martes, 11 de diciembre de 2001

LOS DERECHOS HUMANOS ANDAN TORCIDOS

Córdoba ha iniciado el S.XXI con grandes realizaciones urbanísticas. El concluido Plan RENFE, en el que se han invertido miles de millones de pesetas, es una de las actuaciones urbanas más importantes de todo el Estado. Así mismo, la entrada del nuevo siglo nos ha traído nuevas expectativas para nuestra ciudad: el plan del río, el nuevo PGOU, el plan especial para nuestro universal casco histórico (PECH), el parque joyero, el centro de transportes, la ciudad de Levante, nuevos barrios que generarán una mayor calidad de vida, la creación de nuevos parques que pueden convertir a Córdoba en la ciudad con mayores zonas verdes de Andalucía... En definitiva, una ciudad que en materia urbanística se va a poner en los primeros puestos. Ante lo cual, sólo cabe decir: “enhorabuena por nuestra ciudad”.
Al mismo tiempo, Córdoba es una de las ciudades europeas en la que se viven los contrastes sociales con más contundencia. Es una ciudad en la que conviven, por una parte, capas sociales con un nivel económico que nada tiene que envidiar a las autonomías con más poder adquisitivo de este país, y por otra, ciudadanos/as que apenas tienen dinero para subsistir, personas empobrecidas que padecen un paro crónico, que habitan en infraviviendas, que sufren graves problemas de toxicomanías, enfermedades infecciosas... que jamás tendrán la misma incidencia en otras capas sociales. Ciudadanos estos empobrecidos, que ven cómo pasan años sin respuestas sociales que les den una salida digna a su realidad de vida y que, en cambio, se ven hostigados, castigados, culpabilizados, incomprendidos... por una mala fortuna al decir de los “ciudadanos de bien”, que pedirán más policía para liberarse de toda esta gente que provoca una “gran” inseguridad ciudadana.
¿Cuál es la auténtica inseguridad?
1-    La falta de trabajo, de formación, de oportunidades laborales para estos sectores de la población, en los el paro alcanza la cifra del 60 ó 70% de la población activa.
2-    La falta de vivienda.Un trabajo digno posibilita el que cada persona, o familia, pueda buscarse una vivienda adecuada a su realidad. La política de seguir construyendo viviendas-gueto, a medio plazo, provoca más problemas que soluciones. En Córdoba tenemos varios ejemplos. Aprovechemos el momento urbanísticamente espléndido que vive nuestra ciudad para integrar a toda su población. Es una buena ocasión para que las administraciones con sus empresas públicas, como Vimcorsa, realicen proyectos creativos (viviendas en régimen de alquiler, de venta...) adaptados al perfil de estos ciudadanos/as.
3-    La vulnerabilidad del niño/a. Es necesaria una política social que responde positivamente a la desvertebración social que sufren estos sectores. No a las intervenciones que rompen más como la criminalización de los niños/as, los archivos biográficos, las ingerencias en la intimidad familiar. Es necesario apostar por una intervención social que ayude a la familia, a través de medidas laborales, formativas, educativas que capaciten a la persona. De esta manera se regenarían los
barrios y algunas niños/as no se verían obligados a vivir fuera de su ambiente familiar y social.
4-    La no integración en los niveles educativos. Queremos una política educativa que responda a la diversidad. Para ello habrá que dotar adecuadamente la LOGSE para que se puedan desarrollar todas las vertientes sociales de la ley educativa. No van por buen camino las medidas que plantan el decreto de derechos y deberes del alumnado, ya que provocan una mayor violencia, mayor represión, que estigmatiza al alumnado “conflictivo” (mayoritariamente procedente de los contextos sociales deprimidos), lo expulsa y margina. Desde esta perspectiva el sistema educativo acabará, como nos descuidemos, en un eslabón más de la cadena de exclusión de los niños empobrecidos.
5-    La desigualdad de género. Debemos reconocer el papel social de la mujer. En los sectores sociales más castigados por la injusticia social, son las mujeres, principalmente, las que pueden posibilitar una verdadera salida social a los problemas de estos barrios. Mujeres que, a duras penas, siguen luchando por su familia, sus hijos, su barrio
En este apartado merecen una mención especial las mujeres prostituidas a causa de la pobreza, que sufren las mayores vejaciones que un ser humanos pueda padecer; mujeres que necesitan una serie de medidas sociales y laborales urgentes para poder dignificar su vida.
Por otra parte, no quiero dejar de reseñar el derecho a ser viejo y no estorbar en una sociedad donde prima la utilidad, competitividad, productividad... es una asignatura pendiente de nuestros días. Debemos mentalizarnos de que nuestros mayores tienen el derecho de vivir con su familia, en sus hogares... Son personas llenas de la sabiduría de la vida y es un contrasentido que terminen en asilos, residencias; que por otra parte, comienza a ser una economía emergente en nuestro país.
Las personas inmigrantes que conviven con nosotros pueden estar en cualquier caso de los puntos anteriores. De cualquier manera, no debemos olvidar que estas personas nos enriquecen. Nuestra ciudad será más abierta, más cosmopolita, más patrimonio de la humanidad, en la medida que los ciudadanos de otros países puedan vivir con nosotros disfrutando de los mismos derechos y deberes.

Vale la pena hacer este esfuerzo social por nuestra gente más desfavorecida. La humanidad debe caminar hacia su plenitud, y un camino a ver cumplidos los derechos humanos en cada una de las personas de nuestra ciudad, Andalucía, el mundo.
Que Córdoba vea pasear por sus nuevos espacios urbanos a toda su población en igualdad social. Esa debiera ser la Córdoba del S.XXI que anhelamos.


                                                        Córdoba, 11 de diciembre de 2001

                                                                  Miguel Santiago Losada

                                                        Delegado APDH-A en Córdoba

lunes, 12 de febrero de 2001

SOCIEDAD DUAL / SOCIEDAD POLICIAL


El proceso de des-ideologización que estamos padeciendo se basa en los conceptos económicos como globalización  e internacionalización, que muestran a las claras que estamos en presencia de una nueva etapa del desarrollo capitalista internacional (el llamado neoliberalismo),en el que los intercambios financieros y el juego de las empresas transnacionales rebasen las fronteras de los Estados, imponiendo  una política económica de corte monetaria que  determina en último término, qué tipo de política micro y macroeconómicas deben llevar a cabo el conjunto de los Estados.
Desde  estas coordenadas se diseña la construcción del “Proyecto Europeo”, que se plasmó en Maastricht, para desarrollar a nivel continental esta globalización económica.
Este nuevo modelo económico tiene unas consecuencias sobre los D.D.H.H. cada vez más perceptibles, al anteponer los intereses económicos por encima de la población. Al ser un modelo que aboga por el “fin de las ideologías”, que predica el “sálvate a ti mismo”, “tanto tienes tanto vales”, y otros mensajes profundamente desintegradores, insolidarios  e individualistas, que conducen a actitudes racistas y xenófobas. Esto tiene como consecuencia más sangrante los 18 millones de parados y los 40 millones de personas pobres que habitan en Europa.
          En el caso del Estado español, este proceso ha significado una mayor desigualdad en la distribución de la renta, una experiencia sin precedentes en el desempleo, una precariedad laboral y una marginación y exclusión social a todos los niveles. Hemos alcanzado la preocupante cifra de 8,500.000 de pobres, de los que más de 2.000.000 son andaluces.
          Córdoba, dentro de este contexto, está a la cola del bienestar, lo que está generando una sociedad dual; los ciudadanos pertenecientes a los “grupos de riesgo” (EMPOBRECIDOS) y los ciudadanos que “no pertenecen a estos grupos” (ENRIQUECIDOS O BURGUESES).
          Esta regresión social que provoca exclusión y marginación, es respondida por el poder que promueve el “proyecto europeo” a través de un paquete de medidas represivas: proliferación de nuevas macrocárceles, proliferación de comportamientos violentos a través de los medios audiovisuales, proliferación de comportamientos xenófobos y racistas, endurecimiento legislativo (nuevo Código Penal, nueva Ley del Menor, nueva Ley de Extranjería...), reforzamiento de la llamada “Europa fortaleza” (blindaje del Estrecho), fortalecimiento de la estructura militar (OTAN)...
          De todas estas medidas represivas – policiales, quisiera resaltar la proliferación de campañas sobre lo que se ha venido en llamear “inseguridad ciudadana”, que ha traído como consecuencia que hasta una parte del movimiento ciudadano demande más presencia policial y el adelanto, incluso, de la edad penal.
          No es una casualidad que desde los diversos intereses políticos (en función de cada partido, administración...) se estén dando una serie de hechos que abogan, ante el proceso de dualidad social de nuestra ciudad, al fortalecimiento de medidas de seguridad, y que se concretan en una mayor presencia policial. Pongamos los últimos ejemplos:
·         La misma alcaldesa de Córdoba solicitará a los comerciantes que contraten seguridad privada (la representante del Ayuntamiento supuestamente más progresista del estado español).
·         El PP ofrece al PSOE pactar el futuro de la policía (lo que demuestra el proceso de derechización del partido socialista)
·         Algunos colectivos del distrito noroeste de nuestra ciudad se dedican a constituirse en movimiento parapolicial, realizando un censo de la delincuencia en sus barrios. ¡De auténtica locura!. Estrategia que si no se evita puede provocar una “guerra entre pobres”.
          Y por si fuera poca la paradoja, resulta que desde la Subdelegación del Gobierno se afirma que, según los últimos datos, la delincuencia en nuestra ciudad ofrece unos índices más bajos, lo que supone un “discurrir positivo de la seguridad ciudadana en Córdoba”.

          Mi discreta propuesta a tal desaguisado, consiste en estos dos puntos:
1.      La respuesta a la sociedad dual que el “modelo europeo” nos está construyendo no pasa por más seguridad – control policial, y ni mucho menos parapolicial.
2.      La respuesta es social: una respuesta que vaya encaminada a una nueva redistribución de la riqueza, tendente a disminuir la distancia tan abismal que existe entre los distintos sectores de la población. Y esto se concreta con una política laboral, formativa, de vivienda... coordinada y fomentada por todas las administraciones y contando con el movimiento ciudadano.



MIGUEL SANTIAGO LOSADA
Delegado en Córdoba de la APDHA
     Febrero 2001