sábado, 5 de abril de 2003

Refugiados rumanos: víctimas de otras guerras

Desde hace apenas un mes nos íbamos familiarizando con el grupo de rumanos que habían acampado en unos terrenos abandonados, destinados a la construcción del segundo tramo de la Ronda de Poniente.
Durante estas semanas esta comunidad de personas inmigrantes ha visto incrementada su población, al haber dado a luz dos mujeres en el hospital Universitario Reina Sofía, a dos criaturas que apenas rozan los 20 días. Otra mujer está a punto de dar a luz.
La intención de esta comunidad, compuesta por unas 30 personas, es encontrar trabajo en algunas de las campañas agrícolas que están a punto de iniciarse.
Los problemas comenzaron el pasado 27 de marzo cuando en una noche fría y lluviosa la Policía Local les daba de plazo 24 horas para desalojar el lugar de la acampada. Un vecino de Miralbaida acompañó a un miembro de esta comunidad rumana a mi domicilio particular para notificarme lo sucedido y pedirme ayuda ante la indefensión e inseguridad ciudadana de los que habían sido objeto.
Inmediatamente, al día siguiente, pusimos todos nuestros esfuerzos para apoyarlos solidariamente.
Miembros pertenecientes a algunas asociaciones de la mesa local de la inmigración (APIC, Córdoba Acoge, Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía), nos pusimos a trabajar par diseñar un plan de actuación.
Los socios de la Apdha estuvimos acompañándolos desde ese momento para aminorar su gran miedo ante la indefensión a la que se veían sometidos, mientras que otras asociaciones, como Córdoba Acoge, les brindaron su asesoría jurídica y apoyo humanitario asistencial. Nuestra sorpresa fue cuando amanecimos el pasado 2 de abril con el aviso de otro vecino de Miralbaida que vió, a las 8:30 de la mañana camino de su trabajo, cómo dotaciones de la Policía Local y Nacional desalojaban a estas familias (14 hombres, 11 mujeres, 11 niños y dos bebés recién nacidos). Nos movilizamos inmediatamente marchándonos con ellos, primeramente al Ayuntamiento, para denunciar el hecho a las autoridades locales y pedirles responsabilidades sociales. Sólo nos comunicaron la existencia de ciertas denuncias genéricas ciudadanas, sin demostrar en ningún momento la autoría del denunciante. Pienso que les mueve el miedo a la imagen que pueden ofrecer estos empobrecidos, víctimas del hambre y de las guerras. Y que hoy son rumanos, magrebíes y mañana iraquíes.
Entre tanto, cínicamente, decimos no a la guerra, mientras expulsamos a estos inmigrantes víctimas de las mismos conflictos y situaciones.
Posteriormente, nos marchamos a la Subdelegación del Gobierno, donde nos negaron rotundamente que ellos hubiesen dado esa orden de desalojo a la Policía Nacional.
Las asociaciones implicadas estuvimos durante todo el día buscándoles alojamientos en los que pasar la noche.
¿Y ahora qué? Nosotros tenemos claro que estaremos con ellos hasta que puedan encontrar trabajo y dignificar su situación. Y nuestros políticos locales ¿qué pasos están dispuestos a dar: más de lo mismo o desarrollar una verdadera política social con la inmigración que responda a los eslogan publicitarios que llenan esta ciudad?
MIGUEL SANTIAGO LOSADA
DELEGADO EN CORDOBA DE LA APDH-A