jueves, 22 de diciembre de 2005

“LOS SANTOS INOCENTES”

No sabría decir cuál de los siguientes sentimientos embargan más mi corazón, si la impotencia, el dolor o el desánimo. Sin embargo, lo que no me cabe la menor duda es la preocupación que tengo ante el actual panorama social.

Cuando nuestra ciudad padece situaciones de intolerancia como los rechazos a diferentes centros sociales de algunos ciudadanos que se consideran santos e inocentes, o cuando el Ayuntamiento, en lugar de poner en servicio centros de acogida, dispone de un teléfono para que los vecinos denuncien a los excluidos por hábitos como la mendicidad, nos llegan noticias de otros lugares que ahondan sus raíces en una misma  actitud: la intolerancia. Esta intolerancia va calando con actitudes y medidas como las expuestas y luego acaba derivando en frases como: se nos ha ido de las manos.

Un chaval de catorce años en una discusión le da un corte en el cuello a su padre causándole la muerte en un pueblo jienense. Tres jóvenes de entre dieciséis y diecinueve años y de las llamadas familias normalizadas queman viva a una pobre mujer indigente en Barcelona. Aunque sucesos de distinto cariz tienen un denominador común, la intolerancia, que conduce a la agresividad e incluso al homicidio. Intolerancia que va desde el rechazo al diferente a deshacerse de él.

Por tanto y a la vista de los acontecimientos nos debe preocupar qué clase de sociedad estamos construyendo para que en ella, y en particular en nuestros hijos, vaya anidando este sentimiento irracional de odio y violencia.

La justicia ha decretado la encarcelación inmediata para estos jóvenes e incluso algunos sectores de la ciudadanía más santa e inocente levantan su voz pidiendo un mayor endurecimiento de las penas. Ya son más de 700 menores los encerrados en centros de los llamados de reforma en Andalucía. Al ritmo que vamos tocaremos pronto el techo de los 1000. ¿Es este el camino: enseñar a odiar y, al mismo tiempo, condenar al que odia? ¿A que se debe tal esquizofrenia?

En mi opinión, lo primero que debemos preguntarnos es el porqué de tanto odio e intolerancia. El caldo de cultivo lo encontramos en actitudes xenófobas y racistas generadas por un mercado que gana enormes beneficios con películas, series, publicidad, videojuegos y demás artículos que incitan a la destrucción del ser humano, por una educación carente de valores, por una política de sonrisitas que, a base de contentar a la ciudadanía más santa e inocente para ganar el mayor número de votos, desprecia la ideología que profesa.

La solución a tanto sinsentido y falta de humanidad es la educación en valores, una ética universal basada en la defensa de los derechos humanos. Sé que no es fácil pero, al menos, estemos alerta para no tomar medidas que favorezcan lo contrario.


                                                                          Miguel Santiago Losada
                                                                  Coordinador del Área de Marginación
                                                                                    APDHA

                                                                   Córdoba, 22 de diciembre de 2005 

sábado, 17 de diciembre de 2005

CON NOMBRES Y APELLIDOS

Qué sufridas son las cifras. Hace unos días el Instituto Nacional de Estadística nos informaba de que el 31.1% de la población andaluza está bajo el umbral de la pobreza, mientras que la Asociación Pro-derechos Humanos de Andalucía nos acercaba mucho más a la realidad al desvelar que en Andalucía cerca de 300.000 personas viven en la exclusión social. Entre tanto, las administraciones se inhiben o abordan la realidad con nimios programas y una mayoría de ciudadanía acomodada observa tal situación con desprecio e incluso con miedo. ¡Qué situación más injusta y despiadada! ¿Acaso son estas personas las responsables de su realidad?
María es una chica de apenas 20 años, nacida en un barrio muy pobre de un país lejano, madre a edad temprana. Emigró a la Europa rica en busca de una vida digna para su hija y para ella. Su presencia molesta cuando, junto a su amiga Carmen de 21 años, espera al cliente en alguna calle o esquina de la ciudad. Está infectada por el VIH, llegó sin él. ¿Cuántas Marías y Cármenes merodean por nuestras calles?
Mohamed es un chavalito de 13 años nacido en una zona rural del Magreb sin ninguna esperanza de vida. Los pocos dirham que su familia logró reunir fueron para pagar la patera que le condujo hasta esta orilla del dorado Mediterráneo. Se encuentra en un centro de menores y vive con la amenaza continua de ser devuelto a Marruecos.
¿Cuántos chavalitos como él llenan los centros de menores esperando la ansiada oportunidad?
Lola es una anciana de 85 años que vive en una casita vieja y humedecida del casco histórico, apenas tiene fuerzas para cocinar los alimentos que compra con su exigua pensión. Lo que peor lleva es su soledad pues nadie va a echarle una mano. Le tiene miedo a "unos señores", como ella gusta decir, que la incitan continuamente para que venda su casa a un coste risueño bajo el pretexto de que el ayuntamiento la va a expropiar. ¿Cuántos desaprensivos se aprovechan de personas como Lola, anciana, empobrecida y sola?
Antonio y Rosa son una pareja de personas mayores que han padecido los horrores de la droga, dejando en el camino a varios de sus hijos. Desde su más generosa afectividad están criando a tres nietos, a duras penas, en una infravivienda de un barrio de viviendas de promoción pública. ¿Cuántos abuelos y abuelas de los barrios más empobrecidos de nuestras ciudades y pueblos se ven en esta situación?
Rafa es un chico que pasó desde los tres años en centros de menores dado que sus padres se engancharon, como otros muchos, a la droga. Aprendió mucho de los desafectos de la vida: palizas, expulsiones, estigmatizaciones (que si delincuente, ladrón, drogata). ¿Cuántos Rafas cumplen condena en las cárceles andaluzas?
Florín cruzó la vieja Europa desde el Este con su familia, apenas pasan de los veinte años. Crecieron en un ambiente hostil de exclusión social que les enseñó a buscarse la vida como podían, principalmente mendigando. De las ciudades por donde pasa conoce muy bien las miradas despreciativas y los uniformes de la policía local que lo "invitan" continuamente a marcharse. Pertenece a la nueva profesión de los expulsados por pobre.
Pepa es una mujer con cinco hijos y trabaja limpiando todo suelo que se le ponga por delante. Su jornal se lo lleva en parte su pareja en el bar de la esquina, un hombre que siguió el fiel ejemplo de su padre y su abuelo. Con lo que le queda saca adelante a sus hijos. Vive con el miedo de que algún ciudadano de bien o profesional pueda pensar que los niños están desamparados y obre según lo establecido. ¿Cuántas mujeres como ella son víctimas de estas situaciones de injusticia?
Estos son algunos rostros concretos de las personas excluidas en Andalucía. Son los nuevos inquilinos del portal de Belén de principios del siglo XXI, que no encuentran lugar en posada alguna. Mientras tanto, los poderes políticos soñarán en Nochebuena con la segunda o tercera modernización y la ciudadanía del bienestar tocará la pandereta delante de sus figuritas de barro, tan estáticas y entrañables, y se estremecerá momentáneamente ante alguna dramática imagen de televisión.

¡Feliz Navidad! Claro está, por desgracia, no para todos. 

lunes, 28 de noviembre de 2005

LA BUENA EDUCACIÓN

Vivimos en una sociedad muy compleja donde se plantean aulas para superdotados y aulas para alumnos con necesidades educativas especiales, centros educativos bilingües y  centros TIC (centros incorporados a las tecnologías de la informática y la comunicación) 

Si levantamos nuestra vista más allá de lo que alcanzan a ver nuestros ojos descubrimos como millones de niños mueren de hambre y enfermedades. En cambio, y retrotrayendo nuestra mirada observamos a niños con sobrealimentación y hastiados de caprichos, que no siempre es sinónimo de afectividad. Un mundo que planifica viajes a Marte y masacra a miles de ciudadanos en guerras intencionadas por intereses económicos. Una sociedad que adopta a niños huérfanos y, al mismo tiempo, crea centros penalizadores de menores. Una civilización que hace de la talla única un referente juvenil y sin embargo a sus verdaderos referentes, los ancianos, los  recluye en asilos. Una política que pone fronteras a los seres humanos y establece la libre circulación de la moneda. Se podría continuar con una innumerable lista de bimembraciones paradójicas y contradictorias.

Ante esta multidimensionalidad de la realidad, ¿cuál debería ser el debate educativo? ¿Qué educación y formación queremos para nuestros niños y adolescentes? No nos dejemos engañar con el simplista debate de religión sí o religión no, que dicho sea de paso, esconde más intereses económicos que religiosos.

La apuesta está en concebir una escuela donde la educación sea, sobre todo, un derecho y no una obligación, en la que la ética universal basada en los derechos humanos y la ciudadanía corresponsable nos haga avanzar en la gran aventura humanizadora. Una escuela basada en la convivencia y la tolerancia, en la que quepamos todos y todas. Una escuela cuyo principal recurso sea el maestro, la maestra (reivindico esta palabra, ya que la principal maestría, tanto en la enseñanza primaria como en la enseñanza secundaria obligatoria consiste en el valor de educar). Una escuela con espacios acogedores que hagan agradable la estancia y unos tiempos acordes al alumnado sobre todo menor de catorce años, que evite seis horas seguidas de agotadoras clases académicas. Una escuela creativa y educativa que valore a los profesionales de la enseñanza,  responsabilice a los padres y genere autoestima en el alumnado.

Por último, los centros privados y concertados de carácter religioso podrían aprovechar el actual debate para, siendo fieles a su ideario cristiano, abrir sus puertas a los niños inmigrantes, a las familias empobrecidas, y a los que, en definitiva, no tienen muchas posibilidades de elección en la vida.


                                                                  Miguel Santiago Losada
                                                           Profesor y miembro de la APDHA
                                                                  Córdoba, 28 noviembre 2005   


domingo, 20 de noviembre de 2005

REVUELTA FRANCESA

Quién nos lo iba a decir de la "Francia social". Día tras día anochece bajo el toque de queda debido a la gran revuelta que miles de ciudadanos, en su mayoría de origen inmigrante, están llevando a cabo porque el Estado social los ha olvidado sin dar respuesta a sus derechos como ciudadanos. El desempleo, la falta de vivienda así como la ineficacia e inhibición de la administración en general han generado unas bolsas de empobrecimiento y exclusión, que en el caso francés, se nutren de jóvenes con conciencia de su situación y que toman la calle para lanzar su grito desesperanzado y desesperado.
En España nos preguntamos si puede darse una revuelta de similares características, como está ocurriendo en Alemania y Bélgica. Hoy por hoy no es probable. La inmigración que está llegando a Andalucía, sobre todo la magrebí, se va asentando en zonas rurales para desempeñar principalmente tareas agrícolas, lo que facilita una mayor integración social. El riesgo puede darse en las ciudades cuando ante la falta de política social y de una implicación ciudadana que la favorezca, los inmigrantes puedan engrosar y formar parte de la población que padece la exclusión social.
Por consiguiente, es urgente que exijamos políticas de inclusión por una parte y, por otra, desarrollemos la cultura de la responsabilidad ciudadana para evitar el rechazo social a estos colectivos. No es de recibo que cuando los políticos intentan dar respuesta social a problemas sociales, como en el caso del colectivo rumano en Córdoba o del centro de inmigrantes en Lucena, aparezcan ciudadanos oponiéndose a tales medidas. Cada ciudadano, cada barrio, cada distrito tiene que asumir su cuota de responsabilidad y de solidaridad. Para ello es fundamental diseñar estrategias que posibiliten distribuir las medidas de manera equitativa y cohesionada y así poder favorecer su asimilación por la mayoría de la población. Esta ciudadanía podrá comprobar que su miedo al diferente y a lo diferente es infundado y fruto del desconocimiento, de los estereotipos y de una desvirtuada información. 

martes, 8 de noviembre de 2005

EL MUNDO DEL REVES

El pasado uno de noviembre, festividad de Todos los Santos, mi familia acordó que pasásemos el día en el bello pueblo cordobés de Palma del Río, doblemente ribereño al ser bañado su término municipal por los dos ríos mayores de Andalucía: Guadalquivir y Genil.
Me sorprendió una pintada, en una de sus encaladas paredes, en la que se lee: "+ inmigrantes, + paro". Frase pequeña, pero que esconde una ideología profundamente conservadora al acusar a los inmigrantes de ser los culpables del paro, e inducir a la población a desarrollar actitudes xenófobas hacia el colectivo inmigrante. Sin embargo, lo que más me confundió y entristeció fue la entidad firmante de la pintada: SOC (Sindicato Obrero del Campo). Estoy convencido de que la mayoría de los militantes de dicho sindicato reprueban este mensaje que dista años luz de su ideología. Me imagino la cara del bueno de Diamantino García Acosta, fundador del SOC y de la APDH-A, de haber visto tan desafortunada pintada.
Venimos asistiendo, en los últimos tiempos, a una serie de manifestaciones por parte de partidos, sindicatos y asociaciones progresistas que nos indican la desideologización y la pérdida de valores cuando a lo que deberían de estar llamados es a que los derechos humanos sean una realidad en este mundo deshumanizado e injusto. A modo de ejemplo, observamos como alguno de estos sindicatos critican, según ellos, el excesivo cupo de inmigrantes aprobado por la Subdelegación del Gobierno para desarrollar tareas agrícolas. Justamente el mundo del revés.
Contemplo con preocupación como el pragmatismo, el posibilismo y el miedo a lo diferente están causando un daño a la ideología que en su utopía aspira a que la igualdad, la fraternidad y la libertad sean un bien común de toda la humanidad.


viernes, 28 de octubre de 2005

Cárceles y memoria histórica

Una de las noticias que han marcaban el inicio del curso social y político en Córdoba ha sido el derribo de la vieja cárcel. Cuando las excavadoras se disponían a derribar los primeros muros, un grupo de personas hacían memoria histórica de los presos políticos que el régimen dictatorial de Franco había condenado por su apuesta en la defensa de los derechos humanos. Emotivo y acertado homenaje para recordar a todas las personas que dieron su vida por una sociedad más justa y fraterna
Con la llegada de la democracia las cárceles españolas se quedaron vacías. Sin embargo, nuestro país, apuntado al carro del desarrollo del primer mundo y sorprendido por los trágicos efectos que el tráfico de drogas iba causando, sobre todo, en los sectores más jóvenes y empobrecidos de la sociedad, empezaba a generar bolsas de exclusión social, que volverían a llenar cada vez más las cárceles. La nefasta política penitenciaria, la política penalizadora sobre drogas y la falta de recursos sociales han provocado que después de treinta años hayamos pasado de los 8.000 presos que las cárceles tenían en 1975 a los 60.000 de la actualidad, la mayoría jóvenes empobrecidos y enfermos que padecen la terrible lacra de las toxicomanías.
Aprovechando la necesaria memoria histórica exijamos una pronta solución al mayor fracaso social existente en la más reciente historia de nuestro país. Esta debería ser una de las asignaturas preferentes en la agenda política del señor Zapatero.

LUCHAR POR LA VIDA

Titulares de muchos periódicos nos informan de que la guerra y el hambre fuerzan al éxodo de Africa. La población no aguanta más estas terribles situaciones. La vida de jóvenes desesperados hace que crucen el desierto y el Estrecho con toda clase de calamidades, durante meses e incluso años, para después padecer todo tipo de desprecios y violaciones de derechos humanos en países frontera, como Marruecos.
Tal fue el caso de Nöel, un camerunés, que hace diez años pudo entrar en la Península, después de su travesía por el desierto y su penosa vivencia en el campamento ceutí de Calamocarro. Llegó con apenas 20 años y hoy es un ciudadano con todos sus derechos y deberes.
También fue el caso de Mansur, un niño marroquí que hace un lustro con 14 años cruzó el Estrecho en una patera. Durante su estancia en Tánger, esperando el ansiado viaje, recibió varias palizas de la policía y mientras cruzaba el Estrecho estuvo a punto de ahogarse de no haber sido por una mano compañera que lo sacó de las aguas. Hoy es un joven universitario con expectativas de futuro.
Ellos dijeron ¡basta ya! a la injusticia social que estaban sufriendo y arriesgaron sus vidas para vivir con dignidad. Tuvieron la suerte de que al otro lado de la frontera encontraron unos brazos solidarios dispuestos a acogerlos.
¿Cuántos Nöeles y Mansures esperan la misma oportunidad? La mayoría se quedarán en el camino: expulsados, olvidados, maltratados, ahogados, asesinados...

Ante ello deberíamos reaccionar denunciando esta gran injusticia social que condena a Africa a la muerte y construye muros para los que quieren escapar de la misma; y al mismo tiempo, ofreciendo nuestras posibilidades personales a quienes están llamando y esperan en las puertas de nuestras casas. 

viernes, 14 de octubre de 2005

CARCEL DE FATIMA: MEMORIA HISTORICA

Después de unos meses de verano, en los que las noticias sobre las terribles muertes en Irak, los devastadores incendios de Portugal y España, el azote de los huracanes en el Golfo de México..., regresé a Córdoba y me encontré con el derribo de la vieja cárcel.
Era una de las noticias que marcaban el inicio del curso social y político de nuestra ciudad. Cuando las excavadoras se disponían a derribar los primeros muros, un grupo de personas hacían memoria histórica de los presos políticos que el régimen dictatorial de Franco había condenado por su apuesta en la defensa de los derechos humanos.
Emotivo y acertado homenaje para recordar a todas las personas que dieron su vida por una sociedad más justa y fraterna.
Con la llegada de la democracia las cárceles españolas se quedaron vacías.
Sin embargo, nuestro país, apuntado al carro del desarrollo del primer mundo y sorprendido por los trágicos efectos que el tráfico de drogas iba causando, sobre todo, en los sectores más jóvenes y empobrecidos de la sociedad, empezaba a generar bolsas de exclusión social, que volverían a llenar cada vez más las cárceles.
La nefasta política penitenciaria, la política penalizadora sobre drogas y la falta de recursos sociales han provocado que después de treinta años hayamos pasado de los 8.000 presos que las cárceles tenían en 1975 a los 60.000 de la actualidad, la mayoría jóvenes empobrecidos y enfermos que padecen la terrible lacra de las toxicomanías.
Es por ello que aprovechando la necesaria memoria histórica exijamos una pronta solución al mayor fracaso social existente en la más reciente y actual historia de nuestro país.
Esta debería ser una de las asignaturas preferentes en la agenda política del señor Zapatero.


miércoles, 12 de octubre de 2005

EL ESTATUTO AUTONÓMICO DE ANDALUCÍA

Llevamos algún tiempo debatiendo como Estado las futuras reformas estatutarias de las Autonomías, alguna de ellas, como la valenciana, admitida a trámite en el Congreso de los Diputados.

En este interesante y trascendental momento por el que atraviesa este país asistimos a un animado debate político protagonizado por algunas autonomías, caso de Cataluña y País Vasco. Se consideran naciones históricas a raíz de habérseles reconocido sus estatutos autonómicos en la segunda república, por el hecho de poseer un gran número de tradiciones y modos de ser, así como una misma lengua. Amparadas en ello, tienen como objetivo conseguir el máximo techo de autogobierno.

Andalucía llegó a tener una situación preautonómica, y de no haber sido por el golpe militar franquista de 1936 hubiese gozado de una autonomía al igual que Cataluña, País Vasco y Galicia. De ahí se desprende que desde finales de los años 70, en plena transición política, los andaluces reclamemos nuestro reconocimiento histórico como autonomía a través del artículo 151 de la Constitución (vía para las plenas competencias autonómicas). Memorables fueron el 4 de diciembre de 1977 cuando millones de andaluces salimos a la calle con las banderas verdiblancas exigiendo el reconocimiento nacionalista que históricamente se nos había negado. Posteriormente, el 28 de febrero de 1980 nos ganamos a pulso, a través del referéndum, el acceder a nuestra autonomía por el artículo 151, lo que suponía el mismo techo autonómico que las tres nacionalidades consideradas históricas.


Hasta finales del siglo XVII se designaba con la palabra nación a un grupo social o realidad cultural, con gran número de tradiciones, así como una misma lengua; en nuestro caso se trataría del andaluz. Sin embargo, por un espíritu centralista cultural y lingüístico el término nación fue absorbido por el término Estado (territorio formado por un  grupo social numeroso que forma una unidad política de acuerdo con una Constitución). En estos tiempos el sentido de la razón y la memoria histórica nos debe llevar a buscar soluciones que vuelvan compatibles la convivencia y la cohesión entre diferentes naciones, pueblos o regiones en el seno de un mismo Estado. Por lo que sería razonable que en nuestro estatuto se reconociera a Andalucía como una nación integrada en el Estado español.

Siendo este punto importante por el reconocimiento de nuestra historia y tradiciones, lo es más la consideración social que el nuevo estatuto debería acoger y proclamar. En una Andalucía donde la sociedad está dualizada, una la del bienestar y otra empobrecida económica y socialmente, en la que encontramos a más de 300.000 personas en una situación de extrema pobreza, el nuevo estatuto deberá marcar con absoluta prioridad los derechos sociales con garantías de cumplimiento. Si bien es verdad que la educación y la sanidad han alcanzado metas aceptables, la vivienda digna y el empleo distan mucho de haber llegado a toda la población. La formación y el empleo junto al acceso a una vivienda digna distribuida por todo el tejido urbano de las ciudades que evitasen los guetos sociales, verdaderas bolsas de exclusión social, son los pilares que generan la verdadera justicia social.

Desde esta perspectiva el nuevo Estatuto debería tener en cuenta los siguientes puntos:

1.- Los recursos básicos que deben dar respuesta a las familias más desfavorecidas son el empleo y la formación, que posibilitan la verdadera integración social de las mismas.

2.- El derecho a una renta básica sería un recurso mínimo imprescindible para cualquier ciudadano.

3.- El desarrollo de un tejido urbano equilibrado y cohesionado que evite las barriadas tipo gueto que tanto daño han hecho a los sectores más desfavorecidos de la sociedad y la erradicación por completo de asentamientos chabolistas. El caso del Vacie significa el fracaso más rotundo de la política social desarrollada por las administraciones. Para ello sería necesario el desarrollo real de la ley de suelo que establece, además de que el 25% sean VPO, una distribución de la vivienda social por todos los planes parciales de los PGOU de las diferentes ciudades.

El empleo, la formación, la renta básica y la vivienda generarían  resultados bastante satisfactorios en los sectores de mayor exclusión social, que conllevarían a paliar en gran medida los estragos que tanto el tráfico como el consumo de las drogas provocan, causa directa de la masificación de las cárceles.

4.- El desarrollo de una nueva política sobre drogas, que sitúe a las mismas en un nuevo marco jurídico que prevea la legalización de estas sustancias y la despenalización de conductas relacionadas con las toxicomanías, que conlleve a ver a la persona consumidora e incluso al pequeño   traficante como las principales víctimas del narcotráfico. Esto llevaría a dar una respuesta sanitaria y social, en vez de la penal y penitenciaria determinadas por la actual política, que tienen hacinadas a las cárceles de jóvenes enfermos y empobrecidos  mayoritariamente.

5.- El desarrollo de una política social que evite las situaciones de riesgo en los niños de los barrios más desfavorecidos, ya que en algunos casos, por la realidad que viven, son retirados de sus familias por parte de la administración.

6.- La puesta en marcha de una política de protección de menores basada, en los casos de desamparo, en el apoyo a la familia extensa y en la de acogida. Al mismo tiempo, la legislación sobre los menores infractores no debe basarse en  una ley penal cuya finalidad sea reprimir y controlar por encima de otras consideraciones, ahondando aún más en la exclusión del menor infractor. Deberá buscar soluciones basadas en la educación, prevención, mediación, arbitraje social, etc.

7.- Los menores inmigrantes acogidos por la Junta de Andalucía deberían ser objeto de políticas sociales, educativas, formativas y laborales encaminadas a brindarles una ciudadanía digna al igual que al resto de la juventud, evitando soluciones fáciles como la repatriación o la construcción de centros de menores en Marruecos que no ofrecen ninguna garantía.

8.- Andalucía por su situación geográfica es la puerta de Europa para muchas personas empobrecidas de África. La desesperación y la falta de futuro que provocan la guerra y la pobreza hace que miles de personas hayan dejado su vida en las aguas del Estrecho y de Canarias y, más recientemente, en los intentos de acceder a través de los nuevos muros de la vergüenza europea de Ceuta y Melilla. El nuevo Estatuto debe apostar por una política social sobre inmigración que posibilite la incorporación de las personas inmigrantes en nuestra sociedad, evitando medidas policiales y de contención que lo único que provocan es una riada de muertes injustas e inhumanas.

9.- El Estatuto debe favorecer una política exterior de cooperación y solidaridad con la vista puesta en los 2.500 millones de personas que malviven sobre todo en el África Subsahariana.


10.- El Estatuto debe potenciar una red de servicios públicos asistenciales que sean cauce de integración social, sobre todo para las personas con mayores necesidades: sin techo, toxicómanos, ancianos, mujeres prostituídas…, evitando todo tipo de medidas que los fiscalicen y judicialicen aún más.

Todos estos objetivos sociales deberían concretarse en una ley de inclusión social para que lo que marque el nuevo Estatuto no se quede en una mera declaración de buenos principios.


                                                               Córdoba, 12 de octubre de 2005
                                                                  
Miguel Santiago Losada
                                                                   Coordinador del Área de Marginación
                                                                   APDH-A


martes, 26 de julio de 2005

¿UN ATENTADO CONTRA LA FAMILIA?

Estoy harto de la frasecita más repetida en el último semestre: “la ley que permite los matrimonios homosexuales es un atentado contra la familia”. Eslogan acuñado preferentemente por altos mandatarios de la jerarquía eclesiástica y del Partido Popular, basado en la más rancia ideología estática y conservadora de la historia.

            Para mi entender un atentado contra la familia se hace realidad cuando la Administración retira a los hijos de una familia que se encuentra en situación social de riesgo; cuando los ayuntamientos utilizan como único recurso a la policía para desmantelar los asentamientos de familias empobrecidas del este Europa; cuando las Administraciones recortan los presupuestos destinados a los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad; cuando algunos sindicatos, llamados de clase, critican el acceso al tercer grado de los presos o anteponen los centros de menores a la posibilidad de que los niños puedan ser acogidos por las familias; cuando las intenciones de que todas las familias tengan piso, trabajo y una educación en la igualdad y la paz se queda en agua de borrajas; cuando la Administración antepone la expulsión de la madre inmigrante sin papeles al derecho de acogida y asistencia social...cuando no alzan la voz en contra de tanta injusticia los que se atribuyen hablar en nombre de Dios.

            Sin embargo, apostar por la familia es amar y proteger, sobre todo a nuestros niños y mayores por familias monoparentales, heterosexuales, homosexuales, nucleares, extensas...que más da mientras el cariño sea el eje vertebrador de la misma.

            Por último, me atrevo a recomendarle a algunos monseñores que se lleven de vacaciones el libro de lectura El Evangelio de Jesús Nazaret, que lo lean y relean tranquilamente, ojalá descubran en septiembre, más vale tarde que nunca, que el Dios de Jesús es el de la caridad y no el de la castidad, y a partir de ahí los veamos como militantes activos de los derechos humanos. Siempre creeré que otro mundo es posible como cristiano y defensor de los mismos.



Miguel Santiago Losada
Coordinador de Área de Marginación APDHA



Córdoba, 26 de Julio de 2005.

viernes, 3 de junio de 2005

¿FERIA ACOGEDORA?

El pasado miércoles de Feria prometía como un día festivo, amistoso, de encuentro y diversión. Más de cuarenta personas de distintos colectivos, entre ellos mis dos chavales marroquíes, almorzábamos un delicioso perol servido con una amabilidad entrañable en la caseta de la Asociación de Vecinos de la Axerquía.
Conforme avanzaba la tarde iniciamos un peregrinar de casetas para seguir disfrutando de la Feria. Sin embargo, una serie lamentable de acontecimientos nos iban enturbiando el día. Con mis propios ojos presencié cómo a mis chavales, por su condición marroquí, junto a otros de sus amigos, se les impedía el paso en varias casetas (Tablao, Latinoamericana y Territorio Coyote), al mismo tiempo que, sin el menor pudor, iban entrando otras personas con el perfil adecuado según la percepción de los porteros o guardas jurado que flanqueaban las puertas. Incluso uno de mis amigos que nos acompañaba fue agredido por un portero por el mero hecho de pedir explicaciones ante tanta xenófoba actitud.
Mucho me temo que como nuestro Ayuntamiento no ponga pie en pared, la Feria va a terminar siendo un gran negocio de cierto mundo empresarial de la noche en donde el dinero, el alcohol y demás sustancias corren muy deprisa. Ello hace que se genere un ambiente agresivo y xenófobo que conlleva múltiples conflictos y si alguien tiene dudas al respecto puede preguntar a la propia policía local o nacional. De seguir como vamos, me apunto a la sugerencia del periodista cordobés Manuel Fernández de preferir para nuestra Feria el estilo sevillano. Por último, aprovecho para expresar que acontecimientos como los vividos me hacen sentir africano y menos europeo. Me siento acogido con los que acogen y despreciado por los que los desprecian. Manifiesto mi dolor en mi doble condición de padre y defensor de los derechos humanos.


sábado, 5 de febrero de 2005

NIÑO RUMANO. "ESTADO SOCIAL"

Ante la verdad evidente, la mentira es incapaz de esconderse tras ninguna máscara por mucho que nuestros gobernantes intenten vivir en un dilatado carnaval. Eran las doce y media del primer día de este febrero frío cuando el cuerpo sin vida del niño rumano Pablo entraba en la parroquia de la Inmaculada Concepción. Le acompañaba su padre --su madre, muerta de dolor, no pudo asistir--, familiares, amigos rumanos y miembros de la APDH-A en condición, más que de defensores de los derechos humanos, de amigos y amigas.
Ante la evidencia de la más desvergonzada dejadez política, que no destina el más mínimo presupuesto para realizar un trabajo social con este colectivo de inmigrantes, la familia del niño Pablo, de apenas veinticinco días de vida, no recibió ni un telegrama de pésame ni una mano que muestre condolencia ni la más mínima presencia institucional, como suele ocurrir cuando en nuestra ciudad muere un ciudadano en circunstancias excepcionales.
Tal vez fue lo mejor porque, ante el pequeño féretro del niño, qué autoridad de nuestra ciudad podría contemplarlo. Todas las hojarascas, disfraces, buenas formas y modales se hubieran desvanecido mostrando la desnudez irresponsable y tremendamente injusta de nuestros responsables políticos.
El niño Pablo espera de ustedes, Administración y políticos de este "estado social y de derecho", que sean capaces de dar a su gente lo que no fueron capaces de hacer con él.
() Coordinador del área de Marginación de la APDH-A