lunes, 23 de noviembre de 2009

AMINETU HAIDAR ROSA HUMANA DEL DESIERTO

Ayer, más de cinco mil voces se alzaban por las calles de Córdoba contra la violencia machista. Manifestación convocada por la Plataforma contra la Violencia a las Mujeres, con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género, que tendrá lugar el próximo miércoles, 25 de noviembre. Felicidades por denunciar y hacernos cada vez más conscientes de esta terrible lacra.

Ayer, Antonio Tejero, nuestro embajador cordobés en el aeropuerto de Lanzarote, al igual que lo han hecho otros actores y escritores como Willy Toledo o José Saramago, se solidarizaba con una mujer que podríamos calificar como la rosa humana del desierto, Aminetu Haidar. Una mujer cuya sensibilidad y dignidad la han llevado a revelarse con otros tipos de violaciones, como la que ejerce el estado pseudo-democrático marroquí, que condena al empobrecimiento social a su pueblo y viola el derecho del pueblo saharaui a sentirse nación y a tener su propia identidad.

Aminetu con su actitud dice ¡basta ya! a la violencia del Estado de Marruecos, mientras el Gobierno español mira hacia otro lado. Lleva una semana en huelga de hambre. El 25 de noviembre será un rayo de luz para todo el mundo, que traspasará todas las fronteras físicas, irradiando de humanidad a todos los corazones que están dispuestos a conseguir un mundo libre de todo tipo de violencia.

Gracias Aminetu.


                                                           Córdoba, 23 de noviembre de 2009.

                                                                 Miguel Santiago Losada

lunes, 16 de noviembre de 2009

Recuperar el sentido común

"Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados de razón y conciencia, tienen el deber de comportarse fraternalmente los unos con los otros" (art. 1 Declaración Universal de los Derechos Humanos). Somos testigos de que el asfalto de nuestras ciudades sostiene a cientos de personas subsaharianas que se buscan la vida para subsistir: ofreciendo pañuelos en los semáforos a cambio de alguna propina, ayudando a aparcar coches o vendiendo CD. Se trata de una generación joven, preparada, educada y con ganas de trabajar. Desde 1999 vienen arriesgando su vida para buscar en el "Primer Mundo" un futuro digno para ellos y sus familias africanas. Miles de ellos han perecido trágicamente en el intento. El Atlántico ahogó sus sueños y nuestras playas se limitaron a recoger sus cuerpos sin vida.
Estamos viendo cómo los que llegan, salvo excepciones, viven con el temor de ser detenidos por la policía por vender CD, padeciendo una situación muy injusta por el sólo hecho de buscarse la manera de subsistir. La calle les expone a la clandestinidad, les acecha el peligro de ser detenidos en cualquier momento y, de esta manera, se les ingrese en un centro de internamiento, se les abra expedientes de expulsión, se les imposibilite el acceso a la obtención de documentación por arraigo con la que podrían trabajar como bien saben o se les envía a la cárcel, recinto de paredes opacas contra las que se dan de bruces.
Para los que se encuentren entre nosotros habrá sido un respiro que la Audiencia Provincial de Córdoba se haya sumado a una interpretación de la norma penal, que ya están aplicando otras audiencias y que se decanta por absolver a las personas que venden en la calle reproducciones no autorizadas de películas u obras musicales.
Qué le está pasando a esta sociedad que sigue explotando los recursos de los países del sur condenando al hambre, las enfermedades y las guerras a millones de seres humanos. Miles de ellos se verán excluidos y criminalizados por atreverse a traspasar nuestras fronteras buscando una vida digna.
Nuestra sociedad les niega hasta las migajas. Les niega poder buscarse la vida con una venta ambulante que no es competitiva, les niega el poder ejercer de artistas callejeros, les niega el poder repartir cualquier tipo de propaganda con lo que se ganan unos eurillos, les niega hasta la mendicidad. Es de desear que nuestro Ayuntamiento no tome nota del granadino impulsando este tipo de medidas descerebradas.
Hace falta que recuperemos el sentido común, lo cual pasa por derogar leyes de extranjería inhumanas, por eliminar ordenanzas municipales que atentan contra la dignidad humana y por el deber que tiene la ciudadanía de comportarse fraternalmente sobre todo con los más excluidos y empobrecidos.
* Profesor y presidente de la Asociación KALA


jueves, 12 de noviembre de 2009

¿A quién sirve la política?

Hace tiempo que vengo pensando en la pregunta que sirve de título al presente artículo. Sinceramente, como ciudadano que, de joven, viví el nacimiento de la democracia cargado de ilusiones y utopías, veo cómo en estos momentos el desarrollo de la política se encuentra en horas bajas: profesionalización de la misma, falta de ética y compromiso, partidos más pendientes de sus estructuras y aparatos que de los objetivos que impulsaron su creación. Incluso los sindicatos de clase actúan más como empresas de servicios que como medio a los fines para los que se fundaron. Esta situación ha llegado lamentablemente a las mismas oenegés.
Aprovechando los momentos actuales, quisiera ofrecer mi particular manera de ver la actual situación:
1. La democracia no es igual a partidos políticos. Los partidos políticos son una parte importantísima de ella, ya que tienen en sus manos el poder legislativo y ejecutivo, pero no deberían ser los determinantes de la misma. Para ello, se hace necesario una retroalimentación con la ciudadanía: oxigenándose desde la calle, bajando a la realidad, contando con la gente, no solo para las campañas electorales. De lo contrario, en vez de potenciar la participación democrática se manipula a la ciudadanía.
2. Los partidos políticos no debieran ser fin en sí mismos. Me alarma cómo cada vez más se van fortificando a la manera de las grandes empresas, cuyo principal objetivo es mantener su maquinaria, pero en este caso con escasa productividad. Un ejemplo cercano son los 4,5 millones de euros que el Ayuntamiento se gasta en sus 50 altos cargos. ¿Acaso no elegimos en las urnas a los 29 concejales para que gobiernen contando con los técnicos municipales más cualificados? Entonces, ¿para qué tanto derroche presupuestario gastando millones de euros en altos cargos y puestos de confianza?
3. La política no debiera nutrirse de personas que hacen de la misma una profesión. El político debiera de ser un ciudadano que ejerce su profesión y durante un tiempo, no excesivo, dedicarse a los compromisos políticos asumidos. Una vez ejercida dicha responsabilidad, debería de volver a ser un ciudadano de a pie que continua con su labor profesional.
Lo más lamentable es cuando se utiliza el cargo político para obtener pingües beneficios personales. De ahí que se llegue a la desvergüenza política, como últimamente está pasando con tramas como el caso Gürtel.
4. Los sueldos deberían estar acordes con la situación económica de sus conciudadanos. Un pequeño ejemplo, un concejal del Ayuntamiento cobra cinco veces más que el salario medio de un asalariado cordobés. Se puede entender el plus que significa una mayor responsabilidad, pero de manera más equilibrada.
5. Y, por último, la condición básica que debería motivar a cualquier ciudadano a ejercer la política: importarle su ciudad, autonomía o estado; comenzando siempre por las personas con mayores necesidades sociales. Mucho me temo que esto no ocupa el primer puesto sino que por el contrario se tiene más en cuenta el débito, la sumisión, el favor, la cuota de poder... que la autenticidad ideológica, un conocimiento suficiente del entorno en el que van a ejercer su compromiso político y una formación que capacite para el desempeño de las tareas sobre las que se deberá gobernar.
Tomando en serio las cuestiones referidas, la política gozaría de mejor salud y controlaría una economía que no entiende de personas, cuyos efectos más permisivos, más allá de la actual crisis económica, los viven las miles de familias que padecen el empobrecimiento y la exclusión social.

* Profesor y presidente de la Asociación Kala