martes, 28 de septiembre de 2004

Política social, asignatura pendiente.

Terminé el curso pasado suspendiendo la política social de nuestra alcaldesa. Evaluaba la baja dedicación que su gobierno municipal destina a los sectores más desfavorecidos de nuestra ciudad. Esperaba que después de un año de gobierno municipal hubiese una apuesta decidida en el ámbito de lo social. Pero mi sorpresa es que no sólo no aprueba la asignatura de lo social, materia que debería ser tratada con la máxima sensibilidad y compromiso acorde con una ideología de izquierdas, sino que ha habido una serie de hechos durante el verano verdaderamente preocupantes.

         La noticia que más me sorprendió fue la expulsión de los rumanos y el levantamiento de los asentamientos a través de una acción policial, que nuestra primera edil dejó firmada antes de irse de vacaciones. Este hecho fue enérgicamente  denunciado por los colectivos sociales más implicados en la solidaridad con los inmigrantes. ¿Cómo se puede estar después tras una pancarta o debatir en un pleno municipal sobre la defensa de los derechos humanos?

         No menos sorprendente ha sido el que centenares de ancianos se hayan quedado sin ayuda a domicilio. Y, si fuera poco, la alcaldesa se niega a readmitir a tres trabajadoras del área municipal de empleo, ¿qué motivos le han inducido a ello?

         Para colmo, y siguiendo con el rosario de “coherencias”, de los veinte objetivos que la alcaldesa plantea para el presente curso político no dedica ni uno solo a la política social de los sectores más desfavorecidos.

         Pienso que este proceder sólo es fruto del desarrollo de una política conservadora en la captación del voto, basada en la cultura de la satisfacción inmediata, que para nada tiene que ver con la consecución de una sociedad más justa. Sus estrategias se guían más por los resultados de las encuestas que por convicciones profundas acerca de lo que puede mejorar el conjunto social, sobre todo el más excluidos y empobrecido.

         Me resisto a aceptar, a pesar de que todo induce a ello, que apenas queda patrimonio ideológico en las diferentes opciones políticas y que se procede según una camaleónica adaptación a los deseos más inmediatos, por supuesto, de la ciudadanía más instalada.

                                               Miguel Santiago Losada
                   Coordinador Andaluz del Área de Marginación de la APDH-A

Córdoba, 28 de Septiembre de 2004

domingo, 19 de septiembre de 2004

¿POR QUE NOS ODIAN?

Deberíamos considerar las condiciones sociales en las que surgieron las organizaciones beligerantes, terroristas... Para ponerlo en el tono plañidero de George Bush: "¿Por qué nos odian?". La pregunta también la formuló hace medio siglo Eisenhower refiriéndose a "la campaña de odio contra nosotros en el mundo árabe". El motivo principal, advertía el Consejo de Seguridad Nacional, proviene de haberse dado cuenta que EEUU respalda a gobiernos corruptos y brutales que bloquean la democracia y el desarrollo para proteger sus intereses petroleros en el Medio Oriente o, podríamos añadir, defenderse a través de contrarrevoluciones de la lucha por la justicia social que recorría toda la médula de América Latina. Estos intereses, principalmente de origen económico, avalados con mayor o menor respaldo por los países del llamado Primer Mundo, han provocado tal cantidad de guerras y conflictos, en los que se cuentan por millones las víctimas, que han ido generando resistencia, odio, desesperación, injusticia y empobrecimiento. Ingredientes fundamentales para crear el caldo de cultivo del que han ido surgiendo los terrorismos de este último medio siglo. A partir del 11-S se ha desarrollado aceleradamente la coalición contra el terror, a la que Rusia se unió para sentirse autorizada a continuar sus terribles atrocidades en Chechenia; o Turquía, para justificar sus represiones contra la población kurda, por poner algunos ejemplos. Estamos entrando de lleno en una cultura del miedo. Por eso conviene recordar una de las verdades éticas más elementales: sin justicia no puede haber paz.