miércoles, 7 de diciembre de 2011

NI ES LO MISMO, NI DA LO MISMO

Según todas las encuestas, el Partido Popular tiene la llave para solucionar los problemas económicos de nuestro país. Sin embargo, al día siguiente de que el PP sacase mayoría absoluta el Ibex-35, el principal indicador de la Bolsa española  acumuló, en la primera semana desde que Rajoy era presidente electo, una caída del 6.6%, con todos sus valores en pérdidas.

Si miramos un poquito más allá del horizonte inmediato veremos que ningún partido político tiene la varita mágica para superar esta crisis, que sobre todo están padeciendo los sectores más débiles de la sociedad. La puerta a la solución está en la política que lleve a cabo la comunidad internacional, una política que controle al mercado y que no se deje gobernar por él. Un ejemplo evidente lo tenemos en Grecia con la sustitución de Papandreu, emanado de las urnas, por Lukas Papademos, impuesto por los intereses del mercado. Papandreu  no ha sido el responsable de la grave situación económica que atraviesa el país heleno, sino los gobiernos anteriores, cercanos a la extrema derecha en algunas ocasiones. Caso aparte es Italia, que desde hace tiempo, con crisis o sin crisis, debería haberse sacudido al impresentable de su primer ministro que, paradójicamente, fue derrocado por los mercados, y no por su pueblo.
¿Cómo podemos pensar que el partido popular sea el hada madrina que solucione los graves problemas económicos del país? Si nos atenemos a los hechos nos encontramos con: un partido popular que está recortando los presupuestos en educación y sanidad allá donde gobierna (como ejemplo claro, la comunidad de Madrid),  un partido popular con las regiones más deficitarias  (a 30 de septiembre, Murcia tenía una deuda del 3,03% del PIB y la Comunidad Valenciana, del 2,32%, gobernadas por el PP en los últimos lustros), y un partido que no cree en la inclusión social (valga de nuevo otro ejemplo claro y rotundo: bajo el gobierno de Aznar, la eliminación del déficit público se hizo acosta de aumentar el ya considerable déficit social; el gasto social público per cápita de España pasó de ser tres veces menor en 1990 a casi cuatro veces menor en 1999 que el gasto social per cápita de los países con mayor sensibilidad social de la UE).
Por consiguiente, y a tenor de lo expuesto, mucho tendría que cambiar el partido que ostenta el nuevo Gobierno para apostar por una Europa unida que solucione sus desigualdades y luche por los derechos humanos en los países más empobrecidos, mucho tendría que cambiar para que se negase al modelo de una Europa de dos velocidades, que generará una zanja mayor dentro de nuestras propias fronteras.

Nos queda un largo camino por recorrer en la ardua tarea de explicar y hacer comprender que es necesario y urgente un pacto por la Inclusión Social que acerque el gasto en protección social a la media de la UE (un 27% del PIB frente al 22% de España), que es necesario y urgente implantar un sistema universal de renta, poner en marcha planes de inserción laboral para las personas en riesgo de exclusión, mejorar la cohesión de la sociedad a través de una política fiscal más justa y progresiva, no tocar el sistema universal público tanto en sanidad como en educación y destinar el 5% de la vivienda construida o rehabilitada a vivienda pública de inclusión social. Por último, es necesario y urgente apostar por una política migratoria más justa, que garantice los derechos fundamentales de los/as trabajadores/as extranjeros/as y de sus familias, respete el derecho de arraigo y de reagrupación familiar y cierre los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Tal vez alguien piense que tal enumeración es un bonito sueño de Navidad, se equivoca, no es ningún sueño, es una exigencia para que millones de personas en este país salgan de la pesadilla en la que se encuentran.

                                                                       Córdoba, 7 de diciembre de 2011
                                                                                Miguel Santiago Losada
                                                                   Profesor y Presidente de la Asociación KALA