lunes, 28 de noviembre de 2005

LA BUENA EDUCACIÓN

Vivimos en una sociedad muy compleja donde se plantean aulas para superdotados y aulas para alumnos con necesidades educativas especiales, centros educativos bilingües y  centros TIC (centros incorporados a las tecnologías de la informática y la comunicación) 

Si levantamos nuestra vista más allá de lo que alcanzan a ver nuestros ojos descubrimos como millones de niños mueren de hambre y enfermedades. En cambio, y retrotrayendo nuestra mirada observamos a niños con sobrealimentación y hastiados de caprichos, que no siempre es sinónimo de afectividad. Un mundo que planifica viajes a Marte y masacra a miles de ciudadanos en guerras intencionadas por intereses económicos. Una sociedad que adopta a niños huérfanos y, al mismo tiempo, crea centros penalizadores de menores. Una civilización que hace de la talla única un referente juvenil y sin embargo a sus verdaderos referentes, los ancianos, los  recluye en asilos. Una política que pone fronteras a los seres humanos y establece la libre circulación de la moneda. Se podría continuar con una innumerable lista de bimembraciones paradójicas y contradictorias.

Ante esta multidimensionalidad de la realidad, ¿cuál debería ser el debate educativo? ¿Qué educación y formación queremos para nuestros niños y adolescentes? No nos dejemos engañar con el simplista debate de religión sí o religión no, que dicho sea de paso, esconde más intereses económicos que religiosos.

La apuesta está en concebir una escuela donde la educación sea, sobre todo, un derecho y no una obligación, en la que la ética universal basada en los derechos humanos y la ciudadanía corresponsable nos haga avanzar en la gran aventura humanizadora. Una escuela basada en la convivencia y la tolerancia, en la que quepamos todos y todas. Una escuela cuyo principal recurso sea el maestro, la maestra (reivindico esta palabra, ya que la principal maestría, tanto en la enseñanza primaria como en la enseñanza secundaria obligatoria consiste en el valor de educar). Una escuela con espacios acogedores que hagan agradable la estancia y unos tiempos acordes al alumnado sobre todo menor de catorce años, que evite seis horas seguidas de agotadoras clases académicas. Una escuela creativa y educativa que valore a los profesionales de la enseñanza,  responsabilice a los padres y genere autoestima en el alumnado.

Por último, los centros privados y concertados de carácter religioso podrían aprovechar el actual debate para, siendo fieles a su ideario cristiano, abrir sus puertas a los niños inmigrantes, a las familias empobrecidas, y a los que, en definitiva, no tienen muchas posibilidades de elección en la vida.


                                                                  Miguel Santiago Losada
                                                           Profesor y miembro de la APDHA
                                                                  Córdoba, 28 noviembre 2005   


domingo, 20 de noviembre de 2005

REVUELTA FRANCESA

Quién nos lo iba a decir de la "Francia social". Día tras día anochece bajo el toque de queda debido a la gran revuelta que miles de ciudadanos, en su mayoría de origen inmigrante, están llevando a cabo porque el Estado social los ha olvidado sin dar respuesta a sus derechos como ciudadanos. El desempleo, la falta de vivienda así como la ineficacia e inhibición de la administración en general han generado unas bolsas de empobrecimiento y exclusión, que en el caso francés, se nutren de jóvenes con conciencia de su situación y que toman la calle para lanzar su grito desesperanzado y desesperado.
En España nos preguntamos si puede darse una revuelta de similares características, como está ocurriendo en Alemania y Bélgica. Hoy por hoy no es probable. La inmigración que está llegando a Andalucía, sobre todo la magrebí, se va asentando en zonas rurales para desempeñar principalmente tareas agrícolas, lo que facilita una mayor integración social. El riesgo puede darse en las ciudades cuando ante la falta de política social y de una implicación ciudadana que la favorezca, los inmigrantes puedan engrosar y formar parte de la población que padece la exclusión social.
Por consiguiente, es urgente que exijamos políticas de inclusión por una parte y, por otra, desarrollemos la cultura de la responsabilidad ciudadana para evitar el rechazo social a estos colectivos. No es de recibo que cuando los políticos intentan dar respuesta social a problemas sociales, como en el caso del colectivo rumano en Córdoba o del centro de inmigrantes en Lucena, aparezcan ciudadanos oponiéndose a tales medidas. Cada ciudadano, cada barrio, cada distrito tiene que asumir su cuota de responsabilidad y de solidaridad. Para ello es fundamental diseñar estrategias que posibiliten distribuir las medidas de manera equitativa y cohesionada y así poder favorecer su asimilación por la mayoría de la población. Esta ciudadanía podrá comprobar que su miedo al diferente y a lo diferente es infundado y fruto del desconocimiento, de los estereotipos y de una desvirtuada información. 

martes, 8 de noviembre de 2005

EL MUNDO DEL REVES

El pasado uno de noviembre, festividad de Todos los Santos, mi familia acordó que pasásemos el día en el bello pueblo cordobés de Palma del Río, doblemente ribereño al ser bañado su término municipal por los dos ríos mayores de Andalucía: Guadalquivir y Genil.
Me sorprendió una pintada, en una de sus encaladas paredes, en la que se lee: "+ inmigrantes, + paro". Frase pequeña, pero que esconde una ideología profundamente conservadora al acusar a los inmigrantes de ser los culpables del paro, e inducir a la población a desarrollar actitudes xenófobas hacia el colectivo inmigrante. Sin embargo, lo que más me confundió y entristeció fue la entidad firmante de la pintada: SOC (Sindicato Obrero del Campo). Estoy convencido de que la mayoría de los militantes de dicho sindicato reprueban este mensaje que dista años luz de su ideología. Me imagino la cara del bueno de Diamantino García Acosta, fundador del SOC y de la APDH-A, de haber visto tan desafortunada pintada.
Venimos asistiendo, en los últimos tiempos, a una serie de manifestaciones por parte de partidos, sindicatos y asociaciones progresistas que nos indican la desideologización y la pérdida de valores cuando a lo que deberían de estar llamados es a que los derechos humanos sean una realidad en este mundo deshumanizado e injusto. A modo de ejemplo, observamos como alguno de estos sindicatos critican, según ellos, el excesivo cupo de inmigrantes aprobado por la Subdelegación del Gobierno para desarrollar tareas agrícolas. Justamente el mundo del revés.
Contemplo con preocupación como el pragmatismo, el posibilismo y el miedo a lo diferente están causando un daño a la ideología que en su utopía aspira a que la igualdad, la fraternidad y la libertad sean un bien común de toda la humanidad.