jueves, 15 de septiembre de 2011

¿CUANTAS HORAS TRABAJA MARÍA?

Un martes cualquiera del curso escolar, María, profesora de instituto, llegará a su centro con la cartera cargada de libros, apuntes, cuaderno de calificaciones, agenda escolar... Lo primero que hará es pasar por la sala de profesores para recoger de su casillero alguna convocatoria o comunicación: reunión de departamento, claustro, consejo escolar, reunión de tutores, evaluaciones... Después, conforme vaya saludando a compañeros y alumnado se dirigirá a su aula para impartir la primera clase de la mañana. Al toque del timbre irán entrando los chavales de un tercero de la ESO, unos 25, algunos de los cuales presentan algunas dificultades ya sean de comportamiento o de aprendizaje, lo que tendrá que tener en cuenta a la hora de trabajar con ellos y evaluarlos. A la media hora de haber comenzado la clase detectará que los ojos de su alumna Laura andan algo enrojecidos. Mientras los demás hacen unas actividades, María se dirigirá a ella para preguntarle qué le pasa. Quedará con ella a la hora del recreo para escuchar el problema familiar que tanto sufrimiento le está generando a la joven.
Sin un respiro, a la hora siguiente, tendrá clase con un grupo de alumnos de 2º de Bachillerato. María sabe que tiene una gran responsabilidad con sus pupilos para que lleguen a la selectividad lo mejor preparados posibles, porque de dicha calificación dependerá que estudien la carrera por la que se sienten más vocacionados. Este curso ha tenido que introducir algunas variables en la programación de las asignaturas indicadas por la universidad. Para introducir la clase, que por cierto supera la treintena de jóvenes, ha preparado un power point de unos 12 minutos.
A la tercera hora de la mañana le toca una guardia. Durante ella tendrá que atender varios incidentes y acudir a sustituir durante 15 minutos a un profesor que le ha surgido un imprevisto.
Muy deprisa se tomará un cafelito en la cafetería ya que ha quedado en atender a la joven Laura.
En el camino a la siguiente clase, después del recreo, un grupo de alumnos de su tutoría se acercarán a ella para pedirle que les ayude a organizar una excursión que realizarán en el segundo trimestre. Ya en clase, sus alumnos de 1º de la ESO harán un examen que tenía programado hace quince días. Durante el mismo tendrá que ir resolviendo dudas que le plantean sus alumnos.
A quinta hora se tomará un respiro, ya que no tiene clases; sin embargo, va a aprovechar para preparar el examen que tendrá la semana próxima con su grupo de 2º de bachillerato. Mientras esté elaborándolo la directora le va a comunicar que prepare un informe, junto a otros profesores que imparten clase en 3º de la ESO y coordinado por el departamento de orientación, sobre las necesidades educativas especiales que detectan en sus alumnos.
A 6 hora impartirá clase a otro grupo de 3º de la ESO. Después de unas explicaciones previas trabajarán en grupos de tres, bajo las orientaciones que les irá dando.
Agotada regresará a casa, almorzará no muy copiosamente, ya que los martes a las cinco de la tarde tiene reunión de padres. Tres familias se verán con ella para saber acerca del proceso educativo y formativo de sus hijos.
María, un día más de sus veinte años en la educación regresará agotada a su casa. Después de una reconfortante ducha se echará en el sofá para ver las noticias.
Entre las ya consabidas sobre la crisis, le sorprenderá la que alude a los recortes del profesorado en diferentes comunidades gobernadas por el PP. Le indignará ver y escuchar con qué falta de conocimiento y sensibilidad cuestionan su trabajo y el de miles de sus compañeros, responsables políticos con un patrimonio nada desdeñable y que ganan una fortuna en comparación con sus ingresos, responsables políticos que en vez de hacer todos los esfuerzos para mantener el presupuesto en educación, cimiento clave para un país, no valoran y desprestigian a los profesionales que tienen en sus manos lo más sagrado de la sociedad: nuestros niños y jóvenes.
Una mirada furtiva, por encima del televisor, le llevará a una estantería en la que tiene varios recuerdos de sus alumnos/as y sus respectivos padres y madres. A fin de cuentas es su mejor regalo: el reconocimiento a su dedicación y tarea. Se dormirá y sonará el timbre que la llevará de nuevo al aula, y se encontrará con sus alumnos, con sus padres, con sus compañeros, es decir, con la cotidiana realidad que para nada olfatean esos televisivos políticos.
* Profesor y presidente de la

Asociación KALA