jueves, 22 de julio de 2004

¿NIÑOS PELIGROSOS O EN PELIGRO?

Resulta un tanto alarmante la situación que estamos viviendo con nuestros niños socialmente más desprotegidos: algún que otro "profesional de lo social" que airea las realidades más íntimas y personales de las familias más vulnerables exigiendo la retirada de sus hijos, en lugar de hacer una intervención correctora de riesgos. Algún que otro/a profesor/a que expulsa de las aulas a incómodos alumnos/as como mecanismo de defensa para anularlos como elemento desestabilizador y molesto, sin caer en la cuenta que está puesto como profesor o maestro no para negar la realidad sino para transformarla. Algún que otro/a juez y fiscal que piden el endurecimiento de las penas recogidas en la Ley del Menor sabiendo que tales medidas no dan ninguna solución a las necesidades reales y temores concretos. Son procedimientos penalizadores que sólo dan respuesta al ansia vengativa que brota de lo más bajo del ser humano. Amplios grupos de población, inducidos por ciertos poderes fácticos, se preocupan mucho por la "inseguridad ciudadana" y, al hacerlo, no suelen separar entre quien ocasiona esa inseguridad y las causas que la originan. A los preocupados/as por ella habría que preguntarles por qué creen que la mayoría de los menores acogidos en cualquier centro proceden de familias extremadamente pobres e indefensas. Todas las personas deberían saber que el niño no es el responsable sino la víctima de lo que su situación social, inmadurez y desorientación acarrean. La más cruenta inseguridad ciudadana la padecen los niños y sus familias cuando carecen de los derechos sociales básicos para vivir. Y ello les hace montarse en pateras, ser explotados sexualmente, estar abocados a ser carne de centros de reforma. Como dice Eduardo Galeano "el sistema que no da de comer, tampoco da de amar; a muchos los condena al hambre de pan, y a muchos más al hambre de abrazos".


viernes, 2 de julio de 2004

DIFERENTES VARAS DE MEDIR

Los cortes de agua de las zonas más desfavorecidas de nuestra ciudad son un goteo permanente, valga la metáfora. Hace unos meses Emacsa cortó el suministro de agua de una manzana del Polígono Guadalquivir ante el impago de algunos vecinos. La semana pasada me informaron que un bloque de la calle Torremolinos está amenazado por el corte de suministro de agua. Hace unos días una vecina de Palmeras me contaba que había sido visitada por una abuela con una garrafa para llenarla de agua, porque la empresa municipal le había cortado el contador. En este caso no hubo alarma social al ser particular el contador. Sólo ella padece las consecuencias de su pobreza soportando sin agua las altas temperaturas del verano.
Estas medidas son aplaudidas por el teniente de Alcalde de Urbanismo, ya que, según él, tienen una "finalidad educativa". Me recuerda aquel lema de la vieja escuela que decía "la letra con sangre entra". Este mismo concejal hace poco hacía unas declaraciones sobre la conveniencia de suministrar agua a algunas parcelaciones, que todavía no tienen resuelta su legalidad, como medida humanitaria. Curiosa vara de medir para una y para otros. En todo caso ¿no se deberían tomar medidas discriminatorias positivas para los sectores más empobrecidos y excluidos de nuestra ciudad? Al mismo tiempo que esto ocurre, las plagas de cucarachas y ratas vuelven a amenazar a estas zonas socialmente más deprimidas. ¿Tendremos que denunciar hechos concretos para que actúe Sadeco como en años anteriores?
Señora alcaldesa, su gestión debería despuntar en estas zonas con un reconocido notable en junio. Pero, a los hechos nos remitimos, y vuelve a suspender la asignatura que se supone, debiera tenerle más cariño. Esperamos y deseamos que apruebe en septiembre.