jueves, 24 de marzo de 2011

Primavera para la democracia

Lola y Carlos son los progenitores de un niño de siete años que desgraciadamente murió en un lamentable accidente. En pleno duelo tuvieron que permitir la donación de los órganos de su hijo, con lo que gracias a tan altruista decisión seis niños pudieron seguir viviendo o mejorar su estado de salud. Un corazón, dos pulmones, un hígado y dos riñones hicieron el milagro. Hoy Carlos y Lola viven con menos amargura la desaparición de su querido hijo, al ser conscientes de que su muerte ha significado la vida para otros niños.
Esta dura historia humana, al mismo tiempo que solidaria, me hace recordar una pregunta que hice a los alumnos en una de mis clases: ¿cuántas personas estaríais dispuestas a donar los órganos? Algo más de la mitad se manifestaron a favor. A la segunda pregunta: ¿cuántas estarían dispuestas en caso de necesidad a recibir un órgano? Todas las manos se alzaron a la vez.
María es una mujer mayor a la que se le viene a la memoria, con ojos húmedos y rostro satisfecho, cómo tuvo que ayudar a sacar para adelante a varios hijos de una familia vecina bastante empobrecida. Su compromiso evitó que protección de menores tuviese que intervenir. Hoy esos niños han crecido, Raúl, Joaquín y Ana, y llaman a la que fue su vecina mamá María.
Alvaro es un profesor de literatura recién jubilado que ha enseñado la lengua de Miguel de Cervantes y Luis de Góngora a miles de alumnos. Su vocación no lo apartó de la tiza y la pizarra a pesar de las atractivas ofertas que le hicieron desde diferentes ámbitos de la vida pública. Dice que su ideología y su escala de valores chocarían frontalmente con esos cargos de despacho y traje.
Rafael ayuda a varios chavales inmigrantes sin documentación, alguna vez a sabiendas de que actúa al margen de la ley. Si algo tiene claro es que, por encima de todo, no quiere estar al margen de la vida. El último día que hablé con él me dijo que cómo podíamos ser tan egoístas en una provincia como la nuestra, que tiene a más de 270.000 cordobeses emigrantes, distribuidos por distintas partes de la geografía española y del mundo. Muchos piensan que los 30.000 inmigrantes que habitan en la provincia de Córdoba son demasiados, incluso algunos estarían dispuestos a darle una patada y echarlos. Sentía vergüenza ajena por esas personas.
José y Silvia son dos jóvenes empresarios que luchan por fortalecer su empresa dando oportunidades a jóvenes desempleados. En los tiempos que corren se conforman con el mantenimiento de su negocio y de los puestos de trabajo que el mismo genera.
Más de una familia que conozco ha adoptado o acogido a algún niño de etnia, religión o cultura diferente. Ven al otro, al que nos viene de fuera, como un gran enriquecimiento personal y social. Son familias que no pueden entender cómo hay personas que consideran a ese otro como un intruso, que provoque miedo y xenofobia.
Mientras, en nuestra ciudad, algunos medios de comunicación le hacen la campaña gratuita a un candidato imputado en el caso Malaya. Los grandes partidos políticos elaboran unas listas electorales que en demasiados casos nada tienen que ver con las ideologías y siglas que dicen representar. Listas llenas de candidatos que han hecho de la política una profesión, con lo que, si llegan a gobernar, estarán más pendientes de su propio porvenir que el del bien común al que se deben.
Qué lástima que personas como Lola y Carlos, María, Alvaro, Rafael, José y Silvia, y muchas más no aparezcan en las candidaturas para las próximas elecciones municipales. Ojalá que los siguientes comicios electorales vengan precedidos por una catarsis en los partidos políticos que hagan vislumbrar una nueva manera de hacer política más acorde con el sistema democrático, que nos favorezca más a todos y todas, empezando por las personas que más lo necesitan.
* Profesor y presidente de la
Asociación KALA