viernes, 14 de septiembre de 2007

Mejora de la seguridad escolar

La delegada provincial de Educación, Dolores Alonso , que participó en la reunión de la junta local de seguridad el pasado miércoles, 5 de septiembre, dijo que el Plan Director para la Convivencia y la Mejora de la Seguridad Escolar, aprobado en diciembre de 2006 por los ministerios de Educación y del Interior, "no es un plan corrector, sino preventivo". Añadió que "en la prevención está el éxito y no en la corrección". Por otra parte, la señora alcaldesa consideró tras dicha reunión que se trata de "un plan de siembra de valores con el fin de que se normalice una convivencia adecuada".
Nuestras dos políticas, en sus declaraciones realizadas al Diario CORDOBA, ponían al mismo nivel la entrada de la policía en los colegios para prevenir la violencia, a través de charlas a la comunidad educativa, con otros programas de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento (programas sobre igualdad, cultura de la paz, convivencia, absentismo, hábitos de vida saludables, educación para la ciudadanía, política social).
Este plan director, al igual que las declaraciones efectuadas por dichas responsables institucionales, me deja además de preocupado, perplejo, por las siguientes razones:
--Estamos atravesando por un momento histórico de recortes en los derechos civiles, sobre todo a raíz del 11-S. La política neoliberal y bélica encabezada por Bush , por una parte, y respondida por grupos terroristas a escala internacional, por otra, está desarrollando la sociedad de la inseguridad y del miedo, en donde la educación en valores está siendo sustituida por medidas y estrategias de tipo policial y militar para salvaguardar la seguridad de la ciudadanía.
--Nos estamos contagiando de la sociedad de la inseguridad y del miedo a escala estatal y local. Cada vez son más los guardias de seguridad, las cámaras de videovigilancia, los cerramientos de urbanizaciones, las rejas y alambradas en los patios de los centros educativos...
--Es preocupante que la propia televisión pública emita programas, como el de España Directo , que sólo conducen a la alarma social tarde tras tarde. En lo que va de año he escuchado múltiples comentarios, sobre todo de personas mayores, atemorizadas de salir a la calle por los contenidos de dicho programa que conducen al miedo y, en algunos casos, a la xenofobia hacia personas que padecen la exclusión social.
--Durante esta última década las diferentes Administraciones han puesto en marcha una serie de programas, según ellas, de carácter preventivo como la llamada policía de cercanía, policía de barrio... que venían a ser como la panacea a la hora de terminar con la conflictividad social que genera la lacra de la exclusión. ¿Cuáles han sido dichos resultados? La exclusión no se erradica con medidas policiales sino con políticas sociales. ¡Cuántas veces habrá que decirlo!
--Llevamos años criminalizando a nuestros niños y jóvenes, incluso hay fiscales que quieren rebajar a los 14 años la edad penal para poder condenar a los adolescentes. La criminalización de nuestros menores es la prueba más evidente del fracaso de nuestra sociedad. En pocos años estamos pasando de proteger a nuestros niños a protegernos de ellos. ¿Acaso no es para sentirnos avergonzados los adultos por tan tremendo fracaso generacional?
--Y, por último, lo que me quedaba por ver. Después de veinticinco años que llevo como profesional de la enseñanza, no me puedo imaginar sentado al fondo de una de las aulas donde imparto clase, escuchando con mis alumnos una lección magistral sobre la tolerancia y la resolución de conflictos impartida por un guardia civil o un policía nacional. Con todo mi respeto, los cuerpos de seguridad del Estado no están para prevenir, sino para reprimir, téngase en cuenta el significado más objetivo de dicho verbo. Qué sentido tienen los departamentos de orientación, las tutorías, los diversos programas educativos, los agentes sociales... Este tipo de medidas lo que provocan es una mayor desautorización de los maestros y profesores. Lo que nos hace falta a los profesionales de la educación es que se nos oiga, que no estemos continuamente al arbitrio del gobierno de turno cambiando continuamente la Ley de Educación, llegar al 6 o 7% del PIB para la educación, sobre todo para dotar a los centros educativos del personal educativo necesario, según las características de la zona en la que esté enclavado el centro, y de esta manera, poder desarrollar nuestro trabajo en condiciones.
Señora ministra de Educación, señora consejera de Educación, señora delegada de Educación, planes o programas como éste no son el camino de la educación en valores. Los niños no necesitan visitar cuarteles, ni montarse en carros de combate... lo que necesitan son espacios de tolerancia, paz, solidaridad. Los niños no necesitan personas vestidas de uniforme que están al servicio del Ministerio del Interior, lo que necesitan son personas de su confianza, que no son otras que sus maestros y profesores. Maestros y profesores dispuestos a educar en los valores de ciudadanía y a formar en las materias que los preparen para ser unos buenos profesionales el día de mañana.
Y a todo esto: ¿Qué tienen que decir de ello los sindicatos de la enseñanza? ¿Qué opina la Junta de Personal Docente? ¿Qué opinan las diferentes comunidades educativas?
* Profesor y Coordinador del Area de Marginación de la Apdha


jueves, 6 de septiembre de 2007

¿PLAN DIRECTOR PARA LA CONVIVENCIA Y LA MEJORA DE LA SEGURIDAD ESCOLAR?

La delegada provincial de educación, Dolores Alonso, que participó en la reunión de la junta local de seguridad el pasado miércoles, 5 de septiembre, dijo que el Plan Director para la Convivencia y la Mejora de la Seguridad Escolar, aprobado en diciembre de 2006 por los ministerios de Educación y del Interior, “no es un plan corrector, sino preventivo”. Añadió que “en la prevención está el éxito y no en la corrección”. Por otra parte, la señora alcaldesa consideró tras dicha reunión que se trata de “un plan de siembra de valores con el fin de que se normalice una convivencia adecuada”.
            Nuestras dos políticas, en sus declaraciones realizadas al diario Córdoba, ponían al mismo nivel la entrada de la policía en los colegios para prevenir la violencia, a través de charlas a la comunidad educativa, con otros programas de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento (programas sobre igualdad, cultura de la paz, convivencia, absentismo, hábitos de vida saludables, educación para la ciudadanía, política social).
            Este Plan Director, al igual que las declaraciones efectuadas por dichas responsables institucionales, me deja además de preocupado, perplejo, por las siguientes razones:
-          Estamos atravesando por un momento histórico de recortes en los derechos civiles, sobre todo a raíz del 11S. La política neoliberal y bélica encabezada por Bush, por una parte, y respondida por grupos terroristas a escala internacional, por otra,  está desarrollando la sociedad de la inseguridad y del miedo, en donde la educación en valores está siendo sustituida por medidas y estrategias de tipo policial y militar para salvaguardar la seguridad de la ciudadanía.
-          Nos estamos contagiando de la sociedad de la inseguridad y del miedo a escala estatal y local. Cada vez son más los guardias de seguridad, las cámaras de videovigilancia, los cerramientos de urbanizaciones, las rejas y alambradas en los patios de los centros educativos,…
-          Es preocupante que la propia televisión pública emita programas, como el de “España Directo”, que sólo conducen a la alarma social tarde tras tarde. En lo que va de año he escuchado múltiples comentarios, sobre todo de personas mayores, atemorizadas de salir a la calle por los contenidos de dicho programa que conducen al miedo y, en algunos casos, a la xenofobia hacia personas que padecen la exclusión social.
-          Durante esta última década las diferentes Administraciones han puesto en marcha una serie de programas, según ellas, de carácter preventivo como la llamada policía de cercanía, policía de barrio,… que venían a ser como la panacea a la hora de terminar con la conflictividad social que genera la lacra de la exclusión. ¿Cuáles han sido dichos resultados? La exclusión no se erradica con medidas policiales sino con políticas sociales. ¡Cuántas veces habrá que decirlo!
-          Llevamos años criminalizando a nuestros niños y jóvenes, incluso hay fiscales que quieren rebajar a los 14 años la edad penal para poder condenar a los adolescentes. La criminalización de nuestros menores es la prueba más evidente del fracaso de nuestra sociedad. En pocos años estamos pasando de proteger a nuestros niños a protegernos de ellos. ¿Acaso no es para sentirnos avergonzados los adultos por tan tremendo fracaso generacional?
-          Y, por último, lo que me quedaba por ver. Después de veinticinco años, que llevo como profesional de la enseñanza, no me puedo imaginar sentado al fondo de una de las aulas donde imparto clase, escuchando con mis alumnos, una lección magistral sobre la tolerancia y la resolución de conflictos impartida por un guardia civil o un policía nacional. Con todo mi respeto, los cuerpos de seguridad del Estado no están para prevenir, sino para reprimir, téngase en cuenta el significado más objetivo de dicho verbo. Qué sentido tienen los departamentos de orientación, las tutorías, los diversos programas educativos, los agentes sociales,… Este tipo de medidas lo que  provocan es una mayor desautorización de los maestros y profesores. Lo que nos hace falta a los profesionales de la educación es que se nos oiga, que no estemos continuamente al arbitrio del gobierno de turno cambiando continuamente la Ley de Educación, llegar al 6 ó 7% del PIB para la educación, sobre todo para dotar a los centros educativos del personal educativo necesario, según las características de la zona en la que esté enclavado el centro, y de esta manera, poder desarrollar nuestro trabajo en condiciones.

Señora ministra de educación, señora consejera de educación, señora delegada de educación planes o programas como éste no son el camino de la educación en valores. Los niños no necesitan visitar cuarteles, ni montarse en carros de combate,… lo que necesitan son espacios de tolerancia, paz, solidaridad. Los niños no necesitan personas vestidas de uniforme que están al servicio del ministerio del interior, lo que necesitan son personas de su confianza, que no son otras que sus maestros y profesores. Maestros y profesores dispuestos a educar en los valores de ciudadanía y a formar en las materias que los preparen para ser unos buenos profesionales el día de mañana.

Y a todo esto: ¿Qué tienen que decir de ello los sindicatos de la enseñanza? ¿Qué opina la Junta de Personal Docente? ¿Qué opinan las diferentes comunidades educativas?

                                                    Miguel Santiago Losada
                         Profesor y Coordinador del Área de Marginación de la APDHA

                                          Córdoba, 6 de septiembre de 2007

miércoles, 18 de julio de 2007

SEA LA PROTECTORA Y CUIDADORA PUBLICA DE LOS NIÑ@S Y NO SU AMENAZA, SRA. CONSEJERA


            Una tarde otoñal de 1992 cuando estaba reunido con mi equipo de educadores de la calle Torremolinos (barriada del Sector Sur de Córdoba) un grupito de chavalitos de la calle nos trajo a un joven inmigrante sin papeles, que apenas tendría los 18 años, para que le ayudásemos a buscar a su padre que se encontraba en nuestra ciudad. Antes de dejarlo en nuestras manos, los chavales nos pusieron una condición: “no llaméis a la policía”. Al día siguiente, después de haber pasado la noche en casa, desplegamos a toda nuestra gente para que Mohamed se encontrase con su padre. Aún recordamos, con ojos humedecidos, a ese padre abrazando con todas sus fuerzas a su hijo y comiéndoselo a besos. Ese mismo día, del año mágico de la Expo de Sevilla, el mar Mediterráneo seguía arribando a sus orillas los primeros inmigrantes africanos que intentaban llegar a nuestras costas.
            Tres años más tarde, octubre de 1995, recogía en la estación de ferrocarriles de Córdoba a Nöel, joven camerunés que llevaba más de un año en el infrahumano campamento ceutí de Calamocarro, gracias a la mediación del Padre Béjar, un cura entrañable, que puso todo su empeño para librar del infierno a decenas de subsaharianos enviándolos a la Península.
            A principios del año 2001 un grupo de personas solidarias de Algeciras se puso en contacto con la delegación de la APDHA de Córdoba para que nos hiciéramos cargo de un chavalito de 15 años recién cumplidos, que había estado apunto de ahogarse en la patera que lo condujo a las orillas andaluzas. Años más tarde, sería otro adolescente marroquí el que compartiese mi hogar y mi familia, enriqueciéndonos todos.
            Mientras tanto el Estrecho se convertía en una gran fosa común en la que miles de jóvenes inmigrantes, llamados por la esperanza de encontrarse con un mundo mejor, dejaron sus vidas.
            Con el tiempo crucé el Estrecho y me adentré en el corazón de Marruecos. Conocí a las familias de mis chavales y a muchos jóvenes. He constatado que si las madres están atormentadas por la falta de futuro para sus hijos, aún lo están más cuando alguno de ellos decide venirse para Europa, poniendo la vida en peligro.
            Una tarde de agosto tomándome un té en una cafetería de Settat, ciudad a 50 Km de Casablanca, con Ahmed, un joven universitario de veintitantos años, me confesaba que se pasaba las horas muertas preguntándose una y otra vez ¿y ahora qué? Un joven intelectual que me analizaba la situación de su país y del mundo con un sentido común aplastante. A la UE, me contaba, lo único que le importa es tener contento a Mohamed VI para que le siga siendo un guardián fiel del estrecho y un gendarme del integrismo religioso. Cómo mucho llegan algunos euros a los pueblos y ciudades que se destinan a su embellecimiento, para que después puedan ser disfrutadas por los mismos españoles y europeos. Mientras tanto la desesperanza aumenta día tras día entre la población, y más cuando nos venden, a través de las imágenes, el nivel de vida del primer Mundo. Es como para volverse locos. Lo que me llega a provocar más, me decía, es el comportamiento cínico de vuestros políticos cuando desembarcan en tierras marroquíes prometiendo el oro y el moro, nunca mejor dicho. Después te das cuenta que todo es mentira para el pueblo. Cada vez endurecen más las leyes de extranjería, cada vez  hay más palizas de la policía a los chavales que quieren buscarse la vida para cruzar el estrecho en los puertos,… Y para colmo de males  expulsan a los chavales de España sin el más mínimo escrúpulo, acogiéndose a que están mejor con sus familias biológicas. O no se enteran o sencillamente no tienen vergüenza.
            ¿Por qué cuento todo esto? Llevo un mes dándole vueltas a las últimas declaraciones que viene haciendo la Consejera de Igualdad y Bienestar Social, Micaela Navarro. Si soy sincero sacó siempre una conclusión de las mismas: ¡por favor, Zapatero, déjame expulsar a los menores inmigrantes! Su intención, por supuesto, la reviste de argumentos como que: “los menores deben estar con sus familias”. Tiene perlas mejores: ¿Para qué buscarles familias de acogida si ya tienen la suya?, viene a decir la señora consejera. Y hay afirmaciones que demuestran que no es la mejor consejera con competencias para proteger a los niños cuando dice que la Junta ya no puede asumir a más menores inmigrantes porque los centros de los que dispone están abarrotados, y hace las veces del responsable de Interior diciendo que hay que expulsarlos. Señora Consejera, por favor, dígale a su compañero de Economía de la Andalucía imparable, que amplíe el presupuesto para estos niños, porque ni son tantos niños ni es tanto el presupuesto que se necesita, y más aún teniendo en cuenta que en sólo quince días su consejería se gastará en septiembre  1.700.000 euros en Eutopia 07.

            No quiero ni pensar que los colectivos sociales andaluces nos veamos como en la comunidad de Madrid: parando aviones, moviéndonos a la carrera por los despachos de los juzgados para que los jueces suspendan las órdenes de expulsión, escondiendo a chavales de la persecución administrativa y policial.

Sra. Consejera, sea la protectora y cuidadora pública de los niños y niñas y no su amenaza. Son niños y como tal deben ser tratados. En cambio, deduzco por sus declaraciones que para Vd. son inmigrantes ilegales a los que hay que repatriar. Si algún niño es expulsado de nuestra comunidad obviando todas las garantías que establecen nuestras leyes nacionales e internacionales Vd. será una de las principales responsables, y por el bien de los menores, debería de abandonar el cargo que ostenta.



Miguel Santiago Losada
Profesor y Coordinador del Área de Marginación de la APDHA

Córdoba, 18 de julio de 2007

viernes, 13 de julio de 2007

Asignaturas pendientes

Nuevamente ETA consume la mayor parte del debate del estado de la nación. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), a la pregunta ¿cuál ha sido el tema principal del debate?, el 63,5% de las personas encuestadas señala el terrorismo, solo el 2,2% los temas sociales. Es indudable que, después de cuarenta años, el terrorismo con cerca de mil muertes a sus espaldas siga siendo un grave problema para nuestro Estado. Sin embargo, año tras año, legislatura tras legislatura, parece como si fuese el único problema importante que padecemos. Mientras tanto, se tapan las otras asignaturas pendientes tan importantes o más que la de ETA.
A los hechos me remito: ¿Se ha debatido sobre el empobrecimiento y la exclusión social que padece nuestro Estado? ¿Ven los señores diputados razonable cómo año tras año sube la población penitenciaria, procedente en su mayoría de los sectores más desfavorecidos? ¿No les alarman a todos los grupos parlamentarios los centenares de muertes que cada año se producen en las aguas del Mediterráneo y Atlántico a causa de la actual política internacional y migratoria? Podríamos continuar con un largo etcétera; sin embargo, analicemos brevemente algunos de estos graves problemas sociales.
Casi 66.000 personas, entre penados y preventivos, habitan hoy en las 77 cárceles españolas, la mayor tasa de encarcelados del entorno europeo. Un dato abrumador si lo comparamos con los 9.392 presos del año 1977, hace treinta años, justo cuando celebramos las primeras elecciones democráticas después de la dictadura franquista. Una población reclusa compuesta por más de un 80% de personas procedentes del empobrecimiento y la exclusión social. Hace unas semanas salió una noticia en la que un preso de la cárcel de Albolote (Granada) llevaba 437 días en prisión después de haber sido absuelto por un tirón. Un gravísimo error judicial que recayó sobre una persona que padece la injusticia de vivir en la exclusión social. "Corre, corre, eres libre", recuerda esta persona que le dijo el funcionario cuando la prisión se dio cuenta del error. "Tranquilo, que no es para tanto", dice que le respondió esta persona toxicómana, de 32 años y con trece hermanos que duerme en un coche abandonado e intenta ganarse la vida de gorrilla. ¿Estas son las leyes que supuestamente, en un Estado social, democrático y de derecho, deben de estar al servicio de la justicia social? ¿Esta es la reinserción social que propugna la Ley Penitenciaria?
Al transcurrir de los años, treinta desde las primeras elecciones democráticas posfranquistas, las cifras nos dicen que han aumentado los asalariados en el sector público (de 1.393.000 a 2.932.200), el salario mínimo ha pasado de los 79,3 euros al mes a 570,6, que la población activa ha pasado de 12.551.000 hasta los 19.747.700... Sin embargo, junto al creciente nivel de vida que ha alcanzado este país, hay que denunciar, una vez más, la situación de vulnerabilidad social que padecen los más de 8.000.000 millones de personas empobrecidas que malviven en nuestro Estado. Una realidad que se mantiene gobierno tras gobierno y que representa el principal caldo de cultivo del que se nutren las cárceles. Podemos decir, sin duda a equivocarnos, que es la mayor injusticia social que padece este país.
Hemos pasado de tener una población extranjera de 161.912 personas en el año 1977 a 4.144.166 en 2006, lo que ha reportado unos importantes beneficios a la economía del país (sus cotizaciones suponen 8.000 millones más de euros al año). Sin embargo, es muy preocupante que para los españoles la inmigración suponga el segundo problema. ¿Qué políticas se están desarrollando para que, a pesar del enriquecimiento que supone para la tesorería del Estado el empleo proveniente de la inmigración, la población tenga esta equivocada percepción? Desde la primera Ley de extranjería promulgada en 1986 hasta la actual, el fenómeno de la inmigración se ha planteado como un problema de invasión de fronteras, de vallas y policías, de lo que hay que defenderse bajo el inhumano y cínico calificativo de ilegal. Sin embargo, lo que sí podemos considerar de terrible violación a los derechos humanos son estas leyes y tratados que han causado la muerte de miles de personas en aguas del Mediterráneo y Atlántico, que expulsan a miles de inmigrantes, incluso causando muertes como la del caso del nigeriano Osamuyi ; hacinando a centenares de personas en centros de inmigrantes en los que se viola permanentemente la dignidad.
¿Sabíamos que 30.000 niños y niñas viven sin padres y madres en los centros de protección de menores de España? ¿Cómo calificar esta tremenda situación? ¿Qué tipo de sociedad estamos desarrollando para dar lugar a tanto sufrimiento en los sectores más frágiles de la misma, como son los niños y los ancianos? ¿Por qué no se ponen en marcha políticas sociales que eviten la situación de riesgo de muchas familias, en vez de decretar desamparos que retiran a los niños de este tipo de familias? ¿Por qué no se facilitan medidas que posibiliten acoger temporalmente a estos críos en núcleos familiares?
Podríamos seguir enumerando muchos otros casos como ancianos desamparados, mujeres maltratas,- sin dejar de reconocer algunas de las leyes que intentan paliar estas duras situaciones sociales.
A pesar de todo ello, los más altos representantes del Estado centrarán su debate, una vez más, sobre el grave problema del terrorismo. Seguirán tapando la injusticia social, que tanto dolor y sufrimiento está causando entre la población más invisible, aquélla que sólo aparece en los medios de comunicación como causante de la inseguridad ciudadana, de la mala imagen y de alguna noticia que más que denunciar y exigir soluciones echará aún más leña al fuego sobre las espaldas más débiles y apaleadas de la sociedad.
* Profesor y coordinador del Area de Marginación de la Apdha


viernes, 1 de junio de 2007

¿Y ahora qué?

A qué se debe la baja participación que ha provocado que IU pierda casi 15.000 votos? ¿A qué se debe el crónico estancamiento del PSOE cada vez que llegan unas elecciones municipales?
Las respuestas a dichas cuestiones deberíamos pronunciarlas después de un análisis profundo que debería partir, al menos, de las cuatro últimas elecciones municipales. Para ello, no caben respuestas simples como que la baja participación se debe a la feria, romería de la Virgen del Rocío, fin de semana de playa-
La memoria histórica es importante a la hora de realizar un examen exhaustivo de cómo se han ido desarrollando los diferentes gobiernos municipales de la democracia. La primera cuestión que se me viene a la cabeza es el porqué Córdoba es la única capital de provincia que ha estado gobernada por IU desde que en el año 1979 se celebraron las primeras elecciones municipales, a excepción del cuatrienio 95-99 que lo estuvo por el PP. Pienso que no podemos caer en el error de creernos que somos la ciudad más de izquierdas de toda España, ya que de ser así habríamos conseguido ser la ciudad referente social y cultural de todo el Estado y, sin embargo, todo el mundo sabe que esto no es cierto a la luz de los datos: el 4% de población excluida, lo que supone más de 13.000 personas; el elevado número de desempleados, 26.000; la lacra de una economía sumergida que no acaba de emerger; un sector del movimiento ciudadano opuesto a la implantación de centros sociales en sus respectivos barrios,...
Por tanto, podríamos seguir preguntándonos, ¿a qué es debido? Pienso que de la misma manera que la sociedad tiende a ser conservadora, a la hora del voto ocurre lo mismo. Al mismo tiempo, no podemos olvidar que la actual IU heredó el llamado califato rojo de Julio Anguita , que incluso llegó a contar con 17 concejales en las elecciones de 1983. Esto, unido a un PSOE que, incluso llegando a los 9 concejales en algunas elecciones municipales, no ha sido capaz de apostar por Córdoba con la fuerza suficiente para hacerse con el gobierno municipal, tal vez porque desde las altas esferas socialistas ubicadas en Sevilla y Madrid siempre han considerado a Córdoba como moneda de cambio, como ciudad comodín a la hora de buscar apoyos para otras ciudades, sin ir más lejos la vecina Sevilla.
Asimismo, venimos asistiendo últimamente, sobre todo desde 1999, a una manera de gobernar populista y sin una ideología progresista que apueste claramente por el desarrollo de la justicia social. Una forma de gobernar cuyo principal objetivo es el mantenimiento del poder municipal, de tal manera que incluso se ha pedido el voto conservador en las recientes elecciones. ¡A dónde hemos llegado que con tal de mantenerse en el poder venden hasta la propia alma!, en este caso la ideología.
La gente está cansada de que nos vendan tanto humo, tanta palabrería bonita y tan pocos resultados. Y he ahí la causa de los resultados electorales: una derecha a punto de gobernar con mayoría absoluta.
¿Y ahora qué hacer? Lo primero, una sana autocrítica para no cometer tantos errores y seguir desanimando cada vez más a la ciudadanía. Lo segundo formar un cogobierno IU-PSOE dispuesto a desarrollar un programa electoral que vea cumplidos sus objetivos a cuatro años vista, entre los que debería tener como prioridad fundamental una política social destinada a erradicar la exclusión social y el empobrecimiento que padece la ciudad. Y, en tercer lugar, formar un equipo formado con lo más preparado de cada uno de los grupos políticos, además de aprovechar la ley de grandes ciudades para contar con personas preparadas que puedan hacer frente a los grandes proyectos urbanísticos de la ciudad, a la creación de una dinámica cultural que prepare la ciudad para el 2016 y al desarrollo de una política social que haga de Córdoba un verdadero referente social.
* Profesor y Coordinador del Area de Marginación de la APDHA


sábado, 12 de mayo de 2007

Dan miedo, mucho miedo

"Voy a barrer las calles" (Aznar, 2001)
"Terminaré con esa chusma a manguerazos" (Sarkozy, 2005)
¿Es esta la Europa del cambio?

La sociedad del capitalismo y consumismo está compuesta por una amplia clase social que conforma un colchón confortable para el mantenimiento del actual sistema. Las tarjetas de crédito, las hipotecas, los fondos de inversiones, los seguros de vida... son el sentido de ser del ciudadano de hoy. Vales en cuanto estás dentro del mercado, para consumir y generar riqueza.
Al mismo tiempo, este mismo mercado, que controla a los poderes políticos, es la principal causa del empobrecimiento y la exclusión social. Hoy son una injusta y lamentable realidad las grandes bolsas de pobreza y exclusión que existen incluso dentro de las fronteras de los Estados Unidos y la Unión Europea. De una manera sencilla podríamos decir que es el hecho más evidente de que la política de mercado es la principal causa de la violación de los derechos humanos. Todas las constituciones del llamado Primer Mundo se rinden a sus pies, poderoso caballero es don dinero , dejando que los parlamentos de los diferentes países aprueben leyes que van diametralmente en contra de los principios más consagrados de cualquier Estado que se proclame social, democrático y de derecho. Ejemplos contundentes, a lo que nos estamos refiriendo, serían las leyes de extranjería, las leyes penales, las leyes contra los menores; leyes que castigarán principalmente a los más empobrecidos, llenando las cárceles de ellos y generando, al mismo tiempo, la sociedad del miedo para que, de esta manera, se pueda blindar aún más el sistema de mercado neoliberal.
Un círculo vicioso perfecto formado por el mercado neoliberal y la sociedad del miedo. De ahí que para asegurar la tranquilidad de la ciudadanía, las personas que son útiles al mercado, haya que protegerlas de todas aquellas otras personas que se encuentran al margen del sistema y que puedan generar "inseguridad ciudadana".
¡Está tan bien diseñada la estrategia! Cuando alguien del propio sistema salta a las páginas de los periódicos por fraudes o enriquecimientos ilícitos, la sociedad colchón tiende a protegerlos, disculparlos e, incluso, enaltecerlos. Sin embargo, cuando se trata de un chavalito toxicómano o un padre de familia de algún barrio que padece la exclusión, será la misma ciudadanía la que lo señale de delincuente, parásito y vago, convirtiéndolo en un agente de la inseguridad ciudadana, provocando el desembarco de decenas de policías para limpiar las calles de dichos delincuentes a base de escobazos, manguerazos, guantazos...
Este sistema neoliberal y de la sociedad del miedo nos está calando hasta el tuétano, de tal manera que si un sector de la ciudadanía pide que no se hagan pisos de protección para jóvenes, ancianos o familias con bajos recursos, pues no se hacen. Que piden que no se abra un centro de ayuda a toxicómanos, pues no se abre. Que piden que no se construya un centro de reinserción para presos en tercer grado, pues no se le da licencia.
Ahora que se aproximan las elecciones municipales tenemos la oportunidad de observar y analizar cómo se ejerce la política. ¿Se andarán con sumo cuidado para conseguir la silla del poder, bajo las directrices que marcan el mercado y la sociedad del miedo, prometiendo reducir el gasto público y la creación de más policía? Los llamados partidos de izquierdas ¿ofrecerán más de lo mismo?
Algo tengo claro: me dan miedo. Lo siento, señor Aznar , señor Sarkozy , no los quiero, ni a ustedes ni a los que desarrollan sus mismas políticas, pues son las causantes de la injusticia social y violación de derechos humanos.

* Profesor y Coordinador del Area de Marginación de la APDHA

jueves, 12 de abril de 2007

LAS PROSTITUTAS Y LOS PUBLICANOS OS PRECEDERÁN EN EL REINO DE LOS CIELOS

Hace treinta años, un sábado santo, Adolfo Suárez legalizaba el Partido Comunista de España con el apoyo de partidos políticos, sindicatos, colectivos sociales y la misma Iglesia española, presidida por el Cardenal Tarancón al que acompañaban un grupo de obispos, entre los que se encontraban Buxarrais, Osés, Iniesta,… seguidores del Concilio Vaticano II, promulgado por el papa bueno Juan XXIII y que posibilitó la puesta al día de la Iglesia. Fueron tiempos apasionantes, de cambios, que dieron lugar a un Estado Social, Democrático y de Derecho.
            Hoy, algunos sectores de la vida política y social de este país junto a una mayoría  de la jerarquía eclesiástica quieren empañar aquello que tanto trabajo costó levantar. Nos encontramos ante una jerarquía preocupada principalmente por el mantenimiento de la institución a toda costa, por salvaguardar la financiación por parte del Estado, por imponer su doctrina y su moral por encima de una ética universal basada en la declaración universal de los derechos humanos, y, por supuesto, identificada con las clases sociales más conservadoras. En esta triste y preocupante realidad no nos debe extrañar que el Cardenal Rouco haya decretado el cierre de la parroquia madrileña de San Carlos Borromeo.
            Esta comunidad o asamblea de personas creyentes en una sociedad justa e igualitaria ha cometido el pecado de querer vivir la buena noticia consistente, aquí y ahora, en otra escala de valores en la que prima el amor a cambio de nada, el poder perdonar setenta veces siete, el no apedrear ni ser apedreado porque ninguna persona está libre de pecado, el llorar y el reír ante los sufrimientos y las alegrías de la vida,… Sin embargo, el hecho más revolucionario de esta comunidad es haber hecho hijos de ella a todas las personas que llegaron desde la más terrible desnudez de sentirse apaleados desde la calle por una sociedad injusta e insolidaria, de vivir la angustia que da la inseguridad de la esquina, de la deshumanización que produce las frías paredes de una cárcel, de la institucionalización que un chavalito sufre en un centro de menores, del desafío por encontrar una mejor vida que supone la patera o el cayuco. Es la maternidad y paternidad responsable que nos trasmiten por los cuatro puntos cardinales del país.
            Recuerdo que hace diez años conocí personalmente a esta comunidad presidida, desde el cariño y la aceptación por parte de todas las personas allí presentes, por Enrique de Castro. Ese día manifestaba su preocupación por los chavales: “para luchar por ellos hay que abrir las puertas de nuestras casas, hay que acogerlos y darles todo nuestro cariño, no basta con estar en la parroquia, con atenderlos a través de nuestras actividades,…”. Enrique con unos ojos humedecidos ante la provocación de la vida nos venía a decir aquello de “dejar que los más pequeños se acerquen a mí” (Lc 9,56-48. 18,15-17) “porque la verdad les ha sido revelada a ellos” (Lc 10,21-22).
            Desde esta realidad los domingos celebran una misa en la que comentan los acontecimientos vividos a la luz del evangelio y comparten un plato con trocitos de pan, bizcochos o galletas que simbólicamente comparten con otras personas venidas de otros barrios y lugares de la geografía española. Simbología que, a decir verdad, la hacen realidad en el día a día, sentándose en la misma mesa con las personas que padecen la exclusión social. Acaso no era esta la enseñanza que Jesús de Nazaret quería para crear la nueva humanidad. Sin embargo, la liturgia que complace al señor Cardenal es la de otras muchas parroquias que realizan el cumplimiento del ritual, vacías de compromiso social y acogimiento fraternal. ¿A quién sirve el señor Cardenal? Evidentemente a la doctrina de la Iglesia, al derecho canónico, a las órdenes que le llegan de la cúpula vaticana, siendo en bastantes ocasiones más papista que el propio Papa. De esta manera, con tanto servicio, no tiene tiempo ni lugar para servir a la causa verdadera del evangelio: las bienaventuranzas (Lc 6,20-23 y Mt 5,1-12). Le recomiendo humildemente al señor Cardenal que lea Mt 25,31-46 para que esté preparado en el atardecer de la vida.
            Por último, mandamos a la comunidad de la parroquia de Entrevías nuestro apoyo y más profundo cariño.

                                                                                Miguel Santiago Losada
                                                         Coordinador del Área de Marginación de la APDHA
                                                                            Córdoba, 12 de abril de 2007


miércoles, 14 de marzo de 2007

"Medida legal, inteligente y humana"

El pasado sábado, tres de marzo, admiraba el maravilloso espectáculo del eclipse total de Luna que la naturaleza nos ofrecía. Observaba como nuestro planeta reflejaba su silueta sobre su pequeña hermana celeste. Una silueta carente de fronteras, única nave de destino universal.
Este fenómeno astronómico coincidía con el revuelo levantado a raíz de la concesión, por parte del Gobierno, de la prisión atenuada para José Ignacio de Juana Chaos , decisión tomada por el ejecutivo amparándose en la ley, en motivos humanitarios y como una medida inteligente. El mismo Zapatero ha apelado al "valor supremo de la vida", indicando que "no es nuestro miedo ni la debilidad lo que le ha salvado, sino nuestro valor y nuestra responsabilidad".
En contraposición Rajoy arremetía contra la decisión gubernamental acusando al ejecutivo de haberse sometido "al chantaje y a la amenaza de ETA". Manifiesta que "ha sido una decisión cobarde, tomada en contra de la mayoría de los españoles", y considera que es "el acontecimiento más grave que ha vivido España en los últimos años". A la vez que pronunciaba estas palabras miles de manifestantes salían a la calle, algunos de ellos con símbolos franquistas y de extrema derecha. No pienso que esta debiera ser la política del principal partido de la oposición, echando leña al fuego del conflicto más importante que sufre el Estado español a lo largo de las últimas décadas, y que ha supuesto tanto y tanto sufrimiento. Tampoco entiendo como una medida como ésta puede eclipsar todos los problemas de un país: paro, vivienda, exclusión social...
De hecho, la mayoría de la ciudadanía se alegra cuando aparece el mínimo atisbo de que pueda cerrarse este trágico capítulo de nuestra historia contemporánea, sea cual fuese el gobierno de turno. De hecho, tanto los gobiernos del PSOE como del PP lo han intentado con mayor o menor acierto. En esta línea, la medida aplicada a De Juana Chaos es inteligente y acertada, por lo que tiene de legal y de humanitaria, ya que marca una línea divisoria entre los que matan sin escrúpulos por razones que jamás deberían de estar por encima de la vida humana, y los responsables de un Estado social, democrático y de derecho.
Si bien es cierto que es una medida que hay que analizarla desde el razonamiento y la serenidad, que nos puede llevar a resultados apetecibles a corto, medio y largo plazo, no lo son menos los sentimientos que rechacen la misma, y más aún, si provienen de algún familiar que está sufriendo las terribles consecuencias de los gravísimos e inhumanos atentados terroristas. Por ello, se hace necesario sacar lo mejor de nosotros mismos: nuestra capacidad intelectual y nuestros valores para el más óptimo desarrollo de los derechos humanos, y no caer en el espíritu vengativo, que aunque lo podamos considerar humano, no contribuye a la conciliación, a la paz y a la resolución de conflictos. Y lo más grave es utilizar este dolor por intereses electoralistas.
Quisiera iluminar lo anteriormente dicho con dos reflexiones que me hicieron llegar dos personas. Hace años, un diputado de UPN (Unión del Pueblo Navarro), a raíz de aconsejar el diálogo con ETA como una buena medida para terminar con el terrorismo, fue increpado por un periodista diciéndole: "¿Cómo va a explicarle a las madres de las personas muertas por ETA que hay que dialogar?"; a lo que el diputado contestó: "¿Cómo usted le va a explicar a las siguientes ochocientas madres los futuros atentados sufridos por sus hijos de no haber posibilitado todas las medidas para terminar con la lacra del terrorismo?". El segundo caso se refiere a una mujer y madre de Euskadi, que hace tan sólo unos meses imploraba a Dios para que terminase con esta locura, que en su caso había supuesto mucho dolor por las consecuencias que había tenido para su familia al estar implicada por una parte y la otra en el conflicto vasco.
Por último, quisiera resaltar que de los tres argumentos que esgrimía el ministro Rubalcaba para aplicar la medida atenuante de prisión para De Juana Chaos: legalidad, humanidad e inteligencia, me quedo principalmente con la humanitaria, sobre todo por mi condición de cristiano. Los cuatro evangelios rebosan de misericordia, perdón, ponerse en el lugar del otro; de parábolas como las del hijo pródigo, las del buen samaritano, la de la oveja perdida..., son los valores que dan el sentido a la vida de un creyente en Jesús de Nazaret. De lo que se desprende que me llame poderosamente la atención que personas ateas o agnósticas estén más cerca de estos principios que los que se dan fuertes golpes de pecho y acuden a tantas manifestaciones públicas religiosas, y a la vez alientan al espíritu de venganza y de ruptura social.
Por todo ello, quisiera manifestar mi apoyo a la medida y a que todos nuestros esfuerzos vayan encaminados a la solución del conflicto, y que todo el sufrimiento creado al menos sirva para construir otro mundo donde las fronteras creadas o anheladas no supongan la muerte de tanto inocente.

* Profesor y miembro de la APDHA

miércoles, 3 de enero de 2007

¿A QUIEN SERVIMOS?

La Navidad siempre nos aviva la nostalgia, nos remueve las entrañas y nos conduce al encuentro. La Navidad también es aprovechada para lanzar mensajes, incluso políticos, y para reflexionar sobre nuestros propósitos de cara a un año nuevo.
En estas últimas semanas una interrogante martilleaba mi cabeza casi al mismo ritmo intermitente de cualquier guirnalda iluminada: ¿a quién servimos?
¿A quién sirve un político que ha hecho de su compromiso público una profesión destinada a mantenerse en el cargo por encima de su propia ideología, renunciando a desarrollar una política social con la ciudadanía más empobrecida y excluida?
¿A quién sirve un juez cuando manda a la cárcel a un chaval reincidente en diversos delitos, sabiendo que la causa está en el trastorno mental que le produce su adicción a las toxicomanías, en vez de aplicar medidas alternativas que lo rehabiliten?
¿A quién sirve un sindicalista que antepone el derecho de sus afiliados a la defensa universal de la clase trabajadora procedente de los países más empobrecidos de nuestro planeta?
¿A quién sirve una comunidad educativa que se basa principalmente en un reglamento de funcionamiento interno a través de medidas sancionadoras (expulsiones, aulas para expulsados-) que estigmatizan aún más al alumnado con necesidades educativas especiales de tipo social, en lugar de procurar una mayor atención a la diversidad y una mediación adecuada a la resolución de conflictos?
¿A quién sirve un funcionario de prisiones o un empleado de un centro de menores cerrado (cárcel de menores) que detectando malos tratos o violaciones de derechos humanos tiene como respuesta la callada por miedo a romper el corporativismo o a que lo echen del trabajo?
¿A quién sirve una Universidad que no se preocupa de acercarse a la realidad social de los más desfavorecidos a través de sus investigaciones y preocupaciones, que ayuden a la clase política en particular y a la ciudadanía en general a tomar conciencia de la grave injusticia social?
¿A quién sirve un trabajador de lo social cuando detecta una situación de riesgo familiar y en vez de aplicar medidas sociales, formativas, laborales, elabora un informe, basándose supuestamente en el desamparo en que viven los menores de esa familia, para que la Administración competente realice la retirada de los mismos?
¿A quién sirve cualquier religión que da culto a su dios por encima de los valores de la fraternidad, de la justicia social y de la paz, que teniendo suculentos bienes y beneficios no opta prioritariamente por los más empobrecidos y excluidos, sino que compiten entre ellas para demostrar cual de sus dioses es el más grande? Pienso y siento como lo hacía Carlos Cano en una de sus canciones: "Si mi dios fuera grande, que no es grande, si mi dios fuera fuerte, que no es fuerte..."
¿A quién sirve una organización no gubernamental cuando antepone sus intereses a los de los que dice defender, colectivos sociales éstos que están enmudecidos, a pesar del conocimiento de la realidad, por miedo a que les retiren las subvenciones?
¿A quiénes servimos? Quizás el poder dilucidar dicha interrogante nos podría ayudar a vacunarnos contra el virus que rompe y desvertebra aún más a los sectores más débiles de nuestra sociedad.
* Profesor y Coordinador del Area de Marginación de la Apdha