sábado, 20 de junio de 1998

INSUMISIÓN: ¿LEGALIDAD O JUSTICIA?

El día 26 de Junio de 1998 asistiremos al juicio contra José Manuel González Aranda en la Audiencia Provincial de Córdoba por negarse a realizar la Prestación Social Sustitutoria, como opción desde los valores alternativos de la fraternidad, la justicia y la paz.

Esta opción viene avalada por el recorrido en diferentes ámbitos de compromiso social desde que José Manuel tenía 17 años. En mi calidad de amigo y conocedor de su vida desde que tenía la citada edad, puedo afirmar que José Manuel ha trabajado por una sociedad más justa y solidaria, comprometiéndose en movimientos sociales, como el Consejo Local de la Juventud de Córdoba (donde defendió los derechos de los jóvenes) y el Comité de Solidaridad con América Latina (en el que defendió los derechos ultrajados y explotados del llamado Tercer Mundo); siendo miembro de la Asociación Encuentro en la Calle desarrollando la tarea educativa de calle en la barriada cordobesa de Las Palmeras (luchando por la transformación social de estos barrios, salvajemente desposeídos de trabajo, vivienda, salud, educación,… que conforman el llamado Cuarto Mundo); poniendo sus conocimientos universitarios de Derecho al servicio de las personas presas, defendiendo su dignidad y luchando por el cumplimiento de los derechos humanos dentro de las cárceles, como militante de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. Acogiendo a cualquier persona que tenga alguna necesidad.

Toda esta vida joven, dedicada a los más excluidos, no ha sido valorada por el Consejo Nacional de Objeción de Conciencia ni por la Fiscalía ni por el Juzgado de Instrucción. Se le obliga a realizar una prestación que él ya viene desarrollando, desde su conciencia y sus valores humanos, desde hace cerca de trece años y no obligado por una ley injusta, que pretende valerse de objetores para cubrir con mano de obra gratis lo que debiera ser con recursos sociales.

Le pido a la Audiencia Provincial de Córdoba sensibilidad, para que rompa con la hipocresía del legislador y del Gobierno. Pido a la Audiencia una justicia “JUSTA”, que vaya más allá de la aplicación automática de la ley y que apunte a la utopía, auténtico valor que hace libre y más humana a la sociedad. Pido a la Audiencia Provincial de Córdoba que se sume a los pronunciamientos que vienen dándose en otras Audiencias y en el propio Tribunal Supremo.

Como representante de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía animo a José Manuel, en su condición de persona solidaria, tolerante e insumisa, que ha puesto su vida al servicio de las personas más excluidas de la sociedad y a todos los jóvenes que se planteen resquebrajar este sistema, basado en el poder, la economía neoliberal, la competitividad, el individualismo, el “tanto vales cuanto tienes”…, desde la insumisión o desde cualquier otra actitud solidaria y comprometida con los valores humanos.

                                                                       Miguel Santiago Losada
                                                                       Presidente de la APDHA
                                                                       Córdoba, 20 de Junio de 1998 

martes, 5 de mayo de 1998

CHIAPAS, UN MUNDO DE VIDA

El mundo de la vida pertenece a las mujeres y hombres, niños y ancianos, que viven la afectividad, la solidaridad, la libertad, la justicia, la igualdad,… de una manera cercana y humanizadora. En contraposición, el mundo de la muerte se basa en el poder avasallador y corrupto, en la economía neoliberal que mata de hambre, en la injusticia social que crea barreras infranqueables entre los mundos.

Un ejemplo del mundo de la vida se llama Chiapas, pueblo entrañable y tremendamente solidario y acogedor, que clama por sus derechos.

El mundo de la muerte, marcado por los intereses de una economía de mercado salvaje, utiliza como títeres de trapo a los gobernantes de los países del Tercer Mundo, causando que 40.000 niños mueran de hambre todos los días; que la humanidad esté rota por los cincuenta conflictos bélicos a lo largo y ancho de todo el planeta; que las bolsas de exclusión social sean cada vez mayores, incluso en los países desarrollados, donde un nuevo y feroz nacionalismo económico cierra las fronteras a cualquier ciudadano empobrecido. Un mundo que no está dispuesto a que la llama de la humanidad ilumine el camino de la fraternidad, la igualdad y la justicia. Ayer apagó  las esperanzas que anidaban en los pueblos nicaragüense, salvadoreño,… hoy quiere hacerlo con el pueblo chiapaneco.

El mundo de la muerte expulsa a los ciudadanos solidarios que luchan al lado del pueblo, para que las atrocidades se puedan cometer sin testigos. La Comisión Internacional de Observadores, que denunció la hipocresía y desvergüenza del gobierno mexicano, títere del mundo de la muerte, constató cómo los extranjeros están haciendo un formidable papel como escudos humanos para que los militares y paramilitares no arrasen y asesinen al pueblo.

El mundo de la muerte asesinará a quién se interponga por delante de sus intereses y tenga la osadía de defender a los pueblos de la tierra. Así lo hizo con Gandhi, Oscar Romero, Luther King,… en la actualidad muchos hombres y mujeres padecen la persecución del poder canalla que aniquila el verdadero sentido de la vida.

Las personas que apostamos por el mundo de la vida, de los derechos humanos, tenemos que buscar nuevas estrategias y mediaciones creativas que vayan socavando a ese otro mundo de la injusticia y de la muerte. Estemos allá o acá, tenemos que seguir tejiendo la red solidaria que permita que en el mundo de la vida quepamos todos los seres humanos.

                                                                    Miguel Santiago Losada
                                                                    Presidente de la APDHA

                                                                    Córdoba, Mayo de 1998

domingo, 3 de mayo de 1998

EDUCADORES DE CALLE

Llegamos a principio de los años 90 a la Calle Torremolinos para comprometernos con una de las realidades más duras de la ciudad. Llamamos a una de las “puertas” de esa calle, la parroquia, y nos la abrieron de par en par. Por entonces estaba de párroco el buen amigo Rafael, que tantas inquietudes y avellanitas compartió con nosotros en esa gran mesa camilla de la casa de la Begoña, Isabel y Mª Ángeles.

Begoña, una mujer que lleva 25 años de su vida al lado del pueblo gitano, nos introdujo y nos enseñó a dar los primeros pasos en este espacio del llamado Cuarto Mundo.

Y junto a ellos los educadores de calle (“los maestros” como cariñosamente nos llaman los chavales) íbamos formando equipo, en el que programábamos, decidíamos, avaluábamos…, pero sobre todo, compartíamos los trajines de nuestro “estar” en la calle con nuestra gente.

Fue precisamente la primera actitud que quisimos desarrollar: la de estar, que ya era bastante, sin molestar, que ya bastante tienen con lo que tienen (consigna de Adolfo Chércoles, un veterano amigo en la lucha por los pueblos marginados y excluidos). Esta actitud nos llevó a preguntarles a los chavales de la calle qué es lo que querían. La respuesta no se hizo esperar: formar un equipo de futbito, los nenes, y otro de voleibol, las nenas. Desde el primer momento el balón fue el principal instrumento para encontrarnos en la calle. En poco tiempo, los educadores y los chavales nos apiñamos en un mismo grupo donde la afectividad (segunda actitud que desarrollamos) y la confianza eran los pilares de la relación. Precisamente ellos son los que acuñaron el término “maestro de la calle”, para diferenciarnos de los de la escuela, institución que a muchos de ellos no les traía un grato recuerdo. Y los “maestros” fuimos viviendo con ellos las alegrías y las penas de la vida: bodas, bautizos, pedimentos, fiestas, entierros… Demasiadas muertes de jóvenes, padres y madres en bastantes casos, que como un terrible genocidio iba acabando con la gente más excluida de la sociedad, en este caso de la calle Torremolinos. Son ya más de 30 muertes a causa de las drogas y del SIDA en la calle Torremolinos, en los últimos seis años.

Y del balón nos pasaron al café, al calor sencillo y humilde de los cafelitos, que nos fueron introduciendo en las familias de nuestros chavales y chavalas. Esto nos iba abriendo los ojos (tercera actitud: conocimiento de la realidad) para ir analizando desde la dura realidad las causas de la exclusión social: paro crónico, infravivienda, falta de atención educativa a la diversidad,, problemas de drogas… Esto nos llevó a tomar medidas ante estas situaciones, y comenzamos a ir a la cárcel, a los juzgados, a las comisarías, a las escuelas, al centro de salud, al centro cívico, al INEM, al Centro Provincial de Drogodependencias, al Servicio de atención al menor… Situaciones que tuvimos que denunciar (cuarta actitud)  en muchas ocasiones por falta de una política social, educativa y sanitaria responsable que respondiera a los múltiples problemas que padecen.

Y ahí seguimos: estando, encontrándonos, denunciando, acogiendo y apostando por un mañana mejor.


                                              Miguel Santiago Losada (Córdoba, Mayo de 1998)

miércoles, 4 de marzo de 1998

SOLEDAD DE LOS MÁRGENES DE LA HISTORIA

Por soledad puede entenderse aquel momento de la vida que todas las personas necesitamos para encontrarnos con nosotros mismos, tomar una opción, decidir ante una propuesta, pacificar nuestro interior,… Se trata de una soledad que nos humaniza, que nos ayuda a construir nuestra personalidad. Es necesario que en los tiempos que nos han tocado vivir, en los que la prisa, la falta de valores, la competitividad, el consumismo, el individualismo nos pueden determinar, hagamos paradas en el camino, en el vivir cotidiano, para reflexionar, meditar, contemplar,… Hábitos saludables que nos ayudan a no diluirnos en la muchedumbre de lo impersonal.

La soledad así entendida es una actitud positiva que nos hace seres humanos. Es un valor que posibilita nuestra realización personal. Como muy bien dice Fernando Savater, en su libro El valor de educar: “nacemos humanos, pero tenemos que llegar a serlo, es el deber moral”. Esto quiere decir que donde nos vamos formando como personas es en la “matriz” social, de ahí se desprende que en el proceso educativo de un nuevo ser humano todas las personas, como miembros de la sociedad, somos responsables. Sin embargo, a lo largo de la historia, millones y millones de seres humanos han sido aparcados y excluidos en la cuneta de la vida, obligados a vivir una maldita soledad basada en el dolor, la impotencia, el desprecio, la incomprensión, la tortura, la muerte…

Hoy, cuando nos encontramos en las postrimerías del siglo XX, el mundo está lleno de millones de cruces, cada una representa una violación concreta y sangrante de los derechos humanos. El poder prepotente, la economía neoliberal y salvaje y el prestigio basado en el “vales cuanto tienes” son las causas de este calvario universal, marcado principalmente por el hambre y los conflictos. Cerca de cuarenta millones de personas mueren cada año de hambre en el mundo; al tiempo, que existen más de cincuenta conflictos a lo largo y ancho de la piel de nuestro planeta, en los que la guerra, el terror, las torturas, las muertes, son el denominador común de una sociedad atravesada por la espada de la deshumanización y la injusticia social. Son millones de seres humanos los que están perdiendo la vida por la prepotencia y la intolerancia asesina de otros a lo largo de este siglo.

Andalucía, nuestra tierra, también tiene su calvario, que lo podemos traducir:
-          300.000 andaluces padecen la más absoluta pobreza, malviviendo en los cinturones de exclusión social, sobre todo, de nuestras grandes ciudades.
-          400.000 jornaleros dependen de una economía subsidiaria que no hace libre a la persona.
-          Andalucía está viendo, desde su privilegiado balcón de la ribera norte del Mediterráneo, cómo centenares de africanos pierden la vida en esa fosa de la muerte en la que hemos convertido el Estrecho. Nuestras leyes y tratados injustos e insolidarios, a parte de provocar muertes, están causando que miles de inmigrantes vivan en condiciones infrahumanas. Precisamente en una tierra que ha vivido en sus propias carnes el fenómeno de la emigración. Lo que debería hacernos más comprensivos y acogedores con estas personas víctimas de la pobreza y los conflictos que viven sus países.
-          Cerca de 10.000 personas presas llenan las quince prisiones andaluzas, muchas de ellas lejos de sus familiares. La mayoría de ellas proceden de ambientes marginados, aproximadamente el 85% de la población reclusa, son drogodependientes y padecen alguna enfermedad incurable. Por lo que nos podemos plantear ¿qué sentido tiene la cárcel para estas personas?
-          No podemos pasar por alto la terrible soledad que experimentan las mujeres prostituídas de la calle, que la mayoría lo son para sobrevivir, los enfermos mentales sin recursos, los enfermos que por  padecer el SIDA  experimentan el desprecio y la discriminación, las mujeres maltratadas ahogadas en las más absolutas impotencias, las 900.000 personas que sufren el problema del paro, las miles y miles de personas ancianas que viven en la precariedad económica y social.

                       Como dice el viejo poema: “quién sube al madero para desenclavar a Jesús, el Nazareno”. ¿Quién está dispuesto a desarrollar la tarea de desclavar a los crucificados de nuestra historia? La situación nos urge a que no demos rodeos ante la injusticia social, a que tomemos partido por los excluidos y los que se encuentran en lo márgenes de la sociedad, en definitiva, a que no nos quedemos con los brazos cruzados.

                                                                             Miguel Santiago Losada
                                                                            Presidente de la APDHA
                                                                           Córdoba, Marzo de 1998