole el duro camino para que dentro de unos meses, después de tres años de demostrada raigambre en nuestro país, iniciemos el proceso de regulación. Sin embargo, después de haber superado muy duras pruebas en su camino, el Gobierno le sigue atosigando, despreciando, impidiendo la posibilidad de ser lo que es por naturaleza propia: ser humano. Ni siquiera tendrá derecho a la asistencia sanitaria en un país plagado de clínicas veterinarias para perros y demás animales domésticos. Solo le queda esperar que el nuevo gobierno andaluz, salido de las urnas el pasado 25 de marzo, no aplique tal medida ni ninguna que atente contra los derechos de miles de personas como Amadou. No obstante ya empiezan a aparecer medidas no afortunadas en el nuevo gobierno de Griñán al situar las competencias de inmigración en Justicia e Interior, cuando la atención a la inmigración debe hacerse desde Igualdad, Bienestar Social, Salud, Educación, Vivienda y Empleo. ¿Seguirá el gobierno andaluz por la senda de los recortes en sanidad y educación aumentando la ratio de alumnado por clase, que desfavorecería la educación de los inmigrantes y de la sociedad andaluza en general, o será una alternativa real ante esas políticas que atentan contra los derechos humanos?
* Profesor y presidente de la
Asociación KALA


lunes, 2 de abril de 2012

Historias de hoy y de siempre

Con mucho mimo y cuidado Pepi acaba de asear a doña María Luisa, una octogenaria señora residente en una noble mansión, de la zona donde se concentran las mansiones nobles. Tras otorgarle los últimos retoques en el peinado, acompasados por varias ráfagas de perfume, suena el teléfono. Doña María Luisa observa con preocupación cómo dos lágrimas recorren las castigadas mejillas de Pepi. Al otro lado del teléfono le informan que su hijo acaba de ingresar en prisión por consumo y tráfico de drogas. Su vástago, un chavalito con recursos escasos, de un barrio sin recursos, crece en la impotencia de ver cómo su madre se va consumiendo por el sufrimiento que le produce no poder dar a sus hijos lo que siente su corazón. Tras colgar el teléfono, una fugaz mirada las hace cómplices del duro momento.
Al mediodía, doña María Luisa almuerza con sus nietos, aún ataviados con los uniformes distinguidores del colegio privado que los forma e instruye, y con su nuera e hijo quien, a modo de rutina, comenta las sentencias que acaba de firmar, entre ellas, la de un joven por consumo y tráfico de estupefacientes. Don Manuel culpa a los padres del muchacho y a la educación pública, por no haber sido capaces de hacer de él un hombre de provecho. La madre de familia se incorpora al soliloquio para comentar la buena recaudación que ha cosechado su asociación destinada a ayudar a mujeres embarazadas sin recursos. Alvaro, el más pequeño de la familia, interviene para preguntar si ya tiene la túnica preparada con la que procesionará la próxima semana.
El niño comenta que en el paso de misterio de su cofradía el gobernador se lava las manos ante la condena de un inocente. Doña María Luisa, con voz tierna y nada ofensiva, le dice a su nieto que la escena del paso de su hermandad se repite cada día en mil sitios diferentes. Su nuera la recrimina por meterle ideas políticas a su hijo. Doña María Luisa se levanta y, con la ayuda de su andador, se dirige a su dormitorio, dejando el rastro aromático del ungüento con el que Pepi la embadurnó.
Al día siguiente, y como siempre, Pepi y Doña María Luisa toman café en su lugar habitual tras el paseo vespertino, bajo la calidez de un sol primaveral y el embriagador olor que desprenden los naranjos en flor. La pregunta de la abuela no tardó en llegar:
- Pepi, ¿cómo estás? Esta, con voz entrecortada por la emoción, le contestó que tirando, que así es la vida. La venerable anciana la miró con ojos humedecidos y le dio las gracias por ser quién es.
* Profesor y presidente de la Asociación Kala


miércoles, 14 de marzo de 2012

25 de marzo

La jerarquía de la Iglesia católica andaluza, una vez más, ha manifestado su orientación al voto, que debe ir dirigido hacia un no al aborto y la eutanasia, hacia la defensa del matrimonio como unión estable de un varón y una mujer, hacia el cuestionamiento de la política social, criticando las subvenciones, siendo precisamente esta institución la que más dinero recibe de las arcas públicas. Sin ningún tipo de dudas están dirigiendo el voto hacia los partidos de ideología más conservadora.
Los cristianos de base, entre los que me encuentro, hemos conformado una ideología enraizada en el Evangelio. Esto supone que, a la hora de votar, tenemos que hacer un análisis profundo de la realidad social.
El conocimiento de la realidad nos lleva a ser conscientes de que vivimos en una sociedad basada en la desigualdad y la injusticia, que conducen a miles de familias a la exclusión social. En el caso de nuestra tierra existen más de dos millones de personas empobrecidas y alrededor de 500.000 en una situación de extrema pobreza o exclusión social, lo que supone que uno de cada tres andaluces carecen de las condiciones básicas para poder vivir adecuadamente. Teniendo en cuenta esta dura situación no es admisible que el gobierno haga rescates millonarios a la banca, sirva como ejemplo los 600 millones a Cajasur o los 6.000 millones a la CAM, y siga permitiendo los desahucios a centenares de familias que ni llegan a final de mes para poder alimentar a sus hijos. No podemos aceptar una ley de extranjería que discrimina y considera al ser humano como una mercancía objeto de los intereses del mercado, dejando a centenares de vidas truncadas en nuestra ribera mediterránea. Tampoco podemos mirar hacia otro lado ante una política judicial y penitenciaria que llena las cárceles mayoritariamente de personas procedentes de los barrios y zonas con mayor empobrecimiento y exclusión social. Cualquier ciudadano/a que se rebele contra esta injusticia social, o lo que es lo mismo, tome partido por los/as más débiles, debería hacer un discernimiento a la hora de votar, optando por los partidos que más apuesten por unas políticas encaminadas a combatir la desigualdad social y el sufrimiento que esta crisis financiera y de valores está provocando en amplios sectores de la población andaluza. Desde esta posición, estamos llamados a evitar que sigan desmantelando los servicios sociales, recortando las partidas económicas en sanidad y educación, y haciendo recaer las consecuencias de la crisis en los sectores más débiles de la sociedad.
El votante crítico, progresista y de izquierdas no lo tiene fácil a la hora de votar en conciencia, atendiendo al escenario político. Sin embargo, hay que hacerlo por el bien de Andalucía y del resto del Estado. Quizá, lo mejor que pueda pasar el 25 de marzo es que salga de las urnas un gobierno de coalición formado por varios partidos políticos capaces de identificarse con estos valores, que le obligue a desarrollar una política social basada en la ley de inclusión social, que apueste por la enseñanza y la sanidad públicas y que potencie la cultura andaluza como nuestra seña de identidad. Tal vez de ahí podría resurgir una nueva fuerza sociopolítica, convergente y de izquierdas, imprescindible para recuperar la ilusión de muchos ciudadanos/as y frenar este descarnado neoliberalismo que relega a la exclusión a miles de personas.
*Profesor y presidente de la
Asociación KALA


domingo, 29 de enero de 2012

QUE NO NOS DESVÍEN LA MIRADA

Les cuento a mis queridos alumnos/as que cada persona cuando nace participa en el juego de la vida con un boleto de tres números.  El primero corresponde a los padres que te tocan, el segundo al lugar de nacimiento y, el tercero, a su propia genética. Unos padres que amen y protejan a sus niños y niñas es el mejor seguro de vida para sus descendientes. ¿Cuántas criaturas no podrán ser acunados, abrazados, amamantados, besados,… por una madre o un padre? Muchos niños y niñas en este país crecen en centros de menores, sufriendo la irreparable frialdad que conlleva estar institucionalizado.  El boleto del nacimiento me hace preguntarme cuántos niños y niñas están muriendo en este mismo instante por haber nacido en lugares como el Cuerno de África, cuántos jóvenes valientes, decididos e inteligentes se ven obligados, por el empobrecimiento que padecen los países del llamado Tercer Mundo, a emprender el éxodo hacia el Norte. Muchos de ellos/as verán truncados sus sueños en el camino. Y, por último, el boleto de nuestra propia genética, la programación biológica, que hará que desarrollemos las cualidades innatas.
Una vez dicho esto, les explico que evidentemente las personas no partimos de la misma línea de salida. No es lo mismo una persona que le haya tocado tres buenos números en su boleto que otra que no haya tenido la misma suerte. De ahí se desprende que más que establecer líneas de salida y metas para competir, que siempre ganarán los más afortunados y mimados por los números de su boleto, hagamos un mundo de oportunidades en el que todas las personas puedan vivir con dignidad, un mundo creativo y solidario en el que los derechos humanos sean el eje vertebral de los ministerios de justicia, un mundo en el que la etnia, la religión y las costumbres culturales nos enriquezcan y no se utilicen desde el poder malévolo para dividir, enfrentar, dominar, explotar y excluir. Claro, en este posible mundo no tiene cabida la criminal economía de mercado neoliberal, a la que se están sometiendo sin el menor pudor los gobiernos.
Para machacar más a los últimos de la fila, a los que portan los peores boletos de la vida, el ministro de justicia del actual gobierno, que ha tenido la suerte de que le tocase un buen número en su boleto, anuncia una reforma para hacer aún más coercitiva la ley penal del menor; si tuviese alguna duda de que a sus propios hijos se le pudiese aplicar, otro gallo cantaría. Con esta reforma también pretende aplicar la cadena perpetua, cargándose el propio principio de reinserción de la ley penitenciaria. ¿Por qué no se da una vueltecita por las cárceles para ver la realidad? Descubriría que la inmensa mayoría proceden de los barrios de nuestras ciudades con mayor índice de exclusión social o de países empobrecidos, descubriría que muchos padecen enfermedades mentales, que la mayoría no han cometido ningún delito de sangre. ¿Usted sabe, señor ministro, que nuestro país es el que tiene menor índice de criminalidad de toda la UE y, sin embargo, es la que más presos soporta?  Por consiguiente, ¿No se querrá usted aprovechar de un populismo que se deja llevar por las noticias sensacionalistas y que le dan votos? Ya que confiesa y comulga, por favor, piénselo antes, para poderse arrepentir. Y hablando de religión, no podía olvidarse de recortar la ley del aborto, señalada como abominable por la jerarquía de la iglesia católica a la que usted debe obediencia, la mima institución que no perdona el menor desliz como el cometido por su compañera de gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, que por no haberse casado por la iglesia se le cuestiona el ser la pregonera de la Semana Santa de Valladolid.
En el mismo momento que lanzaba estas medidas,  altos cargos políticos se veían absueltos mientras muchos chavalitos de la calle, por robos de poca monta, están en busca y captura y se pasarán gran parte de su vida entre barrotes. Claro, los primeros tienen un buen número en su boleto, mientras que los segundos su número es para echarse a llorar.
Lo que más me entristece de todo esto es que los menos afortunados en su boleto sean, en muchos casos, los primeros en acusar, perseguir,… a los que padecen unas mismas circunstancias. Mientras los pobres se pelean entre sí y las clases medias están llenas de un miedo que los paraliza y los hace cada vez más conservadoras, los ricos de este mundo se siguen frotando las manos. No solo es cuestión de suerte, es cuestión de justicia con mayúsculas.
                                                                       Córdoba, 29 de enero de 2012
                                                                           Miguel Santiago Losada
                                                             Profesor y Presidente de la Asociación Kala   


lunes, 9 de enero de 2012

¿QUE NAVIDAD?

La abuela Lola, una mujer que tuvo que emigrar a Barcelona en los años sesenta a causa del empobrecimiento que padecía Andalucía, teme, después de tantos años de trabajo y sacrificio, que le apliquen la tasa de un euro por medicamento. Hace ya unos días que viene haciendo cuentas, ya que anda muy preocupada de que otro gasto, imprescindible para su salud, le recorte aún más su maltrecha economía. Mientras, desde la Generalitat, los políticos que aplican dicho canon tienen acceso a una sanidad tanto pública como privada, gracias a su acomodada situación.
Los presidentes de los grandes bancos españoles, como por ejemplo BBVA o Santander, se benefician de millonarios sueldos y de unas aseguradas pensiones, con las que tendrían para mantener a varias de sus generaciones sin dar un palo al agua. Son los mismos individuos que, debido al impago de hipotecas y amparados por la ley, mandan al desahucio a miles de familias por no poder pagarlas debido a su desoladora situación económica.
Muchas de las autoridades políticas, por ejemplo del Poniente almeriense, habrán asistido a la misa del gallo calentitos y vestidos con sus mejores galas. El celebrante de turno predicaría encarecidamente por los niños que debido al aborto no han nacido. Mientras, en los inmensos mares de plásticos que rodean a estos municipios, miles de personas inmigrantes pasaron esa noche, como otras tantas, con un frío que se cuela hasta lo más profundo del alma. El ver pisoteada la dignidad de estas personas es una realidad que estremece. No tienen ningún porvenir porque muchos de esos políticos, que comulgaron esa noche en nombre de Dios, pertenecen a partidos políticos que aprueban leyes de extranjería que van contra los derechos de las personas. Cuántos niños y abuelos habrán pasando la Navidad en fríos centros de acogida o residencias, por muchas calefacciones que tengan, sin el cariño que se desprende a través de la caricia del que bien te quiere o del beso que sabe a eternidad del hijo bien nacido a su entrañable madre.
Hemos escuchado mensajes de amor y paz por doquier bajo el envoltorio de la falsa sonrisa y con demasiados árboles de navidad y gordos papás Nöel. Rajoy, como no podía ser de otra manera, seguirá pensando cómo recortar más y más a la clase media, de la de abajo ni se acuerda, mientras que banqueros, aristócratas y demás personajes corruptos que menosprecian la democracia le seguirán dando palmaditas en la espalda al señor presidente. También, por este tiempo de la Navidad pasada, cardenales y obispos brindaron porque el Estado sea menos laico y más católico para mantener sus privilegiados. ¿Qué Navidad hemos celebrado? Es un buen momento para la reflexión personal y colectiva.
* Profesor y Presidente de la Asociación KALA